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Las decisiones literarias

Miguel Garro

María José Lucero Belgrano nació en San Luis y llegó a lo más alto del mercado editorial argentino. Hace un año es jefa de contenidos de Kapelusz, una de las compañías de mayor injerencia en el ámbito educativo.

A los ocho años, cuando ya ganaba concursos de poesía en San Luis, María José Lucero Belgrano decidió que cuando fuera grande se iba a radicar en Buenos Aires. Sentía, a esa edad en la que la mayoría de las chicas juega con las muñecas, que la ciudad que visitaba cada tanto con su abuelo contendría sus inquietudes.

La cuestión es que “Jojó” –como la llaman en su familia- no tenía todavía en claro hacía dónde iban esas inquietudes. “Sabía –recuerda la joven sentada en un bar de Palermo, donde charló con Cooltura que estaban por el lado de la literatura, pero no me animaba a asegurar concretamente en cuál de todas las aristas posibles”.

Ahora, luego de ocupar diversos puestos jerárquicos en editoriales porteñas, María José es jefa editorial de contenidos de Kapelusz, una de las compañías líderes en la generación de materiales educativos. O sea, está adentro de las grandes ligas del mercado nacional.

 

Su primer trabajo fue en la editorial "La marca", donde trabajó con Gustavo Romero Borri.

 

Para empezar su paso por Buenos Aires, María José estudió Filosofía en la UBA, una carrera que le permitía combinar su amor por las letras y por el conocimiento. En plena crisis del 2001 se enteró que en la misma facultad estaba hacía relativamente poco la carrera de Edición, que solo se dictaba en universidades de Barcelona, Alemania y Río de Janeiro. Allí encontró su verdadera vocación.

“Cuando descubrí qué es lo que hace un editor, la relación que tiene con el trabajo literario, entendí que esa era exactamente la conexión que quería tener con la literatura”, sostiene la joven que suma a esa plenitud laboral el hecho de estar viviendo en la ciudad de la que se había enamorado cuando niña. Antes de terminar la secundaria en la escuela Normal Mixta y de radicarse inmediatamente en la capital, “Jojó” tuvo una vida signada por el ritmo puntano. Vivió en varias casas pero la que más recuerda es una de Lavalle y avenida Perón (que por entonces se llamaba Sucre) rodeada de libros que les llegaban de sus padres y de sus abuelos.

“Amo mi provincia y cada vez que vuelvo me encanta pasar el tiempo con mi familia o en el campo. Además estoy muy al tanto del ambiente literario de San Luis aunque me gustaría conocer a otros autores puntanos”, dijo la joven, quien es la responsable ideológica de “Mundo Agüero”, la editorial que rescató del olvido las obras de Antonio Esteban Agüero.

El amor por la literatura se originó en su familia que tiene un representante ilustre: “Jojó” es sobrina de Eduardo Belgrano Rawson, uno de los pocos escritores nacidos en San Luis que logró armar un nombre y una carrera a nivel nacional. También María José atribuye su vinculación con las letras a Alita Cali, su maestra de cuarto grado que siempre la incentivó a escribir. Finalmente, otro actor que hizo mucho para que la por entonces nena se dedicara a la poesía fue Felipe Anello, el dueño de la librería más tradicional de la ciudad, quien organizaba los concursos para chicos que “Jojó” ganaba con frecuencia.

“Era un honor para mí ser condecorada con ese premio, pero me moría de vergüenza cuando lo anunciaban”, recuerda la editora.

 

 

La actualidad

En los 20 años que Lucero Belgrano lleva en Buenos Aires tuvo poco tiempo libre. La indicación inversa es que siempre estuvo ocupada. Su primer trabajo fue en la editorial “La marca”, donde casualmente trabajó con otro puntano que logró traspasar las fronteras literarias de la provincia. Gustavo Romero Borri le pidió que editara “Ecce puer”, el libro con el que se abrió paso en el mercado nacional.

