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Guía para presentar un proyecto sustentable

Marcelo Dettoni

Funcionarios de Agroindustria visitaron San Luis para poner al tanto a los productores de las exigencias técnicas y conceptuales para evitar fracasos a la hora de pedir un aporte.

La Ley Ovina ofrece una buena posibilidad de recibir créditos para los pequeños productores y San Luis, a través de la Unidad Ejecutora Provincial (UEP), trabaja todo el año en busca de poder capitalizar el escaso dinero que otorga la Nación a cada jurisdicción, sobre todo a aquellas que no tienen un gran desarrollo del sector, porque las patagónicas y Buenos Aires sí suelen tener un buen flujo de fondos debido a su gran cantidad de ovejas.

Pero hay un cuello de botella que muchas veces se torna en un obstáculo insalvable: los errores, muchos de forma y otros de fondo, con el que llegan las formulaciones de proyectos primero a la UEP, que es la encargada de controlarlas, y luego a la Dirección de Ovinos, Caprinos y Camélidos (DOCC) de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, que tiene la misión de decidir qué solicitudes son aprobadas y cuáles no. A veces vuelven a las provincias con observaciones subsanables, pero en otras oportunidades directamente son descartadas.

Por eso la provincia se movió para organizar una Jornada de Actualización Ovina, que incluyó la visita de dos funcionarios de Agroindustria, quienes justamente se encargan de controlar que los proyectos cumplan con la normativa nacional. El objetivo de San Luis fue bajar el índice de rechazos, sobre todo por cuestiones de forma, aunque también era importante conocer con qué parámetros se maneja la Nación a la hora de decidir qué proyectos siguen en carrera. Pero a la vez la llegada de los especialistas de la DOCC representaba una buena chance de conocer más sobre la realidad de los mercados nacionales e internacionales para la carne ovina y la situación actual del país, por lo que también resultó de interés para los productores.

 


La imagen corresponde a un campo en cercanías de Fraga, donde el clima es un aliado de la cría ovina con fin comercial.

 

Para que cada uno reciba los conocimientos que necesitaba, el Ministerio de Producción, que fue el organizador de la jornada a través del Programa Producción Agropecuaria, dividió en dos las charlas. Por la mañana se hizo un largo desarrollo técnico sobre la formulación de los proyectos reservado a profesionales en ciencias agronómicas que ofician como asesores de los productores y se encargan de la confección de las solicitudes, que es de lo que se ocupará esta nota.

Por la tarde, en tanto, fue el momento de hablar sobre mercados y comercialización de carne ovina, el consumo local y la cadena de valor en general, poniendo énfasis en la industrialización necesaria para que el sector pueda desarrollarse y no se conforme solamente con vender los corderos para consumo doméstico. La revista El Campo también estuvo en este segmento y lo va a desarrollar en un análisis por separado durante las próximas ediciones.

El módulo desarrollado para ingenieros agrónomos y veterinarios, también contó con técnicos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar que están muy involucrados en la formulación de proyectos para la Ley Ovina, un par de docentes de la cátedra de Producción Animal de la UNSL-FICA y algunos productores que de todas maneras, más allá de contar con formuladores, estaban interesados en conocer de primera mano cómo hay que armar una solicitud.

 

Un "empujón de energía"

Abrió el juego Gabriela Delgado, la coordinadora de la UEP, quien es la encargada de fiscalizar los proyectos de los productores puntanos y enviarlos a la Secretaría de Agroindustria. “Los funcionarios de Nación vinieron antes de empezar con las formulaciones de 2019 para dar una mano y nosotros estamos al pie del cañón para lo que haga falta”, dijo la médica veterinaria, quien antes de hacerse cargo de esta ‘papa caliente’ que había quedado acéfala tras la rescisión del contrato del anterior coordinador de parte del gobierno nacional había manejado el Laboratorio del Campo. Delgado agregó que “son profesionales que conocen mucho y capacitan permanentemente en todo el país. La UEP necesitaba este empujón de energía”.

