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Ana Rosenfeld: "La mujer es la parte más frágil en un divorcio"

Con cincuenta años de caminar pasillos en tribunales, la especialista, que se dio a conocer en los medios por defender a famosas, asegura que al momento de la separación, el trabajo y el aporte económico que realizan ellas a la pareja y familia se invisibiliza.

Por Astrid Moreno
| 04 de diciembre de 2023
En el tribunal. Sus colegas intentan desacreditarla por salir en la TV, para ella es una plataforma para llegar a las mujeres. Foto: internet.

Con sus casos, la abogada Ana Rosenfeld marca precedentes en los tribunales y la pantalla chica que luego se traducen en el acceso de las mujeres a la Justicia. Asesoró a más de 50 famosos, en su mayoría mujeres, la misma cantidad de años que lleva en la profesión.

 

La mediatización es una herramienta para difundir los derechos y herramientas que tienen las mujeres para defenderse; su gran trayectoria en divorcios le ganó el polémico título de "El terror de los maridos", un apodo tendencioso que supo transformar en reconocimiento y respeto a su trabajo y, por extensión, a las mujeres que representa.

 

Imposibilitada a hablar del caso de Luciana Salazar y Martín Redrado, ya que es testigo de la vedette, y determinada a dejar en el pasado el de Juan Darthés, del que se apartó de su defensa, la abogada reflexiona sobre todo lo que pasa a puertas cerradas y cámaras prendidas.

 

 

—¿Por qué decidiste especializarte en divorcios y del lado de las mujeres, específicamente?

 

—Este año cumplo 50 años de abogada, me recorrí absolutamente todos los pasillos de los tribunales, no solamente en Capital Federal, sino también en toda la provincia de Buenos Aires, incluso muchas veces en el interior. La verdad que cada vez que camino, más me doy cuenta que la mujer es la parte más frágil en un divorcio. Es la que queda con un montón de responsabilidad. No le quiero quitar mérito a los hombres que cuando se divorcian son buenas personas, hacen todos los trámites y brindan los datos a tribunales porque, al momento de encarar una separación, debiera hacerse con el mismo amor y cariño que empiezan un matrimonio. Pero como no pasa esto, lo que sucede en tribunales realmente me conmueve mucho porque, como expresa el viejo dicho, te das cuenta con quién te casaste el día que te divorciás. Hay tipos que están en el medio y lo usan a su favor, evitan pagar la famosa cuota alimentaria, no le reconocen a la mujer su esfuerzo en cuanto a cómo colaboró en el sistema ganancial, y no tiene que demostrar demasiado, pero cuando sos mujer conviviente y no pasaste por el registro civil, tenés que hacer mucho esfuerzo para demostrar que tenés derecho a una compensación. Mis inicios fueron la práctica, darme cuenta a través de trabajar día a día en tribunales y en los casos que escucho cada vez que consultan la ardua tarea que tienen las mujeres para lograr finalmente su objetivo, que es un derecho.

 

 

—¿Cuáles son los desafíos más comunes que enfrentan las mujeres durante el proceso de divorcio y cómo los abordas?

 

—Generalmente es la resistencia económica, porque a partir de determinada edad a las mujeres se les complica encontrar empleo, y más en situaciones donde la economía no es tan floreciente. Hoy cada vez la oferta de trabajo es menor. La posibilidad de competir con gente con un currículum muy importante si vos nunca trabajaste porque eras la "esposa de" o trabajabas en tu casa ocupándote de la familia y no tenías una actividad formal es muy difícil. El desafío más grande es cómo subsistir hasta que la Justicia se expida y después muchas veces hacer de mamá y papá por la gran cantidad de padres ausentes, no solamente en cuanto al pago de la cuota alimentaria, sino también en lo emocional.

 

 

El mayor desafío para las mujeres en los divorcios es cómo subsistir hasta que la Justicia se 
expida

 

—¿Se abordan las cuestiones de equidad de género al negociar acuerdos financieros?

 

—Al momento de reclamar no importa en qué situación se encuentra la mujer. Sí hay una denuncia de violencia sobre el patrimonio involucrado. También, por supuesto, hay sentencias con perspectiva de género e importan al momento de decir si fueron convivientes, si se ocupaba a tiempo completo de ser ama de casa y cuidar a los chicos, pero no tiene nada a su nombre bueno, mirando con perspectiva de género la convención que hicieron de pareja, no por eso la tienen que desproteger al momento de la separación.

 

 

—¿Y en los casos donde hay violencia de género?

