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Toros criados a campo para todo tipo de suelos

Marcelo Dettoni

Desde hace casi cinco décadas, la familia Salvagno se dedica a la cría bovina en Naschel, en una zona más conocida por su aptitud agrícola. El Ministerio de Producción confió en la genética de sus machos para proveer de padres de plantel a beneficiarios del Plan Toro.

Cuando se habla de cabañas en el sector bovino, lo primero que viene a la mente es una organización enorme, aceitada, más emparentada con un trabajo científico que uno a campo. Es cierto que hay cabañas de esa envergadura, que son las que lucen toros portentosos en la Exposición Rural de Palermo, ganan premios y exportan semen de sus mejores reproductores, algunos incluso que hacen historia en materia genética. Cabañas bonaerenses, santafesinas y cordobesas son las que hacen punta en esto, bendecidas por estar en la Pampa Húmeda, donde la productividad agrícola es superior, el clima más benigno y el forraje no es materia de preocupación.

San Luis también tiene este tipo de establecimientos, fundados a fuerza de agudeza y sacrificio. Antiguas Estancias Don Roberto es una referencia en la raza Hereford y Saladillo, su padre, de plantel más reconocido, esparció calidad por todos lados. La Paz de Werthein, Las Lilas y Garruchos son otras tres que ganaron reconocimiento en el ámbito ganadero por su trabajo en el Departamento Dupuy, en el sur puntano, al igual que Compañía General de Hacienda, que desarrolla la raza Braford, poco difundida por estas tierras. Son cabañas con trayectoria, capital y conocimientos, que hacen quedar muy bien a la ganadería de San Luis.

 

 

Pero hay otra categoría de cabañas, cuya calidad no es menor, simplemente que se mueven en otro estrato y a otro volumen, más reducido, en un ámbito familiar, con mucho esfuerzo y dedicación. Pero al igual que las grandes, certifican sus mejores animales en las asociaciones de cada raza, participan de remates con éxito y esparcen genética propia, conseguida a través de años de trabajo. No requieren de mucho personal, a veces basta con lo que hacen dos o tres generaciones, que se van transmitiendo los conocimientos y apuntan a conformar animales que llegan a ser la envidia de otros con mayor respaldo económico.

Es el caso de "El Arbolito", una pequeña cabaña ubicada en Naschel, en el Departamento Chacabuco, quizá más reconocido por el nivel y los rindes de la agricultura en el cinturón que se extiende hasta Tilisarao que por la ganadería, que suele estar reservada a las grandes extensiones que tiene la provincia en el territorio que va de Villa Mercedes al Sur. O en la zona bien productiva de La Cumbre hasta Fraga, donde hace la terminación la cabaña Don Eloy.

 

 

Pasa que la familia Salvagno es de Naschel de toda la vida, allí comenzaron a trabajar el campo y allí siguen, cada vez con más conocimientos, perfeccionando las técnicas para subir el nivel de sus Aberdeen Angus. “Estamos acá desde 1971, el campo lo compró mi abuelo Ramón, son 800 hectáreas en las que hacemos una explotación mixta. Entre el 20 y el 30 por ciento lo ocupamos con maíz, con el único propósito de que sirva como componente vital para las dietas del ganado”, cuenta Alejandro Salvagno, tercera generación familiar abocado a las tareas rurales, con el agregado de que él es veterinario, por lo que el establecimiento dio un salto de calidad importante a partir de su capacitación.

“Hacemos solamente Aberdeen Angus, sobre todo negro, la mayoría de los animales son de ese color, solo tenemos algunos colorados para estabilizar la raza, pero hace 60 años que la familia se dedica a mejorar los Angus negros”, agrega Alejandro, quien siempre está trabajando en el campo con la compañía inseparable de su papá Ernesto, el que lo inició en esta pasión de la cría combinada con la agricultura.

Como es una cabaña de pequeña escala, tienen un solo padre de plantel, un toro robusto, de buenas líneas, muy ágil que le compraron a la cabaña cordobesa El Porvenir de Macagno, que desde hace 11 años ofrece un remate de reproductores anual en San Luis bajo el martillo de Ganadera del Sur.

