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Guitarrista universal

El peruano recuerda su estrecha relación con la provincia y sus años de acompañamiento de Chabuca Granda y Mercedes Sosa.

Por Astrid Moreno García
| 16 de noviembre de 2020

Luego de pasar una vida como soporte y apoyo de las más grandes cantantes latinoamericanas, "Lucho" González se pone al frente de las miradas y toma, por primera vez, todos los reflectores para él. Con su nuevo disco "Cuentos sonoros de ayer y hoy", al que considera como un gustito personal, retoma viejos sonetos que tenía abandonados en el placard y los combina con su "cabeza evolucionada".

 

Hijo de Javier González, un notable cantante peruano, Luis Alejandro González nació entre guitarras en una casa donde el vaivén de músicos era una constante. A pesar de los temores de su padre por los excesos que acompañan la carrera de los artistas, a los 10 años recibió su primera guitarra y comenzó un amor único entre los ritmos y sonidos del folclore argentino, peruano y brasilero y el movimiento de las cuerdas y las gráciles manos de "Lucho".

 

"Cuando era chico estaba acostumbrado a ver músicos que venían de todos lados para tocar con mi papá, a veces se quedaban a dormir porque ensayaban dos días seguidos", contó "Lucho", quien por entonces descubrió que tocar la guitarra le resultaba más fácil que jugar al fútbol, otra de sus pasiones.

 

Con el tiempo, González pudo transitar su carrera sin caer en esas tentaciones que temía su padre. "Estoy sano y entero. Además, no hay que ser músico para experimentar ese tipo de cosas". Por supuesto que hubo colegas que quedaron en el camino, lo que para el guitarrista es una señal de que pudo controlar las tentaciones para dedicarse a la música y a cuidar a sus hijos.

 

El nuevo disco es una demostración del virtuosismo de "Lucho", quien se considera un buen organizador musical. "Siempre me preocupé en ver cómo hacer para que el cantante tenga el mejor acompañamiento, nunca pienso en la guitarra sola". Con esa tónica, regrabó viejas canciones en la actualidad, una tarea que consideró necesaria "porque el oído se va deteriorando, los tendones se van anquilosando y ya no tenés la misma capacidad de tocar".

 

Paladín de la combinación de música peruana y argentina, "Lucho" cree que los sonidos son para todos. "La mezcla depende de muchas cosas, como de la parte rítmica; eso se aprende escuchando distintos tipos de música".

 

Los ritmos europeos —enseña el maestro— fueron transformados por razones étnicas y geográficas de cada región. "La influencia de cada uno de esos ritmos da la pauta que dependiendo de dónde estés, hay que tocar de determinada manera para diferenciar algo que resulta muy parecido: las melodías". A lo largo de su carrera, el peruano llevó la influencia brasilera al Perú, aun contra algunos críticos que creían que, por ser hijo de su padre, "Lucho" debía hacer solo música de su país. "Después se dieron cuenta que mi intención no era rebelarme".

 

En una gira por Buenos Aires con Chabuca Granda, un canal de televisión la invitó a tocar el mismo día que estaba Mercedes Sosa. "Fue impresionante ver cómo se conocieron. Fue como el abrazo de Bolívar y San Martín", dice González.

 

Poco después, pese a que Chabuca se enojó mucho por el abandono, "Lucho" se fue a vivir a España, empujado por la situación política y por la necesidad de saber quién era en el mundo de la música. Tocó con Ana Belén y Víctor Manuel, en una etapa que recuerda con cariño.

 

Estaba en Madrid cuando sonó el teléfono. "Era el guitarrista de Mercedes, me dijo que estaban en España y que después de tanto tiempo con ella se iba a retirar y yo estaba entre los posibles reemplazantes. Era como tocar el cielo con las manos o, si te gusta el fútbol, era como ir a jugar de 9 a Barcelona".

 

El músico se puso de novio con una porteña que estaba en un ballet de danza moderna en España, quien sería la madre de sus hijos. "Mercedes nos invitó a comer a su departamento de Madrid, llegamos y destaparon un vino, pero yo tomé agua, tenía 60 canciones en la cabeza y un miedo encima inimaginable. Se pusieron a conversar y yo estaba pintado. Terminó la cena, fuimos a la sala donde tenía su equipo de música y se sirvieron coñac, y seguían hablando de la danza. Yo, como un ganso esperando y tomando agua mineral. Mercedes se levantó, puso un disco brasilero, algo que era lo mío, pero le pidió a mi novia que lo danzara y se pusieron a bailar, y yo seguía sentado ahí. Entonces paró la música, me miró, me pidió que tocara uno de los temas de la discografía y se puso a cantar. Yo por supuesto que lo conocía, mucha parte de mi vida había tocado música brasilera. Y esa fue la prueba, no había dormido en días aprendiéndome 60 temas para que me pidiera algo que conocía desde pequeño".

 

"Lucho" vino varias veces a San Luis y tiene un estrecho vínculo con la Casa de la Música de Villa Mercedes, donde grabó varias veces. "Es una provincia maravillosa que admiro, es muy especial y tuve gratisísimas experiencias como docente. Hay muy lindos músicos allá".

 

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