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Le dieron 25 años de cárcel al hombre que golpeó, violó e intentó asesinar a su pareja

Rodolfo Gómez está preso desde junio de 2017, cuando la víctima, Érika Tébez, logró escapar de la casa donde la tenía cautiva, junto a su hija de 9 años. 

Por redacción
| 12 de diciembre de 2019
El momento en el que el a acusado salía de la sala. Foto: Leandro Cruciani.

Las heridas físicas y psicológicas que Rodolfo Daniel Gómez le causó a Érika, su expareja, quedaron probadas para la Cámara del Crimen 1 de San Luis, que ayer lo condenó a 25 años de prisión por "privación ilegítima de la libertad agravada, abuso sexual con acceso carnal agravado por el daño a la salud psíquica de la víctima y lesiones graves agravadas por la relación de pareja, el ensañamiento y violencia de género”. Así, el tribunal coincidió con la calificación y el pedido de pena que había hecho la fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso.

 

Este jueves, las partes hicieron sus alegatos. La primera en tomar la palabra fue abogada de la Secretaría de la Mujer #NiUnaMenos, María Elena Aparicio, quien representó a la víctima y refirió que la pareja comenzó a convivir desde principios de 2016 en un departamento ubicado en Constitución 1210 que es propiedad de la madre de Gómez. Allí, en la planta alta, ocurrieron las aberrantes agresiones a la mujer.

 

Dijo que Érika perdió su trabajo dado que Gómez la celaba y la manipulaba. También que él logró que la joven se alejara de su familia y amigos. 

 

Según el relato de la víctima, las agresiones comenzaron en septiembre de ese año, cuando ella descubrió en el celular de él que le era infiel. Por esa razón, decidió separarse y Gómez comenzó a maltratarla.

 

Aparicio señaló que la violencia fue primero emocional y luego física. “La bloqueó de tal manera que no la dejaba salir de la casa. Cada vez que ella intentaba escapar y no lo lograba, los golpes eran peores”, aseguró.
Esas lesiones fueron confirmadas por el médico forense Luis Lucero Arienti, que examinó a la joven después de que ella lograra huir del departamento junto a su hija, el 13 de junio de 2017. 

 

El médico expuso que la mujer tenía hematomas en el cuero cabelludo, el rostro, en un hombro, los glúteos y rodillas. También presentaba un corte en el labio, un diente quebrado, quemaduras antiguas y recientes hechas con agua y cigarrillos y una fractura en el peroné izquierdo, además de lesiones en la zona genital, producto de los abusos. Además, estaba deshidratada y desnutrida.

 

“Le quedaron marcas en su cuerpo que la acompañarán en su vida, además de las emocionales, que son imborrables. Durante la relación la sintió como un objeto. Le decía que no servía para nada, ni como mujer”, aseveró Aparicio.

 

Por su parte Diana Bernal, la otra abogada de la víctima, dijo que Gómez logró despersonalizar a Érika mientras la mantuvo cautiva. “Ella no es el monstruo que él ha querido instalar”, dijo Bernal, ex fiscal de Cámara, en referencia a que el acusado declaró ante el tribunal que Érika lo indujo a consumir drogas y lo manipulaba, que no toleraba que él la dejara y que se autolesionaba.

 

Luego, la fiscal de Cámara Monte Riso dijo que, en base a las pruebas, quedó demostrado que Gómez mantuvo privadas de la libertad  a Érica y a su hija, que en ese entonces tenía 9 años, valiéndose de amenazas y agresiones. “Fue desgarrador el relato de la víctima. Es un evidente caso de violencia de género”, aseguró.

 

Para la fiscal, no hay margen de duda de que el hecho existió. Dijo que Gómez la mantuvo en una situación “casi de esclavitud, casi rozando la trata de personas”. 

 

“Érika perdió la dignidad y la voluntad. Vivió una tragedia por la que de por vida va a necesitar contención. Tenemos suerte de tenerla acá y no estar hoy investigando un homicidio por violencia de género”, aseveró  mientras Érika escuchaba el alegato con lágrimas en los ojos, tomada de la mano de su madre, que fue quien denunció el hecho.

 

En cuanto a las lesiones que Arienti constató, Monte Riso afirmó que Gómez “quería causarle dolor y sufrimiento a Érika". "Si hubiera querido matarla, lo hacía. No había nada que se lo impidiera”, concluyó, y solicitó la pena de 25 años de cárcel, monto de pena que finalmente el tribunal impuso.

 

Por su parte, Marcela Torres Cappiello, Defensora de Niñez y Adolescencia, quien intervino en representación de la hija de Érika, indicó que la violencia de la que la niña fue testigo le dejó secuelas tales como la ansiedad, que exige que tenga terapia de forma permanente. “Gómez le robó su infancia. Perdió su rol de niña y se convirtió en adulta”, expresó la defensora, y solicitó que a Gómez se lo investigue por corrupción de menores,  dado que la chica presenció los vejámenes a los que el hombre sometió a su madre.   

 

Por último, Rodolfo Mercau, el defensor de Gómez, dijo que Érika estaba obsesionada con su cliente y que los dos llegaron a esa situación de violencia por “el consumo de drogas, la lujuria y la indefensión del acusado”. Sostuvo que la propia víctima se produjo las lesiones que presentaba al momento de escapar.

 

“No hay abuso ni privación ilegítima de la libertad; pueden ser responsabilizados en forma conjunta por consumo de drogas. Gómez reconoció su adicción y ahora se refugió en la religión”, manifestó y pidió la absolución del acusado. 
Gómez también habló antes de que el tribunal se fuera a deliberar. “Que se haga justicia. Yo no he hecho nada de lo que se me acusa”, dijo el acusado, reiterando palabras que fueron refutadas por las contundentes pruebas producidas durante el proceso. 

 

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