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Un fiscal pidió 35 años de cárcel para un hombre por abuso sexual

Lo acusan de haber sometido a dos hijos biológicos y a dos hijos de su ex pareja, cuando todos eran menores.

Hace un año, precisamente el 29 de junio de 2018, A.I.G., un carnicero de 39 años, tuvo un fuerte revés en su vida: fue a la cárcel, procesado con prisión preventiva como sospechoso de haber abusado de cuatro menores. Dos son sus hijos biológicos, y los otros, hijos de su ex pareja. Ahora, un fiscal solicitó que, a la hora del juicio, sea condenado a 35 años de cárcel.

El fiscal 1 Marcelo Eduardo Palacio Fernández consideró que A.I.G. es autor de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por la relación de convivencia”, en relación a los hijos de quien fuera su esposa –actualmente una de las víctimas es mayor, y su hermano transita la adolescencia–, y de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo”, en relación a sus propios hijos, una nena y un varón, según informó Héctor Zavala Agüero, el abogado que representa a la madre de las cuatro víctimas.

Las revelaciones de los ultrajes no fueron en simultáneo, se dieron a medida que los afectados estuvieron en condiciones de hablar de aquello que habían sufrido a manos de A.I.G. La denunciante tiene, en total, ocho hijos: los dos mayores son fruto de una relación anterior, y a los restantes los tuvo con el carnicero, con quien se casó en Mendoza.

En la acusación fiscal, Palacio Fernández hizo una reseña de todos los elementos incorporados en la causa, comenzando por la denuncia que la madre de las víctimas hizo hace exactamente seis años, después de que una de las hijas que tuvo con A.I.G. le comentara lo que el hombre hacía cuando ella no estaba en la casa.

La niña le reveló que aprovechando su ausencia, su papá la llevaba al dormitorio, hacía que se sacara la ropa, comenzaba a besarla, a tocarla y a practicar vejámenes de distinta índole. Aunque ella solía expresarle que lo que le hacía le causaba dolor físico, el hombre reiteraba su conducta, contó la pequeña.

El acusado les decía que si hablaban los mataría a ellos o a su mamá, contaron las víctimas. 

En ese momento, el hombre se fue de la casa, pero luego, la pareja retomó la relación e inclusive la mujer tuvo otro hijo con el acusado.

Casi tres años después, más precisamente en abril de 2016, la mujer interpuso otra denuncia, esta vez por los ultrajes a otro de sus hijos. Es el mayor de los varones, cuyo padre no es el procesado. El chico transitaba ya la adolescencia cuando le comentó a su mamá que A.I.G., su padrastro, también lo había violado cuando él tenía entre 6 y 7 años. Además de los ultrajes, relató que sufría otros maltratos físicos a manos de su padrastro.

El chico repitió segundo grado, y muy posiblemente esa circunstancia guarde relación con los ataques sexuales. Por esa fecha, es decir, cuando volvió a hacer segundo grado, se fue a vivir con su papá biológico.

La hermana de este muchacho también señaló a A.I.G. por los abusos que ella padeció cuando era una niña. Tenía 20 años cuando declaró qué le había hecho su padrastro. Refirió diversas situaciones en las que hubo manoseos en la zona íntima y en las que la obligó a tocarlo y a hacer otras prácticas. Dijo también que le mostraba películas pornográficas “para que aprendiera”, y que mientras pasaba la cinta, él se masturbaba. Contó que antes de irse a trabajar, a la mañana muy temprano, el hombre solía despertarla para manosearla de forma muy violenta y que también lo hacía cuando la llevaba a algún lado en el auto.

Esos abusos comenzaron a los 5 o 6 años y a los 8, ella se fue a vivir con su papá biológico, refirió la joven. Igualmente, lo veía con cierta frecuencia. Tenía 15 años cuando su padrastro dejó de tocarla a ella, y para ese entonces, ya tenía otra víctima, su hermanita menor, explicó la joven.

El último caso que la denunciante llevó a la Justicia fue el de otro varoncito, que es hijo biológico del procesado. El nene se autolesionaba, refirió la mujer, al punto que en una ocasión se sacó un diente. Cuando empezó  a indagarlo, a preguntarle por qué se golpeaba, expresando ese malestar con sí mismo, el nene le reveló lo que el padre le hacía.

Todas las víctimas declararon, y quienes eran menores lo hicieron en la Cámara Gesell. En todos los casos, los profesionales del Poder Judicial consideraron que sus relatos eran fiables, y que en ellos  había indicadores de abuso.

Los chicos contaron que el hombre los sometía en ausencia de la mujer y que los amenazaba para que no comentaran a otros lo que él hacía. Les decía que los iba a golpear, o que los mataría a ellos o a su mamá.