 

 

“Manejamos un rodeo de 100 madres Angus Puras Controladas para intentar sacar buenos toros. Hacemos una selección bastante estricta: los machos que no llegan a toros salen a la venta para ser enviados a faena, y nos quedamos con las hembras mientras demuestren fertilidad. Hacemos inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) por celo detectado con semen de empresas reconocidas como Ciale y ABS”, dice el veterinario, mientras muestra el registro que tiene la cabaña "El Arbolito" en la Asociación de Criadores de Aberdeen Angus.

Hace poco tiempo atrás comenzaron con las inseminaciones y un repaso a las vacas que pastan en el campo que está en la entrada del establecimiento. En diciembre comenzará la inseminación más grande del plantel y luego solo quedará esperar los resultados, pero los índices de preñez y destete dan muy bien, así que hay tranquilidad. “La IATF y los avances genéticos cambiaron todo en materia ganadera. Sería imposible tener toros en el campo por el valor que tienen, hay que recurrir al semen. El secreto está en hacer una buena presión de selección. Nosotros hacemos tres en distintos períodos de desarrollo. Si un macho no sirve, se castra; y si una hembra no queda preñada, va a faena. En eso no hay que tener reparos”, certifica Alejandro.

 

 

Solo para diversificar un poco, los Salvagno también crían cerdos. En la entrada del campo se divisan las parideras de madera y algunos padrillos de razas diversas. “Son unos 80 más o menos, los vendemos capones con entre 100 y 110 kilos a un frigorífico de Juan Llerena que hace embutidos y a otro de Villa Mercedes. Para ellos también está destinada una partida de maíz, que la suplementamos con expeller de soja y un concentrado”, describe el cabañero, quien lamenta que “la mayoría justo parió el día que empezó a llover después de muchos meses, fueron unos 20 milímetros, pero complicaron todo en ese aspecto. Mala suerte…”.

La extensión dedicada a la agricultura luce ahora en barbecho, pero lista para empezar a producir porque la siembra del maíz arranca en los primeros días de noviembre, “siempre que el tiempo lo permita y no caiga alguna helada tardía”, se ataja Alejandro, quien de todas maneras no se queja porque fue “un otoño llovedor”. Eso le permitió tener buen forraje en el invierno, porque además apuesta a los cultivos de servicio y de cobertura, como trigo y centeno. El propósito es múltiple, cuidar los suelos, equilibrar los minerales y contar con alguna pastura más.

 

Proveedor del Plan Toros

En "El Arbolito" se respira la paz del campo. Son poco más de las 7 cuando el cronista llega al establecimiento y los Salvagno ya están en plena tarea. Don Ernesto está luchando para acomodar una vieja manga de madera, mientras Alejandro, subido a un caballo blanco, va cambiando de corral unos toros que en un rato se llevará el Ministerio de Producción para repartir entre beneficiarios del plan que combate las enfermedades venéreas. Terminarán en las alturas de San Martín, en potreros de pequeños productores de Potrerillos, Las Chacras y parajes aun más metidos en el medio de las sierras.

 

 

 

La venta entusiasmó al cabañero, que logró una buena recaudación para seguir apostando a la cría bovina. “Fue en la Exposición Rural de Villa Mercedes, los eligió el ministro Sergio Freixes en persona, junto con el equipo del Programa Producción Pecuaria. Es un orgullo para nosotros, que tenemos una cabaña chica, que el Gobierno se haya fijado en nuestros toros, porque además es un cliente cumplidor. El plan de reposición es muy bueno, ayuda a combatir las enfermedades venéreas, así que me pone contento que estos animales puedan servir para mejorar la productividad de los pequeños criadores de San Luis”, asegura Salvagno hijo, mientras culmina con la tarea de arrear los cuatros toros negros que en un rato estarán arriba de un camión rumbo a San Martín.

Para los dueños de "El Arbolito" fue la segunda visita a la expo mercedina y la de mejores resultados, más allá de la venta. “Nos contactamos con productores de otras provincias, intercambiamos experiencias y conocimos otras maneras de trabajar. Siempre suma ir a las muestras ganaderas, porque la marca comienza a hacerse conocer”, reconoce Alejandro.

