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Espléndidos anaqueles

Gabriel Casari

La librería elegida como la más linda del mundo por National Geographic es una construcción que invita a internarse en las letras y que tuvo pasado como teatro, radio y escenario musical.

Buenos Aires tiene librerías históricas, modernas, comerciales, de usados, arcaicas, extrañas, fastuosas, crípticas, pero entre todas se destaca una luego de que National Geographic diera un veredicto y declarara al Ateneo Grand Splendid como la más linda del mundo.

A los ojos de un puntano que discurre en librerías que puede recorrer en un par de minutos, el “Gran Splendid” es abrumador. Es un gran teatro hecho librería. Es, para aquellos que suman más de tres décadas, una especie de viejo cine de San Luis pero de tres pisos.

Para el curioso es un lugar en donde miles de libros esperan ser descubiertos y en donde se puede tomar un buen café en un lugar refinado, que antes se usaba como escenario. Para el fanático, queda una sensación abrumadora de que no alcanzará el día o dos días o más para recorrer un teatro biblioteca, una pieza arquitectónica en la que brilló el tango y hoy expresa literatura.

El lugar es la apuesta de una empresa que hizo de la venta de libros una especie de supermercadismo. Pero en el Splendid esa idea se volatiliza. Es necesario mirar todo con cierta perspectiva para asimilar la grandeza, desde su entrada en donde a la marca de la librería se impone al cartel “Grand Splendid” (que queda un tanto tapado por una gran marquesina), también hay que subir al menos al segundo piso para observar el tamaño real o pararse prácticamente al medio de la planta baja (porque hay un subsuelo) y mirar hacia el cielo para maravillarse con la cúpula que, de acuerdo a los datos que aportan los especialistas, mide 20 por 19 metros y fue pintada en 1919 como un festejo por el fin de la Primera Guerra Mundial.

Desde el ingreso es impactante y seguramente los muchachos de National Geographic han recorrido una gran parte del mundo para hacer comparaciones, pero la primera impresión es que el Grand Splendid es grande y sumamente espléndido por lo que el nombre resulta una redundancia. Para el que, como los perros de Pavlov, huele tinta y comienza a babear, las primeras góndolas provocan una revisión detalle pero con el tiempo no hay forma de mantener la atención. Rusos, colombianos, literatura universal, autoayuda, fotografías y la lista se extiende como las escaleras del lugar. Los libros pasan por las manos y al dejarlos queda una vaga impresión que al igual que los paisajes, nunca serán iguales si se los mira algunos meses después.
 

 


Tres horas es el tiempo que se calcula que lleva conocerla en profundidad.

 

Wikipedia, el sitio oficial de la librería, una centena de blogs y un par de extranjeros que usan YouTube para transmitir sus ideas hablan del Ateneo Grand Splendid como la consecución del teatro Grand Splendid que a pesar de cambiar de rubro conservó la arquitectura original. Su ubicación es en avenida Santa Fe 1860, en el coqueto barrio de Recoleta. En 2008, fue elegida por el periódico británico “The Guardian” como la segunda librería más hermosa del mundo y este año la National Geographic la destacó como la más linda del planeta. El edificio original fue inaugurado en 1919 por el empresario de origen austríaco Mordechai David Glücksman que encargó su construcción para instalar un cine-teatro sobre los cimientos del que fuera el Teatro Nacional Norte. Al nuevo teatro lo llamó Gran Splendid. Contaba con cuatro hileras de palcos y una platea con capacidad para 500 personas.

Fue cuna del tango y entre las historias que se cuentan se destaca que Roberto Firpo compuso una canción “Gran Splendid” en 1927 y un tal Carlos Gardel, que daba sus primeros pasos, empezaba a grabar para el sello Nacional Odeón en 1920.

En el lugar se ubicó la emisora Radio Splendid que comenzó a transmitir el 23 de mayo de 1923 desde el primer piso del edificio, bajo el nombre Grand Splendid Theatre.

Casi 70 años después, en febrero de 2000, el Grupo Ilhsa firmó un contrato de alquiler hasta el 2010 y la remodeló para darle la apariencia que tiene en la actualidad.
 

 



La cúpula del Grand Splendid mide 20 por 19 metros y fue pintada en 1919 como un festejo por el fin de la Primera Guerra Mundial.

 

La empresa El Ateneo asegura que el local del ex teatro Grand Splendid es el de mayor cantidad y diversidad de oferta de la cadena con 120 mil títulos en stock. Lo que era el escenario es actualmente un restaurante y confitería y posee un piano en el cual se ejecuta música que acompaña la lectura. En el subsuelo las escaleras mecánicas conducen al salón de venta de música y libros para niños. El piso más alto es dedicado a exposiciones donde se venden los libros de bolsillo.

Encontrar el título deseado es una tarea titánica, es como sin guía comenzar a husmear en Netflix. Muchas veces se hace necesaria la asistencia de algún profesional y en esos momentos se cae en consideración que se está en una cadena de librerías ya que la atención es amable pero con poca efectividad a la hora de conocer profundamente las obras. Muchas de las respuestas tienen un aire a frase de call center, de esas que se llenan de palabras pero de poco contenido.

Unas tres horas de recorrido sirven sólo para conocer los rincones de la librería. Para profundizar hay que dedicarle mucho tiempo, muchísimo.

Buenos Aires tiene librerías históricas, modernas, comerciales de usados, arcaicas, extrañas, fastuosas, cripticas que merecen ser visitadas como el Ateneo Grand Splendid, esa que dicen es la más linda del mundo.

