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¿Hasta dónde puede llegar la producción argentina?

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¿Hasta dónde puede llegar la producción argentina?

Carlos Etchepare

Todos aquellos que trabajamos en alguno de los ámbitos que se relacionan con el sector agropecuario sabemos que el agro argentino (y la industria que lo rodea) siempre puede dar más. Puede aumentar su volumen de producción, puede generar más y mejor empleo, puede asegurar el alimento para mayor cantidad de personas, puede incrementar el ingreso de divisas y de riqueza para el país, puede dinamizar la economía de más pueblos, etc., etc. Pero los que estamos en esto también sabemos que pese a las condiciones endógenas favorables que tiene el campo argentino, si no son acompañadas con las políticas, las decisiones y la generación de condiciones adecuadas, el sistema colapsa y el campo no logra cumplir con su potencial.

Si pensamos en lo que sucedió en las últimas décadas, el resultado es contundente y habla a las claras del potencial del agro. El sector agrícola argentino registró grandes transformaciones, con cambios estructurales y nuevas técnicas productivas que junto a la aplicación de tecnologías de punta generaron un salto de gran magnitud en las cantidades de granos producidos por nuestro país. De esta manera, en solo 25 años la producción de los tres principales cultivos (trigo, maíz y soja) pasó de 32 millones de toneladas (MT) a 112 MT, lo que representa un crecimiento anual promedio de 5,3% 

Pero por supuesto que esta realidad que atravesó el agro en los últimos 25 años también abre algunos interrogantes de cara al futuro. Especialmente el que hacíamos referencia al principio y que tiene que ver con cuál es el techo productivo que tiene nuestro país. Sobre esto hablaremos en la columna de hoy, y para ayudarnos en el análisis utilizaremos también un excelente estudio realizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), que analiza justamente algunas variables en torno a este tema.

Escenarios posibles

En el afán de entender qué puede pasar con la producción agropecuaria argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estudió diferentes escenarios posibles. Por un lado el de la situación actual, con una continuidad en las actuales políticas y tendencias, y lo contrapuso con otros escenarios posibles donde se realizan cambios significativos al “status quo” actual. 

Esta utilización de diferentes escenarios busca aportar a la discusión poniendo la atención en distintos tipos de “shocks” que, independientemente de su probabilidad de ocurrencia, son relevantes para los actores del sector. De esta manera, la BCBA define tres áreas de trabajo: 1) las brechas de rendimiento observadas entre productores, 2) las brechas de rendimiento de los productores contra el rinde teórico potencial, y 3) mejoras de infraestructura y reducción en los costos logísticos.

Claro que para definir escenarios primero hay que definir rendimientos o tipos de rendimiento. En este caso, el trabajo de la Bolsa considera cuatro. El mayor rinde es el “potencial”, el máximo alcanzable sin limitantes de agua, nutrientes, fitosanitarios y enfermedades. Al potencial le sigue el rinde “obtenible”, máximo rinde alcanzable bajo condiciones de escasez de agua, es decir en agricultura de secano. Debajo de este último se consideran dos instancias: el “mejor rinde sin irrigación” y el “rinde promedio sin irrigación”.

Hasta ahora lo que sabemos es que durante la segunda mitad del siglo XX los rendimientos promedio de cultivos extensivos han aumentado de forma significativa. El principal factor detrás de este crecimiento en los rindes se explica por la extensión en la aplicación de variedades de trigo, maíz y soja con mayor adaptación a ambientes restrictivos y mejor comportamiento frente a plagas y enfermedades, capaces de alcanzar elevados rendimientos por medio del uso de fertilizantes y fitosanitarios.
Las estadísticas demuestran que los productores argentinos, en promedio, registran rindes entre los más elevados del mundo. No obstante, existe una gran heterogeneidad en la performance entre productores a nivel regional. 

Entonces es momento de ver qué pasa cuando contraponemos lo que ya sabemos, lo que hemos tenido en los últimos años y lo que puede seguir sucediendo si nada cambia, contra lo que podríamos definir como nuevos escenarios. ¿Es posible que la producción crezca todavía más y a mayor ritmo? La respuesta, total y absoluta, es sí.

