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La cosecha de soja está llegando a su fin en San Luis

Marcelo Dettoni

La revista El Campo compartió una jornada de recolección en Las Barranquitas, una zona castigada por el granizo. Con rindes algo desparejos, la oleaginosa sigue pisando fuerte.

Se acerca el final de la cosecha de soja en varias zonas de San Luis. Las máquinas trabajan contrarreloj para terminar de recolectar la oleaginosa, que tuvo una campaña con contrastes, porque por un lado fue un verano con lluvias generosas, muy distinto al de la campaña 2018/19 en el que una seca muy importante castigó sobre todo al este de la provincia, al Departamento Pedernera en su límite con Córdoba. Pero por otro, en regiones puntuales el granizo tuvo un efecto devastador sobre los cultivos.

Fue el caso de la zona serrana que va de Las Barranquitas hasta La Petra, en el corazón productivo del Departamento Pringles, que tiene campos muy productivos gracias a un clima en general benigno, con un buen régimen de precipitaciones y una amplitud térmica que permite evitar el estrés hídrico debido a sus noches frescas. Es una geografía ideal tanto para los cultivos de verano como para la ganadería, que encuentra ricas praderas para alimentarse sin sufrir los rigores del verano.

Hacia allí fue la revista El Campo para relevar un día de cosecha de soja, uno de los últimos, en Las Barranquitas. Para llegar hubo que dejar la ruta 9 que conduce a El Trapiche justo en la entrada al pueblito, que está custodiado por un arco revestido en piedra y con techo de paja, como hay en todos los ingresos a Estancia Grande, con la diferencia que este se yergue del otro lado del camino. El paisaje es acogedor, con el cordón serrano como custodio al oeste, donde el sol comienza a esconderse cada día más temprano en esta época del año.

 

El granizo es un asesino silencioso, que tomó franjas enteras del campo sin que en El Trapiche y El Volcán, las localidades más cercanas, se enteraran de su presencia.

 

Campos con distintas tonalidades de verde o de amarillo según la ocasión y el cultivo. Prosperan las vicias y alfalfas, pero es tiempo de soja y entonces el ocre suele ganar la partida de los colores, mientras el maíz espera su turno con plantas ya crecidas en altura. El movimiento de maquinarias y camiones es intenso en la zona, con muchos contratistas que van y vienen en busca de terminar el trabajo encomendado, ingenieros agrónomos que están en el momento clave para definir los rindes y dueños ansiosos por conocer los resultados del esfuerzo de tantos meses.

Por eso el ritmo es frenético de la mañana hasta bien entrada la tarde. Incluso cuando el sol ya es un recuerdo escondido detrás de las sierras, las cosechadoras encienden las luces y siguen recorriendo melgas en busca de los últimos granos de la oleaginosa, que sigue acumulando hectáreas a pesar de que es la presa más codiciada, y fácil, para un gobierno nacional ávido de divisas, que rompió sus promesas electorales y le volvió a implantar retenciones. Después de recorrer varios kilómetros por la tierra y bordear el caserío por la izquierda, llegamos al campo indicado en compañía del ingeniero agrónomo Ramiro Goncálvez, quien está a cargo de la campaña de granos gruesos en esos lotes irregulares, llenos de bajos y lomadas en los que se hace indispensable la ayuda de la agricultura de precisión para conocer exactamente qué se necesita en cada metro cultivado. Son unas 300 hectáreas con una vista privilegiada al piedemonte de Estancia Grande, ubicadas a unos 1.500 metros de altura respecto del nivel del mar.

 

Sistema Draper. Un cabezal con cintas transportadoras de goma de última tecnología.

 

Antes pasamos por un silo de autoconsumo donde comen con tranquilidad algunas vacas con una excelente condición corporal y por unos lotes de maíz que anticipan lo que veremos más adelante, que la piedra se ensañó con este rincón agrícola. El daño es grande, en el maíz, por la altura de las plantas, se nota aún más que en la soja.

