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Creció el trabajo infantil

Por redacción
| 11 de junio de 2021

El número de niños que trabajan en el mundo creció por primera vez en dos décadas y si se acaban cumpliendo las proyecciones sobre el aumento de la pobreza en el mundo, nueve millones de infantes más se verán forzados a encontrar un trabajo antes que termine el próximo año.

 

Un informe conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la agencia de Naciones Unidas para la infancia (Unicef), estimó que a principios de 2020, 160 millones de menores estaban forzados a trabajar, es decir, 8,4 millones más que hace cuatro años. Una cifra que podría ser incluso cinco veces más alta.

 

Si las proyecciones sociales bajan respecto a su nivel actual, a causa de las medidas de austeridad y otros factores, el número de niños forzados a trabajar podría aumentar en 46 millones, para finales de 2022.

 

El informe, que se publica cada cuatro años, muestra que la mitad de los menores que trabajan tienen solo entre 5 y 11 años.

 

La tendencia alcista empezó antes que la pandemia trastocara totalmente la economía mundial y supone un giro, pues entre 2000 y 2016, el número de infantes que trabajaban descendió en 94 millones.

 

Cuando la crisis sanitaria se expandía por todo el mundo, uno de cada diez niños estaba trabajando y la ONU advierte que la situación podría empeorar todavía más si no se hace nada para ayudar a las familias que están cayendo en la pobreza.

 

“Estamos perdiendo terreno en la lucha contra el trabajo infantil y el pasado año no puso las cosas más fáciles”, subrayó Unicef. “Entretanto, hemos empezado el segundo año de confinamientos, cierres de escuelas, alteraciones económicas y presupuestos nacionales en declive y las familias se están viendo obligadas a tomar decisiones difíciles”, explicó la oficina.

 

El fenómeno afecta más a los chicos: 97 millones de los 160 millones que trabajaban a principios de 2020 eran varones.

 

Y más preocupante es aún el crecimiento del número de pequeños de 5 a 17 años que desempeñan trabajos peligrosos, es decir, que pueden afectar directamente a su desarrollo, a su educación o a su salud.

 

Esta categoría incluye sectores peligrosos como la minería o la pesca o, también, el hecho de tener que trabajar más de 43 horas semanales, que hace que la escolarización sea prácticamente imposible.

 

A principios de 2020, la OIT y Unicef calculaban que 79 millones de niños ejercía este tipo de trabajos peligrosos, es decir, 6,5 millones más que cuatro años antes.

 

La gran mayoría (el 70%, 112 millones) se dedica a labores agrícolas, mientras que un 20% trabaja en el sector servicios y el 10% restante lo hace en la industria.

 

El mayor incremento de la mano de obra infantil se registró en África subsahariana.

 

A principios del año pasado, el fenómeno afectaba a 16,6 millones de niños más que en 2016.

 

Estas nuevas proyecciones son un grito de alarma. Para salir de la crisis pospandemia, será prioritario romper el ciclo de la pobreza y del trabajo infantil.

 

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