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A la alfalfa hay que cuidarla como un cultivo agrícola

Juan Luna

El Gobierno de la Provincia busca capacitar a los productores que proveerán sus fardos para el proyecto exportador. Diferentes especialistas dan pautas para concebir a la pastura como un producto de calidad y realizar un manejo que contemple monitoreos, fertilización y un buen aprovechamiento del agua.

Algo quedó claro en la primera capacitación que brindó el Gobierno de la Provincia para darle forma al proyecto Alfazal: para hacer una buena alfalfa el manejo es tan exigente como el de la soja, el maíz o cualquier otro cultivo agrícola.

Con un ciclo de charlas que se repetirá todos los jueves que quedan de septiembre y en algunos de octubre, San Luis Logística busca transmitir a los productores, asesores y contratistas una nueva forma de concebir la alfalfa. Y así convertirla en un producto de calidad para exportar hacia los países árabes, que están ávidos por comprar el forraje que ellos no pueden cultivar por falta de agua.

Porque aunque es una pastura de larga tradición en el Departamento Pedernera y en el resto de la provincia, siempre ha sido pensada como un recurso para alimentar la hacienda y disponer de pasturas durante el invierno, cuando escasean las especies naturales de la zona.

La semana pasada, varios especialistas del Inta y de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) dieron algunas pautas que pueden contribuir a ese "cambio de paradigma". Y hablaron del monitoreo como una herramienta clave para controlar las enfermedades, las malezas y las plagas que pueden afectar al cultivo, pero también remarcaron la necesidad de empezar a analizar los nutrientes del suelo y la influencia de las napas para mejorar el rendimiento de la pastura.

El ciclo tuvo continuidad este jueves, pero con la mirada puesta en la alfalfa como un negocio, en el mercado internacional, la rentabilidad potencial y algunas herramientas financieras.

En estas páginas nos centraremos en la primera de las jornadas, que congregó a varios productores de la Cuenca del Morro en el auditorio de la Agrozal en Villa Mercedes, y que se mostraron muy interesados en los lineamientos que ofrecieron los especialistas.

A bajarse de la camioneta

El primero en disertar fue Jorge Garay, una palabra autorizada en lo que a malezas se refiere. El hombre trabaja en el Inta y ha dedicado varias décadas a estudiar las diferentes especies que resultan problemáticas para los cultivos. Como si tuviera un recetario grabado en la memoria, el ingeniero recomendó qué tipos de productos y mezclas son los ideales para utilizar en cada situación.

Pero también advirtió que cada variedad obliga a un tratamiento diferente y conocer las plantas es fundamental para saber en qué momento del desarrollo del cultivo se deben aplicar los herbicidas.

Entre las principales malezas que afectan a la alfalfa en la región, Garay nombró a las que son conocidas como cuscuta, gramón, sorgo de Alepo, pasto puna, tierra seca, roseta y pata de gallina.

Los daños que pueden ocasionar son distintos en cada género, pero en definitiva todos se traducen en una pérdida de la productividad, un problema grave si lo que se busca es un mejor rendimiento en kilos a la hora de la trilla. Pero incluso, hay algunas especies como la tierra seca, también conocida como clavel amarillo, que son tóxicas y producen la muerte casi inmediata de los vacunos que la ingieren.

De ahí radica la importancia de monitorear de cerca los lotes y hacer muestreos para intentar detectar alguna presencia indeseada. Ante la aparición de algún manchón, por más mínimo que parezca, lo ideal es tomar alguna medida.

Garay también es un gran defensor de hacer un manejo integral de las malezas, en el que se establezcan diferentes prácticas agrícolas para intentar disminuir el excesivo uso de productos químicos. En primer lugar porque cada vez hay más especies que se presentan como tolerantes o resistentes a los herbicidas, y en segunda instancia, porque asegura una mayor inocuidad en la producción de alimentos.

En la misma dirección se movió la charla que dio Silvia Bonivardo, quien además de ser docente de la UNSL, es productora. Ella hizo un repaso de las plagas más comunes en los alfalfares y para cada una planteó las recomendaciones sobre cómo manejarlas.

