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Es hora de poner las bases para una buena campaña

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Es hora de poner las bases para una buena campaña

El Inta organizó charlas para ayudar a los productores a tomar las mejores decisiones antes de una nueva siembra. Malezas, fertilización, napas y rindes, los principales temas.

Aunque hay algunos campos de la provincia que todavía tienen maíces por cosechar, el resultado de la próxima campaña ya está en juego. Porque las decisiones que los productores tomen hoy, tendrán una gran incidencia a la hora de empezar una nueva siembra y también al momento de valorar sus resultados.

Por eso, el Inta organizó una jornada en la que disertaron varios especialistas que le dieron herramientas útiles a los productores para planificar sus cultivos, principalmente en el caso de la soja y el maíz, que son las especies que mayor superficie ocupan en el suelo sanluiseño.

Control de malezas, análisis de suelos, profundidades de las napas, fueron algunos de los grandes temas que trataron los profesionales. Aunque también hubo espacio para que se muestren los resultados, parciales y finales, de algunos ensayos realizados en diferentes regiones productivas.

 

La jornada fue organizada con el apoyo de algunas empresas de insumos y servicios agrícolas que también mostraron un poco sus tecnologías a los productores.

 

Más de 120 personas colmaron el coqueto salón que la Agencia de Extensión Rural (AER) de Villa Mercedes estrenó el año pasado, con un blanco impoluto que demuestra que todavía está ávido de albergar conocimiento. Fue un auditorio variado en edad, en el que predominaron los docentes y estudiantes universitarios, los ingenieros agrónomos, asesores agrícolas y varios productores de la zona.

El director del lnta en San Luis, Ricardo Sager, fue quien hizo la apertura de la jornada y resaltó la alegría de usar esas instalaciones y de la permanencia de una agencia de extensión que "estuvo a pocos días de ser borrada de la estructura nacional", admitió. "Entre todos conseguimos que se reconozca la importancia que tiene para la región y por eso la tenemos que aprovechar", afirmó.

Las primeras charlas arrancó unos minutos antes de las 9 de la mañana y las disertaciones se interrumpieron recién a las 14, con un almuerzo para todos los presentes. En diálogo con la revista El Campo, Sager contó que intentan mantener una modalidad de capacitaciones que se extiendan solo durante medio día, para que no resulten tan agotadoras y que se puedan repetir con más frecuencia. "Para nosotros esta es la situación ideal de poder encontrarnos con todas las partes, y si pudiéramos hacerlo más seguido sería mejor. Por eso, usamos esta estrategia, porque permite más interacción, más diálogo y que todos hagan su aporte. Y a su vez nos permite repartirnos por diferentes zonas de la provincia", dijo y anticipó que entre setiembre y octubre harán la segunda parte de esta jornada agrícola en Villa Mercedes.

Aunque trataron diferentes temas vinculados a los cultivos, todas las charlas tuvieron un mismo espíritu: remarcar la necesidad de hacer una buena planificación de la campaña y la idea de que su éxito también se pueda  empezar a definir ahora, cuando es el momento de sentar las bases y reducir un poco la inevitable incertidumbre de hacer agricultura.

 

Malezas, el principal enemigo

Si hay alguien indicado para hablar sobre malezas, ese es Jorge Garay. El hombre es un especialista en la materia y le ha dedicado su vida al estudio de aquellas especies problemáticas que compiten con los cultivos y terminan por afectar su rendimiento.

De hecho, señaló que entre los factores bióticos que pueden dañar a la producción agrícola (entre los que también se pueden nombrar a los hongos, los virus y los ácaros), las malezas son las que mayor impacto generan en los rindes.

Por lo que además de la lógica disminución de la rentabilidad, genera otros costos extra, como un gasto alto en insumos para controlarlas (puede ser de hasta 121 dólares por hectárea) y muchas veces obligan a modificar el uso de los lotes y los dejan sin productividad.

