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Entre acordes, samples y autotune

Juan Luna

El uso de herramientas digitales en la composición, la grabación y la interpretación inundó a prácticamente todos los géneros. ¿Hay un límite? opinan diferentes músicos de la provincia.

"Conseguite un empleo honesto”. Con esa frase, en su inconfundible voz grave y rasposa, Pappo le contestaba al DJ Ezequiel Dero, uno de los pioneros de la escena electrónica en Argentina, en un debate en “Sábado Bus”, el programa de Nicolás Repetto en el año 2000. En ese recordado episodio de la pantalla nacional se abría una dicotomía que parecía establecer dos posiciones antagónicas y bien definidas. De un lado, quienes aseguraban que la música “real” era la “tocada en vivo por seres humanos”, como dijo aquella vez el propio Norberto Napolitano. En la otra esquina, quienes consideraban que las grabaciones, los samples y las mezclas constituían nuevos instrumentos para la creación artística.

Casi dos décadas después de aquella pequeña contienda televisiva, la grieta parece haberse achicado. La evolución de las tecnologías que se utilizan tanto en las salas de estudio como en los escenarios, salpicó con nuevos recursos a prácticamente todos los géneros, aunque siempre en diferentes porcentajes y con mayores o menores resistencias de las ortodoxias.

Prácticamente ya no existen registros que no hayan pasado por algún tipo de procesamiento digital para mejorar la interpretación de los instrumentos o de las voces. En principio, eso fue un “secreto a voces” de la industria, que pretendía disimular los maquillajes que se aplicaban en posproducción para preservar la “belleza natural” de sus artistas.

Pero con el paso de los años, ese ingrediente oculto se convirtió en parte del plato principal. Como una suerte de Phothosop sonoros, los softwares dejaron de esconderse y empezaron a ser explotados al máximo, como parte de la estética de los artistas.

Hoy es posible escuchar canciones producidas íntegramente en una computadora, por personas que ni siquiera saben interpretar un instrumento analógico. El “Autotune”, el software que permite afinar las voces, les abrió la posibilidad de triunfar a cantantes que de otra forma no podrían entonar dos notas seguidas.

Cinco músicos y productores de la escena provincial, en diferentes ámbitos musicales, opinan en un debate que aún sigue abierto, aunque para volver a escuchar vibrar la guitarra de Pappo haya que recurrir a un video de Youtube o alguna lista de Spotify.

 


Marcelo “Pompón” Parosky, vocalista y guitarrista de Daltónicos

Siempre hubo un tabú en la aplicación de la tecnología en la creación. Pero si una canción te parte la cabeza y te mueve algún sentimiento, da lo mismo que esté hecha con unos presets o que la toque alguien.

Pero hay que separar el uso del abuso. A nosotros nos pasa que muchas veces hacemos en estudio cosas que están re buenas grabadas, pero después nos cuesta tocarlas en vivo. A mí me gusta ver bandas que no suenen igual al disco, pero hay gente que busca escuchar lo mismo que en la grabación y se va decepcionada cuando se da cuenta que el vocalista canta horrible y lo afinaron con un Autotune. Después entramos en detalles chiquitos, que tienen que ver con el ruidito que hace la mano cuando el guitarrista está tocando un La y se cambia a un Sol, o errores en la interpretación que se dejan a propósito para que se sepa que quienes están tocando son humanos. Son cosas a las que los melómanos les prestan mucha atención.

Hay una necesidad de que el rock empiece a incorporar cosas nuevas, para no quedarse atrás.

 


César Guerberoff, vocalista de Pulsar y solista

Yo vengo de una formación clásica. Desde chico siempre toqué instrumentos y siempre hice cosas acústicas. Y me fui encontrando con la tecnología desde la adolescencia para adelante.

Siempre que la finalidad sea un mensaje artístico me parece que está perfecto el uso de la tecnología. Creo que la mezcla mágica es tocar un instrumento y sumarle las tecnologías al resultado musical. Ahí se genera un mensaje nuevo, que termina siendo mucho más grande o potente. Gustavo Cerati era uno de los argentinos que más usaba, era un híbrido entre el rock con samples y sonidos nuevos que le permitía llegar a lugares que nunca había explorado. Siempre que la meta sea artística, creo que todo es válido.

