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Sobre la libertad religiosa

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Sobre la libertad religiosa

En el mundo existen países en los que la blasfemia (palabra o expresión injuriosa sobre alguien o algo sagrado), no es considerada un delito y está contemplada dentro de la libertad de expresión de los individuos. Francia es el ejemplo más notorio de esta línea de pensamiento, desde el mismo momento en que la Revolución de 1789, estableció los principios de libertad de expresión y libertad de prensa.

Pero aún hoy, en pleno Siglo XXI, hay muchos países donde ocurren otras cosas. La cristiana Asia Bibi abandonó Pakistán, afirmó una fuente gubernamental, seis meses después de ser absuelta de una condena a muerte por blasfemia, que provocó indignación en el extranjero.

“Asia Bibi se fue de Pakistán por voluntad propia”, declaró esta fuente que pidió el anonimato. Varios medios de comunicación pakistaníes dieron la noticia el 8 de mayo por la mañana. El abogado de Asia Bibi, Saif ul Malook, afirma no haber hablado directamente con su clienta pero con sus propias “fuentes” dedujo que se halla en Canadá, país al que huyeron sus hijas hace varios meses, según fuentes diplomáticas.

Las autoridades pakistaníes y la embajada canadiense en Islamabad no se pronunciaron oficialmente sobre su destino ni sobre las condiciones de su partida.

Su caso se convirtió en un símbolo de las derivas de la ley sobre la blasfemia en Pakistán, donde según sus detractores se instrumenta para solucionar conflictos personales mediante acusaciones falsas.

“Es un gran alivio que esta dura experiencia vergonzosa se haya terminado por fin y que Asia Bibi y su familia estén a salvo”, declaró Omar Waraich, del programa Asia del Sur de Amnistía Internacional.

Asia Bibi fue condenada a muerte por blasfemia en 2010, a raíz de una discusión por un vaso de agua. Alegando motivos religiosos, dos musulmanas se negaron a compartir un vaso de agua con ella. Discutieron. Días más tarde, contaron el caso a un imán local que la acusó de haber “insultado” al profeta del islam. Ella siempre lo negó.

“Nunca tuvo que haber sido encarcelada, y aún menos sufrir amenazas constantes”, añadió Waraich y llamó a “abrogar” la ley sobre la blasfemia en Pakistán.

El Tribunal Supremo, principal instancia judicial del país, la absolvió en octubre pasado tras haber pasado más de ocho años en el corredor de la muerte. La sentencia provocó actos violentos en varias localidades del país. Miles de islamistas bloquearon durante tres días las principales carreteras para exigir su muerte en la horca.

En enero la misma corte se había reafirmado rechazando cualquier tipo de recurso contra la absolución de Bibi, una obrera agrícola de unos 50 años.

Desde entonces Asia Bibi se encontraba supuestamente bajo vigilancia. Islamabad no comunicó en qué condiciones vivía, lo que tampoco trascendió durante los últimos meses.

El caso de Asia Bibi desató una ola de indignación en todo el mundo. Una de sus hijas se reunió dos veces con el papa Francisco y Benedicto XVI también había pedido su liberación.

En Twitter el ministro de Relaciones Exteriores británico Jeremy Hunt se congratuló de que Asia Bibi “parece haber salido de Pakistán sana y salva”.

“Asia Bibi es por fin libre”, reaccionó por su parte una asociación de cristianos británicos de origen pakistaní (British pakistani christian association). “La víctima más conocida de la ley pakistaní sobre la blasfemia fue liberada finalmente en su país natal, donde se convirtió en la figura más odiada pese a que los tribunales la exoneraron de las acusaciones falsas por las que permaneció en una celda de aislamiento durante casi diez años”, añadió la asociación en un comunicado.

Los cristianos representan alrededor del 2% de la población pakistaní, en su inmensa mayoría musulmana. Viven a menudo en barrios muy pobres y desempeñan empleos mal remunerados. Asia Bibi simplemente posee otra religión. Pero estuvo muy cerca de morir.