Este fenómeno ha mostrado su cara más oscura en los últimos años, con la aparición de especies que ya son tolerantes o resistentes a varios tipos de herbicidas, principalmente al más usado y conocido que es el glifosato.

 

Una mirada al suelo. Los especialistas recomendaron hacer estudios del terreno antes de definir una estrategia de fertilización.

 

Eso pone en evidencia algo en lo que Garay y su equipo vienen insistiendo desde hace un tiempo: "Ya no basta con el control químico", dijo. Cada vez es más necesario un manejo integrado que incluya prácticas como la rotación, el uso de los cultivos de cobertura, el regreso a las labranzas y la extracción manual en algunos casos.

En ese contexto, el barbecho es una herramienta fundamental para prevenir la aparición y expansión de malezas antes de empezar con las siembras. "Lo primero que hay que hacer es eliminar la vegetación viva o verde de malezas con un herbicida de acción total, como el glifosato en mezcla. Después hay que aplicar uno o más herbicidas de acción residual, para mantener el suelo limpio durante un tiempo que será variable de acuerdo al tipo de producto, la dosis utilizada, el tipo de suelo y las condiciones climáticas", detalló el ingeniero en la cartilla que entregó la organización de la jornada con un resumen de las disertaciones.

Pero tampoco significa aplicar cualquier producto. Aconsejó elegir aquel que tenga mucha residualidad, es decir que tenga una larga duración para proteger al cultivo en su desarrollo y minimizar el uso de herbicidas pos emergentes (los que se utilizan cuando ya crecieron las malezas), que son más erráticos en el control. También recomendó buscar los que sean efectivos al mismo tiempo para soja y para maíz, pero que no sean tóxicos para los cultivos, y que la resistencia no sea tan larga y que termine afectando a las siembras que se harán después.

Entre las especies problemas más difundidas en la provincia, lógicamente aparece el yuyo colorado, en las variedades de nombre científico Amaranthus palmieri y Amaranthus quitensis, (ocupaba alrededor de 13 millones de hectáreas en todo el país en el 2017). Pero también tiene una gran expansión la rama negra, la gramilla, el gramón, la roseta y la cortadera chica, entre otros

 

Sobre rendimientos

La jornada continuó con la participación de representantes de tres instituciones diferentes, que mostraron los resultados de los ensayos que hicieron durante la campaña pasada.

Primero Hugo Bernasconi, del Grupo de Producción Agrícola del Inta, y Gabriel Nafissi de Agricultores Federados Argentinos (AFA), dieron un pantallazo de cómo les fue con las pruebas que hicieron en Villa Mercedes. Lamentablemente, las condiciones climáticas no contribuyeron y la mayoría de los cultivos del ensayo se terminaron perdiendo. Aún así, "los datos están y nos parece que puede ser muy útil compartirlos", señaló el agrónomo local.

 

Segunda parte. En setiembre harán la continuación de la jornada en Villa Mercedes.

 

El objetivo que perseguían cuando empezaron el ensayo, era mostrar el rendimiento de 16 cultivares de soja, sembrados dos veces cada uno. Realizaron la implantación en noviembre del año pasado, pero las escasas precipitaciones que cayeron, no dejaron observar el potencial real que puede tener cada producto.

Lo que sí llegaron a apreciar es que los materiales que mejor respuesta tuvieron a esas inclemencias, fueron los de ciclos largos, sobre todos los del grupo 5, porque alcanzaron a recibir las lluvias que llegaron demoradas en marzo después de un febrero que fue inusualmente seco.

"Lo que es interesante es que estos rindes fueron bajos pero nos recuerdan un poco en donde estamos. Porque nosotros producimos en el semiárido, donde hay años de muy buenas lluvias y otros de precipitaciones muy pobres. En esas épocas es donde se pone en juego el conocimiento y el manejo que hagamos", reflexionó Nafissi.

Totalmente distinto fue el caso de los ensayos que el ingeniero Marcelo Bongiovanni realizó en el Valle del Conlara. El docente de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) realizó pruebas como hace todos los años en el campo experimental "Don Andrés", ubicado en los alrededores de Tilisarao.