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Un fiscal pidió 35 años de cárcel para un hombre por abuso sexual

Lo acusan de haber sometido a dos hijos biológicos y a dos hijos de su ex pareja, cuando todos eran menores.

Declaraciones. Las víctimas fueron al poder judicial y le contaron a psicólogos lo que vivieron. Foto: Archivo.

Hace un año, precisamente el 29 de junio de 2018, A.I.G., un carnicero de 39 años, tuvo un fuerte revés en su vida: fue a la cárcel, procesado con prisión preventiva como sospechoso de haber abusado de cuatro menores. Dos son sus hijos biológicos, y los otros, hijos de su ex pareja. Ahora, un fiscal solicitó que, a la hora del juicio, sea condenado a 35 años de cárcel.

El fiscal 1 Marcelo Eduardo Palacio Fernández consideró que A.I.G. es autor de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por la relación de convivencia”, en relación a los hijos de quien fuera su esposa –actualmente una de las víctimas es mayor, y su hermano transita la adolescencia–, y de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo”, en relación a sus propios hijos, una nena y un varón, según informó Héctor Zavala Agüero, el abogado que representa a la madre de las cuatro víctimas.

Las revelaciones de los ultrajes no fueron en simultáneo, se dieron a medida que los afectados estuvieron en condiciones de hablar de aquello que habían sufrido a manos de A.I.G. La denunciante tiene, en total, ocho hijos: los dos mayores son fruto de una relación anterior, y a los restantes los tuvo con el carnicero, con quien se casó en Mendoza.

En la acusación fiscal, Palacio Fernández hizo una reseña de todos los elementos incorporados en la causa, comenzando por la denuncia que la madre de las víctimas hizo hace exactamente seis años, después de que una de las hijas que tuvo con A.I.G. le comentara lo que el hombre hacía cuando ella no estaba en la casa.

La niña le reveló que aprovechando su ausencia, su papá la llevaba al dormitorio, hacía que se sacara la ropa, comenzaba a besarla, a tocarla y a practicar vejámenes de distinta índole. Aunque ella solía expresarle que lo que le hacía le causaba dolor físico, el hombre reiteraba su conducta, contó la pequeña.

El acusado les decía que si hablaban los mataría a ellos o a su mamá, contaron las víctimas. 

En ese momento, el hombre se fue de la casa, pero luego, la pareja retomó la relación e inclusive la mujer tuvo otro hijo con el acusado.

Casi tres años después, más precisamente en abril de 2016, la mujer interpuso otra denuncia, esta vez por los ultrajes a otro de sus hijos. Es el mayor de los varones, cuyo padre no es el procesado. El chico transitaba ya la adolescencia cuando le comentó a su mamá que A.I.G., su padrastro, también lo había violado cuando él tenía entre 6 y 7 años. Además de los ultrajes, relató que sufría otros maltratos físicos a manos de su padrastro.

El chico repitió segundo grado, y muy posiblemente esa circunstancia guarde relación con los ataques sexuales. Por esa fecha, es decir, cuando volvió a hacer segundo grado, se fue a vivir con su papá biológico.

La hermana de este muchacho también señaló a A.I.G. por los abusos que ella padeció cuando era una niña. Tenía 20 años cuando declaró qué le había hecho su padrastro. Refirió diversas situaciones en las que hubo manoseos en la zona íntima y en las que la obligó a tocarlo y a hacer otras prácticas. Dijo también que le mostraba películas pornográficas “para que aprendiera”, y que mientras pasaba la cinta, él se masturbaba. Contó que antes de irse a trabajar, a la mañana muy temprano, el hombre solía despertarla para manosearla de forma muy violenta y que también lo hacía cuando la llevaba a algún lado en el auto.

Esos abusos comenzaron a los 5 o 6 años y a los 8, ella se fue a vivir con su papá biológico, refirió la joven. Igualmente, lo veía con cierta frecuencia. Tenía 15 años cuando su padrastro dejó de tocarla a ella, y para ese entonces, ya tenía otra víctima, su hermanita menor, explicó la joven.

El último caso que la denunciante llevó a la Justicia fue el de otro varoncito, que es hijo biológico del procesado. El nene se autolesionaba, refirió la mujer, al punto que en una ocasión se sacó un diente. Cuando empezó  a indagarlo, a preguntarle por qué se golpeaba, expresando ese malestar con sí mismo, el nene le reveló lo que el padre le hacía.

Todas las víctimas declararon, y quienes eran menores lo hicieron en la Cámara Gesell. En todos los casos, los profesionales del Poder Judicial consideraron que sus relatos eran fiables, y que en ellos  había indicadores de abuso.

Los chicos contaron que el hombre los sometía en ausencia de la mujer y que los amenazaba para que no comentaran a otros lo que él hacía. Les decía que los iba a golpear, o que los mataría a ellos o a su mamá.

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