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“El feminismo es la crítica política más relevante y profunda”

La filósofa, docente, investigadora y referente feminista Diana Maffía charló con Tinta Violeta sobre la Ley Micaela, ESI y políticas de género.

Por redacción
| 04 de julio de 2020
Doctora. Maffía es docente e investigadora y tiene más de 30 años de trayectoria dentro del feminismo. Foto: Internet.

Diana Maffía es doctora en Filosofía y directora del Observatorio de Género de la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires. También es docente e investigadora y su trayectoria y militancia durante más de treinta años dentro del feminismo la ubican como una de las voces más fuertes a la hora de abordar temas de género. Maffía es palabra mayor como referente feminista.

 

En una entrevista exclusiva con Tinta Violeta, la también reconocida Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba explicó la importancia de que la Ley Micaela esté vigente en todo el territorio nacional, de la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI), de la inclusión a las diversidades sexuales, de la necesidad de tener un Estado presente que gobierne con perspectiva de género y de seguir conformando redes de mujeres.

 

 

—¿Cómo definirías la importancia de la Ley Micaela?

 

—Podríamos pensar que hay dos marcos constitucionales de toda intervención pública que son los derechos humanos y la perspectiva de género. Son dos obligaciones en los modos de ejecutar las políticas, pero también de diseñarlas, de controlar su aplicación. Muchas veces falta conocimiento acerca de cómo se hace esto, otras veces falta sensibilidad acerca de qué significa aplicar una perspectiva de género. El aspecto más grave siempre tiene que ver con la violencia hacia las mujeres porque es lo más visible. Hay muchas otras formas de violencia incluso tipificadas por la Ley de Violencia, que son menos visibles pero que son judicializables, para lo cual las propias víctimas tienen que aprender a ver cuándo sufren situaciones de violencia y hay una primera obligación del Estado que es generar condiciones para esa visibilidad, generar conciencia en quienes pueden ser víctimas de violencia acerca de cuáles son esas formas, investigar cuáles son los sitios y formas habituales de esa violencia.

 

 

—¿Cómo se logran políticas públicas con perspectiva de género?

 

—Aplicar una perspectiva de género es algo que debe hacerse en todas las políticas públicas e implica tomar en consideración el acceso a derecho de las personas y el modo en que impactan las políticas en las personas según su género. Si pensamos actualmente en la pandemia, por ejemplo, la forma en que el aislamiento ha impactado en las mujeres y en los varones es diferente, y tiene que ver con el encierro que es para las mujeres el lugar más peligroso. Recrudecieron muchas formas de violencia y se dificultó el acceso a los recursos del Estado. Se hizo mucho más visible la desigualdad en las tareas domésticas y tareas de cuidado. Y porque en muchos casos de discapacidad o vejez son las mujeres quienes hacen esa tarea de cuidado. El propio Estado cuenta con las mujeres para las políticas de cuidado. Hay mucho para pensar en cuanto a políticas de género: el menor acceso a un salario igualitario, hay una brecha que se considera del 27% entre el sueldo de un hombre y una mujer; hay más mujeres que varones en los trabajos informales; dificultades para el acceso al crédito, la cuestión del acceso financiero de las mujeres es difícil; y el acceso a la propiedad de la tierra, sistemas muy masculinizados.

 

 

—¿Cómo ves el camino de las políticas de Estado en género de este nuevo gobierno?

 

—Me parece que hay aspectos que son como mensajes políticos, como el hecho de que por primera vez se haya creado un ministerio específico para mujeres, género y diversidades. Que se haga visible que habrá una política ministerial al respecto puede llevarnos a pensar que va a haber una política importante en poner el tema en agenda. También podemos pensar que generar un ministerio es poner en igualdad de condiciones ese ministerio con otros y generar lo que se llama transversalidad en las políticas de género, el hecho de que esas políticas no sean solo de un ministerio, sino de todos.

 

 

—¿De qué manera se logra esa transversalidad?

 

—Yo creo que hay que pensar e ir probando estrategias para lograr esta transversalidad, lograr que la política no sea solo una política focal para mujeres. Hay que pensar el modelo de familia un poco más realista. Hay mujeres que están solas atendiendo a sus hijos muchas veces sin que sus parejas pasen alimentos. Entonces está bien tener políticas focales que atienda necesidades específicas, pero lo ideal sería pensar otras políticas de acceso al trabajo, a la vivienda, al crédito, a la educación, etc.

 

 

—¿Cómo afectó la cuarentena al movimiento feminista ante la imposibilidad de hacerse escuchar en las calles?

 

—Yo creo que las feministas hemos aprendido mucho antes a trabajar en red. Por ejemplo, se van a cumplir ahora 20 años de una red informativa de mujeres, la red Rima. La organizamos en los años '90 con un grupo de compañeras. Era un lugar donde obteníamos información y discutíamos los temas que nos interesaban a nosotras por fuera de la agenda del periodismo tradicional. También hemos trabajado en red para los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM). Las redes funcionan de una manera sumamente importante, de hecho los ENM no fueron cubiertos por el periodismo. Nosotras estábamos llevando adelante un movimiento político y una experiencia social completamente inédita, un modo de distribución del poder completamente diferente y los varones de la política no percibían eso. Se dieron cuenta de la magnitud de una red feminista cuando ocurrió la primera marcha Ni una menos. Cómo podía ser que, sin que lo hubieran registrado los radares del poder, de golpe cientos de miles de mujeres salieran a la calle, sin que nos lleve ningún sindicato ni partido político, sino esa concurrencia espontánea cuando un tema nos interesa y nos importa.

 

 

—¿Qué papel juegan los feminismos argentinos en Latinoamérica y en el mundo?

 

—Yo creo que el feminismo es la crítica política más relevante y más profunda que tienen en este momento las formas en que se organizan las sociedades. En particular el feminismo latinoamericano tiene formas muy novedosas de presentar la defensa de derechos de una manera interseccional, no solo se defienden los derechos de las mujeres, sino los étnicos, los del ambiente, todo eso de una manera muy creativa y muy compleja. Eso conduce a que el encuentro pase de ser ENM a denominarse, o al menos se pida que sea denominado, como "Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersex y no Binaries". Esa apertura es por un lado geopolítica, porque lo que hace es subordinar los límites nacionales de los países a otro tipo de estructura significativa, como pueden ser los pueblos originarios; por otro lado, al pensar que la feminidad puede habitar corporalidades diversas. Es como un modo de romper límites de conceptos tradicionales. Creo que eso que está ocurriendo por un lado en el feminismo teórico, pero también en el activismo feminista, en los feminismos populares, en los feminismos latinoamericanos que tienen que ver las intervenciones sobre el ambiente, por el agua, por las represas, contra la minería a cielo abierto, el fracking, etc. Son formas de pensar cómo deben organizarse las sociedades. Y un ejemplo de eso lo tenemos en la pandemia. Hace 30 años que las feministas venimos diciendo que hay que poner en el centro el cuidado, es tomar una necesidad humana universal, porque nadie sobrevive sin cuidados. Entonces pensar sociedades así modifica totalmente el tablero. Las piezas van a ocupar lugares muy diferentes. Organizar la sociedad en función del cuidado, del acceso a la salud y la educación y repensar las relaciones laborales, pero también las relaciones de producción, nos llama, nos convoca a una reflexión muy profunda acerca de cómo queremos construir nuestras sociedades y las feministas hace décadas que estamos pensando en esto.

 

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