 

Suelo. Aconsejaron adaptar las decisiones de la siembra y  del cultivo en base a las condiciones del ambiente y la disponibilidad de agua.

Lo primero que hizo el hombre, que fue destacado por El Diario de la República el año pasado, fue hacer un resumen por las características que tuvo la campaña en esa región, en donde el también asesora a muchos otros productores. Dijo que hubo una alta variabilidad climática, es decir que así como hubo fechas de precipitaciones abundantes, hubo períodos de sequía combinados con altas temperaturas, además de algunos episodios de granizo concentrados en algunos sectores. También, señaló, hubo una menor inversión económica en tecnología e insumos, como consecuencia de la mala campaña anterior y la crisis que afecta a todo el país.

A eso se le sumó un aumento de la superficie de malezas resistentes a herbicidas, pero una baja incidencia de plagas y enfermedades. Y en lo que a cosecha estrictamente se refiere, las tareas se atrasaron mucho por las lluvias. En soja, la recolección terminó recién el mes pasado, mientras que todavía quedan campos de maíz por levantar.

Por eso, para la oleaginosa pudo recolectar la información de unos 35 productores de la zona que sembraron unas 18.600 hectáreas en total. Los rindes fueron muy variados: mientras que en zonas de secano y con uso de tecnología, fueron desde los 45 a los 90 quintales por hectárea, en los lotes que no usaron tantas herramientas se quedaron entre los 25 y los 40. Los campos con riego, en cambio, tuvieron recompensas de entre 80 y 120 quintales.

En el caso del cereal, recién van cosechado un pequeño porcentaje de la superficie, pero hasta el momento los rendimientos están entre los 22 y los 25 quintales. Además, hay unas 2.000 hectáreas plantadas con cultivos de cobertura, que son en su mayoría de centeno.

 

Suelos y napas

Cuando le llegó su turno, el ingeniero Juan Cruz Colazo trató de resumirle al auditorio, los últimos estudios y las novedades que hay en el país y el mundo en materia de fertilidad de los suelos.Pero su mensaje principal fue el de insistir en la necesidad de realizar análisis del terreno antes de empezar una siembra y determinar una estrategia de fertilización. "No solo hay que quedarse con los parámetros químicos, hay que entender la fertilidad como algo integral", remarcó.

Porque las condiciones de humedad, la salinidad y la sodicidad, son variables que hay que tener claras a la hora de definir qué aplicaciones hacer.

Un poco en sintonía estuvo la charla que dio Jorge Mercau, otro de los profesionales del Inta. Porque con su disertación titulada "Decisiones adaptativas en maíz y soja", se propuso mostrar cuáles son los momentos claves para los cultivos y cómo las elecciones que haga el productor afectarán el resultado final.

 

En el Valle del Conlara los rindes de soja variaron. hubo campos que otuvieron entre 45 y 90 quintales por hectárea en secano, y otros que apenas llegaron a los 25.

 

Entonces, las disyuntivas pasarán principalmente porqué disponibilidad hídrica hay en los campos y qué hacer con ella. Porque "en San Luis el agua se está escapando", afirmó. Entre 2002 y 2015, ha habido una gran reducción de la evapotranspiración por el cambio del uso del suelo y la reducción de la superficie de monte en favor de la agricultura.

En la secuencia de soja y maíz, sostuvo que hay tres momentos críticos para monitorear las condiciones hídricas de los cultivos y tomar decisiones: a fines de marzo, principios de setiembre y en la siembra de granos.

Mercau se detuvo a dar una serie de recomendaciones sobre fechas para hacer las plantaciones, la densidad, el secado de los cultivos, el uso de especies de cobertura, la fertilización, entre otros aspectos. Pero en la síntesis final, insistió en la necesidad de ir hacia una agricultura que se adapta y que no solo produzca granos, sino también servicios. "Hay un cambio de paradigma que estamos viendo, y tenemos que estar a la altura", motivó.