 

Orden y progreso

En su campo, el orden es una premisa. Cuando uno deja la autopista 55 unos metros antes de la entrada a Naschel, tras un breve tramo de tierra, ya encuentra la tranquera de ingreso. En los primeros lotes hay terneros machos en un proceso de engorde a campo, justo al lado de un tanque australiano gigantesco. Un poco más allá, por la misma mano, está el sector porcino y al fondo los potreros marrones indican que allí irá el maíz de la campaña 2019/20.

Antes está el casco principal, con pastito cortado, la manga en la que encontramos trabajando a Ernesto y algunas viejas maquinarias agrícolas. Del otro lado de la casa están los corrales con los toros, tanto los que vendió al Ministerio de Producción como los propios. “La producción es de unos 15 a 20 por año, que comercializamos por diferentes vías. Los comisionistas vienen al campo y comprar ternero, gordo y vaca de descarte; a veces llevamos animales para vender al remate que da Travaglia en La Toma y también a otro más chico, el de Scaglia en Concarán”, describe Salvagno.

El nombre de "El Arbolito" lo heredaron de la zona, que ya se llamaba así antes de que ellos llegaran. “Este era un campo grande, de unas 5.000 hectáreas, después se fue parcelando y nosotros nos quedamos con 800. Es un nombre simpático y trae recuerdos históricos, por eso la cabaña se llama así”, cuenta don Ernesto, con ojos de haberlo visto todo en este rincón de Naschel.

 

 

 

Los mejores reproductores suelen terminar en manos de compradores en las subastas de las exposiciones rurales de Villa Mercedes y Villa Dolores, aunque algunos también tienen como destino las subastas de hacienda general. “Hoy lo que más rinde es la venta particular, porque los números están muy finos y si hay que dejar la comisión del rematador ya no es tan bueno el negocio”, agrega el dueño de "El Arbolito", que a su vez compra vaquillonas Puras Controladas en cabañas, si es que el bolsillo aguanta. Como es veterinario, él mismo se encarga de la sanidad, lo que es una manera de bajar costos, ya que se evita el honorario de un profesional externo.

En cuanto a nutrición, los terneros hacen un pastoreo a campo al destete, que casi siempre se produce entre los 5 y los 6 meses de vida. Después le agregan un toque de ración para suplementar y cubrir las necesidades. “Hoy todo está complicado en materia económica, por suerte hay buenas perspectivas con la exportación, que se lleva todo lo que no consume hoy el mercado interno por falta de plata”, analiza. Su optimismo también radica en que “el ganadero siempre apuesta a mejorar, es tozudo, le da para adelante. Vinieron más temprano que nunca a comprar toros, para adelantarse a la inflación, lo que indica que siguen creyendo en la ganadería”.

 

 

Salvagno cree que hoy el precio se mide en kilos de gordo: “Un toro tiene que salir mil kilos de animales para faena, o sea que si podés vender un reproductor entre los 70 y los 80 mil pesos está más que bien. Qué va a pasar a partir de ahora con el cambio de gobierno nadie lo sabe, pero si le dan un poco de respiro a la gente, enseguida volverá a consumir carne y todo se tiene que encarrilar”.

 

Pasión por el Angus

La elección de la raza Aberdeen Angus tiene varios argumentos para la familia. “Son muy buenas madres, que dan más leche que las Hereford, que por ese lado tienen una deficiencia importante; aunque a la vez reconozco con son más mansas. Pero el Angus es más rústico para hacerlo trabajar en las sierras, en pisos de piedra, producen una carne excelente y no tienen problemas de ojos como los Hereford”, describe papá Ernesto, quien asegura que la relación padre-hijo es excelente, que charlan cada tema del campo y siempre terminan poniéndose de acuerdo.