 

El repaso final

Ya queda poco en pie porque la recolección está por terminar. La enorme cosechadora va repasando los últimos sectores, en los que junto con la soja entran algunos pastos que luego la propia máquina se va a encargar de separar para incorporar solo los granos de soja. La falta de espesura hace que se levanten remolinos de tierra al paso del gigante rojo. En un sector algo alejado espera la tolva, lista para recibir el fruto de la cosecha, ya limpio de "polvo y paja". Días atrás el emparejamiento de una máquina con la otra se hacía muy seguido porque había mucho por levantar, ahora tienen que pasar varios minutos para poder observar una descarga.

Se nota que el granizo se ensañó con esta zona. Hay muchas plantas rotas que yacen en el suelo, en el que todavía quedan restos del rastrojo de maíz de la campaña pasada, lo que habla de que allí se aplica una correcta rotación para no agotar los recursos de la superficie.

 

El 95 % de las 179.967 hectáreas de soja sembradas en San Luis ya fue cosechado. El rinde promedio se estableció en 22,2 quintales por hectárea, para una producción de 368.971 toneladas.

 

“Fueron tres eventos de granizo muy seguidos en febrero, cayó en franjas de 500 metros por 10 kilómetros, bien sectorizado. En El Volcán y en El Trapiche ni se enteraron que acá, en medio de los dos pueblos, la piedra arrasó con buena parte de los cultivos”, cuenta Goncálvez, quien mete la camioneta bien a lo profundo en el lote donde están cosechando.

Cuando llegamos, se baja y conversa primero con el conductor de la tolva. Al ratito llega la cosechadora, frena y el ingeniero se sube a cambiar opiniones e interiorizarse de cómo fue el día con Walter Roca, el joven contratista que está en la conducción de la máquina. “Por la piedra, mucha soja quedó muy bajita y no se puede recoger”, le dice Roca. Su interlocutor no se sorprende, conoce el paño y sabe que el final está resultado complicado por las inclemencias del tiempo. Una lástima, porque este año las lluvias fueron un aliado de la campaña gruesa, pero no se va a alcanzar el rinde proyectado por el granizo.


El equipo en la cancha. El ingeniero Ramiro Goncálvez (de rojo) y los contratistas.

 

“El rinde es irregular, vamos a esperar para tener los números finales. Tenemos lotes que van a dar hasta 35 quintales por hectárea y otros muy castigados que están arrojando 4 quintales. Tenemos un parámetro en el Valle del Conlara, algunos colegas me informaron que el promedio está en 24 quintales por hectárea en esa zona, que siempre tiene datos parecidos a los nuestros, quizás un poco por debajo pero este año vamos a ver. Creo que estaremos parejos”, reflexiona Goncálvez.

La siembra de soja en el campo de Las Barranquitas se realizó el 5 de noviembre del año pasado. La oleaginosa de primera insumió 450 mil semillas de la variedad 5258 de Nidera. El ingeniero agrónomo a cargo de la campaña utilizó 55 kilos de fosfato simple (SPS) y una sembradora a placa que trazó surcos cada 38 centímetros.

La cosechadora sigue haciendo su ida y vuelta monótona, siguiendo lo que le marca el GPS, ya que estas maravillas modernas ya no necesitan un conductor aferrado a los controles. Walter está en la cabina haciendo tareas de control, observando el monitor y regulando la altura de las hojas de corte cuando hace falta levantar para dar la vuelta.

Pero en general el proceso se desarrolla solo, todos los datos fueron cargados previamente de manera georreferenciada. Maravillas de la agricultura de precisión. Alrededor, sobrevuelan aves que están a la caza de los bichitos que quedan al descubierto tras el paso de la máquina, que remueve un poco la tierra aunque sin roturarla.

 

Las bondades del sistema "Draper"

La cosechadora justamente llama la atención por su moderna tecnología de recolectado de granos. No se ven los tradicionales rodillos y las cuchillas, en su frente compacto de casi 20 metros resaltan dos cintas transportadoras de goma (también pueden ser de lona) que confluyen en el centro del cabezal. Se trata de un sistema conocido como “Draper”, que viene ganando terreno en los últimos años, desde su lanzamiento en 2010. Este cronista había tenido oportunidad de conocerlo de cerca en 2017, durante la feria Agroactiva, donde todas las grandes marcas ya la ofrecían a sus clientes como lo último en materia de cosechadoras. Tiene una clara ventaja sobre el sistema antecesor: se reducen hasta 80% las pérdidas de granos y permite un ahorro de combustible calculado en un 15% (unos dos litros por hectárea).