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Es hora de poner las bases para una buena campaña

El Inta organizó charlas para ayudar a los productores a tomar las mejores decisiones antes de una nueva siembra. Malezas, fertilización, napas y rindes, los principales temas.

De estreno. El salón fue inaugurado hace poco y ya empieza a albergar capacitaciones.

Aunque hay algunos campos de la provincia que todavía tienen maíces por cosechar, el resultado de la próxima campaña ya está en juego. Porque las decisiones que los productores tomen hoy, tendrán una gran incidencia a la hora de empezar una nueva siembra y también al momento de valorar sus resultados.

Por eso, el Inta organizó una jornada en la que disertaron varios especialistas que le dieron herramientas útiles a los productores para planificar sus cultivos, principalmente en el caso de la soja y el maíz, que son las especies que mayor superficie ocupan en el suelo sanluiseño.

Control de malezas, análisis de suelos, profundidades de las napas, fueron algunos de los grandes temas que trataron los profesionales. Aunque también hubo espacio para que se muestren los resultados, parciales y finales, de algunos ensayos realizados en diferentes regiones productivas.

 

La jornada fue organizada con el apoyo de algunas empresas de insumos y servicios agrícolas que también mostraron un poco sus tecnologías a los productores.

 

Más de 120 personas colmaron el coqueto salón que la Agencia de Extensión Rural (AER) de Villa Mercedes estrenó el año pasado, con un blanco impoluto que demuestra que todavía está ávido de albergar conocimiento. Fue un auditorio variado en edad, en el que predominaron los docentes y estudiantes universitarios, los ingenieros agrónomos, asesores agrícolas y varios productores de la zona.

El director del lnta en San Luis, Ricardo Sager, fue quien hizo la apertura de la jornada y resaltó la alegría de usar esas instalaciones y de la permanencia de una agencia de extensión que "estuvo a pocos días de ser borrada de la estructura nacional", admitió. "Entre todos conseguimos que se reconozca la importancia que tiene para la región y por eso la tenemos que aprovechar", afirmó.

Las primeras charlas arrancó unos minutos antes de las 9 de la mañana y las disertaciones se interrumpieron recién a las 14, con un almuerzo para todos los presentes. En diálogo con la revista El Campo, Sager contó que intentan mantener una modalidad de capacitaciones que se extiendan solo durante medio día, para que no resulten tan agotadoras y que se puedan repetir con más frecuencia. "Para nosotros esta es la situación ideal de poder encontrarnos con todas las partes, y si pudiéramos hacerlo más seguido sería mejor. Por eso, usamos esta estrategia, porque permite más interacción, más diálogo y que todos hagan su aporte. Y a su vez nos permite repartirnos por diferentes zonas de la provincia", dijo y anticipó que entre setiembre y octubre harán la segunda parte de esta jornada agrícola en Villa Mercedes.

Aunque trataron diferentes temas vinculados a los cultivos, todas las charlas tuvieron un mismo espíritu: remarcar la necesidad de hacer una buena planificación de la campaña y la idea de que su éxito también se pueda  empezar a definir ahora, cuando es el momento de sentar las bases y reducir un poco la inevitable incertidumbre de hacer agricultura.

 

Malezas, el principal enemigo

Si hay alguien indicado para hablar sobre malezas, ese es Jorge Garay. El hombre es un especialista en la materia y le ha dedicado su vida al estudio de aquellas especies problemáticas que compiten con los cultivos y terminan por afectar su rendimiento.

De hecho, señaló que entre los factores bióticos que pueden dañar a la producción agrícola (entre los que también se pueden nombrar a los hongos, los virus y los ácaros), las malezas son las que mayor impacto generan en los rindes.

Por lo que además de la lógica disminución de la rentabilidad, genera otros costos extra, como un gasto alto en insumos para controlarlas (puede ser de hasta 121 dólares por hectárea) y muchas veces obligan a modificar el uso de los lotes y los dejan sin productividad.

