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Se frena el consumo de carne vacuna y sube el de pollos

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Se frena el consumo de carne vacuna y sube el de pollos

Nicolás Razzetti

Comparando los precios, la gente se pasó a la carne aviar a pesar de que subió un 30% más. La falta de respuesta le puso tope a la suba de las cotizaciones ganaderas. Ese freno en las cotizaciones y la suba de costos golpean a engordadores y criadores, que piden financiación.

La oferta de carne vacuna para el mercado interno este año promedió 52 kilos por habitante/año, la de pollos 42 kilos y la de cerdos otros 15. Entre las dos carnes sustitutas acumulan 57 kilos, lo que significa que superan en 10% a la oferta de la especie vacuna, algo que no se vio en la historia.
Eso se debe al incremento notable de las exportaciones, que no puede ser acompañado por un aumento siquiera parecido en la producción. Entre las tres suman poco menos de 110 kilos por habitante y año, lo que implica una reducción del 10% en la oferta total respecto de los máximos alcanzados en los últimos años, aunque en el caso de la carne vacuna su achique fue mayor y llegó al 15%, mientras que las otras dos mantuvieron estable su participación en la dieta de los argentinos. 
Pero el consumo de carnes también puede ser medido por la evolución de los precios que se pagan en la góndola y ahí hay otro dato importante. En épocas de baja oferta, los precios del ganado solían dar saltos importantes y este año no fue la excepción. La menor oferta que se notó en diciembre y enero impulsó las cotizaciones tras años de retraso y el salto interanual alcanzó al 80%. Pero llegó un nuevo estancamiento de las cotizaciones, se fue acortando la distancia y actualmente es de 67% esa brecha en el valor de la hacienda, que supera todavía a la inflación acumulada en los últimos 12 meses. 
En el caso de la carne vacuna, según las últimas mediciones privadas, el incremento es de 64% interanual, pero para el pollo la suba fue mucho mayor: los precios relevados en mayo indicaron una suba interanual de 90%. Lo notable es que el consumo interno avaló aumentos porcentuales mayores en el pollo que en la carne vacuna.
La demanda de esta especie se sigue afirmando, un poco porque es más económica (no es un dato menor el precio para el asalariado que tiene paritarias inferiores a la inflación) y otro poco por su notable oferta en cualquier comercio del país. Además se trata de un producto industrial, parejo en su calidad y con facilidades para la cocción, otra ventaja que resaltan los empresarios avícolas. 
Ahora bien, si se toma en cuenta la variación en el precio de la carne vacuna y el del pollo en los últimos 3 meses se observa un claro estancamiento en la primera (tendencia que copió la venta de hacienda gorda), mientras que la carne aviar siguió aumentando. En marzo, abril y mayo el precio promedio de la carne vacuna promedió $247 por kilo, mientras que el pollo en marzo promedió $71, en abril $85 y en mayo $92. En solo tres meses la carne aviar aumentó 30% según la medición del IPCVA, lo que da cuenta de los cambios en la preferencia del ciudadano.
Eso confirma la tendencia de la población a optar por alimentos más baratos y también lo importante que es para el sector ganadero la demanda interna, adonde se destina el 80% de lo que se produce. 


