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El gordo sigue firme y eso ya preocupa a los frigoríficos

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El gordo sigue firme y eso ya preocupa a los frigoríficos

Nicolás Razzetti

Los precios del ganado para faena siguen con tendencia alcista y el sector frigorífico alerta por su impacto en las cuentas de la industria, que además se ve afectada por otras cuestiones relacionados con lo impositivo. Además, la invernada está retrasada respecto al gordo.

La venta de hacienda con destino a faena sigue muy firme, con precios que superan en muchos casos los $70. Para tener una idea más acabada de cómo está la situación: la suba respecto del cierre de diciembre supera el 50%.

Los aumentos no dejan de sorprender a los operadores, que ante el notable faltante de ganado terminado no tienen otra alternativa que seguir levantando la mano en los remates, sobre todo en el Mercado de Liniers, que recuperó protagonismo en las últimas semanas.

La pregunta que todos se hacen es hasta cuándo durará la tendencia, porque los árboles nunca llegan al cielo y el precio que cobra el productor para otro eslabón de la cadena es siempre un costo. La suba de la hacienda es incremento de costos para los frigoríficos, que cuando se dan vuelta tienen que venderle la carne a un consumidor con bolsillos recortados. Es cierto que una vez más lo que está sucediendo demuestra la falta de elasticidad de la demanda. Cae la oferta pero la gente quiere seguir consumiendo carne vacuna y por eso las subas de enero, que fueron del orden del 9%, podrían tener correlación en febrero, aunque aun no tenemos el informe de precios finales.

La falta de oferta de gordo es consecuencia sobre todo de las fuertes pérdidas que tuvieron el año pasado los feedlots, que hicieron que muchos no repusieran lo que malvendieron por falta de capital de trabajo y de financiación acorde a la capacidad de pago o a la renta esperada por los empresarios.

Por lo tanto el faltante se seguirá sintiendo y durará por lo menos unos meses más; y es probable que también la firmeza de precios; que en algún momento deberá encontrar cierta estabilidad. Los valores actuales son el reflejo del achique de la oferta pero no del verdadero poder de compra de los consumidores, que convalidaron subas muy inferiores a los de la hacienda. Esa brecha entre los incrementos del producto final y los de la carne los está pagando la industria, que durante los últimos años pagó precios que tuvieron incrementos inferiores a los de la inflación.

Desde el sector frigorífico ya levantaron la voz de alerta. Fue la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra) la que señaló recientemente: “Producto del aumento del ganado y de los costos industriales, el precio de la carne subió más de un 30% y por ende estamos viendo una caída importante en las faenas y en las ventas en las carnicerías. Esta situación incrementa aún más los costos industriales y los gastos fijos, que siguen constantes o en aumento pero se prorratean en menor cantidad de kilogramos producidos o vendidos”, consideró Daniel Urcía, vicepresidente de la entidad, quien señaló además que el sector no es ajeno a otros temas como la inflación y la falta de financiación.

El referente industrial agregó que “en este contexto, el Estado sigue sin tomar decisiones, continúa con una normativa sobre el peso mínimo de faena que no produce resultados sobre la producción de carnes (en efecto, en los últimos 30 años el peso de faena no aumentó) y por el contrario, durante el año pasado le hizo perder al sector criador $1.800 millones o casi U$S50 millones por la diferencia de precios entre las terneras hembras de invernada versus terneros machos también de invernada, haciendo competir por los últimos al consumo con la exportación”.

Otra cuestión que afecta al sector es la combinación de la suba del precio del ganado para exportación y el retraso del valor del dólar. Con los valores de las últimas semanas, el precio en dólares por kilo en gancho volvió a superar al de Brasil por más de 30 centavos, también dejó atrás al de Paraguay y se acerca al de Uruguay.

Finalmente la industria se ve condicionada por otras dos cuestiones. Se viene la negociación por paritarias, que implicará más costos a las empresas. Ya arrancaron algunas negociaciones con los dos gremios más importantes y hubo algunos cortocircuitos propios de la situación. Pero lo único cierto es que habrá suba de costos en este rubro también. El otro tema es la cuestión del cuero. Los precios siguen bajos, en caída, y en muchos casos las curtiembres no levantan el producto.