 

—Ser víctima de violencia de género es muy amplio. Porque no solamente sufren una violencia física o psicológica, sino también económica. Todo eso hace que acompañar a veces sea complicado. Primero, tenés que ofrecer un staff muy grande de especialistas, psicólogos, profesionales y agentes auxiliares en cuanto no solamente acompañar con un botón de pánico o para ir a hacer una denuncia, sino de qué manera salir adelante después de un trauma tan grave como es ser violentada durante la convivencia o el matrimonio. No es un tema fácil y, además, no se resuelve de un día para el otro. A veces te dan perimetrales y cumplen, pero si no lo hacen tampoco duermen tranquilas.

 

 

—¿Y cuando están los hijos de por medio?

 

—Esos casos son un horror, porque cuando alguno de los papás utiliza al niño como rehén lo pone en medio de una situación conflictiva y hacen que no tenga contacto con uno de sus progenitores, usando a esta criatura para lograr mejor posicionamiento. Cuando realmente la situación amerita y hay violencia hacia el menor, tiene que ir a la Justicia, pero sino hay que evitarlo, porque es el peor escenario.

 

 

Antes, el abogado era el hombre de traje y corbata. La Justicia era primitiva de los hombres

 

—¿La Justicia está afectada por estereotipos de género?

 

—En mi caso, rompí las barreras hace años, hoy ser abogada mujer no cambia nada. Antes, hace cincuenta años, el abogado era el señor de traje y corbata. La Justicia era primitiva de los hombres. Los abogados, cuando aparecía una mujer, nos miraban con aires de superioridad, no les caía muy bien que estuviéramos. Pero ya a esta altura las mujeres tenemos una potencia y una forma de trabajar y actuar que los hombres tienen que sacarse el sombrero.

 

 

—¿Tu popularidad afecta al momento de presentarse en el juzgado?

 

—Yo quiero que a mí me respeten por lo que hago o lo que digo, pero a los jueces no les importa si soy conocida o no. Lo que me molesta es la actitud de los colegas que me dicen: “Mire, esto no es la televisión”. Yo sé lo que estoy diciendo, yo sé cómo diserto, sé cómo hablo, tengo mucho conocimiento en derecho y código procesal y mi formación me permite ir a una audiencia sumamente capacitada para poder discutir al más alto nivel con los colegas. Entonces, cuando discuto y del otro lado para taparte o para hacerme una especie de freno te argumentan que “esto no es la tele”, no es así. Hablo y trabajo desde antes de ir a los canales de televisión, mi conocimiento del derecho no lo pueden menospreciar queriendo atacarme porque soy mediática, no me quieren escuchar o mi palabra no tiene fundamentos. Si me enojo en una audiencia, no estoy haciendo acting, sino porque sé lo que digo. A los jueces los respeto muchísimo. La contraparte es que a veces se irritan, pero yo me defiendo.

 

 

—¿Por qué decidiste entrar a los medios?

 

—En un momento se me propuso hacer cuentos cortos para la televisión sin, por supuesto, dar nombres, pero yo veo la televisión y creo que soy la primera abogada civilista que apareció en los medios. Ser la consultora, en su momento, de famosos y demás me dio la oportunidad de abrir el micrófono para hablar de todos los casos que pueden involucrar o importarles a las mujeres que me escuchan. La verdad, mi meta es simplemente dar una reseña de lo que viví, y lo que le deseo a la gente es que se asesore y que exijan sus derechos, porque los tienen que hacer valer en la Justicia.

 

 

—¿Cómo nació el nombre de tu primer libro "El terror de los maridos" (2013)?

 

—Surgió de una manera muy particular. Estaba trabajando en el divorcio de Roberto Pettinato y Gabriela Blondeau en ese momento y tenía varios casos famosos. Una revista me hace una nota de lo que estaba pasando en esa época y salió a la luz todo lo que había hecho y descubierto sobre los vericuetos de los divorcios y demás, entonces me pusieron ese apodo. A partir de esa tapa de revista quedó. Cuando salió el libro, sentí que ese era el nombre correcto para este momento que se estaba transitando. Ahora estoy escribiendo mi segundo libro, pero el primero salió hace varios años. Cuando me preguntan por qué no sigo escribiendo libros, respondo que todos los días lo hago, cada cosa que pasa por mí estudio es un capítulo de un libro.

 

 

—En el caso de Rocío Oliva y Maradona ella fue muy criticada en su momento por exigir una remuneración por ser conviviente; pero eso abrió el juego a un montón de mujeres, ¿verdad?

 

—Hasta ese momento nadie hablaba del derecho a la mujer conviviente. Nadie sabía que tenían seis meses para plantearlo, que si no perdían sus derechos. Yo creo que cada vez que tengo un micrófono, tengo oportunidades de ser muy extensiva a los derechos de todo el mundo y decirle: "Señora tiene derecho, reclámelos y no los pierda, porque pasado el tiempo no tiene derecho a nada".

 

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