Complicaciones para el feedlot 
La situación se volvió a complicar para el engorde a corral y todo hace presumir que podría empeorar. Hace pocos meses los empresarios nucleados en la Cámara de Feedlot reunieron a la prensa y explicaron que la foto del momento daba un resultado positivo antes de la carga del costo financiero del dinero. Esa renta calculada en la planilla Excel era de $1.500/2.000 y revertía los malos resultados del segundo semestre del año pasado.
Pero al poco tiempo todo cambió. La primera mala noticia fue la situación climática en Estados Unidos, que retrasó de gran manera la siembra de maíz, lo que impulsó el precio internacional. A eso se agregó en las últimas semanas el atraso en la cosecha argentina, también por el exceso de precipitaciones. Así, el precio disponible del cereal pasó de $5.400 a $7.200, el aumento fue de 40/45% y elevó el costo por kilo producido en $65/68, lo que empata al precio de venta del gordo y también al  de la invernada, en especial al de los terneros machos de 180/200 kilos, que quedan pocos y por los que compiten los recriadores o engordadores de base pastoril, pero ya no los feedloteros, que se concentran en las terneras.
Ante esos cambios en los costos, a los que hay que sumar los de estructura como la electricidad, que aumentaron 400/450% en los últimos años, se complicó todavía más el sector.
Por eso los encierres son menores a los de otros años y llegan a 64% de la capacidad instalada, cuando a igual fecha de 2018 la ocupación era de 73% en los adheridos a la Cámara. Hoy los que siguen operando son principalmente los que integran el engorde con la industrialización y comercio de carne vacuna, y en menor medida los feedlots caseros, que luego de la suba que tuvo el gordo y antes de que aumentara el maíz volvieron a encerrar algo de ganado.
La forma que tienen los feedloteros de escapar de la coyuntura es con la recría, pero no todos tienen pasto para combinar con suplementación, cuyo costo por kilo producido ronda los $40/45 según comentaron los engordadores; mientras que la recría en el corral cuesta casi lo mismo que el kilo de terminación. 
La mayor traba para este eslabón de la cadena es la macroeconomía y en este sentido hay dos cuestiones principales: la caída en el consumo interno (inflación que le gana a los salarios) que deriva en un traslado de la demanda de carne vacuna a la de pollos. En ese mercado se coloca el 75/80% de la carne que se produce en el país y por el otro 20/25% las empresas exportadoras hicieron un traslado parcial del ingreso obtenido al precio del novillo y la excusa, no poco cierta, es que hasta la aparición de la crisis porcina en China había en el país la cantidad suficiente de novillos para cubrir los pedidos de importadores por carne procedente de esos animales. La otra cuestión que complica al engorde es la falta de financiación en una actividad que quedó muy descapitalizada luego de las pérdidas económicas que se dieron el año pasado.


Cuota 481
La Unión Europea finalmente cedió a los reclamos del gobierno de Donald Trump, que exigió su parte de la Cuota 481. Según el acuerdo, Estados Unidos en un plazo de 6 o 7 años se quedaría con 35.000 toneladas sobre el total del cupo de 45.000. En 2020 se quedaría con 18.500 toneladas, luego sumaría otras 4.500 y en los años posteriores a razón de 2.400 toneladas anuales hasta completar el cupo prometido, por lo cual el resto de los países como Argentina, Australia y Uruguay competirían por solo 10.000 toneladas.
Sin dudas se trata de una noticia negativa para el sector. De todos modos, teniendo en cuenta la creciente apertura de mercados (Estados Unidos y Japón para la Patagonia por ejemplo), y las perspectivas de nuevos negocios que podrían generarse si avanzan las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea o Corea, esa pérdida podría ser compensada. 


Criadores piden por mejores líneas de financiación
El reclamo partió de las entidades de criadores. La Asociación Argentina de Angus, la de Braford, la de Brangus, los Criadores de Hereford, de Limangus, Shorthorn y Limousin pidieron a las entidades que conforman la Mesa de Enlace que reclamen por los problemas financieros que tiene el sector.
Es cierto que a esas entidades de criadores no les compete el reclamo gremial, pero por otra parte ese camino les evitó mostrarse enfrentadas con el Gobierno, al que apoyaron claramente, y al mismo tiempo les sirve para poner en evidencia el llamativo silencio de las gremiales, que en los últimos tiempos prefieren evitar la exposición mediática que debería llevarlos a quejarse por las retenciones, la carga fiscal en otros impuestos o los problemas de las economías regionales, que no forman parte de la agenda del Gobierno, de la oposición ni de los voceros del sector.
¿Qué pidieron las asociaciones de criadores? Que la Mesa de enlace haga la gestión necesaria ante el gobierno nacional para colaborar en la reducción de tasas de interés y la creación de líneas de crédito para la retención de las hembras. La solicitud está relacionada con la alta participación que están teniendo las hembras en la faena. Las ”fábricas” de terneros significan hoy el 52% del total de la faena y mucho tiene que ver esto con la falta de capital de trabajo para cubrir gastos o inversiones. 

