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Migrantes virtuales: trabajar en dólares, vivir en pesos

A través de páginas como Upwork o Freelancer, cada vez más profesionales argentinos consiguen empleo en otros países y logran ganarle a la inflación cobrando en moneda extranjera y hasta en bitcoins.

Por redacción
| 12 de diciembre de 2021
Foto: Internet.

Las fronteras en el mundo globalizado son cada vez más difusas. La tecnología y la rapidez de las comunicaciones a través de internet lograron algo que hace 10 años nadie se planteaba: trabajar para otro país y cobrar en moneda extranjera sin salir de Argentina.

 

Así, un nuevo arquetipo entró en escena en el ámbito laboral. La consultora Adecco los denominó “migrantes virtuales” y, si bien es una forma de trabajo con base firme en el mercado, sobre todo de los trabajadores freelance, es un modelo que se acentuó con la pandemia. A nivel global, cada vez son más las compañías, radicadas especialmente en Europa y Estados Unidos, que buscan ocupar puestos con perfiles de otros países, con foco en los latinoamericanos. Los beneficios redundan para ambos. Por un lado, las empresas pagan sueldos por aproximadamente la mitad de lo que costaría un empleado en su país de origen, y se ahorran los costos de equipamiento y oficina, con todo lo que eso implica. Por el otro, los trabajadores perciben un salario superior a los que se pagan en Argentina, y con la libertad de poder realizar sus tareas desde cualquier parte del mundo.

 

A principios de este año, la consultora Adecco realizó un informe en el que reveló que casi un 40% de los profesionales argentinos estaría dispuesto a irse del país. Pero como no es tan fácil hacerlo, se produjo una migración virtual, es decir, trabajadores que lograron incorporarse al mercado laboral internacional de manera remota, que facturan y que, en algunos casos, tienen su cuenta bancaria en el exterior. Adecco sostuvo que países como Chile, México y Colombia buscan líderes para empresas, proyectos o negocios, mientras que en Estados Unidos y Europa buscan recursos humanos para posiciones de IT (Tecnología de la Información) como, por ejemplo, desarrolladores JAVA, expertos en seguridad informática e ingeniería de software, en general los profesionales más requeridos. Aunque también hay puestos para diseñadores gráficos, UX/UI (experiencia e interfaz de usuario, por sus siglas en inglés) y web, entre otras profesiones.

 

Al tener alcance global, esta forma de teletrabajar está pisando fuerte también en San Luis. El Diario habló con tres puntanos que tienen como principal fuente de ingresos trabajos en el exterior y contaron cómo es su experiencia.

 

Desde que dejó su trabajo fijo en San Luis y comenzó a diseñar para una productora de eventos de ajedrez de origen noruego, pero con base en Barcelona (España), Franco se siente mucho más tranquilo. “Lo disfruto más, no solo porque trabajo desde mi casa, que es algo que me gusta, sino porque tengo más tiempo para mí. Trabajo por objetivos, y así distribuyo mi tiempo; puedo parar a cocinar o salir a dar una vuelta. Eso es muy flexible”.

 

El joven de 28 años, que actualmente lidera un equipo de diseño gráfico orientado al diseño de producto, diseño UX/UI y social media, contó que este empleo lo consiguió “por contactos”. “Era gente con la que ya había trabajado antes, que tuvieron la suerte de trabajar siempre en el exterior. Se comunicaron conmigo, hicimos una entrevista vía Zoom y quedé”, recordó.

 

En su experiencia, las profesiones que más salida laboral tienen en el exterior son el diseño gráfico, el marketing digital, el social media y branding. “Creo que se va a abrir un mercado en paralelo para desarrolladores en la blockchain o el desarrollo de colecciones en NFT; yo me estoy metiendo un poquito en eso porque me parece súper interesante y hay todo un mercado que es tan nuevo que todavía no encuentra el nicho de gente que necesita. No hay casi programadores que se dediquen 100 por ciento a blockchain, va a estar en auge en estos meses y el año que viene. Me parece que es un buen punto de partida para alguien que quiera empezar a estudiar programación”, observó.

 

Franco aconsejó para poder convertirse en un migrante virtual “tener el LinkedIn al día. En el exterior queda muy claro que eso es lo primero que van a ver para conocer tu formación, dónde trabajaste antes y si tenés proyectos; si no lo tenés, lamentablemente ni siquiera te entrevistan”.

 

Con respecto a su forma de cobrar dijo que es un poco complicado, pero que la clave para él fue asociarse con una contadora y tener todos sus impuestos al día. “En mi caso, lo que me funciona es que todo lo que entre a Argentina sea 100 por ciento legal. Facturo todo lo que ingresa a mi cuenta y de esta manera estoy tranquilo, pero todo lo que quiero ahorrar lo tengo afuera. Para mí la solución sería cobrar en bitcoin, yo me muevo mucho en ese ámbito o por lo menos la mitad de mis ahorros los tengo en ‘cripto’, porque es la moneda universal. Acá en Argentina todavía no se le puede dar un uso, pero en otros lugares sí. Ya hay inmobiliarias que aceptan bitcoins. Lo más lindo de eso es la libertad, el hecho de que puedas mover cualquier cantidad de dinero en segundos de un lugar a otro, ponerlos en inversión, comprar acciones, monedas. Nunca sentí tanta libertad como en ese mundo”, reflexionó.