La crisis del cuero es una realidad global. Las automotrices redujeron su demanda debido a que lo están reemplazando por otros productos más amigables con el medio ambiente. En 2015 el precio promedio del cuero en Uruguay cotizaba en U$S1,50 el kilo y ahora apenas se paga por encima de los 20 centavos de dólar. El valor se redujo entre 7 y 8 veces en poco más de tres años. Eso complica a los frigoríficos y especialmente a los que dan servicio de faena a terceros, ya que con la venta de subproductos pagan entre otras cosas los salarios.

Con todo esto, lo que queremos decir es que la recomposición de los precios ganaderos es más que bienvenida en el sector, pero hay que ser precavidos porque los problemas de los demás eslabones terminarán repercutiendo antes o después en los de la producción.

 

¿Retaso en la invernada o sobrevaloración del gordo?

Según consignatarios de diferentes zonas ganaderas, los precios de la invernada se negocian con promedios de entre $60 y $65 por los machos de 180/200 kilos en la región de la Cuenca del Salado, aunque hay también precios superiores y una marcada tendencia alcista. En definitiva, hay cierto traslado del precio del gordo a la invernada. Pero ese traslado sirve solo para que haya un empate entre ambas categorías en el mejor de los casos.

El temor es que una vez arrancada la zafra, el precio disminuya. Históricamente el valor de la invernada fue superior al del gordo, el promedio ronda entre el 15% y el 20%, pero hay épocas del año en el que puede llegar al 30%, siempre en favor de la invernada.

Acá hay un tema a considerar. Por un lado el mismo frigorífico o matarife que debe pagar más cara la hacienda para faena (también vende más cara lo poco que tiene en los corrales) es el que sale luego a reponer invernada y esa doble función que cumplen los industriales desde hace unos años está influyendo en la definición del precio de la invernada. Así, una vez más el criador reafirma su lugar como último orejón del tarro, lamentablemente.

Volviendo a la pregunta original, está claro que si se comparan los precios actuales de los terneros flacos con lo que va a faena y se lo refiere a las relaciones históricas, hay un retraso marcado de la invernada que no se puede dejar de relacionar con los cambios que se dieron en las funciones que adquirieron los diferentes operadores del negocio en los últimos años.

 

Algunos números

Mientras tanto, se recupera el stock de vacas, pero caen el de vaquillonas, novillos y novillitos.

El secretario de Agroindustria Luis Miguel Etchevehere, señaló recientemente en una visita a Chubut que “la Argentina recupera el stock de vacas después de 12 años, con 23,76 millones de cabezas de vientres bovinos. El haber alcanzado esto en 2018 evidencia una claridad en las políticas públicas implementadas por el presidente Macri y una rápida respuesta del sector ganadero, que ante la primera señal apuesta sin dudarlo”.

Es cierto que se recuperó el stock de vacas. Los números del Senasa indican que en 2018 se contaron la misma cantidad que en 2008. Esa recuperación tuvo que ver con el interés de los productores en recomponer existencias, sobre todo en 2015/16.

Pero si ese dato es cierto, también es real que cayó el stock de vaquillonas, y que no se recupera el de novillos y novillitos.

La estadística oficial dice que en 2008 había 8,2 millones de vaquillonas y que a marzo de 2018 el rodeo contaba con 7,5 millones de animales de esa categoría. La diferencia es negativa en 700 mil cabezas y en términos porcentuales la baja fue de 8,5%.

En el caso de los novillos, en 2008 había 4,8 millones de animales (llegó a ser mayor su stock en los años previos, cuando se alcanzaron a contar cerca de 6 millones de cabezas), pero en 2018 hay 2,7 millones de novillos, lo que significa que se perdió el 44% del stock.

En el renglón de los novillitos, en 2008 se contaron 5,3 millones de cabezas y el año pasado fueron 4 millones. La caída en este caso fue de 25%. Hay que contar la historia completa...