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Se frena el consumo de carne vacuna y sube el de pollos

Comparando los precios, la gente se pasó a la carne aviar a pesar de que subió un 30% más. La falta de respuesta le puso tope a la suba de las cotizaciones ganaderas. Ese freno en las cotizaciones y la suba de costos golpean a engordadores y criadores, que piden financiación.

La oferta de carne vacuna para el mercado interno este año promedió 52 kilos por habitante/año, la de pollos 42 kilos y la de cerdos otros 15. Entre las dos carnes sustitutas acumulan 57 kilos, lo que significa que superan en 10% a la oferta de la especie vacuna, algo que no se vio en la historia.
Eso se debe al incremento notable de las exportaciones, que no puede ser acompañado por un aumento siquiera parecido en la producción. Entre las tres suman poco menos de 110 kilos por habitante y año, lo que implica una reducción del 10% en la oferta total respecto de los máximos alcanzados en los últimos años, aunque en el caso de la carne vacuna su achique fue mayor y llegó al 15%, mientras que las otras dos mantuvieron estable su participación en la dieta de los argentinos. 
Pero el consumo de carnes también puede ser medido por la evolución de los precios que se pagan en la góndola y ahí hay otro dato importante. En épocas de baja oferta, los precios del ganado solían dar saltos importantes y este año no fue la excepción. La menor oferta que se notó en diciembre y enero impulsó las cotizaciones tras años de retraso y el salto interanual alcanzó al 80%. Pero llegó un nuevo estancamiento de las cotizaciones, se fue acortando la distancia y actualmente es de 67% esa brecha en el valor de la hacienda, que supera todavía a la inflación acumulada en los últimos 12 meses. 
En el caso de la carne vacuna, según las últimas mediciones privadas, el incremento es de 64% interanual, pero para el pollo la suba fue mucho mayor: los precios relevados en mayo indicaron una suba interanual de 90%. Lo notable es que el consumo interno avaló aumentos porcentuales mayores en el pollo que en la carne vacuna.
La demanda de esta especie se sigue afirmando, un poco porque es más económica (no es un dato menor el precio para el asalariado que tiene paritarias inferiores a la inflación) y otro poco por su notable oferta en cualquier comercio del país. Además se trata de un producto industrial, parejo en su calidad y con facilidades para la cocción, otra ventaja que resaltan los empresarios avícolas. 
Ahora bien, si se toma en cuenta la variación en el precio de la carne vacuna y el del pollo en los últimos 3 meses se observa un claro estancamiento en la primera (tendencia que copió la venta de hacienda gorda), mientras que la carne aviar siguió aumentando. En marzo, abril y mayo el precio promedio de la carne vacuna promedió $247 por kilo, mientras que el pollo en marzo promedió $71, en abril $85 y en mayo $92. En solo tres meses la carne aviar aumentó 30% según la medición del IPCVA, lo que da cuenta de los cambios en la preferencia del ciudadano.
Eso confirma la tendencia de la población a optar por alimentos más baratos y también lo importante que es para el sector ganadero la demanda interna, adonde se destina el 80% de lo que se produce. 