Se refería a Guillermo Carbajo y Raúl Errasti, el primero ingeniero agrónomo y el segundo veterinario, los enviados de Agroindustria que llegaron con las tareas bien divididas, aunque ambos participaron activamente en toda la jornada. El desarrollo de las claves sobre formulación de proyectos fue el trabajo específico de Carbajo, quien se valió en un archivo con cuadros y recomendaciones para desarrollar su charla ante una veintena de interesados, que incluyeron también a funcionarios del Ministerio de Producción involucrados en la cría y la sanidad de ovinos y caprinos.

Que San Luis se movió rápido lo reconoció el propio Carbajo, quien comenzó diciendo que era “la primera visita de una larga gira que nos espera por todo el país”, para enseguida dejar un elogio a la anfitriona: “Confíen en Gabriela (Delgado), se nota que tiene muchas ganas de ayudarlos a conseguir los fondos que solicitan por la Ley Ovina”.

El primer tópico que tocó fue el de los criterios de formulación que pide la Nación y cómo evalúan los proyectos, por lo que rápidamente captó la atención de todos ya que se trata de uno de los nudos de la cuestión. El otro, como se verá más adelante, es el de los errores más comunes que se cometen y cuál es la mejor manera de solucionarlos.

Como estaba presente desde temprano, Juan Manuel Celi Preti, el titular de la UEP y del subprograma Producción Pecuaria puso en blanco sobre negro una de las dudas más importantes: “A veces queremos abarcar mucho con pocos fondos y eso nos lleva a perjudicar a algunos productores. Es clave la unificación de criterios, saber si es mejor muchos proyectos de poco dinero o unos pocos que se lleven lo que hay para repartir”.

Carbajo recogió el guante y comenzó con la exhibición de un gráfico que levantó polvareda, ya que mostraba, provincia por provincia, cuántos proyectos habían presentado en 2017 y cuántos habían vuelto con observaciones. En San Luis eran 10 de 10, o sea todos. Claro, muchos tenían pequeños errores de forma, de esos que se pueden solucionar tras una jornada como la que organizó la cartera que conduce Sergio Freixes. “Importa más la calidad que el porcentaje de observaciones. Es clave que sean proyectos viables y que causen impacto económico, no importa si son pocos o muchos”.

 


El concepto básico que bajó Agroindustria es que los proyectos deben ser viables y causar impacto económico. No importa si son muchos o pocos en cada provincia.

 

Calidad y contenido

¿Qué busca Agroindustria en los proyectos? Según el especialista, “más calidad y contenido, que generen impacto, que sean replicables en otros lugares (predios, provincias y hasta regiones), que tengan continuidad en el tiempo con nuevas etapas, que provoquen una aproximación al productor y que sean innovadores en materia tecnológica y de diseño”. Y agregó que ellos no aconsejan repartir fondos en partes iguales como hacen muchas provincias en busca de atender las necesidades de cada uno. “Tienen que ser creativos, no siempre es cuestión de plata, a veces juega mucho el manejo. Allí se ve la mano de la UEP”.

El ingeniero aseguró que cambiaron los criterios para repartir los fondos: “Antes solo importaba el stock, entonces las patagónicas se llevaban gran parte del dinero. Ahora nos fijamos en el stock pero también en las unidades productivas, que marcan la importancia de una provincia”. Además, puso en manos de las UEP algunas decisiones estratégicas, “como pasó en Buenos Aires, que destinaba los fondos a actividades primarias y ahora va por el segundo eslabón, la industrialización, poniendo el acento en la producción de carne. Allí intervino la UEP, que es la que debe informar hacia dónde apuntar, si a infraestructura, a una raza específica, a la comercialización o a la producción de carne. A veces las presentaciones son perfectas, pero no tienen en cuenta el manejo, la infraestructura o las pasturas, que son el alimento de las ovejas. Esto pasa sobre todo con los productores nuevos”.

En resumen, según Nación las UEP deben ser “agentes de cambio”, por lo que es la que debe identificar los problemas, plantear alternativas, buscar soluciones, contrastar hipótesis y re direccionar los fondos de manera creativa. “Ser creativos significa ir hasta la causa última para resolver los problemas de los productores. Si no lo somos todos, podemos perder los 80 millones de la Ley Ovina, ya que hay que prorrogarla luego de 2020 y dependemos de los diputados y senadores, que lo único que piden son resultados”.