Agrupó a las especies en base a su comportamiento y nombró a las cortadoras, las desfoliadoras, y las bolilleras, entre otras. Todas generan diferentes tipos de daños, básicamente porque son organismos vivos que buscan su alimento en la alfalfa a través de la succión de la savia.

Sin embargo, Bonivardo advirtió que la presencia de estos "bichitos" no siempre es dañina y que como en todo ecosistema están cumpliendo una función que, en algunos casos, puede ser beneficiosa.

"La alfalfa es un cultivo perenne que permite la vida. No es necesario aplicar por aplicar", recomendó la ingeniera, y resaltó que cada país comprador de  la pastura tiene sus requerimientos sanitarios que el productor deberá tener en cuenta si no quiere que "se le caiga el negocio".

Al igual que su colega, también remarcó la necesidad de hacer muestreos periódicos para detectar la presencia de las plagas. "No basta con mirar desde arriba de la camioneta, hay que bajarse y meterse en el lote", dijo con humor. Es que hay especies que se esconden entre las raíces, otras que se alojan en la tierra u otras que solo salen cuando es de noche.

Existen varias herramientas y metodologías para hacer los relevamientos y saber fácilmente si es necesario tomar alguna medida con las plagas o no. Para ello, aconsejó disponer de un asesor fitosanitario que reconozca las especies y recomiende el mejor tratamiento posible sin afectar el funcionamiento del ecosistema ni la productividad de la alfalfa.

Cuando fue el turno de Belén Bravo, otra de las investigadoras del Inta, el foco cambió hacia las enfermedades del cultivo, pero el espíritu fue el mismo: la necesidad de un control exhaustivo para evitar pérdidas que pueden llegar hasta un 25% en la producción del forraje y a un 10% en la generación de semillas. Además, pueden disminuir la capacidad de fotosíntesis de la planta, reducir su longevidad y afectar la absorción de nutrientes.

Entre sus principales recomendaciones, habló de usar semillas que estén certificadas, tener los lotes bien drenados, hacer cortes y pastoreos en los momentos oportunos y hacer un correcto diagnóstico de lo que sucede en el suelo.

Luego, cuando Juan Cruz Colazo asumió el control de la charla hizo una pregunta que puso "nerviosos" a los productores: "¿Cuántos de ustedes hacen fertilización en la alfalfa?". Entre los chistes y las risas, asomó una realidad: a esta pastura no se la maneja con la misma rigurosidad que a otros cultivos.

Por eso, el especialista del Inta aconsejó hacer análisis del suelo para saber cuáles son los nutrientes que necesita para mejorar la producción de biomasa y materia seca.

Los componentes en los que más se detuvo fue en el nitrógeno y en el fósforo. Porque si bien históricamente el terreno de San Luis ha sido rico en estos dos nutrientes, reveló que han empezado a advertir una tendencia a la disminución. Y ante una posible carencia, "el cultivo que más sufrirá será la alfalfa", señaló.

Hay otros fenómenos, ocasionados por el desbalance ambiental en la Cuenca, que repercuten mucho en las pretensiones de los productores. Entre ellos aparece la salinidad, los hidroalomorfismos y la compactación del terreno.

Todo eso obliga a una revisión de las características de los suelos que hay en la región, a cuestionar lo que dicen los libros y trasladarse a los lotes a hacer nuevos estudios antes de tomar decisiones productivas con grandes apuestas económicas.

Claudio Sáenz también contó su doble experiencia como técnico del Inta y como productor para hablar sobre las dinámicas en las que se mueve el agua en los campos, como consecuencia de un cambio grande en los regímenes de lluvia de la región y del incremento generalizado de las napas.

El investigador planteó que lo que podría presentarse como una amenaza, también puede convertirse en una oportunidad. Y los excesos hídricos que hay en San Luis pueden ser buenas fuentes para hacer una alfalfa de calidad que salga a conquistar los mercados internacionales, siembre que se haga con un manejo efectivo.

