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Crece el temor de que haya más pérdidas económicas

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Crece el temor de que haya más pérdidas económicas

Nicolás Razzetti

En mayo, el precio de la carne vacuna tuvo un muy leve retraso que da cuenta de la pérdida del poder de compra del consumo, aún cuando la producción cayó, y todavía más la oferta medida por habitante y por año, que se redujo a 50 kilos por el impulso que tienen las exportaciones.

El dato oficial dice que en abril se produjeron 238 mil toneladas, de las cuales 56.440 se exportaron, lo que indica el nivel más alto de envíos al extranjero de los últimos siete meses. Y también da cuenta de la creciente demanda, especialmente de China, que ya no lleva solo cortes baratos de vaca.

Así, el consumo interno se quedó con solo 183 mil toneladas, que dieron un promedio por persona de 50 kilos por habitante y por año. Se trata de un nivel bajo, pero la crisis es tal, a lo que hay que sumar la creciente oferta de sustitutos, que no permite una reacción mayor del precio tras las subas del verano.

En lo que va del año, el consumo promedio es de 51 kilos, 13% menos que en los primeros cuatro meses del año pasado. En un contexto de menos oferta y producción, con una caída en torno al 5%, la oferta para la demanda interna fue lo que más se retrajo debido a la fuerte salida exportadora, que en abril significó casi el 24% del total. Y todo indica que habría sido igual o superior en mayo, aunque faltan unos días para tener cómputos de ese mes.

Pese a la baja oferta de carne para el mercado local, los precios no reaccionaron. El informe mensual del Ipcva indica que en mayo hubo una leve caída de 0,3% en los valores que promedian los diferentes cortes vacunos en más de 200 bocas de venta de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, donde se define la mayor parte del consumo del país. De todos modos, en la comparación interanual el precio de la especie vacuna aumentó 64% y el pollo más de 97%. Todavía sigue por encima de la inflación, aunque con tendencia al recorte de esa brecha.

Los valores en la góndola también se frenaron, el consumo marcó su límite aún cuando la oferta es chica para los niveles históricos de la Argentina. Ese freno en el precio agarra a toda la cadena, incluyendo a carniceros y frigoríficos, con mayores costos. Hay que tener en cuenta los salariales, los alquileres,  la energía y el flete, todas variables que no se pueden controlar, excepto el precio de la hacienda.

La falta de reacción del gordo complica y preocupa a los feedloteros, que a su vez ven cada día al maíz, principal insumo de la dieta, pegar nuevos saltos por la crisis climática que afecta a la producción en Estados Unidos.

Hace pocas semanas la Cámara de Feedlot había informado una rentabilidad sectorial de $1.500 por animal, tomando como referencia los valores del ganado para faena, de invernada y el alimento que había en el inicio de mayo. Pero a partir de ahí todo cambió, las noticias que comenzaron a llegar desde Estados Unidos daban cuenta de continuos retrasos en la siembra de maíz y de soja, lo que revirtió la tendencia bajista del mercado granario. Un alivio para los agricultores locales, una pesadilla para los que engordan hacienda.

Cuando los feedloteros hicieron ese cálculo, que parecía devolver optimismo al sector, el maíz cotizaba entre $5.000 y $5.500, para luego saltar a los $7.000 de mediados de esta semana, lo que significa un incremento entre puntas de 40% en un insumo clave cuya cotización por ahora no tiene condicionantes bajistas.

A eso se agrega la incertidumbre local, tanto macroeconómica como política, y una está ligada a la otra. Eso podría empujar a los agricultores argentinos a moderar las ventas, lo que le pondría más presión a los que transforman el maíz en carne. En definitiva, una buena cosecha no significa más oferta. Además, si el precio del dólar aumenta, como esperan algunos economistas que suceda a medida que nos acerquemos a las elecciones, el costo de la alimentación y por lo tanto el kilo producido también se elevarán. Eso exige repensar la actividad del engorde, al menos para el que puede. Ante este escenario algunos engordadores que cuentan con pasto prefieren vaciar todo lo que se pueda los corrales y tener la hacienda en procesos de recría para salir con ganado terminado lo más tarde posible. Algunos incluso planean la salida para el verano que viene.