 

El sistema "Draper" tiene un cabezal que permite reducir hasta un 80% la pérdida de granos durante la cosecha. También ahorra combustible, unos dos litros por hectárea.

 

Respecto a los cabezales tradicionales con sinfín, el sistema "Draper" brinda mayor uniformidad a menor potencia. Tiene una capacidad de trabajo con mayor volumen de material que llega desde la barra de corte hasta el embocador de manera pareja, constante y uniforme, facilitando de ese modo la trilla. La diferencia está en el traslado, porque el sinfín que se utilizó durante tantos años provoca que el arrastre del material llegue enroscado al embocador y demande más potencia al motor de la máquina.

También es mayor el rendimiento en tiempo. Es posible extender la jornada de trabajo sobre el terreno cultivado cerca de una hora más que si se trabaja con cabezal tradicional. Esto es posible ya que el cabezal de alimentación del "Draper" con lonas o caucho minimiza la demanda de potencia. Y además es menor el daño a las semillas y los materiales debido a que el cabezal de alimentación con sistema de lonas permite el traslado del material de manera uniforme. El movimiento se da sin causar retorcimiento ni provocar enroscado, disminuyendo las posibilidades de perder granos útiles.

Los estudios arrojaron que la suma de mayor ancho de corte, mejor y más suave alimentación a la cosechadora, menor consumo de combustible y menor índice de pérdidas lleva la diferencia a favor en hasta un 30% con el nuevo cabezal respecto a la misma máquina con una plataforma de sinfín.

 

Panorama de la soja en San Luis

La cosecha de soja avanzó a buen ritmo a nivel nacional, completando un 85% del área sembrada a fines del año pasado, que fue de 17.700.000 hectáreas. Se estima que el rinde promedio nacional podría llegar a 33,5 quintales por hectárea, alcanzando un nuevo récord gracias a las buenas condiciones climáticas. Se trata de una producción total estimada de 56 millones de toneladas. Con respecto a la Provincia de San Luis, a pesar de que las lluvias durante el mes de mayo  ocasionaron retrasos en la cosecha de la oleaginosa, se estima que ya se recolectó casi un 90% del área, con un rendimiento promedio provincial  de 22,2 quintales por hectárea, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. En territorio puntano, la intención de siembra fue de 180 mil hectáreas, y la producción sería de 348 mil toneladas.

 

Todo ok. Goncálvez terminó de hablar con el maquinista y se aleja de la cosechadora.

 

A nivel zonal, los rendimientos se muestran variables de acuerdo a los distintos eventos climáticos que afectaron a los cultivos, como las deficientes precipitaciones  y el granizo en determinados sectores. En la zona de El Amparo, La Petra, Cuatro Esquinas y  La Cumbre se estima en promedio un rendimiento de 28 quintales, con un rango que va de 24 a 32. En Juan Llerena y El Morro llegaría a 25 quintales, mientras que Fraga fue la zona más afectada climáticamente durante la campaña: se estiman rendimientos que varían entre los 600 a 1.000 kilos por hectárea. Pero hubo lotes que no pudieron ser cosechados.

Con respecto al maíz, la trilla todavía es muy incipiente ya que los primeros lotes sembrados en octubre tienen  entre 17% y 20% de humedad, muy por encima del valor de comercialización, que es de 14,5%. Recién se están cosechando algunos lotes puntuales para consumo. Al igual que la soja, los rindes son muy variados. En la zona que va de La Petra hasta La Cumbre oscilan entre 55 y 85 quintales por hectárea. “Dentro de 15 días vamos a tener más información, a medida que vaya bajando la humedad”, aseguró Goncálvez.