Según la BCBA, en nuestro país las mejoras en los sistemas de producción se dieron tanto en insumos como en procesos, por el uso de fertilizantes, fitosanitarios y biotecnología; como así también por la rotación de cultivos y la siembra directa, entre otros aspectos. Según el Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA), existen marcadas diferencias en la utilización de estas tecnologías por parte de los productores en cada una de las regiones del país, lo que explica la existencia de brechas de rendimiento, las cuales pueden registrar diferencias de rindes de entre un 17% y un 32% entre aquellos productores que aplican paquetes tecnológicos altos y los que utilizan paquetes tecnológicos bajos.

En este marco, se consideró como primer escenario uno en el cual los productores más rezagados en materia tecnológica registran una convergencia con aquellos productores más avanzados. El resultado demuestra que con mayor inversión en tecnología, la brecha de rendimiento se puede acortar, y esto llevaría a una mayor productividad promedio explicada por el crecimiento de aquellos que antes producían menos.

Otro de los análisis que realiza la bolsa porteña en su trabajo sobre el potencial productivo de nuestro país se basa en la cuestión logística y de infraestructura. Según la entidad, además de contar con una importante dotación de recursos naturales, la Argentina también registra ventajas relativas contra sus competidores en materia logística. Esto es así ya que la mayor parte de la producción granaria del país se da en zonas con una distancia al puerto menor a 300 kilómetros, mientras que en Estados Unidos y en Brasil las distancias entre sus principales zonas de producción y los puertos de exportación superan los 1.500 y 1.900 kilómetros respectivamente.

De todas maneras, pese a esta ventaja geográfica la Argentina ha perdido competitividad en los últimos años a raíz del fuerte incremento de los costos logísticos. Según datos privados, entre 2001 y 2012 los costos logísticos se incrementaron un 156% en dólares. Una suba demasiado alta para un sector que tiene tanto peso en la estructura final de costos de las cadenas agroindustriales. 

Entonces, ¿qué podría pasar si se tomaran las decisiones correctas y esto se modificara? El resultado sería el mismo que con la aplicación de tecnología. El productor vería aumentada su rentabilidad y en consecuencia podría incrementar sus volúmenes de producción. De esta manera, si se lograra reducir los costos medidos en dólares sobre tonelada transportada a los mismos niveles que tienen países como Estados Unidos o Australia, el impacto sobre el ingreso de los productores sería muy significativo. “En ese escenario se observaría una reducción en los costos logísticos en sorgo de 10 dólares, en trigo de 15, en maíz de 16, en girasol de 20, en cebada de 22 y en soja de 29 dólares. 

Pero no solo el productor se beneficiaría con este nuevo escenario de baja en los costos logísticos, mejorar la eficiencia de las cadenas logísticas beneficia a las exportaciones y el crecimiento de la economía en su conjunto.

Conclusiones

Como ya ha quedado claro, la Argentina cuenta con una posición privilegiada como proveedor de alimentos y materias primas de origen vegetal y animal a nivel mundial gracias a sus ventajas competitivas en materia de disponibilidad de suelos, factores climáticos y capacidad empresaria.

Condiciones innatas que además se vieron beneficiadas en las últimas décadas por un contexto internacional favorable, con precios interesantes, con el desarrollo de los biocombustibles y con el crecimiento económico constante de los países asiáticos, especialmente China. 

Y esto seguramente no se terminará acá. En los próximos años nuestro país podrá seguir insertándose en las cadenas de valor del mundo a través de la agroindustria y su rol en la seguridad alimentaria mundial. Pero para que esto suceda de manera sostenible y eficiente es necesario el desarrollo de marcos institucionales que promuevan la inversión, la incorporación de tecnología y la inversión en infraestructura para desarrollar una industria competitiva e integrada al mundo. 

Si todo esto sucede, el mejor de los escenarios posibles nos marca que la Argentina tiene la capacidad de alcanzar los 200 millones de toneladas de granos para el año 2027. Si nada de esto sucede, el camino seguramente también será de crecimiento, pero bastante más lento y con muchos actores que se quedarán en el camino. 