En 2018 hubo un proceso de fuerte descapitalización de los feedloteros, que con el ingreso que obtuvieron por la venta de gordo no pudieron recomprar invernada. La reposición fue mucho menor y eso se reflejó en los índices de encierre de hacienda por el negativo diferencial de compra – venta, pero ahora a eso se suma la suba de costos, entre los que se destacan los gastos de estructura como es el caso de la electricidad, que tuvo incrementos de hasta 500% en tal solo tres años, los salariales o el flete por el impulso que dio este gobierno a las naftas. Según estudios de la Cámara de Feedlot, los costos de comercialización eran de $1.400 por animal, lo que significaba entonces el 6,5% del precio de venta de un ejemplar liviano, porcentaje que aumentó por la inflación y la subas de los combustibles.

De acuerdo a las últimas estimaciones de los feedloteros, con los valores recientes del maíz el costo de hacer un kilo en el corral de una novillito liviano (ex ternero) es de $60/62, en el novillito mediano de $65 y en el caso de un novillo, de $70. En función de los precios del ganado en el Mercado de Liniers, con esos valores solo habría renta en la terminación de hacienda liviana y el número daría negativo en el novillo. La compensación vendría por el lado de la recría pastoril, que con suplementación tiene un costo en torno a los $45, siempre de acuerdo a esas estimaciones y dependiendo de las zonas y oportunidades comerciales. En definitiva, la no actualización del precio del gordo en los últimos dos meses y costos en alza llevan a que los feedlots no puedan pagar más por la invernada, que una vez más termina siendo la variable de ajuste del sistema.

En este esquema crece la incertidumbre respecto del resultado económico productivo para este año y sobre todo de cómo dará la cuenta cuando los engordadores salgan con la hacienda de los corrales. Eso obliga a repensar las estrategias productivas y por eso muchos apuntan a sumar recría a la espera de un panorama político y económico menos confuso antes de ingresar hacienda en los corrales, con lo costosa que es la terminación en estos momentos en los cuales no paga bien el consumo pero tampoco la exportación abona lo suficiente como para incentivar la producción de novillos pese a los crecientes volúmenes embarcados.

 

Más exportaciones a China

Fiebre porcina de por medio, China puso en vigencia el protocolo sanitario para importar carne con hueso y cortes enfriados. La demanda asiática no tiene límites a la vista y recalienta el mercado mundial de carnes. Uno de los mayores exportadores de carne vacuna del país nos decía pocos días atrás: “La suba del precio es de entre 15% y 25% dependiendo del corte que se exporte y del tipo de animal del que proceda. Hay un mayor interés chino por el producto, pero la oferta no puede reaccionar al mismo ritmo”.

La enfermedad se expande y por ahora no hay cura y de acuerdo con diferentes estimaciones se espera una caída en la producción china de carne de cerdos de 12-15 millones de toneladas, es decir, de cerca del 25/28% de su producción nacional. Hay que tener en cuenta que el comercio mundial en 2018 fue de 10 millones de toneladas. Según el analista Ignacio Iriarte, “en China se consume hoy mucho menos cerdo por el temor a la enfermedad y por las escenas dramáticas que se difunden por TV y por las redes sociales de matanzas masivas de cerdos. La enorme demanda insatisfecha por carne se desplaza al pollo, al pescado de pileta, a los huevos y a la carne vacuna importada. El problema es que el faltante que se está dando en China -sin incluir el de los otros países donde avanza el virus- podrían compensarlo solo de manera parcial  países exportadores como Australia, Argentina, Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea. Todos juntos, y de-satendiendo a otros mercados, solo podrían abastecer la tercera o la cuarta parte del faltante chino de carne”. Esa tensión entre una demanda creciente y una oferta que no puede dar respuesta a las exigencias de la población china está llevando a la suba de los valores.

