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¿Qué hacemos con la basura?

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¿Qué hacemos con la basura?

Desde que China se decidió a no recibir más los residuos del mundo, las potencias se preguntan dónde esconderán sus desechos. Debajo de la alfombra no es una opción válida.

Por: Agustina Bordigoni

 

El mundo produce, según los últimos datos de Naciones Unidas, 300 millones de toneladas de residuos plásticos por año. La mitad de esos residuos terminan en vertederos y en los océanos. La otra mitad, hasta ahora, terminaba en China.

De los desechos de papel, plástico y metal, China recibía, hasta hace poco tiempo, el 55% de la producción mundial. Los desperdicios eran reciclados en el país para convertirlos en resina, utilizada en la fabricación de otros productos. El negocio era redondo para los principales productores de este tipo de basura (los EE.UU., Japón y la UE), ya que contaban con un destino final para sus residuos y además recibían importantes sumas de dinero por ello. El intercambio representaba, en 2017, unos 17.000 millones de dólares.

Ese año, China anunció al mundo su decisión de dejar de ser el “vertedero del mundo”. Y a partir 2018 entró en vigencia la prohibición de la importación de 24 tipos de desechos extranjeros, distribuidos en cuatro grandes categorías: plásticos domésticos, papel sin clasificar, varios tipos de escoria de minas y desechos textiles.
 

 

Mientras se piensan soluciones a largo plazo, algunos otros países se presentaron como alternativa a China para la importación de residuos. Turquía, India y Nigeria son algunas de las opciones que se manejan, pero cada una presenta sus limitaciones. La más importante: ninguno de estos países puede absorber la gran cantidad de residuos que podía recibir el gigante asiático.

 

 

La decisión del gigante asiático tiene que ver, según su propio gobierno, con una nueva política de protección del medio ambiente (ya que muchos de los residuos que recibían eran plásticos indebidamente tratados) y con el crecimiento del país, que ya puede abastecer a su industria de reciclaje con su propia basura.

La nueva disposición hace imperiosa una respuesta por parte de los países: o se toman medidas reales y a largo plazo (lo que implicaría una disminución de la producción y el consumo de plásticos no reciclables) o se envía la basura a otros países -que ya se ofrecieron como reemplazo-, una alternativa destinada a colapsar: ni los demás países tienen la capacidad china de absorber semejante cantidad de residuos, ni se trata de una solución real.

Si bien muchos territorios comenzaron ya -y continuarán durante el resto del año- a implementar la prohibición del uso de plásticos desechables (como Jamaica, Dominica, Islas Turcas y Caicos, Panamá, Aruba y Perú), aún hay mucho por hacer.

La imagen se repite una y otra vez tras la decisión china: ciudades, océanos y medio ambiente atiborrados de residuos plantean desafíos a corto, mediano y largo plazo.

 

Los principales afectados

Sin dudas, los principales países afectados por la nueva disposición de China serán los estados que más producen residuos de este tipo y los que más dependen del reciclado en el país asiático. Los Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea (en particular Reino Unido) se debaten alternativas a lo que hasta ahora fue la gran solución china. Bajo estas circunstancias, la basura es reciclada dentro de sus países, enviada a otros (con las limitaciones que las alternativas representan) o termina desperdigada en ciudades y basureros a cielo abierto.

Pero los afectados no son solamente los países sino también, y particularmente, lo somos todos los habitantes del planeta: estudios recientes determinaron que mucho del plástico que ya no recibe China y que se encuentra presente en los océanos es ingerido por los seres humanos. Aún no se sabe el impacto sobre la salud que ello implica.

 

Reino Unido y la UE

Según Greenpeace, la UE genera más de 25 millones de toneladas de plástico al año. Dentro de Europa, uno de los países más afectados por la decisión de China es Reino Unido, que exporta el 65% de su plástico a ese país.

La primera ministra británica, Theresa May, anunció planes para eliminar la utilización de plásticos no reciclables en el país en un plazo de 25 años. Entre otras cosas las medidas implicarían la venta de productos sin empaque y el establecimiento de zonas “libres de plástico” en los supermercados.

A nivel UE se plantea la creación de nuevos impuestos a productos no reciclables y su reemplazo para el año 2030.

 

Japón

Japón envía más del 80% de sus residuos plásticos a China. Aun así, es tal vez el país más preparado para afrontar el tema.

