20°SAN LUIS - Miércoles 23 de Septiembre de 2020

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La torre que sobrevivió 130 años

La mole de hierro fue construida por los 100 años de la revolución francesa, con la promesa de estar en pie sólo 20 años. Y, a pesar de que gran parte de los habitantes estaba en contra, logró convertirse en el ícono de París.

Por Florencia Espinosa
| 01 de abril de 2019
Fotos: Stock de imágenes.

Imponente. No hay mejor palabra para describirla. Puede gustar o no, pero el impacto de semejante mole de metal ante los ojos del espectador es indiscutible. La Torre Eiffel, diseñada y construida por el ingeniero Gustave Eiffel para celebrar el centenario de la Revolución Francesa era, en principio, un monumento que tendría un tiempo determinado de exposición. Pero, hace 130 años, nadie imaginaba que diez mil toneladas de hierro repartidas en algo más de 300 metros de altura iban a convertirse en el ícono de París.

 

Los parisinos pusieron el grito en el cielo. La base de 125 metros de lado en medio del Campo de Marte, un predio verde y prolijo que bordea el río Sena, desencajaba con la distinguida arquitectura de la ciudad, representada por el estilo gótico y barroco, y con mucha influencia del clasicismo. Numerosos escritores, pintores y demás artistas de la época presentaron una queja formal llamada “Protesta contra el señor Eiffel”, en 1887: “La ciudad de París va a relacionar los más antiguos edificios barrocos con las mercantiles imaginaciones de un constructor de máquinas, para afear - se irreparablemente y deshonrarse? (...). Para hacerse una idea de lo que adelantamos, basta además imaginarse una torre vertiginosamente ridícula dominando París, así como una negra y gran chimenea de una fábrica, aplastante con su enorme masa. (...) todos nuestros monumentos humillados, toda nuestra arquitectura venida a menos, desapareciendo entre ese sueño asombroso. Y durante veinte años veremos alargarse sobre toda la ciudad, todavía estremecida por el genio de tantos siglos, como una mancha de tinta, la odiosa sombra de la odiosa columna de hierro forjado”. Pero la torre se alzaría en medio de París y atraería a miles de visitantes, que esperaban subir a la cima para poder tener una vista única de la Ciudad de las Luces, ya que en ese entonces no existía la vista aérea. A pesar de las críticas esos veinte años se alargarían y el monumento quedaría enclavado en el corazón de la ciudad y se transformaría en el símbolo parisino.

 

De hecho lo que hizo subsistir la vida de la torre fueron los experimentos científicos promovidos por el mismo Eiffel: las primeras transmisiones radiográficas y de telecomunicaciones; señales de radio de la torre al Panteón en 1898, sirvió como radio militar en 1903, la primera emisión de radio pública en 1925 y después la televisión.

 

Su crecimiento en altura a lo largo de los años se dio justamente por la incorporación de antenas de transmisión en su extremo más alto.

 

El 31 de marzo de 1889 finalizó su construcción, que demoró dos años. La inauguración fue para la Exposición Universal, que se celebró del 15 de mayo al 6 de noviembre de ese año. Sólo en la primera semana la edificación recibió 30 mil visitantes que subieron a su cima por la escalera, ya que todavía no funcionaban los ascensores. Más de mil setecientos escalones separan la base del tercer nivel y al día de hoy aún se puede ascender de esa manera hasta el segundo nivel, mezclándose entre los más de dos millones de remaches con los que está construida. De fondo, el Campo de Marte, con sus árboles cuidadosamente poda - dos de forma geométrica para que no tape la visión. Al otro lado el Trocadero, con sus escalinatas y fuentes, desde donde también se puede observar en otra perspectiva la magnífica torre.

 

Recibe actualmente siete millones de visitantes al año, lo que la convierte en el monumento pago más visitado del mundo. Sus precios para ingresar oscilan entre 25,50 euros para subir hasta la cima en ascensor; o 10,20 euros para quienes deseen subir a través de las escaleras sólo a la segunda planta (¡son más de 800 escalones!). También se puede combinar escaleras y ascensor por otros precios. A partir de 1980 la torre comenzó a ser más partícipe de las fechas conmemorativas de Francia, de acontecimientos mundiales y de eventos. Con juego de luces de colores, la estructura se “viste” para cada ocasión. Además, todas las noches, de 21 a 21:15 el monumento suma a su clásica iluminación un juego de luces intermitentes que vale la pena detenerse a ver.