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Espléndidos anaqueles

La librería elegida como la más linda del mundo por National Geographic es una construcción que invita a internarse en las letras y que tuvo pasado como teatro, radio y escenario musical.

Con 120 mil títulos en stock, el local es el de mayor cantidad y diversidad de oferta de la cadena El Ateneo.

Buenos Aires tiene librerías históricas, modernas, comerciales, de usados, arcaicas, extrañas, fastuosas, crípticas, pero entre todas se destaca una luego de que National Geographic diera un veredicto y declarara al Ateneo Grand Splendid como la más linda del mundo.

A los ojos de un puntano que discurre en librerías que puede recorrer en un par de minutos, el “Gran Splendid” es abrumador. Es un gran teatro hecho librería. Es, para aquellos que suman más de tres décadas, una especie de viejo cine de San Luis pero de tres pisos.

Para el curioso es un lugar en donde miles de libros esperan ser descubiertos y en donde se puede tomar un buen café en un lugar refinado, que antes se usaba como escenario. Para el fanático, queda una sensación abrumadora de que no alcanzará el día o dos días o más para recorrer un teatro biblioteca, una pieza arquitectónica en la que brilló el tango y hoy expresa literatura.

El lugar es la apuesta de una empresa que hizo de la venta de libros una especie de supermercadismo. Pero en el Splendid esa idea se volatiliza. Es necesario mirar todo con cierta perspectiva para asimilar la grandeza, desde su entrada en donde a la marca de la librería se impone al cartel “Grand Splendid” (que queda un tanto tapado por una gran marquesina), también hay que subir al menos al segundo piso para observar el tamaño real o pararse prácticamente al medio de la planta baja (porque hay un subsuelo) y mirar hacia el cielo para maravillarse con la cúpula que, de acuerdo a los datos que aportan los especialistas, mide 20 por 19 metros y fue pintada en 1919 como un festejo por el fin de la Primera Guerra Mundial.

Desde el ingreso es impactante y seguramente los muchachos de National Geographic han recorrido una gran parte del mundo para hacer comparaciones, pero la primera impresión es que el Grand Splendid es grande y sumamente espléndido por lo que el nombre resulta una redundancia. Para el que, como los perros de Pavlov, huele tinta y comienza a babear, las primeras góndolas provocan una revisión detalle pero con el tiempo no hay forma de mantener la atención. Rusos, colombianos, literatura universal, autoayuda, fotografías y la lista se extiende como las escaleras del lugar. Los libros pasan por las manos y al dejarlos queda una vaga impresión que al igual que los paisajes, nunca serán iguales si se los mira algunos meses después.
 

 


Tres horas es el tiempo que se calcula que lleva conocerla en profundidad.

 

Wikipedia, el sitio oficial de la librería, una centena de blogs y un par de extranjeros que usan YouTube para transmitir sus ideas hablan del Ateneo Grand Splendid como la consecución del teatro Grand Splendid que a pesar de cambiar de rubro conservó la arquitectura original. Su ubicación es en avenida Santa Fe 1860, en el coqueto barrio de Recoleta. En 2008, fue elegida por el periódico británico “The Guardian” como la segunda librería más hermosa del mundo y este año la National Geographic la destacó como la más linda del planeta. El edificio original fue inaugurado en 1919 por el empresario de origen austríaco Mordechai David Glücksman que encargó su construcción para instalar un cine-teatro sobre los cimientos del que fuera el Teatro Nacional Norte. Al nuevo teatro lo llamó Gran Splendid. Contaba con cuatro hileras de palcos y una platea con capacidad para 500 personas.

Fue cuna del tango y entre las historias que se cuentan se destaca que Roberto Firpo compuso una canción “Gran Splendid” en 1927 y un tal Carlos Gardel, que daba sus primeros pasos, empezaba a grabar para el sello Nacional Odeón en 1920.

En el lugar se ubicó la emisora Radio Splendid que comenzó a transmitir el 23 de mayo de 1923 desde el primer piso del edificio, bajo el nombre Grand Splendid Theatre.

Casi 70 años después, en febrero de 2000, el Grupo Ilhsa firmó un contrato de alquiler hasta el 2010 y la remodeló para darle la apariencia que tiene en la actualidad.
 

 



La cúpula del Grand Splendid mide 20 por 19 metros y fue pintada en 1919 como un festejo por el fin de la Primera Guerra Mundial.

 

La empresa El Ateneo asegura que el local del ex teatro Grand Splendid es el de mayor cantidad y diversidad de oferta de la cadena con 120 mil títulos en stock. Lo que era el escenario es actualmente un restaurante y confitería y posee un piano en el cual se ejecuta música que acompaña la lectura. En el subsuelo las escaleras mecánicas conducen al salón de venta de música y libros para niños. El piso más alto es dedicado a exposiciones donde se venden los libros de bolsillo.

Encontrar el título deseado es una tarea titánica, es como sin guía comenzar a husmear en Netflix. Muchas veces se hace necesaria la asistencia de algún profesional y en esos momentos se cae en consideración que se está en una cadena de librerías ya que la atención es amable pero con poca efectividad a la hora de conocer profundamente las obras. Muchas de las respuestas tienen un aire a frase de call center, de esas que se llenan de palabras pero de poco contenido.

Unas tres horas de recorrido sirven sólo para conocer los rincones de la librería. Para profundizar hay que dedicarle mucho tiempo, muchísimo.

Buenos Aires tiene librerías históricas, modernas, comerciales de usados, arcaicas, extrañas, fastuosas, cripticas que merecen ser visitadas como el Ateneo Grand Splendid, esa que dicen es la más linda del mundo.

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