Algunas ciudades ya comenzaron a desarrollar innovadores proyectos.

En Tokio, por ejemplo, un plan busca convertir un gigantesco vertedero en un parque ecológico (la isla Wasteland) para el 2038.

Kamikatsu, un pueblo japonés que trabaja desde 2002 en un programa de ciudad sin residuos para 2020, ha logrado reciclar el 90% de sus residuos. Con poco menos de 2.000 habitantes, el plan es replicable en ciudades pequeñas, pero está lejos de convertirse en un modelo de aplicación mundial.


Turquía

Turquía ha realizado importantes avances en los últimos años en cuanto a la gestión de sus residuos. Fundamentalmente por su intención de ingresar como miembro de la Unión Europea, el país comenzó con un programa medioambiental que incluye el control de prácticamente todos los vertederos del país, que antes no estaban regulados

Sin embargo, según un estudio reciente, Turquía es el país dentro de Europa que menor proporción de residuos recicla, ya que la mayoría terminan en los 3.000 vertederos diseminados por el país y sin ningún tipo de tratamiento. Turquía es, de la región, el Estado que más recursos reciclables desperdicia.

 

India

En India el problema de la basura está a simple vista. Además de los vertederos regulados, montañas de basura se acumulan en las principales ciudades del país.

El gobierno indio comenzó a tomar medidas sobre el tema y se puso como meta el año 2022 como plazo para eliminar el uso de plástico no reciclable. Sin embargo, la principal dificultad radica en la descentralización gubernamental: los gobiernos locales y el nacional aún no se ponen de acuerdo en la gestión de los residuos.

La contaminación del río Ganges, sagrado en el país, es una de las principales vías de traslado de residuos al mar. Hace dos años, la capital india, Nueva Delhi, fue catalogada por la Organización Mundial de la Salud como la más contaminada del mundo.


Nigeria

Si bien en ese país se están realizado algunos avances, el problema de la basura sigue siendo eso: un problema.

Los países de África en general son los que menos residuos producen. Sin embargo, algunas ciudades como Lagos, en Nigeria, comenzaron a experimentar el aumento de los residuos propio de las economías en crecimiento. Algunas iniciativas privadas empezaron a aprovechar el desfasaje existente entre residuos sin reciclar y falta de materia prima para las plantas recicladoras locales.

Pero a la alternativa nigeriana se le suma otro inconveniente: varios países de la Unión Europea, China y los Estados Unidos, están exportando de manera ilegal al país africano gran parte de sus desechos electrónicos. Según la ONU, por año se generan 45 millones de toneladas de este tipo de residuos y la cifra va en constante crecimiento.



La situación en  Argentina

Argentina no está exenta del problema que representa la decisión de China.

Si bien el impacto que tendrá no está claro, según un informe del Observatorio de Residuos Sólidos Urbanos, son tres las empresas que procesan la mayor parte de los residuos locales. Esas tres empresas envían el 90% de residuos plásticos en forma de PET (polietilentereftalato - utilizado sobre todo para botellas-) a China, por lo que puede entenderse que las consecuencias no tardarán en notarse dentro de la industria de reciclaje argentino.

En nuestro país se producen un promedio de 200.000 toneladas de envases PET por año, pero sólo el 20% de este material se recicla.

 

Un problema a largo plazo

Gran parte de los plásticos que se producen en el mundo (alrededor del 70% según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) no se reciclan y terminan en los océanos. En términos históricos las cifras son aún más desalentadoras: según los últimos datos de la organización, solo hemos reciclado el 9% de todo el plástico que se ha producido en la historia.

Las ventajas de este material constituyen también su principal desventaja: su alta durabilidad hace que su descomposición demore siglos.

La ONU advirtió que, de seguir en este camino, para el año 2050 habrá en los océanos más residuos que peces. Para ese mismo año, la industria del plástico habría consumido además el 20% de la producción mundial de petróleo.

Aún se desconoce el efecto a largo plazo de la presencia de partículas de plástico que se han encontrado en el agua y la sal que consumimos los humanos, pero las consecuencias sobre los animales marinos están a simple vista. Ocho millones de toneladas de plástico terminan en el mar cada año. Botellas, bolsas y diferentes tipos de residuos son utilizados todos los días por una población que raras veces se pregunta a donde van a parar. La decisión china puso la discusión al nivel de los estados, que aún se siguen preguntando: ¿qué hacemos con la basura?