Carbajo expuso los lineamentos estratégicos para formular proyectos. “Deben tener viabilidad productiva, se nota rápido cuando ponen ovejas en un campo solo para aprovechar los fondos. Un productor ovino es aquel que tuvo crías y retuvo las hembras, en cambio un tenedor de ovejas suele trabajar en negro, en campos marginales. Además deben ser sustentables desde lo ambiental, productivo y económico; tener una articulación comercial, o sea prever cómo vender; una planificación estratégica, porque así la provincia puede canalizar fondos por otro lado, como por ejemplo un plan de agua, y guardar la plata para lo específico. Y también es clave poder medir los resultados”, enumeró, para luego aseverar que “la escala la ponen el productor y el proyectista”.

“No hay soluciones mágicas –aseguró el técnico-, recibimos muchos proyectos ‘dibujados’ por la necesidad de ser aprobados, son aquellos que no aclaran cómo será el manejo”. ¿Qué incluye ese manejo? “Modalidades de producción adecuadas, zonas con ambientes favorables, un perfil del productor acorde a la escala de su región y el nivel de desarrollo de toda la cadena (¿hay frigorífico cerca?)”. Alguien en este punto recordó el caso de la Villa de Merlo, que tiene mucho turismo en busca de cabritos y no hay un matadero en la zona. “Faenan bajo el árbol…”, fue la conclusión.

 

 

Dirigiéndose a los formuladores, les pidió que consideren los siguientes elementos para armar un buen proyecto: “Que ayude a tener más productividad por animal, más oferta forrajera, que tenga en cuenta los canales de comercialización, a las organizaciones de productores como la SsAF, la articulación con otros segmentos de la cadena de valor y, como fin último, la mejora en calidad de vida y en el arraigo rural de los beneficiarios”.

Un ratito de debate nunca viene mal y fue lo que se desató ante una pregunta de Juan Rodríguez, uno de los formuladores de la SsAF más participativos. “¿Quién tiene la culpa ante un rechazo, la UEP o el formulador? Yo creo que la UEP”, remató sin medias tintas. Más componedor, Carbajo reconoció que “hay algunas UEP que son meros entes administrativos, reciben un proyecto y lo remiten a Agroindustria sin mirarlo, que no es el caso de San Luis. Eso se nota enseguida cuando evaluamos. Pero también hay formuladores que ‘dibujan’ datos o hacen proyectos mellizos, eso también salta a la vista en los controles”.

 

Principales dificultades

El de las dificultades que afrontan los formuladores y productores, y que muchas veces no atina a corregir la UEP, era uno de los temas más esperados de la jornada y Carbajo lo dejó para el final, como para explayarse a fondo. Hay problemas de todo tipo que se detectan durante las evaluaciones: de contenido, sobre el destino de los fondos y sobre el perfil que tienen los proyectos y que no es el esperado por Agroindustria.

“Un proyecto tiene que tener sustancia, ser concreto y no dejar cabos sueltos”, definió el funcionario. Entonces fue al detalle para enumerar que “debe contener la evolución de la majada en cuanto al manejo y la cantidad de madres, y también explicar las condiciones comerciales y la sustentabilidad económica, ya que muchas veces no figura dónde van a vender la producción, si lo van a hacer con corderos enteros o trozados, ni cuál es el tamaño del mercado”. Además, hay que explicar el plan sanitario, si va a contener capacitaciones (“no es obligatorio, pero suma”) y presentar un croquis del establecimiento y las obras a realizar, por ejemplo usando Google Maps y marcando lo que hay y lo que van a hacer si el dinero es para obras de infraestructura.

“También se tiene en cuenta si cuentan con el aval de organismos oficiales para el uso de agua en las obras, el pago del beneficio (años de gracia y cantidad de cuotas) y todo lo referido a receptividad y carga animal, que no es lo mismo. La receptividad es lo que produce el campo y la carga es la capacidad del mismo para soportar cierto número de cabezas”, cerró la cuenta.