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La cosecha de soja está llegando a su fin en San Luis

La revista El Campo compartió una jornada de recolección en Las Barranquitas, una zona castigada por el granizo. Con rindes algo desparejos, la oleaginosa sigue pisando fuerte.

Entre el Sol y la Luna. Atardecer en las sierras centrales, con la máquina todavía a full.

Se acerca el final de la cosecha de soja en varias zonas de San Luis. Las máquinas trabajan contrarreloj para terminar de recolectar la oleaginosa, que tuvo una campaña con contrastes, porque por un lado fue un verano con lluvias generosas, muy distinto al de la campaña 2018/19 en el que una seca muy importante castigó sobre todo al este de la provincia, al Departamento Pedernera en su límite con Córdoba. Pero por otro, en regiones puntuales el granizo tuvo un efecto devastador sobre los cultivos.

Fue el caso de la zona serrana que va de Las Barranquitas hasta La Petra, en el corazón productivo del Departamento Pringles, que tiene campos muy productivos gracias a un clima en general benigno, con un buen régimen de precipitaciones y una amplitud térmica que permite evitar el estrés hídrico debido a sus noches frescas. Es una geografía ideal tanto para los cultivos de verano como para la ganadería, que encuentra ricas praderas para alimentarse sin sufrir los rigores del verano.

Hacia allí fue la revista El Campo para relevar un día de cosecha de soja, uno de los últimos, en Las Barranquitas. Para llegar hubo que dejar la ruta 9 que conduce a El Trapiche justo en la entrada al pueblito, que está custodiado por un arco revestido en piedra y con techo de paja, como hay en todos los ingresos a Estancia Grande, con la diferencia que este se yergue del otro lado del camino. El paisaje es acogedor, con el cordón serrano como custodio al oeste, donde el sol comienza a esconderse cada día más temprano en esta época del año.

 

El granizo es un asesino silencioso, que tomó franjas enteras del campo sin que en El Trapiche y El Volcán, las localidades más cercanas, se enteraran de su presencia.

 

Campos con distintas tonalidades de verde o de amarillo según la ocasión y el cultivo. Prosperan las vicias y alfalfas, pero es tiempo de soja y entonces el ocre suele ganar la partida de los colores, mientras el maíz espera su turno con plantas ya crecidas en altura. El movimiento de maquinarias y camiones es intenso en la zona, con muchos contratistas que van y vienen en busca de terminar el trabajo encomendado, ingenieros agrónomos que están en el momento clave para definir los rindes y dueños ansiosos por conocer los resultados del esfuerzo de tantos meses.

Por eso el ritmo es frenético de la mañana hasta bien entrada la tarde. Incluso cuando el sol ya es un recuerdo escondido detrás de las sierras, las cosechadoras encienden las luces y siguen recorriendo melgas en busca de los últimos granos de la oleaginosa, que sigue acumulando hectáreas a pesar de que es la presa más codiciada, y fácil, para un gobierno nacional ávido de divisas, que rompió sus promesas electorales y le volvió a implantar retenciones. Después de recorrer varios kilómetros por la tierra y bordear el caserío por la izquierda, llegamos al campo indicado en compañía del ingeniero agrónomo Ramiro Goncálvez, quien está a cargo de la campaña de granos gruesos en esos lotes irregulares, llenos de bajos y lomadas en los que se hace indispensable la ayuda de la agricultura de precisión para conocer exactamente qué se necesita en cada metro cultivado. Son unas 300 hectáreas con una vista privilegiada al piedemonte de Estancia Grande, ubicadas a unos 1.500 metros de altura respecto del nivel del mar.

 

Sistema Draper. Un cabezal con cintas transportadoras de goma de última tecnología.

 

Antes pasamos por un silo de autoconsumo donde comen con tranquilidad algunas vacas con una excelente condición corporal y por unos lotes de maíz que anticipan lo que veremos más adelante, que la piedra se ensañó con este rincón agrícola. El daño es grande, en el maíz, por la altura de las plantas, se nota aún más que en la soja.