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¿Hasta dónde puede llegar la producción argentina?

Todos aquellos que trabajamos en alguno de los ámbitos que se relacionan con el sector agropecuario sabemos que el agro argentino (y la industria que lo rodea) siempre puede dar más. Puede aumentar su volumen de producción, puede generar más y mejor empleo, puede asegurar el alimento para mayor cantidad de personas, puede incrementar el ingreso de divisas y de riqueza para el país, puede dinamizar la economía de más pueblos, etc., etc. Pero los que estamos en esto también sabemos que pese a las condiciones endógenas favorables que tiene el campo argentino, si no son acompañadas con las políticas, las decisiones y la generación de condiciones adecuadas, el sistema colapsa y el campo no logra cumplir con su potencial.

Si pensamos en lo que sucedió en las últimas décadas, el resultado es contundente y habla a las claras del potencial del agro. El sector agrícola argentino registró grandes transformaciones, con cambios estructurales y nuevas técnicas productivas que junto a la aplicación de tecnologías de punta generaron un salto de gran magnitud en las cantidades de granos producidos por nuestro país. De esta manera, en solo 25 años la producción de los tres principales cultivos (trigo, maíz y soja) pasó de 32 millones de toneladas (MT) a 112 MT, lo que representa un crecimiento anual promedio de 5,3% 

Pero por supuesto que esta realidad que atravesó el agro en los últimos 25 años también abre algunos interrogantes de cara al futuro. Especialmente el que hacíamos referencia al principio y que tiene que ver con cuál es el techo productivo que tiene nuestro país. Sobre esto hablaremos en la columna de hoy, y para ayudarnos en el análisis utilizaremos también un excelente estudio realizado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), que analiza justamente algunas variables en torno a este tema.

Escenarios posibles

En el afán de entender qué puede pasar con la producción agropecuaria argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estudió diferentes escenarios posibles. Por un lado el de la situación actual, con una continuidad en las actuales políticas y tendencias, y lo contrapuso con otros escenarios posibles donde se realizan cambios significativos al “status quo” actual. 

Esta utilización de diferentes escenarios busca aportar a la discusión poniendo la atención en distintos tipos de “shocks” que, independientemente de su probabilidad de ocurrencia, son relevantes para los actores del sector. De esta manera, la BCBA define tres áreas de trabajo: 1) las brechas de rendimiento observadas entre productores, 2) las brechas de rendimiento de los productores contra el rinde teórico potencial, y 3) mejoras de infraestructura y reducción en los costos logísticos.

Claro que para definir escenarios primero hay que definir rendimientos o tipos de rendimiento. En este caso, el trabajo de la Bolsa considera cuatro. El mayor rinde es el “potencial”, el máximo alcanzable sin limitantes de agua, nutrientes, fitosanitarios y enfermedades. Al potencial le sigue el rinde “obtenible”, máximo rinde alcanzable bajo condiciones de escasez de agua, es decir en agricultura de secano. Debajo de este último se consideran dos instancias: el “mejor rinde sin irrigación” y el “rinde promedio sin irrigación”.

Hasta ahora lo que sabemos es que durante la segunda mitad del siglo XX los rendimientos promedio de cultivos extensivos han aumentado de forma significativa. El principal factor detrás de este crecimiento en los rindes se explica por la extensión en la aplicación de variedades de trigo, maíz y soja con mayor adaptación a ambientes restrictivos y mejor comportamiento frente a plagas y enfermedades, capaces de alcanzar elevados rendimientos por medio del uso de fertilizantes y fitosanitarios.
Las estadísticas demuestran que los productores argentinos, en promedio, registran rindes entre los más elevados del mundo. No obstante, existe una gran heterogeneidad en la performance entre productores a nivel regional. 

Entonces es momento de ver qué pasa cuando contraponemos lo que ya sabemos, lo que hemos tenido en los últimos años y lo que puede seguir sucediendo si nada cambia, contra lo que podríamos definir como nuevos escenarios. ¿Es posible que la producción crezca todavía más y a mayor ritmo? La respuesta, total y absoluta, es sí.

