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La vacuna contra la COVID-19, una inédita carrera contrarreloj

Este año tan particular, indisolublemente ligado a la pandemia pero sazonado por una sucesión de acontecimientos inesperados, casi que ha logrado agotar el sentido de sorpresa y de asombro. En los últimos meses se habló mucho sobre las distintas vacunas contra la COVID-19, y sus ventajas y desventajas. Todo este "ruido de fondo" generado por noticias que se suceden a velocidad de vértigo no debe distraernos de un hecho fundamental: la ciencia escribe hoy una página muy importante de su historia.

 

Según una nota publicada por el diario inglés The Guardian, que cita a científicos de prestigio mundial, el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus resulta inédito por la increíble velocidad con la que se obtuvieron resultados. Señalan que antes el proceso completo de elaboración de una nueva inmunización demandaba, en promedio, unos diez años, y recuerdan que nunca una dosis pudo ser finalizada en un período menor a los cinco años.

 

¿Cuáles son las razones de este acortamiento tan drástico de los plazos? En primer lugar, los especialistas afirman que un factor determinante para impulsar la vacuna contra la COVID-19 fue la disponibilidad de un financiamiento (público y privado) casi ilimitado.

 

Con un mundo paralizado por una pandemia que por sus efectos y medidas adoptadas no tiene antecedentes, los gobiernos no dudaron en abrir la billetera para asegurarse de antemano la adquisición de una inmunización eficaz. Con una compra ya garantizada, los laboratorios canalizaron todo el tiempo y el dinero para avanzar en sus investigaciones.

 

El segundo elemento se vincula con la misma naturaleza del avance científico. Las vacunas de la Universidad de Oxford-AstraZeneca, Pfizer-BioNTech y Moderna utilizan técnicas muy avanzadas que les permitieron “quemar” etapas. En el caso del desarrollo de Pfizer-BioNTech, que es el que eligieron los británicos para proteger a su población, es utilizado un fragmento pequeño del código genético del virus, lo que le enseña al sistema inmunológico cómo combatir la COVID-19.

 

La carrera por alcanzar la dosis más segura y efectiva también se ha caracterizado por alterar la secuencia de elaboración clásica. Antes de la pandemia, los laboratorios recién realizaban los ensayos clínicos de una dosis una vez que su formulación había sido terminada. Esta vez, estas pruebas se hicieron en paralelo al desarrollo de la vacuna.

 

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