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Parte de la vivienda contigua sufrió daños por el siniestro y tendrán que derribarla

La familia Zabala-Garro conversó con el ingeniero civil Gabriel Gutiérrez sobre el estado de su casa después del derrumbe.

Por redacción
| 06 de agosto de 2020
Grieta. Eva Garro, hermana de la dueña de la vivienda lindante a la de Gitto, muestra la rajadura en una de las paredes. "¿Quién se hace cargo de todo esto ahora?", se pregunta. Foto: Martín Gómez.

En la vereda, con la angustia y la preocupación marcadas en el rostro, parte de la familia Zabala-Garro conversaba con el ingeniero civil Gabriel Gutiérrez, designado por el juez Penal 1, Marcos Flores Leyes, para realizar las pericias e informes correspondientes sobre la propiedad que se desplomó.

 

El drama que afronta esa familia es que la parte delantera de su casa no sirve más. Deben demolerla ya que el derrumbe de lo que fuera la panadería Gitto generó daños insalvables. Las paredes, mampostería, el techo y las columnas de la vivienda ubicada en Aristóbulo del Valle 177 muestran profundas grietas que no solo no tienen arreglo, sino que significan un grave peligro para sus moradores y para quienes transitan por la vereda.

 

 

 Algunos escombros  llegaron hasta el patio, donde habitualmente juegan los niños.

 

“La demolición de lo que queda del inmueble de la esquina deber ser realizada lo más pronto posible. Es urgente y necesario tirar abajo lo que quedó en pie porque el viento puede generar otro grave problema. Y la casa contigua también sufrió serias roturas y también tendrá que demolerse, al menos la parte de adelante. Si bien puede aguantar un poco más, es necesario tirar esa parte abajo para descartar cualquier inconveniente”, remarcó el profesional, en diálogo con El Diario.

 

Un camión adentro de la panadería

 

Oscar Zabala todavía no sale de su sorpresa y al relatar lo ocurrido da cuenta del estupor que sienten los vecinos del edificio que se vino abajo el martes después del mediodía. “Escuché un ruido terrible, un sacudón enorme y pensé que un camión se había metido adentro de la esquina. La polvareda era impresionante. Mi hijo, que vive adelante, justo estaba conmigo, en la parte trasera de la casa. Quisimos salir, pero la puerta de rejas estaba trabada porque la columna se había movido. Había mucha tierra, pero como soy porfiado, me asomé por el portón y me di cuenta de que se había caído toda la esquina. Fue impresionante”, evocó el hombre.

 

Eva Garro es hermana de Liliana Garro, la dueña de la casa afectada. El miércoles, cuando El Diario fue al barrio, Liliana realizaba en Comisaría 2ª la denuncia por lo ocurrido con su inmueble.

 

Eva mostró las grietas que presenta la vivienda y también los escombros que cayeron desde el techo de la casa vecina. Eran grandes y pesados trozos de ladrillos con revoque. “Acá suelen estar los chicos de la casa, justo acá en este patio. Menos mal que les pidieron que entraran a jugar adentro. Son una nena de tres años y un nene de seis. Pudo ser una tragedia mayor”, opinó la mujer.

 

“La casa ahora está toda rajada. ¿Quién se hace cargo ahora de todo esto? Recién vino el ingeniero, que es el perito judicial, y nos dijo que esto no sirve más, que hay que demolerlo. ¿Pero quién le paga todo esto a mi hermana? A esa construcción de al lado le han hecho varias modificaciones y algo pasó. Ahora esta propiedad tiene toda la losa partida. No sabemos quién se hará cargo ni siquiera de la demolición”, reiteró Garro.

 

 

"Siempre hacían cambios"

 

Pablo y Luis son dos jóvenes vecinos de la zona. Viven por calle 25 de Agosto, a la vuelta de la esquina donde ocurrió la tragedia. También eran clientes de la panadería Gitto y todavía no pueden creer lo ocurrido. “Nosotros pasábamos seguido por acá, vivimos cerca. Cuando éramos chicos nos mandaban a buscar el pan. Es increíble lo que sucedió. Si bien se notaba que siempre le hacían cambios a la construcción, nadie pensaba que se podría caer”, dijo Pablo.

 

“Pasé el viernes con mi tío que se dedica a la construcción. Miró hacia el local y me dijo: ‘Ese salón no tiene vigas; le han sacado las vigas, se va a caer’. Cuando me enteré lo que sucedió, quedé como en shock”, agregó.

 

 

 TESTIMONIO

 

 "Nelly fue quien me recibió acá"

 

 “Eran las 13:22, lo recuerdo con exactitud. Estaba por cerrar la farmacia y cuando me di vuelta para buscar la llave escuché un estampido. Miré hacia afuera y quedamos en medio de una nube de polvo. No sabíamos qué había pasado. La tierra tardó dos minutos en disiparse y recién allí me percaté de que se había derrumbado la casa de la esquina. En lo primero que pensé fue en doña Nelly y en los chicos que viven allí, que por suerte no estaban (NdP: en referencia a los inquilinos). Fue una verdadera tragedia”, expresó el farmacéutico José Gatto. Su mirada, por encima del barbijo, seguía clavada en las ruinas de lo que supo ser una de las más tradicionales panaderías de la ciudad capital.

 

Vestido con su chaquetilla blanca, Gatto salió de su negocio y ya desde la vereda, observaba ese paisaje devastado. “Sentí el ruido y creí que había pasado un camión a toda velocidad. Hace 24 años que tengo la farmacia y doña Nelly hace como 50 años que estaba acá. Fue la primera vecina que se cruzó a saludarme cuando llegué. Fue quien me recibió, la que me ayudaba. Nos cuidábamos ventana a ventana cuando ella estuvo en la panadería. Ahora todo es tristeza”, lamentó.

 

“El recuerdo más fresco que tengo es que, cuando se disipó un poco la nube de tierra, una mujer que esperaba el micro corrió asustadísima por calle San Juan. No sé quién era, pero estaba cubierta en tierra, aterrorizada. Allí arriba —dijo y señaló la planta alta de la casa que se desplomó—, en la puerta del baño, quedó colgando una chica que es inquilina. La bajaron los bomberos por el costado de la casa. Y un rato antes había visto a unos chicos jugar en esa vereda. Por suerte se habían ido”, contó el vecino.

 

 

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