El autotune también me parece que es lícito, siempre que se corrijan cosas mínimas, que después te permitan llegar a un escenario y que se pueda cantar y que suene similar a lo que se logró en el estudio. Pero lo que estoy viendo también es que hay tendencia de mucho uso de autotune, y en vivo los artistas tienen pedaleras o gente que les coloca los efectos para que suene igual que el disco.

 


Verónica del Río, solista

Como soy solista la tecnología me ayuda a resolver el show en vivo. Uso una pedalera de efectos y una loopera que me permiten hacer un acompañamiento y un bajo y tocar sobre esa base. Me ayuda muchísimo, porque si bien yo podría trabajar con otros músicos, es un presupuesto más grande. En estos tiempos que corren, desarrollar la creatividad de esa forma, te abre puertas.

A la hora de grabar, creo que está bueno aprovechar las herramientas pero el músico tiene que tener una cierta afinación de base. Si el trabajo está bien hecho, después queda solo pulir algunos detalles. Pero si la grabación está muy desafinada, cuando la retocan queda muy artificial. Se pierde la esencia y la originalidad del artista.

Para crear también me parece que te permite desarrollar tu creatividad e incluso se pueden hacer maquetas para tener una noción básica y no llegar al estudio en una nebulosa. Pero a la hora de tocar en vivo, es raro ver a los músicos tocando con pistas o que suene una trompeta y que la trompeta no esté.

 


Hernán “Polaco” Tarasconi, guitarrista de Algarroba.com

En Algarroba.com siempre hemos tratado de ir un poco más allá como folcloristas. Sobre todo con una nueva forma de instrumentación, que trae acarreada una serie de herramientas tecnológicas a la que tuvimos que echar mano.

En la banda, hemos hecho algunos experimentos con herramientas digitales. En el último disco, grabamos la cueca “Pisando nubes” que tiene una base electrónica. Nos gustó y quisimos implementar algo nuevo. Quedó y tiene una sonoridad amable que no desentona mucho de lo que es la cueca en sí. Ahora es más fácil implementar estos sonidos en el folclore. Cuando empezamos, hace veinte años, se notaba un poco más la resistencia, sobre todo por la instrumentación que usamos, porque no había referencias de tocar así la música cuyana. Pero ahora, hasta los más tradicionalistas están bajo la influencia de la tecnología en la producción.

 


Martín Valenzuela, técnico de grabación y mezcla

La tecnología en la música siempre estuvo, está y estará presente. En esto de hacer arte, lo más fuerte es la capacidad que tiene la persona que está utilizando una herramienta. Es como el dicho: “No es la flecha, es el indio”.

Me ha pasado en ocasiones de estar en una grabación, en donde el baterista viene con todos los platos brillantes, los hierros que no hacen ningún ruidito de más, todo impecable, pero lo que proyecta no está a la altura del instrumento.

Otras veces aparece un músico con un instrumento que no está en muy buenas condiciones, pero lo que expresa tiene magia. Esa es la parte linda del arte, esas cosas que te sorprenden.

Sin embargo, a veces a los que hacemos la ingeniería del sonido nos toca tomar ciertas decisiones que no nos corresponden. Pero hay que tener la espalda para discernir si es totalmente necesario procesar la voz o no, por ejemplo. Hay canciones o géneros que lo piden a gritos, y otros que no o en los que tenés que llegar a un punto intermedio. A veces también depende de la capacidad de los músicos. Porque en principio surge como una necesidad pero después llegó a ser tan interesante que pasó a ser una herramienta.

Yo tomo la responsabilidad de lo que hago, yo no puedo ser sincero conmigo mismo sino puedo serlo con la persona con la que estoy trabajando y esa es la clave. Cuando hay un problema en las voces que es muy evidente, tengo que plantearlo. Yo no puedo inventar un artista que después no se va a poder defender.

