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Lo importante, y la lucha por el sillón de Rivadavia

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Lo importante, y la lucha por el sillón de Rivadavia

Entre tantos disparos de información financiera conviene aferrarse a cierta objetiva precisión. El Banco Central de la República Argentina recopila estimaciones de una serie de consultoras privadas y publica información aceptablemente confiable y seria.

Con una tasa de 3% en mayo la inflación de los últimos 12 meses se elevó a 57%. La tasa esperada para todo 2019 es de 40,3%. En los cuatro años de gobierno de la Alianza Cambiemos terminaría entonces en un 252%. 

Los informes privados también ajustaron la estimación del Producto Bruto Interno, pero en sentido negativo, ahora esperan una caída de 1,5% para todo el año. La caída de la económica en los últimos cuatro años sería de 2,9%. 

Mientras que en lo que respecta a la proyección del tipo de cambio nominal los analistas esperan un valor promedio para junio de $45,8 por dólar, con un sendero creciente hasta alcanzar un valor en diciembre de 2019 de $51. De ser así, la suba en 2019 sería del 31%. Durante el gobierno del presidente Mauricio Macri el dólar partió de una cotización de $9,80 por dólar, con lo habría crecido cerca del 425%. Si se toma el dólar blue, se habría partido de $15 por dólar, con lo que el crecimiento sería de un 243%. 

Sin profundizar demasiado se observa que las cifras son elocuentes y evidencian un verdadero desastre económico y financiero. Y ya no se trata de comparar con las promesas electorales, este ejercicio, ya fue ampliamente reprobado por los actuales gobernantes. Se trata de varias correcciones del rumbo que han arrojado, de a una y en conjunto, un rotundo fracaso. Si de verdad esto fuera obra del equipo más exitoso de los últimos cincuenta años, el drama sería francamente grave. De cualquier modo lo es. Y tiene consecuencias directas e inmediatas: desempleo y pobreza. 

El desempleo afecta más a los jóvenes argentinos que a los adultos. Según datos del Indec, casi dos de diez jóvenes están desempleados (19,3%), mientras que incide sobre el 7,4% de la población en general. Es decir: la tasa de desempleo en los jóvenes más que duplica a la de la población adulta en general. La Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región. Por otra parte, el desempleo afecta más a los jóvenes que más necesitan trabajar: los provenientes de hogares de menores ingresos. Mientras el 26% de los jóvenes del quintil más bajo de ingresos es desempleado, solo el 9% de los jóvenes del quintil más alto está en esa situación. El 25% de las mujeres jóvenes están desempleadas frente al 15,4% de los varones.

A esto se suma la incidencia de la informalidad. En la Argentina el 34% de los trabajadores está en situación de informalidad, pero si se consideran solamente los trabajadores jóvenes, ese porcentaje asciende al 60%, es decir que seis de cada diez jóvenes que trabajan, lo hacen de forma precaria. Entonces, más allá del desempleo, entre los jóvenes, otro problema tanto o más serio es la informalidad, que se traduce en que a menudo ganan el salario mínimo o menos, trabajan por jornadas extendidas, en situaciones insalubres y sin protección social.

La pobreza en la infancia y adolescencia alcanzó en 2018 al 51,7%, la cifra más elevada de la década, indicó un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). El sondeo señaló que "en el último período interanual se incrementó la pobreza infantil en un 11,2%". En tanto, subrayó que el riesgo alimentario en la infancia se incrementó en el último período interanual, 2017-2018, en un 35 por ciento.

De cualquier modo para muchos medios de comunicación el único desvelo es la fórmula presidencial, y otros avatares electorales. Y la cuestión son nombres e intereses. Ni siquiera temas en los que la sociedad parece interesarse forman parte de la agenda de potenciales candidatos nacionales: nada se escucha de feminismo, ni del cuidado del medio ambiente.

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Lo importante, y la lucha por el sillón de Rivadavia

Entre tantos disparos de información financiera conviene aferrarse a cierta objetiva precisión. El Banco Central de la República Argentina recopila estimaciones de una serie de consultoras privadas y publica información aceptablemente confiable y seria.

Con una tasa de 3% en mayo la inflación de los últimos 12 meses se elevó a 57%. La tasa esperada para todo 2019 es de 40,3%. En los cuatro años de gobierno de la Alianza Cambiemos terminaría entonces en un 252%. 

Los informes privados también ajustaron la estimación del Producto Bruto Interno, pero en sentido negativo, ahora esperan una caída de 1,5% para todo el año. La caída de la económica en los últimos cuatro años sería de 2,9%. 

Mientras que en lo que respecta a la proyección del tipo de cambio nominal los analistas esperan un valor promedio para junio de $45,8 por dólar, con un sendero creciente hasta alcanzar un valor en diciembre de 2019 de $51. De ser así, la suba en 2019 sería del 31%. Durante el gobierno del presidente Mauricio Macri el dólar partió de una cotización de $9,80 por dólar, con lo habría crecido cerca del 425%. Si se toma el dólar blue, se habría partido de $15 por dólar, con lo que el crecimiento sería de un 243%. 

Sin profundizar demasiado se observa que las cifras son elocuentes y evidencian un verdadero desastre económico y financiero. Y ya no se trata de comparar con las promesas electorales, este ejercicio, ya fue ampliamente reprobado por los actuales gobernantes. Se trata de varias correcciones del rumbo que han arrojado, de a una y en conjunto, un rotundo fracaso. Si de verdad esto fuera obra del equipo más exitoso de los últimos cincuenta años, el drama sería francamente grave. De cualquier modo lo es. Y tiene consecuencias directas e inmediatas: desempleo y pobreza. 

El desempleo afecta más a los jóvenes argentinos que a los adultos. Según datos del Indec, casi dos de diez jóvenes están desempleados (19,3%), mientras que incide sobre el 7,4% de la población en general. Es decir: la tasa de desempleo en los jóvenes más que duplica a la de la población adulta en general. La Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región. Por otra parte, el desempleo afecta más a los jóvenes que más necesitan trabajar: los provenientes de hogares de menores ingresos. Mientras el 26% de los jóvenes del quintil más bajo de ingresos es desempleado, solo el 9% de los jóvenes del quintil más alto está en esa situación. El 25% de las mujeres jóvenes están desempleadas frente al 15,4% de los varones.

A esto se suma la incidencia de la informalidad. En la Argentina el 34% de los trabajadores está en situación de informalidad, pero si se consideran solamente los trabajadores jóvenes, ese porcentaje asciende al 60%, es decir que seis de cada diez jóvenes que trabajan, lo hacen de forma precaria. Entonces, más allá del desempleo, entre los jóvenes, otro problema tanto o más serio es la informalidad, que se traduce en que a menudo ganan el salario mínimo o menos, trabajan por jornadas extendidas, en situaciones insalubres y sin protección social.

La pobreza en la infancia y adolescencia alcanzó en 2018 al 51,7%, la cifra más elevada de la década, indicó un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). El sondeo señaló que "en el último período interanual se incrementó la pobreza infantil en un 11,2%". En tanto, subrayó que el riesgo alimentario en la infancia se incrementó en el último período interanual, 2017-2018, en un 35 por ciento.

De cualquier modo para muchos medios de comunicación el único desvelo es la fórmula presidencial, y otros avatares electorales. Y la cuestión son nombres e intereses. Ni siquiera temas en los que la sociedad parece interesarse forman parte de la agenda de potenciales candidatos nacionales: nada se escucha de feminismo, ni del cuidado del medio ambiente.

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