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El gordo sigue firme y eso ya preocupa a los frigoríficos

Los precios del ganado para faena siguen con tendencia alcista y el sector frigorífico alerta por su impacto en las cuentas de la industria, que además se ve afectada por otras cuestiones relacionados con lo impositivo. Además, la invernada está retrasada respecto al gordo.

La venta de hacienda con destino a faena sigue muy firme, con precios que superan en muchos casos los $70. Para tener una idea más acabada de cómo está la situación: la suba respecto del cierre de diciembre supera el 50%.

Los aumentos no dejan de sorprender a los operadores, que ante el notable faltante de ganado terminado no tienen otra alternativa que seguir levantando la mano en los remates, sobre todo en el Mercado de Liniers, que recuperó protagonismo en las últimas semanas.

La pregunta que todos se hacen es hasta cuándo durará la tendencia, porque los árboles nunca llegan al cielo y el precio que cobra el productor para otro eslabón de la cadena es siempre un costo. La suba de la hacienda es incremento de costos para los frigoríficos, que cuando se dan vuelta tienen que venderle la carne a un consumidor con bolsillos recortados. Es cierto que una vez más lo que está sucediendo demuestra la falta de elasticidad de la demanda. Cae la oferta pero la gente quiere seguir consumiendo carne vacuna y por eso las subas de enero, que fueron del orden del 9%, podrían tener correlación en febrero, aunque aun no tenemos el informe de precios finales.

La falta de oferta de gordo es consecuencia sobre todo de las fuertes pérdidas que tuvieron el año pasado los feedlots, que hicieron que muchos no repusieran lo que malvendieron por falta de capital de trabajo y de financiación acorde a la capacidad de pago o a la renta esperada por los empresarios.

Por lo tanto el faltante se seguirá sintiendo y durará por lo menos unos meses más; y es probable que también la firmeza de precios; que en algún momento deberá encontrar cierta estabilidad. Los valores actuales son el reflejo del achique de la oferta pero no del verdadero poder de compra de los consumidores, que convalidaron subas muy inferiores a los de la hacienda. Esa brecha entre los incrementos del producto final y los de la carne los está pagando la industria, que durante los últimos años pagó precios que tuvieron incrementos inferiores a los de la inflación.

Desde el sector frigorífico ya levantaron la voz de alerta. Fue la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra) la que señaló recientemente: “Producto del aumento del ganado y de los costos industriales, el precio de la carne subió más de un 30% y por ende estamos viendo una caída importante en las faenas y en las ventas en las carnicerías. Esta situación incrementa aún más los costos industriales y los gastos fijos, que siguen constantes o en aumento pero se prorratean en menor cantidad de kilogramos producidos o vendidos”, consideró Daniel Urcía, vicepresidente de la entidad, quien señaló además que el sector no es ajeno a otros temas como la inflación y la falta de financiación.

El referente industrial agregó que “en este contexto, el Estado sigue sin tomar decisiones, continúa con una normativa sobre el peso mínimo de faena que no produce resultados sobre la producción de carnes (en efecto, en los últimos 30 años el peso de faena no aumentó) y por el contrario, durante el año pasado le hizo perder al sector criador $1.800 millones o casi U$S50 millones por la diferencia de precios entre las terneras hembras de invernada versus terneros machos también de invernada, haciendo competir por los últimos al consumo con la exportación”.

Otra cuestión que afecta al sector es la combinación de la suba del precio del ganado para exportación y el retraso del valor del dólar. Con los valores de las últimas semanas, el precio en dólares por kilo en gancho volvió a superar al de Brasil por más de 30 centavos, también dejó atrás al de Paraguay y se acerca al de Uruguay.

Finalmente la industria se ve condicionada por otras dos cuestiones. Se viene la negociación por paritarias, que implicará más costos a las empresas. Ya arrancaron algunas negociaciones con los dos gremios más importantes y hubo algunos cortocircuitos propios de la situación. Pero lo único cierto es que habrá suba de costos en este rubro también. El otro tema es la cuestión del cuero. Los precios siguen bajos, en caída, y en muchos casos las curtiembres no levantan el producto.

