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ESI, en y para la vida más allá del sistema educativo

La Educación Sexual Integral también está presente, de una u otra manera, en los diferentes ámbitos y etapas de la vida.

Por redacción
| 09 de marzo de 2020

Mucho se ha dicho de la Educación Sexual Integral (ESI) como derechos de niñas, niños y adolescentes a recibir sus contenidos en el sistema educativo, como lo establece la Ley 26.150, pero la sexualidad es parte constitutiva de nuestro ser desde que nacemos hasta el último día de nuestra existencia, por lo tanto la ESI también está presente, de una u otra manera, en los diferentes ámbitos y etapas de la vida.

 

En la sexualidad confluyen diversos factores como los biológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos, económicos, históricos, legales, éticos y religiosos. La sexualidad humana está atravesada por dimensiones tales como el sexo, la orientación sexual, la identidad y expresión de género, el placer, la intimidad, la reproducción, los valores, las actitudes y conductas.

 

La sexualidad se manifiesta y expresa a través de todo nuestro cuerpo, comportamientos y pensamientos, en aquello que hacemos o dejamos de hacer, en lo que expresamos o reprimimos, en lo que decimos o silenciamos, en lo que sentimos o padecemos, pero también está presente en los espacios que habitamos y en los modos en que se organizan los mismos.

 

 

 

El camino hacia hoy

 

En 2006 se sancionó la Ley 26.150 Programa Nacional de Educación Sexual Integral. 
En 2008 se aprobaron los lineamientos curriculares para todos los niveles educativos (Resolución 45/2008 Consejo Federal de Educación).

 

 

 

 

La sexualidad pone en juego un tema crucial como el del poder. Un poder que intenta disciplinar, controlar y someter. Pero también hay un contrapoder deconstruido y que deconstruye, transforma y libera. Ese contrapoder es la Educación Sexual Integral con enfoque de género y de derechos humanos.

 

Cabe preguntarse en este punto si la ESI solo debe impartirse dentro del sistema educativo formal o puede trascenderlo. Claramente el Estado no puede ni debe desentenderse de la responsabilidad y obligación de enseñar de manera sistemática sus contenidos en todos los niveles educativos para garantizar este derecho al estudiantado, pero la ESI traspasa los muros de las instituciones educativas y es aquí donde podemos pensar en una educación popular en sexualidad integral para la totalidad de la ciudadanía. Educar y educarnos para desentramar y volver a entramar nuestra sexualidad libremente, con herramientas genuinas para gestionar la información vinculada con la misma, ejercer nuestros derechos, cuidar y valorar nuestro cuerpo, establecer relaciones interpersonales empáticas y enriquecedoras, así como desmontar las opresiones que el patriarcado nos impone. En definitiva, ESI en y para la vida.

 

 

Por: Sandra Cabrera.

 

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