Alejandro está casado con Andrea y le dio dos nietas a don Ernesto, Justina, de 12 años, y Pierina, de siete. Se recibió de veterinario en la Universidad Nacional de Río Cuarto y tiene varias actividades conexas con su papel de cabañero. Atiende clientes particulares, es coordinador del Centro Ganadero de Naschel y tiene algunas horas en la Agrotécnica del pueblo, de la que es exalumno. Su sueño es reflotar el tambo de la escuela, que marcó toda una era con la producción de leche.

En plena charla llegan los funcionarios del Ministerio de Producción en busca de los toros que compraron en Villa Mercedes. Martín Rodríguez, jefe del programa Producción Agropecuaria, y Juan Manuel Celi Preti, del Subprograma Producción Pecuaria, saludan con informalidad a los Salvagno. Son veterinarios, así que enseguida comienzan a conversar sobre razas, condiciones corporales y genética bovina.

 

 

“Para nosotros es una satisfacción comprar toros a pequeños cabañeros de San Luis. El espíritu del plan es ese, mover la economía local, ayudar a gente como los Salvagno, que hacen animales de buena genética con mucho sacrificio. Son toros excelentes, muy superiores a los que debimos enviar a faena porque estaban enfermos. Los productores de San Martín lo van a saber reconocer”, asegura Rodríguez, un apasionado de los caballos, que disfruta de ver montar al dueño de casa.

Alejandro los espera con los toros ya separados y listos para subir al camión. Don Ernesto termina de acomodar la manga y los animales son conducidos con mucha tranquilidad rumbo a la caja. Les espera un largo viaje por los caminos escarpados del Departamento San Martín en una jornada que terminará allá por la medianoche con cuatro productores felices.

 

 

El sol recién asoma y comienza a espantar el frío de la mañana cuando los Salvagno ven partir sus reproductores y tienen ganas de saludar como quien despide a sus hijos. Es genética de "El Arbolito" que va a reforzar la de otros productores de menores recursos, necesitados de dar un paso adelante que ellos probaron hace un largo tiempo.

Queda claro que no hay cabañas grandes o chicas, solo pasión por lo que se hace. Con tipos así, la ganadería tiene su futuro asegurado.

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Toros criados a campo para todo tipo de suelos

Desde hace casi cinco décadas, la familia Salvagno se dedica a la cría bovina en Naschel, en una zona más conocida por su aptitud agrícola. El Ministerio de Producción confió en la genética de sus machos para proveer de padres de plantel a beneficiarios del Plan Toro.

Cabañero y veterinario. Alejandro Salvagno con sus toros.

Cuando se habla de cabañas en el sector bovino, lo primero que viene a la mente es una organización enorme, aceitada, más emparentada con un trabajo científico que uno a campo. Es cierto que hay cabañas de esa envergadura, que son las que lucen toros portentosos en la Exposición Rural de Palermo, ganan premios y exportan semen de sus mejores reproductores, algunos incluso que hacen historia en materia genética. Cabañas bonaerenses, santafesinas y cordobesas son las que hacen punta en esto, bendecidas por estar en la Pampa Húmeda, donde la productividad agrícola es superior, el clima más benigno y el forraje no es materia de preocupación.

San Luis también tiene este tipo de establecimientos, fundados a fuerza de agudeza y sacrificio. Antiguas Estancias Don Roberto es una referencia en la raza Hereford y Saladillo, su padre, de plantel más reconocido, esparció calidad por todos lados. La Paz de Werthein, Las Lilas y Garruchos son otras tres que ganaron reconocimiento en el ámbito ganadero por su trabajo en el Departamento Dupuy, en el sur puntano, al igual que Compañía General de Hacienda, que desarrolla la raza Braford, poco difundida por estas tierras. Son cabañas con trayectoria, capital y conocimientos, que hacen quedar muy bien a la ganadería de San Luis.

 

 

Pero hay otra categoría de cabañas, cuya calidad no es menor, simplemente que se mueven en otro estrato y a otro volumen, más reducido, en un ámbito familiar, con mucho esfuerzo y dedicación. Pero al igual que las grandes, certifican sus mejores animales en las asociaciones de cada raza, participan de remates con éxito y esparcen genética propia, conseguida a través de años de trabajo. No requieren de mucho personal, a veces basta con lo que hacen dos o tres generaciones, que se van transmitiendo los conocimientos y apuntan a conformar animales que llegan a ser la envidia de otros con mayor respaldo económico.