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Crece el temor de que haya más pérdidas económicas

En mayo, el precio de la carne vacuna tuvo un muy leve retraso que da cuenta de la pérdida del poder de compra del consumo, aún cuando la producción cayó, y todavía más la oferta medida por habitante y por año, que se redujo a 50 kilos por el impulso que tienen las exportaciones.

El dato oficial dice que en abril se produjeron 238 mil toneladas, de las cuales 56.440 se exportaron, lo que indica el nivel más alto de envíos al extranjero de los últimos siete meses. Y también da cuenta de la creciente demanda, especialmente de China, que ya no lleva solo cortes baratos de vaca.

Así, el consumo interno se quedó con solo 183 mil toneladas, que dieron un promedio por persona de 50 kilos por habitante y por año. Se trata de un nivel bajo, pero la crisis es tal, a lo que hay que sumar la creciente oferta de sustitutos, que no permite una reacción mayor del precio tras las subas del verano.

En lo que va del año, el consumo promedio es de 51 kilos, 13% menos que en los primeros cuatro meses del año pasado. En un contexto de menos oferta y producción, con una caída en torno al 5%, la oferta para la demanda interna fue lo que más se retrajo debido a la fuerte salida exportadora, que en abril significó casi el 24% del total. Y todo indica que habría sido igual o superior en mayo, aunque faltan unos días para tener cómputos de ese mes.

Pese a la baja oferta de carne para el mercado local, los precios no reaccionaron. El informe mensual del Ipcva indica que en mayo hubo una leve caída de 0,3% en los valores que promedian los diferentes cortes vacunos en más de 200 bocas de venta de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, donde se define la mayor parte del consumo del país. De todos modos, en la comparación interanual el precio de la especie vacuna aumentó 64% y el pollo más de 97%. Todavía sigue por encima de la inflación, aunque con tendencia al recorte de esa brecha.

Los valores en la góndola también se frenaron, el consumo marcó su límite aún cuando la oferta es chica para los niveles históricos de la Argentina. Ese freno en el precio agarra a toda la cadena, incluyendo a carniceros y frigoríficos, con mayores costos. Hay que tener en cuenta los salariales, los alquileres,  la energía y el flete, todas variables que no se pueden controlar, excepto el precio de la hacienda.

La falta de reacción del gordo complica y preocupa a los feedloteros, que a su vez ven cada día al maíz, principal insumo de la dieta, pegar nuevos saltos por la crisis climática que afecta a la producción en Estados Unidos.

Hace pocas semanas la Cámara de Feedlot había informado una rentabilidad sectorial de $1.500 por animal, tomando como referencia los valores del ganado para faena, de invernada y el alimento que había en el inicio de mayo. Pero a partir de ahí todo cambió, las noticias que comenzaron a llegar desde Estados Unidos daban cuenta de continuos retrasos en la siembra de maíz y de soja, lo que revirtió la tendencia bajista del mercado granario. Un alivio para los agricultores locales, una pesadilla para los que engordan hacienda.

Cuando los feedloteros hicieron ese cálculo, que parecía devolver optimismo al sector, el maíz cotizaba entre $5.000 y $5.500, para luego saltar a los $7.000 de mediados de esta semana, lo que significa un incremento entre puntas de 40% en un insumo clave cuya cotización por ahora no tiene condicionantes bajistas.

A eso se agrega la incertidumbre local, tanto macroeconómica como política, y una está ligada a la otra. Eso podría empujar a los agricultores argentinos a moderar las ventas, lo que le pondría más presión a los que transforman el maíz en carne. En definitiva, una buena cosecha no significa más oferta. Además, si el precio del dólar aumenta, como esperan algunos economistas que suceda a medida que nos acerquemos a las elecciones, el costo de la alimentación y por lo tanto el kilo producido también se elevarán. Eso exige repensar la actividad del engorde, al menos para el que puede. Ante este escenario algunos engordadores que cuentan con pasto prefieren vaciar todo lo que se pueda los corrales y tener la hacienda en procesos de recría para salir con ganado terminado lo más tarde posible. Algunos incluso planean la salida para el verano que viene.