Este fenómeno ha mostrado su cara más oscura en los últimos años, con la aparición de especies que ya son tolerantes o resistentes a varios tipos de herbicidas, principalmente al más usado y conocido que es el glifosato.

 

Una mirada al suelo. Los especialistas recomendaron hacer estudios del terreno antes de definir una estrategia de fertilización.

 

Eso pone en evidencia algo en lo que Garay y su equipo vienen insistiendo desde hace un tiempo: "Ya no basta con el control químico", dijo. Cada vez es más necesario un manejo integrado que incluya prácticas como la rotación, el uso de los cultivos de cobertura, el regreso a las labranzas y la extracción manual en algunos casos.

En ese contexto, el barbecho es una herramienta fundamental para prevenir la aparición y expansión de malezas antes de empezar con las siembras. "Lo primero que hay que hacer es eliminar la vegetación viva o verde de malezas con un herbicida de acción total, como el glifosato en mezcla. Después hay que aplicar uno o más herbicidas de acción residual, para mantener el suelo limpio durante un tiempo que será variable de acuerdo al tipo de producto, la dosis utilizada, el tipo de suelo y las condiciones climáticas", detalló el ingeniero en la cartilla que entregó la organización de la jornada con un resumen de las disertaciones.

Pero tampoco significa aplicar cualquier producto. Aconsejó elegir aquel que tenga mucha residualidad, es decir que tenga una larga duración para proteger al cultivo en su desarrollo y minimizar el uso de herbicidas pos emergentes (los que se utilizan cuando ya crecieron las malezas), que son más erráticos en el control. También recomendó buscar los que sean efectivos al mismo tiempo para soja y para maíz, pero que no sean tóxicos para los cultivos, y que la resistencia no sea tan larga y que termine afectando a las siembras que se harán después.

Entre las especies problemas más difundidas en la provincia, lógicamente aparece el yuyo colorado, en las variedades de nombre científico Amaranthus palmieri y Amaranthus quitensis, (ocupaba alrededor de 13 millones de hectáreas en todo el país en el 2017). Pero también tiene una gran expansión la rama negra, la gramilla, el gramón, la roseta y la cortadera chica, entre otros

 

Sobre rendimientos

La jornada continuó con la participación de representantes de tres instituciones diferentes, que mostraron los resultados de los ensayos que hicieron durante la campaña pasada.

Primero Hugo Bernasconi, del Grupo de Producción Agrícola del Inta, y Gabriel Nafissi de Agricultores Federados Argentinos (AFA), dieron un pantallazo de cómo les fue con las pruebas que hicieron en Villa Mercedes. Lamentablemente, las condiciones climáticas no contribuyeron y la mayoría de los cultivos del ensayo se terminaron perdiendo. Aún así, "los datos están y nos parece que puede ser muy útil compartirlos", señaló el agrónomo local.

 

Segunda parte. En setiembre harán la continuación de la jornada en Villa Mercedes.

 

El objetivo que perseguían cuando empezaron el ensayo, era mostrar el rendimiento de 16 cultivares de soja, sembrados dos veces cada uno. Realizaron la implantación en noviembre del año pasado, pero las escasas precipitaciones que cayeron, no dejaron observar el potencial real que puede tener cada producto.

Lo que sí llegaron a apreciar es que los materiales que mejor respuesta tuvieron a esas inclemencias, fueron los de ciclos largos, sobre todos los del grupo 5, porque alcanzaron a recibir las lluvias que llegaron demoradas en marzo después de un febrero que fue inusualmente seco.

"Lo que es interesante es que estos rindes fueron bajos pero nos recuerdan un poco en donde estamos. Porque nosotros producimos en el semiárido, donde hay años de muy buenas lluvias y otros de precipitaciones muy pobres. En esas épocas es donde se pone en juego el conocimiento y el manejo que hagamos", reflexionó Nafissi.

Totalmente distinto fue el caso de los ensayos que el ingeniero Marcelo Bongiovanni realizó en el Valle del Conlara. El docente de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) realizó pruebas como hace todos los años en el campo experimental "Don Andrés", ubicado en los alrededores de Tilisarao.