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¿Qué hacemos con la basura?

Desde que China se decidió a no recibir más los residuos del mundo, las potencias se preguntan dónde esconderán sus desechos. Debajo de la alfombra no es una opción válida.

Por: Agustina Bordigoni

 

El mundo produce, según los últimos datos de Naciones Unidas, 300 millones de toneladas de residuos plásticos por año. La mitad de esos residuos terminan en vertederos y en los océanos. La otra mitad, hasta ahora, terminaba en China.

De los desechos de papel, plástico y metal, China recibía, hasta hace poco tiempo, el 55% de la producción mundial. Los desperdicios eran reciclados en el país para convertirlos en resina, utilizada en la fabricación de otros productos. El negocio era redondo para los principales productores de este tipo de basura (los EE.UU., Japón y la UE), ya que contaban con un destino final para sus residuos y además recibían importantes sumas de dinero por ello. El intercambio representaba, en 2017, unos 17.000 millones de dólares.

Ese año, China anunció al mundo su decisión de dejar de ser el “vertedero del mundo”. Y a partir 2018 entró en vigencia la prohibición de la importación de 24 tipos de desechos extranjeros, distribuidos en cuatro grandes categorías: plásticos domésticos, papel sin clasificar, varios tipos de escoria de minas y desechos textiles.
 

 

Mientras se piensan soluciones a largo plazo, algunos otros países se presentaron como alternativa a China para la importación de residuos. Turquía, India y Nigeria son algunas de las opciones que se manejan, pero cada una presenta sus limitaciones. La más importante: ninguno de estos países puede absorber la gran cantidad de residuos que podía recibir el gigante asiático.

 

 

La decisión del gigante asiático tiene que ver, según su propio gobierno, con una nueva política de protección del medio ambiente (ya que muchos de los residuos que recibían eran plásticos indebidamente tratados) y con el crecimiento del país, que ya puede abastecer a su industria de reciclaje con su propia basura.

La nueva disposición hace imperiosa una respuesta por parte de los países: o se toman medidas reales y a largo plazo (lo que implicaría una disminución de la producción y el consumo de plásticos no reciclables) o se envía la basura a otros países -que ya se ofrecieron como reemplazo-, una alternativa destinada a colapsar: ni los demás países tienen la capacidad china de absorber semejante cantidad de residuos, ni se trata de una solución real.

Si bien muchos territorios comenzaron ya -y continuarán durante el resto del año- a implementar la prohibición del uso de plásticos desechables (como Jamaica, Dominica, Islas Turcas y Caicos, Panamá, Aruba y Perú), aún hay mucho por hacer.

La imagen se repite una y otra vez tras la decisión china: ciudades, océanos y medio ambiente atiborrados de residuos plantean desafíos a corto, mediano y largo plazo.

 

Los principales afectados

Sin dudas, los principales países afectados por la nueva disposición de China serán los estados que más producen residuos de este tipo y los que más dependen del reciclado en el país asiático. Los Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea (en particular Reino Unido) se debaten alternativas a lo que hasta ahora fue la gran solución china. Bajo estas circunstancias, la basura es reciclada dentro de sus países, enviada a otros (con las limitaciones que las alternativas representan) o termina desperdigada en ciudades y basureros a cielo abierto.

Pero los afectados no son solamente los países sino también, y particularmente, lo somos todos los habitantes del planeta: estudios recientes determinaron que mucho del plástico que ya no recibe China y que se encuentra presente en los océanos es ingerido por los seres humanos. Aún no se sabe el impacto sobre la salud que ello implica.

 

Reino Unido y la UE

Según Greenpeace, la UE genera más de 25 millones de toneladas de plástico al año. Dentro de Europa, uno de los países más afectados por la decisión de China es Reino Unido, que exporta el 65% de su plástico a ese país.

La primera ministra británica, Theresa May, anunció planes para eliminar la utilización de plásticos no reciclables en el país en un plazo de 25 años. Entre otras cosas las medidas implicarían la venta de productos sin empaque y el establecimiento de zonas “libres de plástico” en los supermercados.

A nivel UE se plantea la creación de nuevos impuestos a productos no reciclables y su reemplazo para el año 2030.

 

Japón

Japón envía más del 80% de sus residuos plásticos a China. Aun así, es tal vez el país más preparado para afrontar el tema.