En 2018 hubo un proceso de fuerte descapitalización de los feedloteros, que con el ingreso que obtuvieron por la venta de gordo no pudieron recomprar invernada. La reposición fue mucho menor y eso se reflejó en los índices de encierre de hacienda por el negativo diferencial de compra – venta, pero ahora a eso se suma la suba de costos, entre los que se destacan los gastos de estructura como es el caso de la electricidad, que tuvo incrementos de hasta 500% en tal solo tres años, los salariales o el flete por el impulso que dio este gobierno a las naftas. Según estudios de la Cámara de Feedlot, los costos de comercialización eran de $1.400 por animal, lo que significaba entonces el 6,5% del precio de venta de un ejemplar liviano, porcentaje que aumentó por la inflación y la subas de los combustibles.

De acuerdo a las últimas estimaciones de los feedloteros, con los valores recientes del maíz el costo de hacer un kilo en el corral de una novillito liviano (ex ternero) es de $60/62, en el novillito mediano de $65 y en el caso de un novillo, de $70. En función de los precios del ganado en el Mercado de Liniers, con esos valores solo habría renta en la terminación de hacienda liviana y el número daría negativo en el novillo. La compensación vendría por el lado de la recría pastoril, que con suplementación tiene un costo en torno a los $45, siempre de acuerdo a esas estimaciones y dependiendo de las zonas y oportunidades comerciales. En definitiva, la no actualización del precio del gordo en los últimos dos meses y costos en alza llevan a que los feedlots no puedan pagar más por la invernada, que una vez más termina siendo la variable de ajuste del sistema.

En este esquema crece la incertidumbre respecto del resultado económico productivo para este año y sobre todo de cómo dará la cuenta cuando los engordadores salgan con la hacienda de los corrales. Eso obliga a repensar las estrategias productivas y por eso muchos apuntan a sumar recría a la espera de un panorama político y económico menos confuso antes de ingresar hacienda en los corrales, con lo costosa que es la terminación en estos momentos en los cuales no paga bien el consumo pero tampoco la exportación abona lo suficiente como para incentivar la producción de novillos pese a los crecientes volúmenes embarcados.

 

Más exportaciones a China

Fiebre porcina de por medio, China puso en vigencia el protocolo sanitario para importar carne con hueso y cortes enfriados. La demanda asiática no tiene límites a la vista y recalienta el mercado mundial de carnes. Uno de los mayores exportadores de carne vacuna del país nos decía pocos días atrás: “La suba del precio es de entre 15% y 25% dependiendo del corte que se exporte y del tipo de animal del que proceda. Hay un mayor interés chino por el producto, pero la oferta no puede reaccionar al mismo ritmo”.

La enfermedad se expande y por ahora no hay cura y de acuerdo con diferentes estimaciones se espera una caída en la producción china de carne de cerdos de 12-15 millones de toneladas, es decir, de cerca del 25/28% de su producción nacional. Hay que tener en cuenta que el comercio mundial en 2018 fue de 10 millones de toneladas. Según el analista Ignacio Iriarte, “en China se consume hoy mucho menos cerdo por el temor a la enfermedad y por las escenas dramáticas que se difunden por TV y por las redes sociales de matanzas masivas de cerdos. La enorme demanda insatisfecha por carne se desplaza al pollo, al pescado de pileta, a los huevos y a la carne vacuna importada. El problema es que el faltante que se está dando en China -sin incluir el de los otros países donde avanza el virus- podrían compensarlo solo de manera parcial  países exportadores como Australia, Argentina, Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea. Todos juntos, y de-satendiendo a otros mercados, solo podrían abastecer la tercera o la cuarta parte del faltante chino de carne”. Esa tensión entre una demanda creciente y una oferta que no puede dar respuesta a las exigencias de la población china está llevando a la suba de los valores.

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