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Lo juzgan por abusar y privar de la libertad a su novia adolescente

Los hechos por los que es investigado el hombre de 34 años fueron en 2019, cuando la víctima tenía 16.

Por redacción
| 13 de mayo de 2021
Denunciante. M.E.G., la mamá de la víctima, fue la primera en declarar. Solo hubo testigos en la sala. Foto: Carlos Braile.

Dos causas. La Cámara Penal 2 de San Luis comenzó a juzgar ayer a Sergio Daniel Villegas, de 34 años, por “Abuso sexual con acceso carnal y privación ilegítima de la libertad agravada y desobediencia de una orden judicial en concurso ideal”. La víctima es F.G., quien al momento de los hechos, en 2019, tenía 16 años.

 

La audiencia comenzó con la lectura de la requisitoria fiscal, en la que se solicitó que Villegas sea condenado a 10 años de prisión por una de las causas, y a 4 por la otra. Villegas es investigado por presuntamente haber abusado de la joven la madrugada del 6 de febrero de 2019 en la autopista José Santos Ortiz y por haberla privado de la libertad el 29 de septiembre del mismo año, por lo que, además, habría incurrido en la violación de la restricción de acercamiento que le habían impuesto tras el hecho anterior, que fue denunciado por la madre de la chica.

 

 

No estaba de acuerdo con la relación

 

Durante la audiencia de ayer declararon ocho testigos. La primera en hacerlo fue M.E.G., la madre de la damnificada. Con algo de timidez contó que del primer hecho tomó conocimiento cuando su hija la llamó por teléfono, después de que sucedió, mientras que en la segunda oportunidad se enteró por la Policía.

 

Dijo que sabía que su hija mantenía una relación sentimental con el acusado, a pesar de que había insistido en decirle a la adolescente que no correspondía y que había intentado hablar con Villegas, porque su hija era chica, pero aseguró que él siempre se negó a dialogar.

 

Contó que Villegas y su hija se conocieron en la fiesta de 15 años de ella, ya que él fue el fotógrafo y ella hizo el trato y siguió en contacto con él por el material que tenía que entregarle. La denunciante señaló que sospechó que algo pasaba entre ellos porque comenzó a notar actitudes raras en la chica, hasta que finalmente ella le confirmó que salía con él.

 

La mujer aseguró que su hija siempre fue “rebelde, muy alterada y violenta” y que se escapaba de su casa. Recordó que cuando ocurrió el primer hecho recibió un llamado de ella, en el que le avisaba que estaba en la ruta y que Daniel (el acusado) le había pegado. Dijo que cuando llegó al lugar, que está ubicado a la altura de la Plaza de los Halcones, halló a la chica descalza y golpeada y que le contó que el hombre la quiso tirar del vehículo y que con tironeos había hecho que se le bajaran los pantalones. Dijo, además, que él le había introducido los dedos de forma violenta en la vagina.

 

Su hija le comentó que Villegas la había pasado a buscar en su auto por la esquina de la casa de su abuela, que fueron a dar unas vueltas y que a las cinco de la madrugada, cuando le pidió que la llevara hasta su domicilio, él se puso violento. Pelearon hasta que, al ver una patrulla, la chica se bajó y pidió auxilio.

 

En cuanto al segundo hecho, M.E.G. declaró que esa noche su hija le dijo que estaba en Potrero de los Funes con amigos, que estaba bien y que regresaría esa misma noche, pero no lo hizo. Al día siguiente, cerca de las 20, un móvil policial llegó a su casa. Los policías le dijeron que fuera a Juana Koslay porque a su hija le había pasado algo. La halló otra vez golpeada y con la ropa rota, y que la joven le dijo que había discutido con Villegas adentro del auto y que la había tironeado y golpeado.

 

 

Asistió tanto a la víctima como al acusado

 

Luego declaró la psicóloga de la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (Canaf), subcomisario Sandra Pérez. Intervino en ambos casos brindándoles atención psicológica a la víctima y a su mamá. Mencionó que en el primer episodio, F.G. presentaba signos de angustia, abandono, soledad y vulnerabilidad. También que parecía no tener un sostén emocional. Al entrevistarla, ella le comentó que consumía sustancias, cuestión que, para la profesional, se debía a la ausencia de una figura significativa que la custodiara.

