eldiariodelarepublica.com
El triste legado de Columbine

Escuchá acá la 90.9
X

El triste legado de Columbine

Fue la primera masacre mediática de la era moderna. Ocurrió en una pequeña localidad de Colorado, Estados Unidos. El 20 de abril de 1999 en la escuela secundaria Columbine, murieron 13 personas en un tiroteo perpetrado por dos alumnos. Pasaron veinte años y el dolor sigue detenido en el tiempo.

Doce estudiantes y una maestra fueron asesinados cuando dos adolescentes, ataviados con sobretodos negros y armados con varias armas y bombas caseras, atacaron Columbine, cuyo nombre es     —desde entonces— una triste referencia de tiroteos escolares.

Durante horas, en aquel martes de primavera, los estadounidenses vieron por televisión el tiroteo y la intervención tardía de la policía en Littleton, un suburbio de Denver en el oeste del país.

La masacre cambió la forma en que las escuelas y la policía se preparan para los tiradores, mientras que los ejercicios de contención y evacuación de alumnos se convirtieron en rutina para generaciones de estudiantes estadounidenses, desde el jardín de niños.

Sobrevivientes y heridos del tiroteo, que ahora son adultos y padres, así como familiares de las víctimas y habitantes de Littleton, participaron de una vigilia en memoria de las víctimas. Durante la ceremonia oficial de conmemoración, hubo reflexiones sobre el dolor, la pérdida y la recuperación. El acto se celebró en un parque cercano a la escuela, donde se erigió un memorial dedicado a los 12 estudiantes de bachillerato y a la profesora asesinada por los dos tiradores que se suicidaron.

“Aunque puede que el tiempo disminuya la intensidad del trauma, los recuerdos increíbles persisten”, declaró el ex director de la escuela secundaria de Columbine. “La fortaleza y la resiliencia de esta comunidad nos han dado esperanza”.

“Durante 19 años estuve triste, con el corazón roto. Pero se convirtió en enojo, porque nada cambia”, dijo recientemente Amanda Duran, quien tenía 15 años el día que su mundo cambió. Su mejor amiga fue asesinada. “Yo no oí las balas silbar en mis oídos y no me apuntaron con un arma. Desafortunadamente, esto no evitó el trauma”.

Columbine generó un debate sobre las armas de fuego y, después de tres presidentes, la solución en la sociedad de Estados Unidos parece lejana. La cantidad de armas sigue aumentando (393 millones para 326 millones de habitantes) y los tiroteos, en las escuelas u otros lugares, actualmente ocurren de manera regular.

Desde la matanza de Columbine, 226.000 niños en 233 escuelas han estado expuestos a un tiro de arma de fuego en tiroteos, mortales o no, según una encuesta del Washington Post. El último episodio data del viernes 19 de abril, cuando un hombre disparó contra las ventanas de un salón de clases en una escuela de Jacksonville en Florida, sin dejar víctimas.

Entre las peores matanzas de escuelas están las de la escuela primaria Sandy Hook en Newton, Connecticut, en 2012 (20 niños de seis y siete años y seis adultos muertos) y la de Marjorie Stoneman Douglas High School, en Parkland, Florida en 2018 (17 muertes).

Columbine también adquirió una dimensión mítica. Se mantienen muchas dudas sobre los autores del tiroteo: los jóvenes, de 17 y 18 años, no pertenecían al grupo de estudiantes que acostumbraban a vestir de negro, tampoco estaban tan aislados como se creía y no actuaron por venganza de algún tipo de acoso.

Las secuelas de Columbine todavía se sienten. Una adolescente estadounidense, cuya obsesión con la masacre provocó el cierre de escuelas y una persecución en Denver, fue hallada muerta seis días antes del aniversario número veinte, a causa de una herida de bala aparentemente autoinfligida.