Hay otras dificultades relacionadas con el destino de los fondos que terminan frustrando algunos proyectos. En ese aspecto, Carbajo recurrió a un cuadro con el detalle de lo que hoy es considerado un problema y, en una columna contigua, las propuestas que hace la DOCC para sortearlos. Consideró que se dilapida esfuerzo pidiendo fondos para financiar componentes asociados al mercado informal como freezers o muebles de oficina, en lugar de financiar estrategias priorizadas en los foros regionales. “Se hicieron en todo el país, en el de Jujuy por ejemplo decidieron que eran la disponibilidad de agua, el bache forrajero y el agregado de valor. Hacia allí deben orientar los proyectos, porque nosotros ya lo sabemos”, aconsejó.

En lugar de escala productiva pidió trabajar con una escala mínima a financiar, también no presentar proyectos de infraestructura inadecuada o precaria para corrales y refugios y en su lugar no fijar montos máximos por proyectos. “También deben apuntar al mediano y largo plazo, muchas solicitudes no contienen esta estrategia. Doy otros ejemplos: piden un escritorio y una computadora cuando todavía no tienen ovejas, o proyectan vender lana para artesanías cuando les falta alimento para los animales”.

Finalmente pidió no desarrollar actividades relacionadas a la cría ovina en zonas de alto valor inmobiliario porque así es muy difícil demostrar rentabilidad. “Es mejor una producción diversificada y complementaria, por eso es clave que la UEP se reúna con los formuladores antes de presentar los proyectos. Se pide coherencia, nada más”, aseguró.

Las últimas dificultades detectadas tuvieron que ver con pedir financiación para máquinas de esquila para productores particulares en lugar de presentar un proyecto de integración horizontal para optimizar el servicio; y evitar que el 30% del monto solicitado se vaya a componentes de capacitación. “Muchas  veces la propia provincia tiene planes en ese sentido, o bien hay recursos humanos de otras asociaciones. Los fondos es mejor destinarlos a cosas concretas que los ayuden a crecer, a producir más y a quedarse en el campo donde nacieron, sin hacinarse en las ciudades por falta de trabajo. Para eso se creó la Ley Ovina y hay que respetar su espíritu”.

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Guía para presentar un proyecto sustentable

Funcionarios de Agroindustria visitaron San Luis para poner al tanto a los productores de las exigencias técnicas y conceptuales para evitar fracasos a la hora de pedir un aporte.

La actividad ovina no es muy buscada en San Luis, pero de a poco fue ganando adeptos porque hay condiciones.

La Ley Ovina ofrece una buena posibilidad de recibir créditos para los pequeños productores y San Luis, a través de la Unidad Ejecutora Provincial (UEP), trabaja todo el año en busca de poder capitalizar el escaso dinero que otorga la Nación a cada jurisdicción, sobre todo a aquellas que no tienen un gran desarrollo del sector, porque las patagónicas y Buenos Aires sí suelen tener un buen flujo de fondos debido a su gran cantidad de ovejas.

Pero hay un cuello de botella que muchas veces se torna en un obstáculo insalvable: los errores, muchos de forma y otros de fondo, con el que llegan las formulaciones de proyectos primero a la UEP, que es la encargada de controlarlas, y luego a la Dirección de Ovinos, Caprinos y Camélidos (DOCC) de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, que tiene la misión de decidir qué solicitudes son aprobadas y cuáles no. A veces vuelven a las provincias con observaciones subsanables, pero en otras oportunidades directamente son descartadas.

Por eso la provincia se movió para organizar una Jornada de Actualización Ovina, que incluyó la visita de dos funcionarios de Agroindustria, quienes justamente se encargan de controlar que los proyectos cumplan con la normativa nacional. El objetivo de San Luis fue bajar el índice de rechazos, sobre todo por cuestiones de forma, aunque también era importante conocer con qué parámetros se maneja la Nación a la hora de decidir qué proyectos siguen en carrera. Pero a la vez la llegada de los especialistas de la DOCC representaba una buena chance de conocer más sobre la realidad de los mercados nacionales e internacionales para la carne ovina y la situación actual del país, por lo que también resultó de interés para los productores.

 


La imagen corresponde a un campo en cercanías de Fraga, donde el clima es un aliado de la cría ovina con fin comercial.