Según la BCBA, en nuestro país las mejoras en los sistemas de producción se dieron tanto en insumos como en procesos, por el uso de fertilizantes, fitosanitarios y biotecnología; como así también por la rotación de cultivos y la siembra directa, entre otros aspectos. Según el Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA), existen marcadas diferencias en la utilización de estas tecnologías por parte de los productores en cada una de las regiones del país, lo que explica la existencia de brechas de rendimiento, las cuales pueden registrar diferencias de rindes de entre un 17% y un 32% entre aquellos productores que aplican paquetes tecnológicos altos y los que utilizan paquetes tecnológicos bajos.

En este marco, se consideró como primer escenario uno en el cual los productores más rezagados en materia tecnológica registran una convergencia con aquellos productores más avanzados. El resultado demuestra que con mayor inversión en tecnología, la brecha de rendimiento se puede acortar, y esto llevaría a una mayor productividad promedio explicada por el crecimiento de aquellos que antes producían menos.

Otro de los análisis que realiza la bolsa porteña en su trabajo sobre el potencial productivo de nuestro país se basa en la cuestión logística y de infraestructura. Según la entidad, además de contar con una importante dotación de recursos naturales, la Argentina también registra ventajas relativas contra sus competidores en materia logística. Esto es así ya que la mayor parte de la producción granaria del país se da en zonas con una distancia al puerto menor a 300 kilómetros, mientras que en Estados Unidos y en Brasil las distancias entre sus principales zonas de producción y los puertos de exportación superan los 1.500 y 1.900 kilómetros respectivamente.

De todas maneras, pese a esta ventaja geográfica la Argentina ha perdido competitividad en los últimos años a raíz del fuerte incremento de los costos logísticos. Según datos privados, entre 2001 y 2012 los costos logísticos se incrementaron un 156% en dólares. Una suba demasiado alta para un sector que tiene tanto peso en la estructura final de costos de las cadenas agroindustriales. 

Entonces, ¿qué podría pasar si se tomaran las decisiones correctas y esto se modificara? El resultado sería el mismo que con la aplicación de tecnología. El productor vería aumentada su rentabilidad y en consecuencia podría incrementar sus volúmenes de producción. De esta manera, si se lograra reducir los costos medidos en dólares sobre tonelada transportada a los mismos niveles que tienen países como Estados Unidos o Australia, el impacto sobre el ingreso de los productores sería muy significativo. “En ese escenario se observaría una reducción en los costos logísticos en sorgo de 10 dólares, en trigo de 15, en maíz de 16, en girasol de 20, en cebada de 22 y en soja de 29 dólares. 

Pero no solo el productor se beneficiaría con este nuevo escenario de baja en los costos logísticos, mejorar la eficiencia de las cadenas logísticas beneficia a las exportaciones y el crecimiento de la economía en su conjunto.

Conclusiones

Como ya ha quedado claro, la Argentina cuenta con una posición privilegiada como proveedor de alimentos y materias primas de origen vegetal y animal a nivel mundial gracias a sus ventajas competitivas en materia de disponibilidad de suelos, factores climáticos y capacidad empresaria.

Condiciones innatas que además se vieron beneficiadas en las últimas décadas por un contexto internacional favorable, con precios interesantes, con el desarrollo de los biocombustibles y con el crecimiento económico constante de los países asiáticos, especialmente China. 

Y esto seguramente no se terminará acá. En los próximos años nuestro país podrá seguir insertándose en las cadenas de valor del mundo a través de la agroindustria y su rol en la seguridad alimentaria mundial. Pero para que esto suceda de manera sostenible y eficiente es necesario el desarrollo de marcos institucionales que promuevan la inversión, la incorporación de tecnología y la inversión en infraestructura para desarrollar una industria competitiva e integrada al mundo. 

Si todo esto sucede, el mejor de los escenarios posibles nos marca que la Argentina tiene la capacidad de alcanzar los 200 millones de toneladas de granos para el año 2027. Si nada de esto sucede, el camino seguramente también será de crecimiento, pero bastante más lento y con muchos actores que se quedarán en el camino. 

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