 

Suelo. Aconsejaron adaptar las decisiones de la siembra y  del cultivo en base a las condiciones del ambiente y la disponibilidad de agua.

Lo primero que hizo el hombre, que fue destacado por El Diario de la República el año pasado, fue hacer un resumen por las características que tuvo la campaña en esa región, en donde el también asesora a muchos otros productores. Dijo que hubo una alta variabilidad climática, es decir que así como hubo fechas de precipitaciones abundantes, hubo períodos de sequía combinados con altas temperaturas, además de algunos episodios de granizo concentrados en algunos sectores. También, señaló, hubo una menor inversión económica en tecnología e insumos, como consecuencia de la mala campaña anterior y la crisis que afecta a todo el país.

A eso se le sumó un aumento de la superficie de malezas resistentes a herbicidas, pero una baja incidencia de plagas y enfermedades. Y en lo que a cosecha estrictamente se refiere, las tareas se atrasaron mucho por las lluvias. En soja, la recolección terminó recién el mes pasado, mientras que todavía quedan campos de maíz por levantar.

Por eso, para la oleaginosa pudo recolectar la información de unos 35 productores de la zona que sembraron unas 18.600 hectáreas en total. Los rindes fueron muy variados: mientras que en zonas de secano y con uso de tecnología, fueron desde los 45 a los 90 quintales por hectárea, en los lotes que no usaron tantas herramientas se quedaron entre los 25 y los 40. Los campos con riego, en cambio, tuvieron recompensas de entre 80 y 120 quintales.

En el caso del cereal, recién van cosechado un pequeño porcentaje de la superficie, pero hasta el momento los rendimientos están entre los 22 y los 25 quintales. Además, hay unas 2.000 hectáreas plantadas con cultivos de cobertura, que son en su mayoría de centeno.

 

Suelos y napas

Cuando le llegó su turno, el ingeniero Juan Cruz Colazo trató de resumirle al auditorio, los últimos estudios y las novedades que hay en el país y el mundo en materia de fertilidad de los suelos.Pero su mensaje principal fue el de insistir en la necesidad de realizar análisis del terreno antes de empezar una siembra y determinar una estrategia de fertilización. "No solo hay que quedarse con los parámetros químicos, hay que entender la fertilidad como algo integral", remarcó.

Porque las condiciones de humedad, la salinidad y la sodicidad, son variables que hay que tener claras a la hora de definir qué aplicaciones hacer.

Un poco en sintonía estuvo la charla que dio Jorge Mercau, otro de los profesionales del Inta. Porque con su disertación titulada "Decisiones adaptativas en maíz y soja", se propuso mostrar cuáles son los momentos claves para los cultivos y cómo las elecciones que haga el productor afectarán el resultado final.

 

En el Valle del Conlara los rindes de soja variaron. hubo campos que otuvieron entre 45 y 90 quintales por hectárea en secano, y otros que apenas llegaron a los 25.

 

Entonces, las disyuntivas pasarán principalmente porqué disponibilidad hídrica hay en los campos y qué hacer con ella. Porque "en San Luis el agua se está escapando", afirmó. Entre 2002 y 2015, ha habido una gran reducción de la evapotranspiración por el cambio del uso del suelo y la reducción de la superficie de monte en favor de la agricultura.

En la secuencia de soja y maíz, sostuvo que hay tres momentos críticos para monitorear las condiciones hídricas de los cultivos y tomar decisiones: a fines de marzo, principios de setiembre y en la siembra de granos.

Mercau se detuvo a dar una serie de recomendaciones sobre fechas para hacer las plantaciones, la densidad, el secado de los cultivos, el uso de especies de cobertura, la fertilización, entre otros aspectos. Pero en la síntesis final, insistió en la necesidad de ir hacia una agricultura que se adapta y que no solo produzca granos, sino también servicios. "Hay un cambio de paradigma que estamos viendo, y tenemos que estar a la altura", motivó.

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