Es el caso de "El Arbolito", una pequeña cabaña ubicada en Naschel, en el Departamento Chacabuco, quizá más reconocido por el nivel y los rindes de la agricultura en el cinturón que se extiende hasta Tilisarao que por la ganadería, que suele estar reservada a las grandes extensiones que tiene la provincia en el territorio que va de Villa Mercedes al Sur. O en la zona bien productiva de La Cumbre hasta Fraga, donde hace la terminación la cabaña Don Eloy.

 

 

Pasa que la familia Salvagno es de Naschel de toda la vida, allí comenzaron a trabajar el campo y allí siguen, cada vez con más conocimientos, perfeccionando las técnicas para subir el nivel de sus Aberdeen Angus. “Estamos acá desde 1971, el campo lo compró mi abuelo Ramón, son 800 hectáreas en las que hacemos una explotación mixta. Entre el 20 y el 30 por ciento lo ocupamos con maíz, con el único propósito de que sirva como componente vital para las dietas del ganado”, cuenta Alejandro Salvagno, tercera generación familiar abocado a las tareas rurales, con el agregado de que él es veterinario, por lo que el establecimiento dio un salto de calidad importante a partir de su capacitación.

“Hacemos solamente Aberdeen Angus, sobre todo negro, la mayoría de los animales son de ese color, solo tenemos algunos colorados para estabilizar la raza, pero hace 60 años que la familia se dedica a mejorar los Angus negros”, agrega Alejandro, quien siempre está trabajando en el campo con la compañía inseparable de su papá Ernesto, el que lo inició en esta pasión de la cría combinada con la agricultura.

Como es una cabaña de pequeña escala, tienen un solo padre de plantel, un toro robusto, de buenas líneas, muy ágil que le compraron a la cabaña cordobesa El Porvenir de Macagno, que desde hace 11 años ofrece un remate de reproductores anual en San Luis bajo el martillo de Ganadera del Sur.

 

 

“Manejamos un rodeo de 100 madres Angus Puras Controladas para intentar sacar buenos toros. Hacemos una selección bastante estricta: los machos que no llegan a toros salen a la venta para ser enviados a faena, y nos quedamos con las hembras mientras demuestren fertilidad. Hacemos inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) por celo detectado con semen de empresas reconocidas como Ciale y ABS”, dice el veterinario, mientras muestra el registro que tiene la cabaña "El Arbolito" en la Asociación de Criadores de Aberdeen Angus.

Hace poco tiempo atrás comenzaron con las inseminaciones y un repaso a las vacas que pastan en el campo que está en la entrada del establecimiento. En diciembre comenzará la inseminación más grande del plantel y luego solo quedará esperar los resultados, pero los índices de preñez y destete dan muy bien, así que hay tranquilidad. “La IATF y los avances genéticos cambiaron todo en materia ganadera. Sería imposible tener toros en el campo por el valor que tienen, hay que recurrir al semen. El secreto está en hacer una buena presión de selección. Nosotros hacemos tres en distintos períodos de desarrollo. Si un macho no sirve, se castra; y si una hembra no queda preñada, va a faena. En eso no hay que tener reparos”, certifica Alejandro.

 

 

Solo para diversificar un poco, los Salvagno también crían cerdos. En la entrada del campo se divisan las parideras de madera y algunos padrillos de razas diversas. “Son unos 80 más o menos, los vendemos capones con entre 100 y 110 kilos a un frigorífico de Juan Llerena que hace embutidos y a otro de Villa Mercedes. Para ellos también está destinada una partida de maíz, que la suplementamos con expeller de soja y un concentrado”, describe el cabañero, quien lamenta que “la mayoría justo parió el día que empezó a llover después de muchos meses, fueron unos 20 milímetros, pero complicaron todo en ese aspecto. Mala suerte…”.