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Entre acordes, samples y autotune

El uso de herramientas digitales en la composición, la grabación y la interpretación inundó a prácticamente todos los géneros. ¿Hay un límite? opinan diferentes músicos de la provincia.

"Conseguite un empleo honesto”. Con esa frase, en su inconfundible voz grave y rasposa, Pappo le contestaba al DJ Ezequiel Dero, uno de los pioneros de la escena electrónica en Argentina, en un debate en “Sábado Bus”, el programa de Nicolás Repetto en el año 2000. En ese recordado episodio de la pantalla nacional se abría una dicotomía que parecía establecer dos posiciones antagónicas y bien definidas. De un lado, quienes aseguraban que la música “real” era la “tocada en vivo por seres humanos”, como dijo aquella vez el propio Norberto Napolitano. En la otra esquina, quienes consideraban que las grabaciones, los samples y las mezclas constituían nuevos instrumentos para la creación artística.

Casi dos décadas después de aquella pequeña contienda televisiva, la grieta parece haberse achicado. La evolución de las tecnologías que se utilizan tanto en las salas de estudio como en los escenarios, salpicó con nuevos recursos a prácticamente todos los géneros, aunque siempre en diferentes porcentajes y con mayores o menores resistencias de las ortodoxias.

Prácticamente ya no existen registros que no hayan pasado por algún tipo de procesamiento digital para mejorar la interpretación de los instrumentos o de las voces. En principio, eso fue un “secreto a voces” de la industria, que pretendía disimular los maquillajes que se aplicaban en posproducción para preservar la “belleza natural” de sus artistas.

Pero con el paso de los años, ese ingrediente oculto se convirtió en parte del plato principal. Como una suerte de Phothosop sonoros, los softwares dejaron de esconderse y empezaron a ser explotados al máximo, como parte de la estética de los artistas.

Hoy es posible escuchar canciones producidas íntegramente en una computadora, por personas que ni siquiera saben interpretar un instrumento analógico. El “Autotune”, el software que permite afinar las voces, les abrió la posibilidad de triunfar a cantantes que de otra forma no podrían entonar dos notas seguidas.

Cinco músicos y productores de la escena provincial, en diferentes ámbitos musicales, opinan en un debate que aún sigue abierto, aunque para volver a escuchar vibrar la guitarra de Pappo haya que recurrir a un video de Youtube o alguna lista de Spotify.

 


Marcelo “Pompón” Parosky, vocalista y guitarrista de Daltónicos

Siempre hubo un tabú en la aplicación de la tecnología en la creación. Pero si una canción te parte la cabeza y te mueve algún sentimiento, da lo mismo que esté hecha con unos presets o que la toque alguien.

Pero hay que separar el uso del abuso. A nosotros nos pasa que muchas veces hacemos en estudio cosas que están re buenas grabadas, pero después nos cuesta tocarlas en vivo. A mí me gusta ver bandas que no suenen igual al disco, pero hay gente que busca escuchar lo mismo que en la grabación y se va decepcionada cuando se da cuenta que el vocalista canta horrible y lo afinaron con un Autotune. Después entramos en detalles chiquitos, que tienen que ver con el ruidito que hace la mano cuando el guitarrista está tocando un La y se cambia a un Sol, o errores en la interpretación que se dejan a propósito para que se sepa que quienes están tocando son humanos. Son cosas a las que los melómanos les prestan mucha atención.

Hay una necesidad de que el rock empiece a incorporar cosas nuevas, para no quedarse atrás.

 


César Guerberoff, vocalista de Pulsar y solista

Yo vengo de una formación clásica. Desde chico siempre toqué instrumentos y siempre hice cosas acústicas. Y me fui encontrando con la tecnología desde la adolescencia para adelante.

Siempre que la finalidad sea un mensaje artístico me parece que está perfecto el uso de la tecnología. Creo que la mezcla mágica es tocar un instrumento y sumarle las tecnologías al resultado musical. Ahí se genera un mensaje nuevo, que termina siendo mucho más grande o potente. Gustavo Cerati era uno de los argentinos que más usaba, era un híbrido entre el rock con samples y sonidos nuevos que le permitía llegar a lugares que nunca había explorado. Siempre que la meta sea artística, creo que todo es válido.