 

El repaso final

Ya queda poco en pie porque la recolección está por terminar. La enorme cosechadora va repasando los últimos sectores, en los que junto con la soja entran algunos pastos que luego la propia máquina se va a encargar de separar para incorporar solo los granos de soja. La falta de espesura hace que se levanten remolinos de tierra al paso del gigante rojo. En un sector algo alejado espera la tolva, lista para recibir el fruto de la cosecha, ya limpio de "polvo y paja". Días atrás el emparejamiento de una máquina con la otra se hacía muy seguido porque había mucho por levantar, ahora tienen que pasar varios minutos para poder observar una descarga.

Se nota que el granizo se ensañó con esta zona. Hay muchas plantas rotas que yacen en el suelo, en el que todavía quedan restos del rastrojo de maíz de la campaña pasada, lo que habla de que allí se aplica una correcta rotación para no agotar los recursos de la superficie.

 

El 95 % de las 179.967 hectáreas de soja sembradas en San Luis ya fue cosechado. El rinde promedio se estableció en 22,2 quintales por hectárea, para una producción de 368.971 toneladas.

 

“Fueron tres eventos de granizo muy seguidos en febrero, cayó en franjas de 500 metros por 10 kilómetros, bien sectorizado. En El Volcán y en El Trapiche ni se enteraron que acá, en medio de los dos pueblos, la piedra arrasó con buena parte de los cultivos”, cuenta Goncálvez, quien mete la camioneta bien a lo profundo en el lote donde están cosechando.

Cuando llegamos, se baja y conversa primero con el conductor de la tolva. Al ratito llega la cosechadora, frena y el ingeniero se sube a cambiar opiniones e interiorizarse de cómo fue el día con Walter Roca, el joven contratista que está en la conducción de la máquina. “Por la piedra, mucha soja quedó muy bajita y no se puede recoger”, le dice Roca. Su interlocutor no se sorprende, conoce el paño y sabe que el final está resultado complicado por las inclemencias del tiempo. Una lástima, porque este año las lluvias fueron un aliado de la campaña gruesa, pero no se va a alcanzar el rinde proyectado por el granizo.


El equipo en la cancha. El ingeniero Ramiro Goncálvez (de rojo) y los contratistas.

 

“El rinde es irregular, vamos a esperar para tener los números finales. Tenemos lotes que van a dar hasta 35 quintales por hectárea y otros muy castigados que están arrojando 4 quintales. Tenemos un parámetro en el Valle del Conlara, algunos colegas me informaron que el promedio está en 24 quintales por hectárea en esa zona, que siempre tiene datos parecidos a los nuestros, quizás un poco por debajo pero este año vamos a ver. Creo que estaremos parejos”, reflexiona Goncálvez.

La siembra de soja en el campo de Las Barranquitas se realizó el 5 de noviembre del año pasado. La oleaginosa de primera insumió 450 mil semillas de la variedad 5258 de Nidera. El ingeniero agrónomo a cargo de la campaña utilizó 55 kilos de fosfato simple (SPS) y una sembradora a placa que trazó surcos cada 38 centímetros.

La cosechadora sigue haciendo su ida y vuelta monótona, siguiendo lo que le marca el GPS, ya que estas maravillas modernas ya no necesitan un conductor aferrado a los controles. Walter está en la cabina haciendo tareas de control, observando el monitor y regulando la altura de las hojas de corte cuando hace falta levantar para dar la vuelta.

Pero en general el proceso se desarrolla solo, todos los datos fueron cargados previamente de manera georreferenciada. Maravillas de la agricultura de precisión. Alrededor, sobrevuelan aves que están a la caza de los bichitos que quedan al descubierto tras el paso de la máquina, que remueve un poco la tierra aunque sin roturarla.