La extensión dedicada a la agricultura luce ahora en barbecho, pero lista para empezar a producir porque la siembra del maíz arranca en los primeros días de noviembre, “siempre que el tiempo lo permita y no caiga alguna helada tardía”, se ataja Alejandro, quien de todas maneras no se queja porque fue “un otoño llovedor”. Eso le permitió tener buen forraje en el invierno, porque además apuesta a los cultivos de servicio y de cobertura, como trigo y centeno. El propósito es múltiple, cuidar los suelos, equilibrar los minerales y contar con alguna pastura más.

 

Proveedor del Plan Toros

En "El Arbolito" se respira la paz del campo. Son poco más de las 7 cuando el cronista llega al establecimiento y los Salvagno ya están en plena tarea. Don Ernesto está luchando para acomodar una vieja manga de madera, mientras Alejandro, subido a un caballo blanco, va cambiando de corral unos toros que en un rato se llevará el Ministerio de Producción para repartir entre beneficiarios del plan que combate las enfermedades venéreas. Terminarán en las alturas de San Martín, en potreros de pequeños productores de Potrerillos, Las Chacras y parajes aun más metidos en el medio de las sierras.

 

 

 

La venta entusiasmó al cabañero, que logró una buena recaudación para seguir apostando a la cría bovina. “Fue en la Exposición Rural de Villa Mercedes, los eligió el ministro Sergio Freixes en persona, junto con el equipo del Programa Producción Pecuaria. Es un orgullo para nosotros, que tenemos una cabaña chica, que el Gobierno se haya fijado en nuestros toros, porque además es un cliente cumplidor. El plan de reposición es muy bueno, ayuda a combatir las enfermedades venéreas, así que me pone contento que estos animales puedan servir para mejorar la productividad de los pequeños criadores de San Luis”, asegura Salvagno hijo, mientras culmina con la tarea de arrear los cuatros toros negros que en un rato estarán arriba de un camión rumbo a San Martín.

Para los dueños de "El Arbolito" fue la segunda visita a la expo mercedina y la de mejores resultados, más allá de la venta. “Nos contactamos con productores de otras provincias, intercambiamos experiencias y conocimos otras maneras de trabajar. Siempre suma ir a las muestras ganaderas, porque la marca comienza a hacerse conocer”, reconoce Alejandro.

 

Orden y progreso

En su campo, el orden es una premisa. Cuando uno deja la autopista 55 unos metros antes de la entrada a Naschel, tras un breve tramo de tierra, ya encuentra la tranquera de ingreso. En los primeros lotes hay terneros machos en un proceso de engorde a campo, justo al lado de un tanque australiano gigantesco. Un poco más allá, por la misma mano, está el sector porcino y al fondo los potreros marrones indican que allí irá el maíz de la campaña 2019/20.

Antes está el casco principal, con pastito cortado, la manga en la que encontramos trabajando a Ernesto y algunas viejas maquinarias agrícolas. Del otro lado de la casa están los corrales con los toros, tanto los que vendió al Ministerio de Producción como los propios. “La producción es de unos 15 a 20 por año, que comercializamos por diferentes vías. Los comisionistas vienen al campo y comprar ternero, gordo y vaca de descarte; a veces llevamos animales para vender al remate que da Travaglia en La Toma y también a otro más chico, el de Scaglia en Concarán”, describe Salvagno.

El nombre de "El Arbolito" lo heredaron de la zona, que ya se llamaba así antes de que ellos llegaran. “Este era un campo grande, de unas 5.000 hectáreas, después se fue parcelando y nosotros nos quedamos con 800. Es un nombre simpático y trae recuerdos históricos, por eso la cabaña se llama así”, cuenta don Ernesto, con ojos de haberlo visto todo en este rincón de Naschel.

 

 

 

Los mejores reproductores suelen terminar en manos de compradores en las subastas de las exposiciones rurales de Villa Mercedes y Villa Dolores, aunque algunos también tienen como destino las subastas de hacienda general. “Hoy lo que más rinde es la venta particular, porque los números están muy finos y si hay que dejar la comisión del rematador ya no es tan bueno el negocio”, agrega el dueño de "El Arbolito", que a su vez compra vaquillonas Puras Controladas en cabañas, si es que el bolsillo aguanta. Como es veterinario, él mismo se encarga de la sanidad, lo que es una manera de bajar costos, ya que se evita el honorario de un profesional externo.