 

Para que cada uno reciba los conocimientos que necesitaba, el Ministerio de Producción, que fue el organizador de la jornada a través del Programa Producción Agropecuaria, dividió en dos las charlas. Por la mañana se hizo un largo desarrollo técnico sobre la formulación de los proyectos reservado a profesionales en ciencias agronómicas que ofician como asesores de los productores y se encargan de la confección de las solicitudes, que es de lo que se ocupará esta nota.

Por la tarde, en tanto, fue el momento de hablar sobre mercados y comercialización de carne ovina, el consumo local y la cadena de valor en general, poniendo énfasis en la industrialización necesaria para que el sector pueda desarrollarse y no se conforme solamente con vender los corderos para consumo doméstico. La revista El Campo también estuvo en este segmento y lo va a desarrollar en un análisis por separado durante las próximas ediciones.

El módulo desarrollado para ingenieros agrónomos y veterinarios, también contó con técnicos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar que están muy involucrados en la formulación de proyectos para la Ley Ovina, un par de docentes de la cátedra de Producción Animal de la UNSL-FICA y algunos productores que de todas maneras, más allá de contar con formuladores, estaban interesados en conocer de primera mano cómo hay que armar una solicitud.

 

Un "empujón de energía"

Abrió el juego Gabriela Delgado, la coordinadora de la UEP, quien es la encargada de fiscalizar los proyectos de los productores puntanos y enviarlos a la Secretaría de Agroindustria. “Los funcionarios de Nación vinieron antes de empezar con las formulaciones de 2019 para dar una mano y nosotros estamos al pie del cañón para lo que haga falta”, dijo la médica veterinaria, quien antes de hacerse cargo de esta ‘papa caliente’ que había quedado acéfala tras la rescisión del contrato del anterior coordinador de parte del gobierno nacional había manejado el Laboratorio del Campo. Delgado agregó que “son profesionales que conocen mucho y capacitan permanentemente en todo el país. La UEP necesitaba este empujón de energía”.

Se refería a Guillermo Carbajo y Raúl Errasti, el primero ingeniero agrónomo y el segundo veterinario, los enviados de Agroindustria que llegaron con las tareas bien divididas, aunque ambos participaron activamente en toda la jornada. El desarrollo de las claves sobre formulación de proyectos fue el trabajo específico de Carbajo, quien se valió en un archivo con cuadros y recomendaciones para desarrollar su charla ante una veintena de interesados, que incluyeron también a funcionarios del Ministerio de Producción involucrados en la cría y la sanidad de ovinos y caprinos.

Que San Luis se movió rápido lo reconoció el propio Carbajo, quien comenzó diciendo que era “la primera visita de una larga gira que nos espera por todo el país”, para enseguida dejar un elogio a la anfitriona: “Confíen en Gabriela (Delgado), se nota que tiene muchas ganas de ayudarlos a conseguir los fondos que solicitan por la Ley Ovina”.

El primer tópico que tocó fue el de los criterios de formulación que pide la Nación y cómo evalúan los proyectos, por lo que rápidamente captó la atención de todos ya que se trata de uno de los nudos de la cuestión. El otro, como se verá más adelante, es el de los errores más comunes que se cometen y cuál es la mejor manera de solucionarlos.

Como estaba presente desde temprano, Juan Manuel Celi Preti, el titular de la UEP y del subprograma Producción Pecuaria puso en blanco sobre negro una de las dudas más importantes: “A veces queremos abarcar mucho con pocos fondos y eso nos lleva a perjudicar a algunos productores. Es clave la unificación de criterios, saber si es mejor muchos proyectos de poco dinero o unos pocos que se lleven lo que hay para repartir”.

Carbajo recogió el guante y comenzó con la exhibición de un gráfico que levantó polvareda, ya que mostraba, provincia por provincia, cuántos proyectos habían presentado en 2017 y cuántos habían vuelto con observaciones. En San Luis eran 10 de 10, o sea todos. Claro, muchos tenían pequeños errores de forma, de esos que se pueden solucionar tras una jornada como la que organizó la cartera que conduce Sergio Freixes. “Importa más la calidad que el porcentaje de observaciones. Es clave que sean proyectos viables y que causen impacto económico, no importa si son pocos o muchos”.