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A la alfalfa hay que cuidarla como un cultivo agrícola

El Gobierno de la Provincia busca capacitar a los productores que proveerán sus fardos para el proyecto exportador. Diferentes especialistas dan pautas para concebir a la pastura como un producto de calidad y realizar un manejo que contemple monitoreos, fertilización y un buen aprovechamiento del agua.

Algo quedó claro en la primera capacitación que brindó el Gobierno de la Provincia para darle forma al proyecto Alfazal: para hacer una buena alfalfa el manejo es tan exigente como el de la soja, el maíz o cualquier otro cultivo agrícola.

Con un ciclo de charlas que se repetirá todos los jueves que quedan de septiembre y en algunos de octubre, San Luis Logística busca transmitir a los productores, asesores y contratistas una nueva forma de concebir la alfalfa. Y así convertirla en un producto de calidad para exportar hacia los países árabes, que están ávidos por comprar el forraje que ellos no pueden cultivar por falta de agua.

Porque aunque es una pastura de larga tradición en el Departamento Pedernera y en el resto de la provincia, siempre ha sido pensada como un recurso para alimentar la hacienda y disponer de pasturas durante el invierno, cuando escasean las especies naturales de la zona.

La semana pasada, varios especialistas del Inta y de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) dieron algunas pautas que pueden contribuir a ese "cambio de paradigma". Y hablaron del monitoreo como una herramienta clave para controlar las enfermedades, las malezas y las plagas que pueden afectar al cultivo, pero también remarcaron la necesidad de empezar a analizar los nutrientes del suelo y la influencia de las napas para mejorar el rendimiento de la pastura.

El ciclo tuvo continuidad este jueves, pero con la mirada puesta en la alfalfa como un negocio, en el mercado internacional, la rentabilidad potencial y algunas herramientas financieras.

En estas páginas nos centraremos en la primera de las jornadas, que congregó a varios productores de la Cuenca del Morro en el auditorio de la Agrozal en Villa Mercedes, y que se mostraron muy interesados en los lineamientos que ofrecieron los especialistas.

A bajarse de la camioneta

El primero en disertar fue Jorge Garay, una palabra autorizada en lo que a malezas se refiere. El hombre trabaja en el Inta y ha dedicado varias décadas a estudiar las diferentes especies que resultan problemáticas para los cultivos. Como si tuviera un recetario grabado en la memoria, el ingeniero recomendó qué tipos de productos y mezclas son los ideales para utilizar en cada situación.

Pero también advirtió que cada variedad obliga a un tratamiento diferente y conocer las plantas es fundamental para saber en qué momento del desarrollo del cultivo se deben aplicar los herbicidas.

Entre las principales malezas que afectan a la alfalfa en la región, Garay nombró a las que son conocidas como cuscuta, gramón, sorgo de Alepo, pasto puna, tierra seca, roseta y pata de gallina.

Los daños que pueden ocasionar son distintos en cada género, pero en definitiva todos se traducen en una pérdida de la productividad, un problema grave si lo que se busca es un mejor rendimiento en kilos a la hora de la trilla. Pero incluso, hay algunas especies como la tierra seca, también conocida como clavel amarillo, que son tóxicas y producen la muerte casi inmediata de los vacunos que la ingieren.

De ahí radica la importancia de monitorear de cerca los lotes y hacer muestreos para intentar detectar alguna presencia indeseada. Ante la aparición de algún manchón, por más mínimo que parezca, lo ideal es tomar alguna medida.

Garay también es un gran defensor de hacer un manejo integral de las malezas, en el que se establezcan diferentes prácticas agrícolas para intentar disminuir el excesivo uso de productos químicos. En primer lugar porque cada vez hay más especies que se presentan como tolerantes o resistentes a los herbicidas, y en segunda instancia, porque asegura una mayor inocuidad en la producción de alimentos.

En la misma dirección se movió la charla que dio Silvia Bonivardo, quien además de ser docente de la UNSL, es productora. Ella hizo un repaso de las plagas más comunes en los alfalfares y para cada una planteó las recomendaciones sobre cómo manejarlas.