 

Bruno Tribelli es editor de videos y a principios de 2019 comenzó a trabajar en una empresa de Inglaterra llamada Now Creatives que se dedica a brindar servicio de edición de videos para canales de YouTube. “Los creadores se contactan con la empresa, mandan el material y un equipo de editores y un manager de contenido hacen su trabajo. Para comunicarnos usamos Google Drive y una plataforma donde se asignan las tareas de cada uno. Todos los días entro y veo la tarea que me asignaron y los plazos de entrega. Bajo el video crudo, lo edito y lo vuelvo a subir. En este momento es un poco más complicado porque tenemos un horario y hay trabajo todos los días, así que muy libre no es, como un freelancer normal, sino que es casi como trabajar fijo para una empresa”.

 

Contó que el empleo lo consiguió por intermedio de una compañera. Ella obtuvo el trabajo a través de una plataforma que se llama Upwork y lo contactó para trabajar. “Esto me salvó porque venía medio flojo con el laburo que tenía en San Luis. El sueldo no representaba el trabajo que hacía ni tampoco se actualizaba, entonces siempre me iba quedando atrás; cuando salió esto no lo pensé, me tiré de cabeza”, bromeó.

 

“Con lo que gano en esta empresa me alcanza y me sobra. Podría trabajar solo 15 días, con eso es suficiente. Pero como tengo un contrato con ellos, aunque sigo siendo freelance, tengo que hacer laburos todo el mes”, explicó Bruno.

 

En cuanto a la forma de cobro, manifestó que lo hace con una billetera virtual, en su caso Binance. “Compro criptomonedas y las dejo generando intereses, voy sacando y cambiando a medida que necesito”.

 

“Yo creo que si las empresas de afuera tienen que contratar gente local les tienen que pagar casi el doble, porque para una persona que vive en el extranjero no le va a servir la misma paga que a una que vive en Latinoamérica, porque la diferencia de cambio es muy grande; entonces acá, con casi la mitad de lo que puede llegar a ganar una persona que trabaja en una empresa local, nos alcanza, nos sobra, nos conviene, y al estar cobrando en moneda extranjera te olvidás si el dólar sube o si la inflación se dispara. Estás tranquilo”, afirmó.

 

Bruno sostuvo que una de las habilidades más importantes que debe tener cualquier persona que busque un trabajo remoto en el exterior es saber inglés. “Los que tengan conocimientos de diseño, video y programación, es fundamental poder comunicarse en inglés, no saberlo es un limitante muy grande. Te abre más puertas, si no es imposible porque no llegás ni a la entrevista de trabajo”, advirtió, y aseguró que hay mucha demanda. “Solo hay que ponerse a buscar. Las principales plataformas que conozco son Upwork y Freelancer. Es cuestión de meterse y tratar”. 

 

 

Una voz puntana recorre el mundo

 

La experiencia de 10 años de trabajo para una radio en Chile y en edición de audio le dio a Harold Salazar Acosta una chance que quizá no imaginó. “Tuve la oportunidad de grabar y editar voces neutras de grandes locutores de Miami, Estados Unidos y ahí aprendí este oficio. Eran jornadas de dos o tres días de grabación, entonces me quedaba con varios libros grabados con frases y me dedicaba a editar. Y de tanto escucharlos, dirigirlos y volver a grabarlos, aprendí a hacer locuciones, voice over o locuciones neutras. Todo eso, a lo largo de esos años, me sirvió para descubrir que tenía una voz neutra para trabajar”, recordó.

 

“Fue un trabajo de hormiga, tardé algunos años hasta que conseguí una clientela estable; después llega un punto en que si hacés las cosas bien y no demorás con las entregas, el cliente queda satisfecho y seguís trabajando”, contó.

 

Hoy, Harold hace las voces masculinas en español del dibujo animado “Thomas y sus amigos”. Es una compañía inglesa que trabaja para varias productoras. También hace publicidades de aplicaciones como Simply Guitar y doblajes para una distribuidora de películas que se llama ITN Distribution de Las Vegas, Estados Unidos. Todo desde la comodidad de su hogar.

 

“Las empresas me mandan los videos y el guión, a veces lo tengo que traducir, pero mi mujer es traductora así que ella se encarga de eso; otras veces me llegan ya traducidos”.

 

“Los trabajos se cobran por cantidad de palabras: a mayor cantidad, el precio por palabra disminuye un poquito. Esto lo hago a través de la misma forma que llegan la mayoría de las personas, por las páginas de trabajo online”, expresó.

 

Harold aseguró que la fórmula es “animarse a incursionar en las páginas en inglés. No hay que tenerle miedo a no saber el idioma, porque hay herramientas para traducir los textos y uno puede comunicarse con cualquiera, la otra persona quizá no sabe hablar bien el inglés, entonces hay una complicidad de que de alguna forma nos vamos a comunicar hasta que logremos hacer el proyecto. Para mí el idioma ya no es un limitante, aunque es una herramienta importante para hablar con un cliente de afuera”.

 

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