Las autoridades habían advertido que estaba “armada” y era “extremadamente peligrosa”, y ordenaron a medio millón de estudiantes quedarse en sus casas. Tragedias temidas, tragedias repetidas por docenas. Inexplicables. Tristes. Columbine.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

El triste legado de Columbine

Fue la primera masacre mediática de la era moderna. Ocurrió en una pequeña localidad de Colorado, Estados Unidos. El 20 de abril de 1999 en la escuela secundaria Columbine, murieron 13 personas en un tiroteo perpetrado por dos alumnos. Pasaron veinte años y el dolor sigue detenido en el tiempo.

Doce estudiantes y una maestra fueron asesinados cuando dos adolescentes, ataviados con sobretodos negros y armados con varias armas y bombas caseras, atacaron Columbine, cuyo nombre es     —desde entonces— una triste referencia de tiroteos escolares.

Durante horas, en aquel martes de primavera, los estadounidenses vieron por televisión el tiroteo y la intervención tardía de la policía en Littleton, un suburbio de Denver en el oeste del país.

La masacre cambió la forma en que las escuelas y la policía se preparan para los tiradores, mientras que los ejercicios de contención y evacuación de alumnos se convirtieron en rutina para generaciones de estudiantes estadounidenses, desde el jardín de niños.

Sobrevivientes y heridos del tiroteo, que ahora son adultos y padres, así como familiares de las víctimas y habitantes de Littleton, participaron de una vigilia en memoria de las víctimas. Durante la ceremonia oficial de conmemoración, hubo reflexiones sobre el dolor, la pérdida y la recuperación. El acto se celebró en un parque cercano a la escuela, donde se erigió un memorial dedicado a los 12 estudiantes de bachillerato y a la profesora asesinada por los dos tiradores que se suicidaron.

“Aunque puede que el tiempo disminuya la intensidad del trauma, los recuerdos increíbles persisten”, declaró el ex director de la escuela secundaria de Columbine. “La fortaleza y la resiliencia de esta comunidad nos han dado esperanza”.

“Durante 19 años estuve triste, con el corazón roto. Pero se convirtió en enojo, porque nada cambia”, dijo recientemente Amanda Duran, quien tenía 15 años el día que su mundo cambió. Su mejor amiga fue asesinada. “Yo no oí las balas silbar en mis oídos y no me apuntaron con un arma. Desafortunadamente, esto no evitó el trauma”.

Columbine generó un debate sobre las armas de fuego y, después de tres presidentes, la solución en la sociedad de Estados Unidos parece lejana. La cantidad de armas sigue aumentando (393 millones para 326 millones de habitantes) y los tiroteos, en las escuelas u otros lugares, actualmente ocurren de manera regular.

Desde la matanza de Columbine, 226.000 niños en 233 escuelas han estado expuestos a un tiro de arma de fuego en tiroteos, mortales o no, según una encuesta del Washington Post. El último episodio data del viernes 19 de abril, cuando un hombre disparó contra las ventanas de un salón de clases en una escuela de Jacksonville en Florida, sin dejar víctimas.

Entre las peores matanzas de escuelas están las de la escuela primaria Sandy Hook en Newton, Connecticut, en 2012 (20 niños de seis y siete años y seis adultos muertos) y la de Marjorie Stoneman Douglas High School, en Parkland, Florida en 2018 (17 muertes).

Columbine también adquirió una dimensión mítica. Se mantienen muchas dudas sobre los autores del tiroteo: los jóvenes, de 17 y 18 años, no pertenecían al grupo de estudiantes que acostumbraban a vestir de negro, tampoco estaban tan aislados como se creía y no actuaron por venganza de algún tipo de acoso.

Las secuelas de Columbine todavía se sienten. Una adolescente estadounidense, cuya obsesión con la masacre provocó el cierre de escuelas y una persecución en Denver, fue hallada muerta seis días antes del aniversario número veinte, a causa de una herida de bala aparentemente autoinfligida.

Las autoridades habían advertido que estaba “armada” y era “extremadamente peligrosa”, y ordenaron a medio millón de estudiantes quedarse en sus casas. Tragedias temidas, tragedias repetidas por docenas. Inexplicables. Tristes. Columbine.

Logín