Complicaciones para el feedlot 
La situación se volvió a complicar para el engorde a corral y todo hace presumir que podría empeorar. Hace pocos meses los empresarios nucleados en la Cámara de Feedlot reunieron a la prensa y explicaron que la foto del momento daba un resultado positivo antes de la carga del costo financiero del dinero. Esa renta calculada en la planilla Excel era de $1.500/2.000 y revertía los malos resultados del segundo semestre del año pasado.
Pero al poco tiempo todo cambió. La primera mala noticia fue la situación climática en Estados Unidos, que retrasó de gran manera la siembra de maíz, lo que impulsó el precio internacional. A eso se agregó en las últimas semanas el atraso en la cosecha argentina, también por el exceso de precipitaciones. Así, el precio disponible del cereal pasó de $5.400 a $7.200, el aumento fue de 40/45% y elevó el costo por kilo producido en $65/68, lo que empata al precio de venta del gordo y también al  de la invernada, en especial al de los terneros machos de 180/200 kilos, que quedan pocos y por los que compiten los recriadores o engordadores de base pastoril, pero ya no los feedloteros, que se concentran en las terneras.
Ante esos cambios en los costos, a los que hay que sumar los de estructura como la electricidad, que aumentaron 400/450% en los últimos años, se complicó todavía más el sector.
Por eso los encierres son menores a los de otros años y llegan a 64% de la capacidad instalada, cuando a igual fecha de 2018 la ocupación era de 73% en los adheridos a la Cámara. Hoy los que siguen operando son principalmente los que integran el engorde con la industrialización y comercio de carne vacuna, y en menor medida los feedlots caseros, que luego de la suba que tuvo el gordo y antes de que aumentara el maíz volvieron a encerrar algo de ganado.
La forma que tienen los feedloteros de escapar de la coyuntura es con la recría, pero no todos tienen pasto para combinar con suplementación, cuyo costo por kilo producido ronda los $40/45 según comentaron los engordadores; mientras que la recría en el corral cuesta casi lo mismo que el kilo de terminación. 
La mayor traba para este eslabón de la cadena es la macroeconomía y en este sentido hay dos cuestiones principales: la caída en el consumo interno (inflación que le gana a los salarios) que deriva en un traslado de la demanda de carne vacuna a la de pollos. En ese mercado se coloca el 75/80% de la carne que se produce en el país y por el otro 20/25% las empresas exportadoras hicieron un traslado parcial del ingreso obtenido al precio del novillo y la excusa, no poco cierta, es que hasta la aparición de la crisis porcina en China había en el país la cantidad suficiente de novillos para cubrir los pedidos de importadores por carne procedente de esos animales. La otra cuestión que complica al engorde es la falta de financiación en una actividad que quedó muy descapitalizada luego de las pérdidas económicas que se dieron el año pasado.


Cuota 481
La Unión Europea finalmente cedió a los reclamos del gobierno de Donald Trump, que exigió su parte de la Cuota 481. Según el acuerdo, Estados Unidos en un plazo de 6 o 7 años se quedaría con 35.000 toneladas sobre el total del cupo de 45.000. En 2020 se quedaría con 18.500 toneladas, luego sumaría otras 4.500 y en los años posteriores a razón de 2.400 toneladas anuales hasta completar el cupo prometido, por lo cual el resto de los países como Argentina, Australia y Uruguay competirían por solo 10.000 toneladas.
Sin dudas se trata de una noticia negativa para el sector. De todos modos, teniendo en cuenta la creciente apertura de mercados (Estados Unidos y Japón para la Patagonia por ejemplo), y las perspectivas de nuevos negocios que podrían generarse si avanzan las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea o Corea, esa pérdida podría ser compensada. 


Criadores piden por mejores líneas de financiación
El reclamo partió de las entidades de criadores. La Asociación Argentina de Angus, la de Braford, la de Brangus, los Criadores de Hereford, de Limangus, Shorthorn y Limousin pidieron a las entidades que conforman la Mesa de Enlace que reclamen por los problemas financieros que tiene el sector.
Es cierto que a esas entidades de criadores no les compete el reclamo gremial, pero por otra parte ese camino les evitó mostrarse enfrentadas con el Gobierno, al que apoyaron claramente, y al mismo tiempo les sirve para poner en evidencia el llamativo silencio de las gremiales, que en los últimos tiempos prefieren evitar la exposición mediática que debería llevarlos a quejarse por las retenciones, la carga fiscal en otros impuestos o los problemas de las economías regionales, que no forman parte de la agenda del Gobierno, de la oposición ni de los voceros del sector.
¿Qué pidieron las asociaciones de criadores? Que la Mesa de enlace haga la gestión necesaria ante el gobierno nacional para colaborar en la reducción de tasas de interés y la creación de líneas de crédito para la retención de las hembras. La solicitud está relacionada con la alta participación que están teniendo las hembras en la faena. Las ”fábricas” de terneros significan hoy el 52% del total de la faena y mucho tiene que ver esto con la falta de capital de trabajo para cubrir gastos o inversiones. 

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