eldiariodelarepublica.com
Frutales para cimentar un cambio de vida total

Escuchá acá la 90.9
X

Frutales para cimentar un cambio de vida total

Magdalena Strongoli

Luisa y Sandro dejaron la ciudad para dedicarse a la agricultura en pequeña escala en las afueras. La apuesta fuerte es a las frutillas, pero la diversificación paga dividendos.

Luisa Camargo es de San Luis, pero rápidamente se dio cuenta de que su futuro no estaba entre el cemento de las angostas calles de la capital, sino en las afueras, en el campo. Esta mujer de 35 años está casada con Sandro, quien llegó a la provincia por un solo motivo: el amor por ella. No tienen hijos aún, pero sí un proyecto en común relacionado con la agricultura a pequeña escala.  Juntos decidieron que necesitaban una vida fuera de la ciudad y que, para obtener el sustento diario, trabajarían la tierra, si es necesario de sol a sol.

Pensaron lo que les faltaba a los puntanos y que pudiera gustarles y concluyeron en que las frutillas eran una buena alternativa. Si bien no hay mucho volumen del fruto fino en la zona,  ellos se animaron a hacer una parcela con siete hileras bien diferenciadas. A pesar de los problemas que tuvieron en la última cosecha debido al granizo, piensan seguir con una de las producciones que les da mayor rédito y por la que ya se han hecho conocidos, incluso fuera de la provincia.

 

 

Luisa y Sandro viven en Suyuque, a pocos kilómetros del Cabildo Histórico, o sea que están cerca y a la vez lejos del ruido de la ciudad. Allí tienen un predio de más de 600 metros cuadrados donde también hay un espacio destinado a los animales y otros cultivos que ayudan a paliar las épocas de frío, cuando las frutillas se hacen desear hasta que explotan allá por diciembre. Una casa hecha de bloques divide los duraznos y manzanos del resto de las plantaciones.

En el centro del predio están las fresas, rodeadas por algunas hortalizas y un invernadero improvisado, con una malla antigranizo recubierta con material vegetal en donde producen plantines que venden y de los que también usan las semillas para producir en su chacra. Al final del espacio, que tiene la forma de un rectángulo, está la huerta que ya dio las primeras cosechas en el invierno pasado, que fue particularmente duro por las bajas temperaturas.

El matrimonio se ocupa en persona de cada una de las tareas. Sacar malezas, generar abono para la tierra, colocar las protecciones que correspondan para resguardar a las plantas de las inclemencias climáticas, hacer surcos, remover la tierra y tantas otras actividades que insumen todo el día. Todas las técnicas y estrategias las aprendieron con el tiempo, la práctica y las capacitaciones de las que participaron, sobre todo las del Ministerio de Producción, que siempre da una mano grande a los productores de escala familiar.

Luisa recibió a la revista El Campo para mostrar con orgullo lo que consiguieron con tan solo cuatro manos y muchas ganas de crecer.  "Hemos estado en todas las ferias que se realizaron en el Parque de las Naciones de la ciudad de San Luis. Descubrimos que son una muy buena alternativa para vender nuestros productos, porque va mucha gente y toda está dispuesta a comprar, debido a que hay buenos precios y una gran calidad", contó sobre su experiencia con un stand, que también le permitió generar nuevos clientes. "Muchos nos conocen sobre todo por las frutillas, pero en la feria pudimos mostrar que tenemos más productos e invitarlos a que en cualquier momento del año vengan a comprar verdura fresca, que cada cliente puede sacar directamente de la planta si así lo desea", contó, y agregó que por gusto hace mermeladas con las frutas de estación, no solo las que tiene disponible en su casa, sino que también compra e intercambia con los vecinos para tener mayor variedad.

Hace tres años, cuando comenzaron el proyecto de las frutillas, le compraron los plantines a una productora que vive en Donovan. Algunas no prendieron, por lo que tomaron la decisión de probar y hacer plantas que les sirvieran para producir de sus propias semillas. "Tenemos una frutilla pequeña que en general la usan para hacer dulces y conservas. Nuestras plantas están viejas y ya no producen como al comienzo, por eso vamos a renovarlas. Esta vez probaremos una variedad que nos permita vender la fruta fresca", aseguró Camargo sobre uno de los tantos proyectos que tienen para el futuro.