La crisis del cuero es una realidad global. Las automotrices redujeron su demanda debido a que lo están reemplazando por otros productos más amigables con el medio ambiente. En 2015 el precio promedio del cuero en Uruguay cotizaba en U$S1,50 el kilo y ahora apenas se paga por encima de los 20 centavos de dólar. El valor se redujo entre 7 y 8 veces en poco más de tres años. Eso complica a los frigoríficos y especialmente a los que dan servicio de faena a terceros, ya que con la venta de subproductos pagan entre otras cosas los salarios.

Con todo esto, lo que queremos decir es que la recomposición de los precios ganaderos es más que bienvenida en el sector, pero hay que ser precavidos porque los problemas de los demás eslabones terminarán repercutiendo antes o después en los de la producción.

 

¿Retaso en la invernada o sobrevaloración del gordo?

Según consignatarios de diferentes zonas ganaderas, los precios de la invernada se negocian con promedios de entre $60 y $65 por los machos de 180/200 kilos en la región de la Cuenca del Salado, aunque hay también precios superiores y una marcada tendencia alcista. En definitiva, hay cierto traslado del precio del gordo a la invernada. Pero ese traslado sirve solo para que haya un empate entre ambas categorías en el mejor de los casos.

El temor es que una vez arrancada la zafra, el precio disminuya. Históricamente el valor de la invernada fue superior al del gordo, el promedio ronda entre el 15% y el 20%, pero hay épocas del año en el que puede llegar al 30%, siempre en favor de la invernada.

Acá hay un tema a considerar. Por un lado el mismo frigorífico o matarife que debe pagar más cara la hacienda para faena (también vende más cara lo poco que tiene en los corrales) es el que sale luego a reponer invernada y esa doble función que cumplen los industriales desde hace unos años está influyendo en la definición del precio de la invernada. Así, una vez más el criador reafirma su lugar como último orejón del tarro, lamentablemente.

Volviendo a la pregunta original, está claro que si se comparan los precios actuales de los terneros flacos con lo que va a faena y se lo refiere a las relaciones históricas, hay un retraso marcado de la invernada que no se puede dejar de relacionar con los cambios que se dieron en las funciones que adquirieron los diferentes operadores del negocio en los últimos años.

 

Algunos números

Mientras tanto, se recupera el stock de vacas, pero caen el de vaquillonas, novillos y novillitos.

El secretario de Agroindustria Luis Miguel Etchevehere, señaló recientemente en una visita a Chubut que “la Argentina recupera el stock de vacas después de 12 años, con 23,76 millones de cabezas de vientres bovinos. El haber alcanzado esto en 2018 evidencia una claridad en las políticas públicas implementadas por el presidente Macri y una rápida respuesta del sector ganadero, que ante la primera señal apuesta sin dudarlo”.

Es cierto que se recuperó el stock de vacas. Los números del Senasa indican que en 2018 se contaron la misma cantidad que en 2008. Esa recuperación tuvo que ver con el interés de los productores en recomponer existencias, sobre todo en 2015/16.

Pero si ese dato es cierto, también es real que cayó el stock de vaquillonas, y que no se recupera el de novillos y novillitos.

La estadística oficial dice que en 2008 había 8,2 millones de vaquillonas y que a marzo de 2018 el rodeo contaba con 7,5 millones de animales de esa categoría. La diferencia es negativa en 700 mil cabezas y en términos porcentuales la baja fue de 8,5%.

En el caso de los novillos, en 2008 había 4,8 millones de animales (llegó a ser mayor su stock en los años previos, cuando se alcanzaron a contar cerca de 6 millones de cabezas), pero en 2018 hay 2,7 millones de novillos, lo que significa que se perdió el 44% del stock.

En el renglón de los novillitos, en 2008 se contaron 5,3 millones de cabezas y el año pasado fueron 4 millones. La caída en este caso fue de 25%. Hay que contar la historia completa...

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