 

Las bondades del sistema "Draper"

La cosechadora justamente llama la atención por su moderna tecnología de recolectado de granos. No se ven los tradicionales rodillos y las cuchillas, en su frente compacto de casi 20 metros resaltan dos cintas transportadoras de goma (también pueden ser de lona) que confluyen en el centro del cabezal. Se trata de un sistema conocido como “Draper”, que viene ganando terreno en los últimos años, desde su lanzamiento en 2010. Este cronista había tenido oportunidad de conocerlo de cerca en 2017, durante la feria Agroactiva, donde todas las grandes marcas ya la ofrecían a sus clientes como lo último en materia de cosechadoras. Tiene una clara ventaja sobre el sistema antecesor: se reducen hasta 80% las pérdidas de granos y permite un ahorro de combustible calculado en un 15% (unos dos litros por hectárea).

 

El sistema "Draper" tiene un cabezal que permite reducir hasta un 80% la pérdida de granos durante la cosecha. También ahorra combustible, unos dos litros por hectárea.

 

Respecto a los cabezales tradicionales con sinfín, el sistema "Draper" brinda mayor uniformidad a menor potencia. Tiene una capacidad de trabajo con mayor volumen de material que llega desde la barra de corte hasta el embocador de manera pareja, constante y uniforme, facilitando de ese modo la trilla. La diferencia está en el traslado, porque el sinfín que se utilizó durante tantos años provoca que el arrastre del material llegue enroscado al embocador y demande más potencia al motor de la máquina.

También es mayor el rendimiento en tiempo. Es posible extender la jornada de trabajo sobre el terreno cultivado cerca de una hora más que si se trabaja con cabezal tradicional. Esto es posible ya que el cabezal de alimentación del "Draper" con lonas o caucho minimiza la demanda de potencia. Y además es menor el daño a las semillas y los materiales debido a que el cabezal de alimentación con sistema de lonas permite el traslado del material de manera uniforme. El movimiento se da sin causar retorcimiento ni provocar enroscado, disminuyendo las posibilidades de perder granos útiles.

Los estudios arrojaron que la suma de mayor ancho de corte, mejor y más suave alimentación a la cosechadora, menor consumo de combustible y menor índice de pérdidas lleva la diferencia a favor en hasta un 30% con el nuevo cabezal respecto a la misma máquina con una plataforma de sinfín.

 

Panorama de la soja en San Luis

La cosecha de soja avanzó a buen ritmo a nivel nacional, completando un 85% del área sembrada a fines del año pasado, que fue de 17.700.000 hectáreas. Se estima que el rinde promedio nacional podría llegar a 33,5 quintales por hectárea, alcanzando un nuevo récord gracias a las buenas condiciones climáticas. Se trata de una producción total estimada de 56 millones de toneladas. Con respecto a la Provincia de San Luis, a pesar de que las lluvias durante el mes de mayo  ocasionaron retrasos en la cosecha de la oleaginosa, se estima que ya se recolectó casi un 90% del área, con un rendimiento promedio provincial  de 22,2 quintales por hectárea, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. En territorio puntano, la intención de siembra fue de 180 mil hectáreas, y la producción sería de 348 mil toneladas.

 

Todo ok. Goncálvez terminó de hablar con el maquinista y se aleja de la cosechadora.

 

A nivel zonal, los rendimientos se muestran variables de acuerdo a los distintos eventos climáticos que afectaron a los cultivos, como las deficientes precipitaciones  y el granizo en determinados sectores. En la zona de El Amparo, La Petra, Cuatro Esquinas y  La Cumbre se estima en promedio un rendimiento de 28 quintales, con un rango que va de 24 a 32. En Juan Llerena y El Morro llegaría a 25 quintales, mientras que Fraga fue la zona más afectada climáticamente durante la campaña: se estiman rendimientos que varían entre los 600 a 1.000 kilos por hectárea. Pero hubo lotes que no pudieron ser cosechados.

Con respecto al maíz, la trilla todavía es muy incipiente ya que los primeros lotes sembrados en octubre tienen  entre 17% y 20% de humedad, muy por encima del valor de comercialización, que es de 14,5%. Recién se están cosechando algunos lotes puntuales para consumo. Al igual que la soja, los rindes son muy variados. En la zona que va de La Petra hasta La Cumbre oscilan entre 55 y 85 quintales por hectárea. “Dentro de 15 días vamos a tener más información, a medida que vaya bajando la humedad”, aseguró Goncálvez.

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