El autotune también me parece que es lícito, siempre que se corrijan cosas mínimas, que después te permitan llegar a un escenario y que se pueda cantar y que suene similar a lo que se logró en el estudio. Pero lo que estoy viendo también es que hay tendencia de mucho uso de autotune, y en vivo los artistas tienen pedaleras o gente que les coloca los efectos para que suene igual que el disco.

 


Verónica del Río, solista

Como soy solista la tecnología me ayuda a resolver el show en vivo. Uso una pedalera de efectos y una loopera que me permiten hacer un acompañamiento y un bajo y tocar sobre esa base. Me ayuda muchísimo, porque si bien yo podría trabajar con otros músicos, es un presupuesto más grande. En estos tiempos que corren, desarrollar la creatividad de esa forma, te abre puertas.

A la hora de grabar, creo que está bueno aprovechar las herramientas pero el músico tiene que tener una cierta afinación de base. Si el trabajo está bien hecho, después queda solo pulir algunos detalles. Pero si la grabación está muy desafinada, cuando la retocan queda muy artificial. Se pierde la esencia y la originalidad del artista.

Para crear también me parece que te permite desarrollar tu creatividad e incluso se pueden hacer maquetas para tener una noción básica y no llegar al estudio en una nebulosa. Pero a la hora de tocar en vivo, es raro ver a los músicos tocando con pistas o que suene una trompeta y que la trompeta no esté.

 


Hernán “Polaco” Tarasconi, guitarrista de Algarroba.com

En Algarroba.com siempre hemos tratado de ir un poco más allá como folcloristas. Sobre todo con una nueva forma de instrumentación, que trae acarreada una serie de herramientas tecnológicas a la que tuvimos que echar mano.

En la banda, hemos hecho algunos experimentos con herramientas digitales. En el último disco, grabamos la cueca “Pisando nubes” que tiene una base electrónica. Nos gustó y quisimos implementar algo nuevo. Quedó y tiene una sonoridad amable que no desentona mucho de lo que es la cueca en sí. Ahora es más fácil implementar estos sonidos en el folclore. Cuando empezamos, hace veinte años, se notaba un poco más la resistencia, sobre todo por la instrumentación que usamos, porque no había referencias de tocar así la música cuyana. Pero ahora, hasta los más tradicionalistas están bajo la influencia de la tecnología en la producción.

 


Martín Valenzuela, técnico de grabación y mezcla

La tecnología en la música siempre estuvo, está y estará presente. En esto de hacer arte, lo más fuerte es la capacidad que tiene la persona que está utilizando una herramienta. Es como el dicho: “No es la flecha, es el indio”.

Me ha pasado en ocasiones de estar en una grabación, en donde el baterista viene con todos los platos brillantes, los hierros que no hacen ningún ruidito de más, todo impecable, pero lo que proyecta no está a la altura del instrumento.

Otras veces aparece un músico con un instrumento que no está en muy buenas condiciones, pero lo que expresa tiene magia. Esa es la parte linda del arte, esas cosas que te sorprenden.

Sin embargo, a veces a los que hacemos la ingeniería del sonido nos toca tomar ciertas decisiones que no nos corresponden. Pero hay que tener la espalda para discernir si es totalmente necesario procesar la voz o no, por ejemplo. Hay canciones o géneros que lo piden a gritos, y otros que no o en los que tenés que llegar a un punto intermedio. A veces también depende de la capacidad de los músicos. Porque en principio surge como una necesidad pero después llegó a ser tan interesante que pasó a ser una herramienta.

Yo tomo la responsabilidad de lo que hago, yo no puedo ser sincero conmigo mismo sino puedo serlo con la persona con la que estoy trabajando y esa es la clave. Cuando hay un problema en las voces que es muy evidente, tengo que plantearlo. Yo no puedo inventar un artista que después no se va a poder defender.

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