 


El concepto básico que bajó Agroindustria es que los proyectos deben ser viables y causar impacto económico. No importa si son muchos o pocos en cada provincia.

 

Calidad y contenido

¿Qué busca Agroindustria en los proyectos? Según el especialista, “más calidad y contenido, que generen impacto, que sean replicables en otros lugares (predios, provincias y hasta regiones), que tengan continuidad en el tiempo con nuevas etapas, que provoquen una aproximación al productor y que sean innovadores en materia tecnológica y de diseño”. Y agregó que ellos no aconsejan repartir fondos en partes iguales como hacen muchas provincias en busca de atender las necesidades de cada uno. “Tienen que ser creativos, no siempre es cuestión de plata, a veces juega mucho el manejo. Allí se ve la mano de la UEP”.

El ingeniero aseguró que cambiaron los criterios para repartir los fondos: “Antes solo importaba el stock, entonces las patagónicas se llevaban gran parte del dinero. Ahora nos fijamos en el stock pero también en las unidades productivas, que marcan la importancia de una provincia”. Además, puso en manos de las UEP algunas decisiones estratégicas, “como pasó en Buenos Aires, que destinaba los fondos a actividades primarias y ahora va por el segundo eslabón, la industrialización, poniendo el acento en la producción de carne. Allí intervino la UEP, que es la que debe informar hacia dónde apuntar, si a infraestructura, a una raza específica, a la comercialización o a la producción de carne. A veces las presentaciones son perfectas, pero no tienen en cuenta el manejo, la infraestructura o las pasturas, que son el alimento de las ovejas. Esto pasa sobre todo con los productores nuevos”.

En resumen, según Nación las UEP deben ser “agentes de cambio”, por lo que es la que debe identificar los problemas, plantear alternativas, buscar soluciones, contrastar hipótesis y re direccionar los fondos de manera creativa. “Ser creativos significa ir hasta la causa última para resolver los problemas de los productores. Si no lo somos todos, podemos perder los 80 millones de la Ley Ovina, ya que hay que prorrogarla luego de 2020 y dependemos de los diputados y senadores, que lo único que piden son resultados”.

Carbajo expuso los lineamentos estratégicos para formular proyectos. “Deben tener viabilidad productiva, se nota rápido cuando ponen ovejas en un campo solo para aprovechar los fondos. Un productor ovino es aquel que tuvo crías y retuvo las hembras, en cambio un tenedor de ovejas suele trabajar en negro, en campos marginales. Además deben ser sustentables desde lo ambiental, productivo y económico; tener una articulación comercial, o sea prever cómo vender; una planificación estratégica, porque así la provincia puede canalizar fondos por otro lado, como por ejemplo un plan de agua, y guardar la plata para lo específico. Y también es clave poder medir los resultados”, enumeró, para luego aseverar que “la escala la ponen el productor y el proyectista”.

“No hay soluciones mágicas –aseguró el técnico-, recibimos muchos proyectos ‘dibujados’ por la necesidad de ser aprobados, son aquellos que no aclaran cómo será el manejo”. ¿Qué incluye ese manejo? “Modalidades de producción adecuadas, zonas con ambientes favorables, un perfil del productor acorde a la escala de su región y el nivel de desarrollo de toda la cadena (¿hay frigorífico cerca?)”. Alguien en este punto recordó el caso de la Villa de Merlo, que tiene mucho turismo en busca de cabritos y no hay un matadero en la zona. “Faenan bajo el árbol…”, fue la conclusión.

 

 

Dirigiéndose a los formuladores, les pidió que consideren los siguientes elementos para armar un buen proyecto: “Que ayude a tener más productividad por animal, más oferta forrajera, que tenga en cuenta los canales de comercialización, a las organizaciones de productores como la SsAF, la articulación con otros segmentos de la cadena de valor y, como fin último, la mejora en calidad de vida y en el arraigo rural de los beneficiarios”.