En cuanto a nutrición, los terneros hacen un pastoreo a campo al destete, que casi siempre se produce entre los 5 y los 6 meses de vida. Después le agregan un toque de ración para suplementar y cubrir las necesidades. “Hoy todo está complicado en materia económica, por suerte hay buenas perspectivas con la exportación, que se lleva todo lo que no consume hoy el mercado interno por falta de plata”, analiza. Su optimismo también radica en que “el ganadero siempre apuesta a mejorar, es tozudo, le da para adelante. Vinieron más temprano que nunca a comprar toros, para adelantarse a la inflación, lo que indica que siguen creyendo en la ganadería”.

 

 

Salvagno cree que hoy el precio se mide en kilos de gordo: “Un toro tiene que salir mil kilos de animales para faena, o sea que si podés vender un reproductor entre los 70 y los 80 mil pesos está más que bien. Qué va a pasar a partir de ahora con el cambio de gobierno nadie lo sabe, pero si le dan un poco de respiro a la gente, enseguida volverá a consumir carne y todo se tiene que encarrilar”.

 

Pasión por el Angus

La elección de la raza Aberdeen Angus tiene varios argumentos para la familia. “Son muy buenas madres, que dan más leche que las Hereford, que por ese lado tienen una deficiencia importante; aunque a la vez reconozco con son más mansas. Pero el Angus es más rústico para hacerlo trabajar en las sierras, en pisos de piedra, producen una carne excelente y no tienen problemas de ojos como los Hereford”, describe papá Ernesto, quien asegura que la relación padre-hijo es excelente, que charlan cada tema del campo y siempre terminan poniéndose de acuerdo.

Alejandro está casado con Andrea y le dio dos nietas a don Ernesto, Justina, de 12 años, y Pierina, de siete. Se recibió de veterinario en la Universidad Nacional de Río Cuarto y tiene varias actividades conexas con su papel de cabañero. Atiende clientes particulares, es coordinador del Centro Ganadero de Naschel y tiene algunas horas en la Agrotécnica del pueblo, de la que es exalumno. Su sueño es reflotar el tambo de la escuela, que marcó toda una era con la producción de leche.

En plena charla llegan los funcionarios del Ministerio de Producción en busca de los toros que compraron en Villa Mercedes. Martín Rodríguez, jefe del programa Producción Agropecuaria, y Juan Manuel Celi Preti, del Subprograma Producción Pecuaria, saludan con informalidad a los Salvagno. Son veterinarios, así que enseguida comienzan a conversar sobre razas, condiciones corporales y genética bovina.

 

 

“Para nosotros es una satisfacción comprar toros a pequeños cabañeros de San Luis. El espíritu del plan es ese, mover la economía local, ayudar a gente como los Salvagno, que hacen animales de buena genética con mucho sacrificio. Son toros excelentes, muy superiores a los que debimos enviar a faena porque estaban enfermos. Los productores de San Martín lo van a saber reconocer”, asegura Rodríguez, un apasionado de los caballos, que disfruta de ver montar al dueño de casa.

Alejandro los espera con los toros ya separados y listos para subir al camión. Don Ernesto termina de acomodar la manga y los animales son conducidos con mucha tranquilidad rumbo a la caja. Les espera un largo viaje por los caminos escarpados del Departamento San Martín en una jornada que terminará allá por la medianoche con cuatro productores felices.

 

 

El sol recién asoma y comienza a espantar el frío de la mañana cuando los Salvagno ven partir sus reproductores y tienen ganas de saludar como quien despide a sus hijos. Es genética de "El Arbolito" que va a reforzar la de otros productores de menores recursos, necesitados de dar un paso adelante que ellos probaron hace un largo tiempo.

Queda claro que no hay cabañas grandes o chicas, solo pasión por lo que se hace. Con tipos así, la ganadería tiene su futuro asegurado.

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