“Yo había hecho los talleres literarios que Gustavo dictaba en San Luis y fue un honor que me eligiera para hacer ese trabajo. Gracias a eso dimensioné cómo era el mundo editorial en Buenos Aires”, sostiene María José.

Luego “Jojó” pasó por editorial Atlántida, un monstruo del mercado que le encomendó los contenidos infantiles y, sin querer, le marcó el camino en adelante. Lucero Belgrano reconoció que gracias a esa tarea descubrió que lo suyo era la relación entre la literatura y la educación.

Tras pasar por “El gato de hojalata”, “Vértice” y “Puerto de palos”, tres editoriales en las que reforzó esa relación, la puntana empezó a armar su perfil de trabajo, algo que le permitió definir sin fisuras cuál es su tarea actual: “El desafío es hacer nuevos productos, que se puedan vender, que sean atractivos y que tengan valor en su contenido”.

“Jojó” tuvo la suerte de que cada vez que la llamaron de otra editorial fue para proponerle un puesto mejor, un desafío mayor. Y la convocatoria de Kapelusz era un ejemplo claro. Su primer objetivo era mejorar los contenidos del Primer ciclo. “Era todo nuevo porque la renovación de los trabajos es año a año; no hay vida de los textos por dos o tres años. La exigencia era tener un mejor producto todo el tiempo”. Las producciones que dirige Lucero Belgrano tienen que ser originales para diferenciarse de las seis editoriales que se dedican a contenidos educativos en el país.

“Tenemos que estar atentos a la currícula, al mercado, a la competencia, a los nuevos enfoques, a las inquietudes de los chicos, pero sobre todo a las de los docentes y los directivos; ese es nuestro público”.

Ante las nuevas formas de trabajo, María José tiene una máxima que resume su tarea: “No pensamos en libros, pensamos en contenidos educativos”. Eso quiere decir que Kapelusz presentará todos los años un personaje central (en 2019 es El pollo Goyo), que tendrá su historia, su títere, su canción, su página web, todos elementos que reemplazan al viejo manual y que “Jojó” tiene a su cargo.

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Las decisiones literarias

María José Lucero Belgrano nació en San Luis y llegó a lo más alto del mercado editorial argentino. Hace un año es jefa de contenidos de Kapelusz, una de las compañías de mayor injerencia en el ámbito educativo.

A los ocho años, cuando ya ganaba concursos de poesía en San Luis, María José Lucero Belgrano decidió que cuando fuera grande se iba a radicar en Buenos Aires. Sentía, a esa edad en la que la mayoría de las chicas juega con las muñecas, que la ciudad que visitaba cada tanto con su abuelo contendría sus inquietudes.

La cuestión es que “Jojó” –como la llaman en su familia- no tenía todavía en claro hacía dónde iban esas inquietudes. “Sabía –recuerda la joven sentada en un bar de Palermo, donde charló con Cooltura que estaban por el lado de la literatura, pero no me animaba a asegurar concretamente en cuál de todas las aristas posibles”.

Ahora, luego de ocupar diversos puestos jerárquicos en editoriales porteñas, María José es jefa editorial de contenidos de Kapelusz, una de las compañías líderes en la generación de materiales educativos. O sea, está adentro de las grandes ligas del mercado nacional.

 

Su primer trabajo fue en la editorial "La marca", donde trabajó con Gustavo Romero Borri.

 

Para empezar su paso por Buenos Aires, María José estudió Filosofía en la UBA, una carrera que le permitía combinar su amor por las letras y por el conocimiento. En plena crisis del 2001 se enteró que en la misma facultad estaba hacía relativamente poco la carrera de Edición, que solo se dictaba en universidades de Barcelona, Alemania y Río de Janeiro. Allí encontró su verdadera vocación.