Su historia de amor comenzó como cualquier otra. Él era camionero y ella trabajaba en distintos rubros. Cada tanto, Luisa viajaba con su compañero, que causalmente transportaba mangueras de riego. El trajín era mucho y sin saberlo querían cambiar de vida. En uno de esos recorridos, en los que oscilaban entre las autopistas puntanas y los caminos santafesinos, tuvieron un accidente que terminando resultó el puntapié inicial para saltar al sueño que ambos tenían. Así fue que se mudaron de la ciudad a la zona más ventosa del otro lado de las sierras centrales. Sandro contó que nunca había bajado del camión, pero que su incansable curiosidad le permitió conocer cómo era la producción de hortalizas y frutales.

"Cuando llevaba las cintas para riego pude conocer grandes extensiones de parcelas hortícolas. Siempre consultaba cosas nuevas a quienes les entregaba cada envío que llevaba en el camión. Además crecí  en una zona de Santa Fe donde la frutilla se da muy bien. Cuando decidí cambiar esa vida que me tenía mucho tiempo en la ruta, le dije a Luisa: ‘Hagamos frutillas’. Si en Santa Fe, que es común tenerlas, las personas las consumen y las pagan a buen precio, ¿por qué no hacerlas en San Luis? Así comenzó una nueva historia, en la que trabajamos la tierra y ganamos en tranquilidad", detalló el hombre, pala en mano, mientras, sin importar el calor, hacía surcos para plantar algunas hortalizas.

 

Estrategias productivas

Frente a las hileras plantadas con fresas, Luisa explicaba a esta cronista las estrategias que usan para obtener un rico fruto. "El riego es por goteo y lo hacemos una vez a la semana. Para conservar la humedad recubrimos el suelo con nylon. La técnica es conocida como mulching y también nos ayuda a prevenir malezas", dijo, y contó que en agosto del año pasado comenzaron a cosechar y lo hicieron hasta que la piedra que cayó en dos oportunidades no les dejó nada. "Vamos a colocar la malla antigranizo para poder cosechar el ciento por ciento de nuestra producción de frutillas, que es el caballito de batalla que tenemos. Ahora mantendremos las plantas con riego, guano de gallina y de cabra y sacando las hojas secas de cada planta", agregó la productora, que trabaja sola en la parcela de 22 metros por 60 de largo.

"Queremos probar con arándanos, pero nos asustan los vientos que hay en la zona", dijo sobre uno de los proyectos que tienen, mientras se preparan para el retorno a las Ferias de Pequeños y Medianos Productores que organiza el gobierno provincial. Pero también se quieren largar solos: "Somos varios productores en la zona, así que nos juntaremos con artesanos y haremos una exhibición de nuestros productos", adelantó.

 La huerta tiene solo seis meses. La experiencia con las frutillas les permitió armar un vergel bien equipado y con protección para que la piedra no los tome desprevenidos otra vez. Conocen muy bien el mercado, lo que les permite tomar buenas decisiones al momento de sembrar. Tomates, zuchinis, pimientos y berenjenas son algunas de las hortalizas que cosecharán en los próximos días. "A nuestros clientes les gusta consumir productos frescos. Ellos saben que están elaboradas sin ningún químico. Es más, quienes vienen a la huerta, cortan ellos mismos la verdura que luego van a consumir", contó la mujer.

Las chicharras comenzaron a sonar cerca de las 19, indicando que los casi 30 grados de uno de los últimos estertores del verano que se fue podían llegar a ser superados al día siguiente. Dentro de la parcela donde está la huerta, las sierras son testigos mudas de las horas que Sandro Alesio pasa para cuidar cada detalle en la producción de verduras.  "Acá no usamos matayuyos, dejamos las flores silvestres, los algarrobos y las jarillas para que repelan los bichos que pueden afectar a las plantas. Otra técnica muy conocida es la de plantar aromáticas, que tiene la misma finalidad", contó sin abandonar la posición de cuclillas, bajo la tela que cubrirá la tierra que preparaba para sembrar más hortalizas hasta que vuelva la época de la estrella de la casa: la frutilla.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Frutales para cimentar un cambio de vida total

Luisa y Sandro dejaron la ciudad para dedicarse a la agricultura en pequeña escala en las afueras. La apuesta fuerte es a las frutillas, pero la diversificación paga dividendos.