Agrupó a las especies en base a su comportamiento y nombró a las cortadoras, las desfoliadoras, y las bolilleras, entre otras. Todas generan diferentes tipos de daños, básicamente porque son organismos vivos que buscan su alimento en la alfalfa a través de la succión de la savia.

Sin embargo, Bonivardo advirtió que la presencia de estos "bichitos" no siempre es dañina y que como en todo ecosistema están cumpliendo una función que, en algunos casos, puede ser beneficiosa.

"La alfalfa es un cultivo perenne que permite la vida. No es necesario aplicar por aplicar", recomendó la ingeniera, y resaltó que cada país comprador de  la pastura tiene sus requerimientos sanitarios que el productor deberá tener en cuenta si no quiere que "se le caiga el negocio".

Al igual que su colega, también remarcó la necesidad de hacer muestreos periódicos para detectar la presencia de las plagas. "No basta con mirar desde arriba de la camioneta, hay que bajarse y meterse en el lote", dijo con humor. Es que hay especies que se esconden entre las raíces, otras que se alojan en la tierra u otras que solo salen cuando es de noche.

Existen varias herramientas y metodologías para hacer los relevamientos y saber fácilmente si es necesario tomar alguna medida con las plagas o no. Para ello, aconsejó disponer de un asesor fitosanitario que reconozca las especies y recomiende el mejor tratamiento posible sin afectar el funcionamiento del ecosistema ni la productividad de la alfalfa.

Cuando fue el turno de Belén Bravo, otra de las investigadoras del Inta, el foco cambió hacia las enfermedades del cultivo, pero el espíritu fue el mismo: la necesidad de un control exhaustivo para evitar pérdidas que pueden llegar hasta un 25% en la producción del forraje y a un 10% en la generación de semillas. Además, pueden disminuir la capacidad de fotosíntesis de la planta, reducir su longevidad y afectar la absorción de nutrientes.

Entre sus principales recomendaciones, habló de usar semillas que estén certificadas, tener los lotes bien drenados, hacer cortes y pastoreos en los momentos oportunos y hacer un correcto diagnóstico de lo que sucede en el suelo.

Luego, cuando Juan Cruz Colazo asumió el control de la charla hizo una pregunta que puso "nerviosos" a los productores: "¿Cuántos de ustedes hacen fertilización en la alfalfa?". Entre los chistes y las risas, asomó una realidad: a esta pastura no se la maneja con la misma rigurosidad que a otros cultivos.

Por eso, el especialista del Inta aconsejó hacer análisis del suelo para saber cuáles son los nutrientes que necesita para mejorar la producción de biomasa y materia seca.

Los componentes en los que más se detuvo fue en el nitrógeno y en el fósforo. Porque si bien históricamente el terreno de San Luis ha sido rico en estos dos nutrientes, reveló que han empezado a advertir una tendencia a la disminución. Y ante una posible carencia, "el cultivo que más sufrirá será la alfalfa", señaló.

Hay otros fenómenos, ocasionados por el desbalance ambiental en la Cuenca, que repercuten mucho en las pretensiones de los productores. Entre ellos aparece la salinidad, los hidroalomorfismos y la compactación del terreno.

Todo eso obliga a una revisión de las características de los suelos que hay en la región, a cuestionar lo que dicen los libros y trasladarse a los lotes a hacer nuevos estudios antes de tomar decisiones productivas con grandes apuestas económicas.

Claudio Sáenz también contó su doble experiencia como técnico del Inta y como productor para hablar sobre las dinámicas en las que se mueve el agua en los campos, como consecuencia de un cambio grande en los regímenes de lluvia de la región y del incremento generalizado de las napas.

El investigador planteó que lo que podría presentarse como una amenaza, también puede convertirse en una oportunidad. Y los excesos hídricos que hay en San Luis pueden ser buenas fuentes para hacer una alfalfa de calidad que salga a conquistar los mercados internacionales, siembre que se haga con un manejo efectivo.

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