Un ratito de debate nunca viene mal y fue lo que se desató ante una pregunta de Juan Rodríguez, uno de los formuladores de la SsAF más participativos. “¿Quién tiene la culpa ante un rechazo, la UEP o el formulador? Yo creo que la UEP”, remató sin medias tintas. Más componedor, Carbajo reconoció que “hay algunas UEP que son meros entes administrativos, reciben un proyecto y lo remiten a Agroindustria sin mirarlo, que no es el caso de San Luis. Eso se nota enseguida cuando evaluamos. Pero también hay formuladores que ‘dibujan’ datos o hacen proyectos mellizos, eso también salta a la vista en los controles”.

 

Principales dificultades

El de las dificultades que afrontan los formuladores y productores, y que muchas veces no atina a corregir la UEP, era uno de los temas más esperados de la jornada y Carbajo lo dejó para el final, como para explayarse a fondo. Hay problemas de todo tipo que se detectan durante las evaluaciones: de contenido, sobre el destino de los fondos y sobre el perfil que tienen los proyectos y que no es el esperado por Agroindustria.

“Un proyecto tiene que tener sustancia, ser concreto y no dejar cabos sueltos”, definió el funcionario. Entonces fue al detalle para enumerar que “debe contener la evolución de la majada en cuanto al manejo y la cantidad de madres, y también explicar las condiciones comerciales y la sustentabilidad económica, ya que muchas veces no figura dónde van a vender la producción, si lo van a hacer con corderos enteros o trozados, ni cuál es el tamaño del mercado”. Además, hay que explicar el plan sanitario, si va a contener capacitaciones (“no es obligatorio, pero suma”) y presentar un croquis del establecimiento y las obras a realizar, por ejemplo usando Google Maps y marcando lo que hay y lo que van a hacer si el dinero es para obras de infraestructura.

“También se tiene en cuenta si cuentan con el aval de organismos oficiales para el uso de agua en las obras, el pago del beneficio (años de gracia y cantidad de cuotas) y todo lo referido a receptividad y carga animal, que no es lo mismo. La receptividad es lo que produce el campo y la carga es la capacidad del mismo para soportar cierto número de cabezas”, cerró la cuenta.

Hay otras dificultades relacionadas con el destino de los fondos que terminan frustrando algunos proyectos. En ese aspecto, Carbajo recurrió a un cuadro con el detalle de lo que hoy es considerado un problema y, en una columna contigua, las propuestas que hace la DOCC para sortearlos. Consideró que se dilapida esfuerzo pidiendo fondos para financiar componentes asociados al mercado informal como freezers o muebles de oficina, en lugar de financiar estrategias priorizadas en los foros regionales. “Se hicieron en todo el país, en el de Jujuy por ejemplo decidieron que eran la disponibilidad de agua, el bache forrajero y el agregado de valor. Hacia allí deben orientar los proyectos, porque nosotros ya lo sabemos”, aconsejó.

En lugar de escala productiva pidió trabajar con una escala mínima a financiar, también no presentar proyectos de infraestructura inadecuada o precaria para corrales y refugios y en su lugar no fijar montos máximos por proyectos. “También deben apuntar al mediano y largo plazo, muchas solicitudes no contienen esta estrategia. Doy otros ejemplos: piden un escritorio y una computadora cuando todavía no tienen ovejas, o proyectan vender lana para artesanías cuando les falta alimento para los animales”.

Finalmente pidió no desarrollar actividades relacionadas a la cría ovina en zonas de alto valor inmobiliario porque así es muy difícil demostrar rentabilidad. “Es mejor una producción diversificada y complementaria, por eso es clave que la UEP se reúna con los formuladores antes de presentar los proyectos. Se pide coherencia, nada más”, aseguró.

Las últimas dificultades detectadas tuvieron que ver con pedir financiación para máquinas de esquila para productores particulares en lugar de presentar un proyecto de integración horizontal para optimizar el servicio; y evitar que el 30% del monto solicitado se vaya a componentes de capacitación. “Muchas  veces la propia provincia tiene planes en ese sentido, o bien hay recursos humanos de otras asociaciones. Los fondos es mejor destinarlos a cosas concretas que los ayuden a crecer, a producir más y a quedarse en el campo donde nacieron, sin hacinarse en las ciudades por falta de trabajo. Para eso se creó la Ley Ovina y hay que respetar su espíritu”.

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