Luisa está dispuesta a trabajar de sol a sol para ver crecer sus cultivos.

Luisa Camargo es de San Luis, pero rápidamente se dio cuenta de que su futuro no estaba entre el cemento de las angostas calles de la capital, sino en las afueras, en el campo. Esta mujer de 35 años está casada con Sandro, quien llegó a la provincia por un solo motivo: el amor por ella. No tienen hijos aún, pero sí un proyecto en común relacionado con la agricultura a pequeña escala.  Juntos decidieron que necesitaban una vida fuera de la ciudad y que, para obtener el sustento diario, trabajarían la tierra, si es necesario de sol a sol.

Pensaron lo que les faltaba a los puntanos y que pudiera gustarles y concluyeron en que las frutillas eran una buena alternativa. Si bien no hay mucho volumen del fruto fino en la zona,  ellos se animaron a hacer una parcela con siete hileras bien diferenciadas. A pesar de los problemas que tuvieron en la última cosecha debido al granizo, piensan seguir con una de las producciones que les da mayor rédito y por la que ya se han hecho conocidos, incluso fuera de la provincia.

 

 

Luisa y Sandro viven en Suyuque, a pocos kilómetros del Cabildo Histórico, o sea que están cerca y a la vez lejos del ruido de la ciudad. Allí tienen un predio de más de 600 metros cuadrados donde también hay un espacio destinado a los animales y otros cultivos que ayudan a paliar las épocas de frío, cuando las frutillas se hacen desear hasta que explotan allá por diciembre. Una casa hecha de bloques divide los duraznos y manzanos del resto de las plantaciones.

En el centro del predio están las fresas, rodeadas por algunas hortalizas y un invernadero improvisado, con una malla antigranizo recubierta con material vegetal en donde producen plantines que venden y de los que también usan las semillas para producir en su chacra. Al final del espacio, que tiene la forma de un rectángulo, está la huerta que ya dio las primeras cosechas en el invierno pasado, que fue particularmente duro por las bajas temperaturas.

El matrimonio se ocupa en persona de cada una de las tareas. Sacar malezas, generar abono para la tierra, colocar las protecciones que correspondan para resguardar a las plantas de las inclemencias climáticas, hacer surcos, remover la tierra y tantas otras actividades que insumen todo el día. Todas las técnicas y estrategias las aprendieron con el tiempo, la práctica y las capacitaciones de las que participaron, sobre todo las del Ministerio de Producción, que siempre da una mano grande a los productores de escala familiar.

Luisa recibió a la revista El Campo para mostrar con orgullo lo que consiguieron con tan solo cuatro manos y muchas ganas de crecer.  "Hemos estado en todas las ferias que se realizaron en el Parque de las Naciones de la ciudad de San Luis. Descubrimos que son una muy buena alternativa para vender nuestros productos, porque va mucha gente y toda está dispuesta a comprar, debido a que hay buenos precios y una gran calidad", contó sobre su experiencia con un stand, que también le permitió generar nuevos clientes. "Muchos nos conocen sobre todo por las frutillas, pero en la feria pudimos mostrar que tenemos más productos e invitarlos a que en cualquier momento del año vengan a comprar verdura fresca, que cada cliente puede sacar directamente de la planta si así lo desea", contó, y agregó que por gusto hace mermeladas con las frutas de estación, no solo las que tiene disponible en su casa, sino que también compra e intercambia con los vecinos para tener mayor variedad.

Hace tres años, cuando comenzaron el proyecto de las frutillas, le compraron los plantines a una productora que vive en Donovan. Algunas no prendieron, por lo que tomaron la decisión de probar y hacer plantas que les sirvieran para producir de sus propias semillas. "Tenemos una frutilla pequeña que en general la usan para hacer dulces y conservas. Nuestras plantas están viejas y ya no producen como al comienzo, por eso vamos a renovarlas. Esta vez probaremos una variedad que nos permita vender la fruta fresca", aseguró Camargo sobre uno de los tantos proyectos que tienen para el futuro.