 

En esa oportunidad, a Pérez le pidieron que fuera al lugar del hecho. Recordó que la chica tenía olor a alcohol y estaba despeinada y que le contó que había discutido con su novio. En cuanto al segundo hecho, rememoró que esa vez fue convocada por personal de la Comisaría de El Volcán. Fue al centro médico donde F.G. estaba internada y al verla se acordó que ya la había asistido anteriormente.

 

En esa oportunidad le brindó contención psicoemocional y vio en la chica indicadores de dificultad para acatar límites, y también de culpa y arrepentimiento por haberle mentido a su madre. La joven presentaba un “alto riesgo psicofísico y emocional. No tiene capacidad de autocuidado, se expondría a situaciones de alto riesgo”, consideró.

 

Pérez también atendió a Villegas. Él presentaba ideas suicidas y pensamientos de soledad y abandono. Lo contuvo en una ocasión en la que él estuvo internado por haberse autolesionado. “Estaba en una camilla, muy angustiado. Estaba devastado e insistía con que amaba mucho a F.G. Dijo que habían discutido por celos, porque había una tercera persona, y que se separaron, pero que se veían y se dejaban de ver”, recordó.

 

 

Los policías que intervinieron esa noche

 

Luego declararon la oficial sub-inspector María José Álvarez y el cabo primero José Benavidez, quienes intervinieron en el primer hecho. Recibieron un alerta que señalaba que en la Plaza de Los Halcones había un hombre que agredía  a una mujer en un vehículo y que cuando llegaron no hallaron a nadie. Pero luego vieron el auto señalado en la avenida Santos Ortiz e intervinieron.

 

Al llegar, la adolescente bajó corriendo del vehículo. Tenía puesta una remera negra y le faltaban los pantalones y la ropa interior. La chica les aseguró que Villegas la había golpeado y que le había introducido los dedos en la zona genital, por lo que la cubrieron con una campera y la resguardaron mientras la agente iba al auto a buscar el pantalón de la chica y su compañero entrevistaba al sospechoso.

 

Contaron que a los pocos minutos, la actitud de la chica se tornó violenta y comenzó a insultarlos, a lanzarles golpes de puño y a tirarse en la calle, por lo que de inmediato pidieron apoyo a la Canaf.

 

Villegas les dijo que eran pareja y que habían discutido. Que regresaban de tomar alcohol en Potrero de los Funes y que en el camino tuvieron un cruce de palabras y se golpearon. Finalmente, los efectivos lo detuvieron y secuestraron el vehículo. Otra policía, la oficial subinspector Nancy Agüero, también contó detalles del procedimiento en la avenida José Santos Ortiz.

 

También declaró la médica pediatra Vanina Ferroni, del Cuerpo Profesional Forense del Poder Judicial. Ella revisó a F.G. por el primer hecho. Halló lesiones extragenitales, tales como escoriaciones múltiples y rojas en el cuello, los antebrazos, las rodillas y en la zona inguinal. Como antecedente personal y patológico, la víctima refirió que hasta hacía dos meses consumía drogas.

 

También declaró Sebastián Velázquez, amigo y vecino de Villegas. Aseguró que el acusado y la víctima se veían con frecuencia y que ella solía ir a quedarse a dormir en la casa de Villegas y que todo eso le constaba, porque como él es taxista, su amigo siempre le pedía que fuera a buscar a la chica a su domicilio o al de su abuela. Contó que Villegas se la presentó como su novia y que para él eran una pareja normal, él nunca los vio discutir. Recordó que luego de que Villegas estuvo detenido por el primer hecho, los vio juntos de nuevo en el barrio.

 

Finalmente dio su testimonio la psicóloga Silvina Fernández Grimberg, quien entrevistó a F.G. en la Cámara Gesell. Dijo que la víctima lo vivenciaba a Villegas como un hombre celoso. Dijo que relató todo lo que sucedió, aunque “tenía imprecisiones y lagunas léxicas propias del consumo de alcohol” de esa noche, y que a pesar de eso “pudo detallar las conductas y establecer el engranaje contextual”. Resaltó que la narración conservaba una estructura lógica y que no tenía indicios de fabulación.

 

Además, refirió que al final del relato la víctima expresó la intención de quitar la denuncia, “porque entendía que en ese momento no era bueno el estado de salud del imputado y del padre de él”. Para Fernández Grimberg esto da la pauta de que F.G. contó la verdad, dado que no tenía intenciones de dañarlo con su relato.

 

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