 

La atracción parisina se disfruta desde todos los ángulos. Desde las calles aledañas puede tomarse un café en Le Recrutement Café, situado en una tradicional esquina con una vista privilegiada a la torre. Al llegar a la base se puede apreciar el monumento con toda su envergadura y tamaño monstruoso. En cada nivel se puede percibir un París diferente y la altura crece a medida que incrementa el asombro.

 

 

Eiffel en Argentina

 

El legado del ingeniero parisino está repartido por todo el mundo. En Latinoamérica hay varias de sus obras, sobre todo en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. En Buenos Aires se encuentra un edificio diseñado por él a fines del siglo XIX en el barrio de San Telmo, en Perú al 500. Fue declarado Monumento Histórico Nacional y Municipal y hoy se utiliza para eventos nocturnos. Las columnas, herrería de obra, cabreadas y capiteles fueron construidas y traídas desde Francia en barco y ensambladas en el lugar de manera artesanal con remaches a fuego. Tardaron diez años en construirlo y funcionó como una fábrica de molinos de viento y herramientas de campo.

 

Donde más se puede apreciar el sello de Eiffel en Argentina es en la provincia de Córdoba. En la ciudad capital, en el Parque Sarmiento, hay una estructura conocida como “La vuelta al mundo”, una rueda giratoria con veinte cabinas con capacidad para seis personas cada una, que originalmente estuvo en Tucumán y formó parte de un parque de diversión. Luego, lo adquirió el Gobierno cordobés y la dispuso en el jardín zoológico.

 

En los años 70 quedó abandonada y en el 2003 la rearmaron pero no volvió a funcionar, sólo quedó como monumento histórico. Su estructura circular, de 27 metros de diámetro, se sostenía a través de ejes entrecruzados semejantes a los rayos de una rueda de bicicleta. Además, llegaron a Córdoba en la década del 20 dos casas prefabricadas, hechas íntegramente en acero. Están construidas sobre pilotes de hierro, poseen paredes de doble chapa de acero y disponen de dos plantas y una galería. Una está ubicada en el barrio San Vicente, de la capital; y otra está en la localidad de Villa María.

 

También ingresaron a Buenos Aires dos molinos para la Exposición Rural a principios del siglo XX. Fueron encargados por la familia de Ambrosio Olmos, ex gobernador cordobés, para abastecer de agua a sus estancias. Sólo uno ha quedado en pie, en el paraje Dolores, cerca de Capilla del Monte.

 

 

Un poco de San Luis en Paris

 

Por Elisabeth Viglione de Larramendi, directora de la Alianza Francesa de San Luis

 

Cuando inauguraron la Torre Eiffel todos los países del mundo fueron invitados y Argentina no fue la excepción. El pabellón argentino fue inaugurado el 25 de mayo de 1889 y obtuvo el primer premio entre los pabellones de los países. Nuestro país presentó una memoria descriptiva de cada una de las provincias del territorio argentino y San Luis estuvo presente con el aporte de datos y estadísticas de la provincia. En la Alianza Francesa de San Luis existe una copia de esa memoria que fue aportada y obsequiada a la institución hace varios años por el actual gobernador Alberto Rodríguez Saá.

 

Al inaugurarse, la torre Eiffel recibió todas las críticas de los hombres de las letras y las artes, de los intelectuales y pensadores provenientes de diversos ámbitos. Pero al mismo tiempo, en el orden internacional los franceses fueron referentes privilegiados en los que posaron su mirada crítica y fascinada muchos intelectuales latinoamericanos que viajaron en esa época a Europa y muchos de los cuales residieron por un tiempo en la Ciudad Luz.

 

En los últimos tiempos el acceso a la torre se ha complejizado por las construcciones realizadas en la base como prevención a los atentados. La entrada se compra solamente por internet y ya no se entra directamente sino que se accede por un corredor marcado por cámaras; controles de seguridad y escáneres.

 

¡Visitar París es sin duda subir a la Torre Eiffel! De sus tres pisos el más frecuentado es el primero, ya que es uno de los lugares más espectaculares y atractivos. Desde allí y, sobre su piso de cristal, se puede contemplar París bajo nuestros pies a la vez que al turista le invade una sensación de vacío realmente emocionante.

 

Como anécdota puedo decir que conozco Francia hace ya casi medio siglo, he subido cinco veces. Las primeras veces, muy joven, podíamos mirar por los balcones y divisar le Champs de Mars y la ciudad toda. La última vez que subí fue apenas se había inaugurado el piso de cristal en la primera planta y les aseguro que es una sensación inexplicable y emocionante.

 

Ascender al segundo piso no es nada fácil. En una ocasión habíamos comprado los boletos para toda la familia pero la fuerza del viento que allí se siente no nos permitió seguir nuestro camino.

 

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