Algunas ciudades ya comenzaron a desarrollar innovadores proyectos.

En Tokio, por ejemplo, un plan busca convertir un gigantesco vertedero en un parque ecológico (la isla Wasteland) para el 2038.

Kamikatsu, un pueblo japonés que trabaja desde 2002 en un programa de ciudad sin residuos para 2020, ha logrado reciclar el 90% de sus residuos. Con poco menos de 2.000 habitantes, el plan es replicable en ciudades pequeñas, pero está lejos de convertirse en un modelo de aplicación mundial.


Turquía

Turquía ha realizado importantes avances en los últimos años en cuanto a la gestión de sus residuos. Fundamentalmente por su intención de ingresar como miembro de la Unión Europea, el país comenzó con un programa medioambiental que incluye el control de prácticamente todos los vertederos del país, que antes no estaban regulados

Sin embargo, según un estudio reciente, Turquía es el país dentro de Europa que menor proporción de residuos recicla, ya que la mayoría terminan en los 3.000 vertederos diseminados por el país y sin ningún tipo de tratamiento. Turquía es, de la región, el Estado que más recursos reciclables desperdicia.

 

India

En India el problema de la basura está a simple vista. Además de los vertederos regulados, montañas de basura se acumulan en las principales ciudades del país.

El gobierno indio comenzó a tomar medidas sobre el tema y se puso como meta el año 2022 como plazo para eliminar el uso de plástico no reciclable. Sin embargo, la principal dificultad radica en la descentralización gubernamental: los gobiernos locales y el nacional aún no se ponen de acuerdo en la gestión de los residuos.

La contaminación del río Ganges, sagrado en el país, es una de las principales vías de traslado de residuos al mar. Hace dos años, la capital india, Nueva Delhi, fue catalogada por la Organización Mundial de la Salud como la más contaminada del mundo.


Nigeria

Si bien en ese país se están realizado algunos avances, el problema de la basura sigue siendo eso: un problema.

Los países de África en general son los que menos residuos producen. Sin embargo, algunas ciudades como Lagos, en Nigeria, comenzaron a experimentar el aumento de los residuos propio de las economías en crecimiento. Algunas iniciativas privadas empezaron a aprovechar el desfasaje existente entre residuos sin reciclar y falta de materia prima para las plantas recicladoras locales.

Pero a la alternativa nigeriana se le suma otro inconveniente: varios países de la Unión Europea, China y los Estados Unidos, están exportando de manera ilegal al país africano gran parte de sus desechos electrónicos. Según la ONU, por año se generan 45 millones de toneladas de este tipo de residuos y la cifra va en constante crecimiento.



La situación en  Argentina

Argentina no está exenta del problema que representa la decisión de China.

Si bien el impacto que tendrá no está claro, según un informe del Observatorio de Residuos Sólidos Urbanos, son tres las empresas que procesan la mayor parte de los residuos locales. Esas tres empresas envían el 90% de residuos plásticos en forma de PET (polietilentereftalato - utilizado sobre todo para botellas-) a China, por lo que puede entenderse que las consecuencias no tardarán en notarse dentro de la industria de reciclaje argentino.

En nuestro país se producen un promedio de 200.000 toneladas de envases PET por año, pero sólo el 20% de este material se recicla.

 

Un problema a largo plazo

Gran parte de los plásticos que se producen en el mundo (alrededor del 70% según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) no se reciclan y terminan en los océanos. En términos históricos las cifras son aún más desalentadoras: según los últimos datos de la organización, solo hemos reciclado el 9% de todo el plástico que se ha producido en la historia.

Las ventajas de este material constituyen también su principal desventaja: su alta durabilidad hace que su descomposición demore siglos.

La ONU advirtió que, de seguir en este camino, para el año 2050 habrá en los océanos más residuos que peces. Para ese mismo año, la industria del plástico habría consumido además el 20% de la producción mundial de petróleo.

Aún se desconoce el efecto a largo plazo de la presencia de partículas de plástico que se han encontrado en el agua y la sal que consumimos los humanos, pero las consecuencias sobre los animales marinos están a simple vista. Ocho millones de toneladas de plástico terminan en el mar cada año. Botellas, bolsas y diferentes tipos de residuos son utilizados todos los días por una población que raras veces se pregunta a donde van a parar. La decisión china puso la discusión al nivel de los estados, que aún se siguen preguntando: ¿qué hacemos con la basura?

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