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Sobre la libertad religiosa

En el mundo existen países en los que la blasfemia (palabra o expresión injuriosa sobre alguien o algo sagrado), no es considerada un delito y está contemplada dentro de la libertad de expresión de los individuos. Francia es el ejemplo más notorio de esta línea de pensamiento, desde el mismo momento en que la Revolución de 1789, estableció los principios de libertad de expresión y libertad de prensa.

Pero aún hoy, en pleno Siglo XXI, hay muchos países donde ocurren otras cosas. La cristiana Asia Bibi abandonó Pakistán, afirmó una fuente gubernamental, seis meses después de ser absuelta de una condena a muerte por blasfemia, que provocó indignación en el extranjero.

“Asia Bibi se fue de Pakistán por voluntad propia”, declaró esta fuente que pidió el anonimato. Varios medios de comunicación pakistaníes dieron la noticia el 8 de mayo por la mañana. El abogado de Asia Bibi, Saif ul Malook, afirma no haber hablado directamente con su clienta pero con sus propias “fuentes” dedujo que se halla en Canadá, país al que huyeron sus hijas hace varios meses, según fuentes diplomáticas.

Las autoridades pakistaníes y la embajada canadiense en Islamabad no se pronunciaron oficialmente sobre su destino ni sobre las condiciones de su partida.

Su caso se convirtió en un símbolo de las derivas de la ley sobre la blasfemia en Pakistán, donde según sus detractores se instrumenta para solucionar conflictos personales mediante acusaciones falsas.

“Es un gran alivio que esta dura experiencia vergonzosa se haya terminado por fin y que Asia Bibi y su familia estén a salvo”, declaró Omar Waraich, del programa Asia del Sur de Amnistía Internacional.

Asia Bibi fue condenada a muerte por blasfemia en 2010, a raíz de una discusión por un vaso de agua. Alegando motivos religiosos, dos musulmanas se negaron a compartir un vaso de agua con ella. Discutieron. Días más tarde, contaron el caso a un imán local que la acusó de haber “insultado” al profeta del islam. Ella siempre lo negó.

“Nunca tuvo que haber sido encarcelada, y aún menos sufrir amenazas constantes”, añadió Waraich y llamó a “abrogar” la ley sobre la blasfemia en Pakistán.

El Tribunal Supremo, principal instancia judicial del país, la absolvió en octubre pasado tras haber pasado más de ocho años en el corredor de la muerte. La sentencia provocó actos violentos en varias localidades del país. Miles de islamistas bloquearon durante tres días las principales carreteras para exigir su muerte en la horca.

En enero la misma corte se había reafirmado rechazando cualquier tipo de recurso contra la absolución de Bibi, una obrera agrícola de unos 50 años.

Desde entonces Asia Bibi se encontraba supuestamente bajo vigilancia. Islamabad no comunicó en qué condiciones vivía, lo que tampoco trascendió durante los últimos meses.

El caso de Asia Bibi desató una ola de indignación en todo el mundo. Una de sus hijas se reunió dos veces con el papa Francisco y Benedicto XVI también había pedido su liberación.

En Twitter el ministro de Relaciones Exteriores británico Jeremy Hunt se congratuló de que Asia Bibi “parece haber salido de Pakistán sana y salva”.

“Asia Bibi es por fin libre”, reaccionó por su parte una asociación de cristianos británicos de origen pakistaní (British pakistani christian association). “La víctima más conocida de la ley pakistaní sobre la blasfemia fue liberada finalmente en su país natal, donde se convirtió en la figura más odiada pese a que los tribunales la exoneraron de las acusaciones falsas por las que permaneció en una celda de aislamiento durante casi diez años”, añadió la asociación en un comunicado.

Los cristianos representan alrededor del 2% de la población pakistaní, en su inmensa mayoría musulmana. Viven a menudo en barrios muy pobres y desempeñan empleos mal remunerados. Asia Bibi simplemente posee otra religión. Pero estuvo muy cerca de morir.

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