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Carhué Ortiz: “En el campo, el tema de la fuerza es un mito”

Es ingeniera agrónoma y está encargada del área de invernáculos de Sol Puntano. Pero no se limita a lo que tiene: da clases en dos escuelas técnicas y estudia Seguridad Ambiental.

Por María José Rodríguez
| 02 de agosto de 2020

Carhué Ortiz trabaja desde hace tres años como asesora de producción en la escuela experimental Sol Puntano, una tarea a la que luego agregó la de seleccionar los plantines que pasan a formar parte de los kits que entregan a los beneficiarios de los distintos planes que tiene el gobierno provincial para incentivar la creación de huertas familiares.

 

Se la ve feliz con su trabajo, recorriendo los invernaderos y cuidando de que todo siga adelante según los protocolos vigentes y los cuidados procesos que tiene el predio para no perder calidad. "Producir bajo cubierta tiene la finalidad de acortar el período de crecimiento de los cultivos. Acá se pueden controlar las condiciones de temperatura y humedad, también la aparición de enfermedades y de insectos dañinos. Así achicamos los márgenes de pérdida. En no más de 45 días tenemos un plantín listo para trasplantar a la tierra y a la gente le gusta eso, ver algo concreto, con la semilla no se motivan tanto porque hay que esperar mucho", asegura mientras muestra cómo trabaja su equipo, compuesto por mayoría de mujeres.

 

"Considero que las mujeres cumplen con todos los requisitos y aptitudes para el trabajo rural, además podemos hacer varias cosas a la vez. Durante mis años de estudiante sentí que los hombres hacían diferencias, quizás no fue a propósito, pero pienso que se naturalizan algunas actitudes y en el ámbito de los trabajos de campo eso se nota más", reconoció.

 

Consultada por algunos ejemplos, fue directo al grano: "En las prácticas de determinadas asignaturas elegían a los alumnos hombres, nosotras éramos  observadoras. Cuando me recibí de ingeniera agrónoma me costó encontrar trabajo porque muchas empresas consideran que hay tareas solo de hombres".

 

Pero luego llegó este trabajo en San Luis, que siempre se destacó por darles un espacio de privilegio a las mujeres en todos sus niveles de gobierno, y la cosa cambió. "En Sol Puntano me di cuenta de que el tema de la fuerza era un mito, porque mientras haya voluntad se puede hacer todo. Por ejemplo, cuando llega el camión fitosanitario generalmente son los peones los que se encargan de la descarga de bidones. Un tractor puede ser manejado tanto por un hombre como por una mujer. Para administrar una estancia solo es necesario tener conocimientos, el género no debería ser una limitante. Antes consideraban que en el sector comercial las mujeres no podían trabajar porque decían que no teníamos el vocabulario específico, pero no es así y lo comprobé en Sol Puntano, acá no hay diferencias, al contrario", reconoce.

 

Tampoco percibe limitantes físicas de género: "Hay un conjunto de características que no ayudan en el perfil de una mujer rural, como la timidez, la falta de comunicación, que son factores que tienen que ir cambiando para sentirnos más escuchadas o tenidas en cuenta. En capacidades estamos iguales, también para ocupar puestos importantes. Hemos podido abarcar territorio que antes era solo destinado a los hombres", dice.

 

"Me dediqué a mi profesión, me encanta, soy docente de nivel secundario en una escuela de San Luis y en otra de Concarán. Estudio una Tecnicatura en Seguridad Laboral y Ambiente, relacionada al trabajo de campo. Es un desafío día a día luchar por nuestros derechos", expresó, satisfecha, en la despedida.

 

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