“Cuando descubrí qué es lo que hace un editor, la relación que tiene con el trabajo literario, entendí que esa era exactamente la conexión que quería tener con la literatura”, sostiene la joven que suma a esa plenitud laboral el hecho de estar viviendo en la ciudad de la que se había enamorado cuando niña. Antes de terminar la secundaria en la escuela Normal Mixta y de radicarse inmediatamente en la capital, “Jojó” tuvo una vida signada por el ritmo puntano. Vivió en varias casas pero la que más recuerda es una de Lavalle y avenida Perón (que por entonces se llamaba Sucre) rodeada de libros que les llegaban de sus padres y de sus abuelos.

“Amo mi provincia y cada vez que vuelvo me encanta pasar el tiempo con mi familia o en el campo. Además estoy muy al tanto del ambiente literario de San Luis aunque me gustaría conocer a otros autores puntanos”, dijo la joven, quien es la responsable ideológica de “Mundo Agüero”, la editorial que rescató del olvido las obras de Antonio Esteban Agüero.

El amor por la literatura se originó en su familia que tiene un representante ilustre: “Jojó” es sobrina de Eduardo Belgrano Rawson, uno de los pocos escritores nacidos en San Luis que logró armar un nombre y una carrera a nivel nacional. También María José atribuye su vinculación con las letras a Alita Cali, su maestra de cuarto grado que siempre la incentivó a escribir. Finalmente, otro actor que hizo mucho para que la por entonces nena se dedicara a la poesía fue Felipe Anello, el dueño de la librería más tradicional de la ciudad, quien organizaba los concursos para chicos que “Jojó” ganaba con frecuencia.

“Era un honor para mí ser condecorada con ese premio, pero me moría de vergüenza cuando lo anunciaban”, recuerda la editora.

 

 

La actualidad

En los 20 años que Lucero Belgrano lleva en Buenos Aires tuvo poco tiempo libre. La indicación inversa es que siempre estuvo ocupada. Su primer trabajo fue en la editorial “La marca”, donde casualmente trabajó con otro puntano que logró traspasar las fronteras literarias de la provincia. Gustavo Romero Borri le pidió que editara “Ecce puer”, el libro con el que se abrió paso en el mercado nacional.

“Yo había hecho los talleres literarios que Gustavo dictaba en San Luis y fue un honor que me eligiera para hacer ese trabajo. Gracias a eso dimensioné cómo era el mundo editorial en Buenos Aires”, sostiene María José.

Luego “Jojó” pasó por editorial Atlántida, un monstruo del mercado que le encomendó los contenidos infantiles y, sin querer, le marcó el camino en adelante. Lucero Belgrano reconoció que gracias a esa tarea descubrió que lo suyo era la relación entre la literatura y la educación.

Tras pasar por “El gato de hojalata”, “Vértice” y “Puerto de palos”, tres editoriales en las que reforzó esa relación, la puntana empezó a armar su perfil de trabajo, algo que le permitió definir sin fisuras cuál es su tarea actual: “El desafío es hacer nuevos productos, que se puedan vender, que sean atractivos y que tengan valor en su contenido”.

“Jojó” tuvo la suerte de que cada vez que la llamaron de otra editorial fue para proponerle un puesto mejor, un desafío mayor. Y la convocatoria de Kapelusz era un ejemplo claro. Su primer objetivo era mejorar los contenidos del Primer ciclo. “Era todo nuevo porque la renovación de los trabajos es año a año; no hay vida de los textos por dos o tres años. La exigencia era tener un mejor producto todo el tiempo”. Las producciones que dirige Lucero Belgrano tienen que ser originales para diferenciarse de las seis editoriales que se dedican a contenidos educativos en el país.

“Tenemos que estar atentos a la currícula, al mercado, a la competencia, a los nuevos enfoques, a las inquietudes de los chicos, pero sobre todo a las de los docentes y los directivos; ese es nuestro público”.

Ante las nuevas formas de trabajo, María José tiene una máxima que resume su tarea: “No pensamos en libros, pensamos en contenidos educativos”. Eso quiere decir que Kapelusz presentará todos los años un personaje central (en 2019 es El pollo Goyo), que tendrá su historia, su títere, su canción, su página web, todos elementos que reemplazan al viejo manual y que “Jojó” tiene a su cargo.

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