Su historia de amor comenzó como cualquier otra. Él era camionero y ella trabajaba en distintos rubros. Cada tanto, Luisa viajaba con su compañero, que causalmente transportaba mangueras de riego. El trajín era mucho y sin saberlo querían cambiar de vida. En uno de esos recorridos, en los que oscilaban entre las autopistas puntanas y los caminos santafesinos, tuvieron un accidente que terminando resultó el puntapié inicial para saltar al sueño que ambos tenían. Así fue que se mudaron de la ciudad a la zona más ventosa del otro lado de las sierras centrales. Sandro contó que nunca había bajado del camión, pero que su incansable curiosidad le permitió conocer cómo era la producción de hortalizas y frutales.

"Cuando llevaba las cintas para riego pude conocer grandes extensiones de parcelas hortícolas. Siempre consultaba cosas nuevas a quienes les entregaba cada envío que llevaba en el camión. Además crecí  en una zona de Santa Fe donde la frutilla se da muy bien. Cuando decidí cambiar esa vida que me tenía mucho tiempo en la ruta, le dije a Luisa: ‘Hagamos frutillas’. Si en Santa Fe, que es común tenerlas, las personas las consumen y las pagan a buen precio, ¿por qué no hacerlas en San Luis? Así comenzó una nueva historia, en la que trabajamos la tierra y ganamos en tranquilidad", detalló el hombre, pala en mano, mientras, sin importar el calor, hacía surcos para plantar algunas hortalizas.

 

Estrategias productivas

Frente a las hileras plantadas con fresas, Luisa explicaba a esta cronista las estrategias que usan para obtener un rico fruto. "El riego es por goteo y lo hacemos una vez a la semana. Para conservar la humedad recubrimos el suelo con nylon. La técnica es conocida como mulching y también nos ayuda a prevenir malezas", dijo, y contó que en agosto del año pasado comenzaron a cosechar y lo hicieron hasta que la piedra que cayó en dos oportunidades no les dejó nada. "Vamos a colocar la malla antigranizo para poder cosechar el ciento por ciento de nuestra producción de frutillas, que es el caballito de batalla que tenemos. Ahora mantendremos las plantas con riego, guano de gallina y de cabra y sacando las hojas secas de cada planta", agregó la productora, que trabaja sola en la parcela de 22 metros por 60 de largo.

"Queremos probar con arándanos, pero nos asustan los vientos que hay en la zona", dijo sobre uno de los proyectos que tienen, mientras se preparan para el retorno a las Ferias de Pequeños y Medianos Productores que organiza el gobierno provincial. Pero también se quieren largar solos: "Somos varios productores en la zona, así que nos juntaremos con artesanos y haremos una exhibición de nuestros productos", adelantó.

 La huerta tiene solo seis meses. La experiencia con las frutillas les permitió armar un vergel bien equipado y con protección para que la piedra no los tome desprevenidos otra vez. Conocen muy bien el mercado, lo que les permite tomar buenas decisiones al momento de sembrar. Tomates, zuchinis, pimientos y berenjenas son algunas de las hortalizas que cosecharán en los próximos días. "A nuestros clientes les gusta consumir productos frescos. Ellos saben que están elaboradas sin ningún químico. Es más, quienes vienen a la huerta, cortan ellos mismos la verdura que luego van a consumir", contó la mujer.

Las chicharras comenzaron a sonar cerca de las 19, indicando que los casi 30 grados de uno de los últimos estertores del verano que se fue podían llegar a ser superados al día siguiente. Dentro de la parcela donde está la huerta, las sierras son testigos mudas de las horas que Sandro Alesio pasa para cuidar cada detalle en la producción de verduras.  "Acá no usamos matayuyos, dejamos las flores silvestres, los algarrobos y las jarillas para que repelan los bichos que pueden afectar a las plantas. Otra técnica muy conocida es la de plantar aromáticas, que tiene la misma finalidad", contó sin abandonar la posición de cuclillas, bajo la tela que cubrirá la tierra que preparaba para sembrar más hortalizas hasta que vuelva la época de la estrella de la casa: la frutilla.

Logín