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Declararon médicos por el homicidio de un bebé

Uno atendió a la acusada de dar a luz al niño en el baño de un hospital y tirarlo. La otra hizo la autopsia.

Por redacción
| 30 de septiembre de 2021
Cámara Penal 1 de San Luis. Mañana, tras los alegatos, dará el veredicto. Foto: Nicolás Varvara.

Entre los especialistas que declararon ayer en el juicio contra Mónica Zingman y Romina Jaime, madre e hija acusadas por matar al bebé de la más joven de ellas, estuvo Samuel Rodolfo Aibar, el médico que atendió a Jaime el 18 de julio de 2019 cuando la joven llegó al Hospital del Sur de San Luis con un fuerte dolor abdominal. El profesional le preguntó varias veces si estaba embarazada y tanto la chica como su madre le respondieron que no. Dos horas más tarde, cuando fue derivada a la Maternidad Provincial "Doctora Teresita Baigorria", Jaime reveló qué contenía la bolsa que su madre había tirado en un cesto de basura del otro centro médico. Lo inimaginable: el bebé que había dado a luz ese día. Según declaró Aibar, apenas lo supo, desesperado, él y el personal del hospital buscaron esa bolsa. Pensó que, por un milagro tal vez, aún podría continuar con vida o que podría hacer lo posible para reanimarlo. Halló al niño. No tenía pulso, no respiraba. Estaba en dicha bolsa, envuelto con una campera. Su cuerpo estaba frío, la piel se había vuelto azulada y aún tenía a un costado el cordón umbilical.

 

El médico cirujano relató en la Cámara Penal 1 de San Luis que la joven había llegado al hospital acompañada por su madre. Tenía un fuerte dolor abdominal y luego comenzó con una pérdida de sangre. "Su mamá, que era la que quería hablar, dijo que había menstruado los días anteriores", recordó el testigo. "Le pregunté '¿estás embarazada?' y me respondió que no y no", aseveró.

 

Pidió que fuera llevada a una sala de internación, pero debido a que tuvo esa tarde otras dos emergencias —entre ellas un abuso— y a que presentaba una hemorragia severa, Aibar no pudo seguir atendiéndola, por lo que solicitó que fuera trasladada de urgencia a la Maternidad Provincial, porque sino "la paciente se moriría" si seguía perdiendo sangre de esa manera.

 

Dos horas más tarde, una colega del otro centro de salud llamó a Aibar y le dijo que buscara urgente una bolsa que había descartado Zingman. Es que, después de la cirugía a la que había sido sometida, Jaime reconoció que "tiró en la bolsa un bebé". "Salimos desesperados a buscarla con Gastón (un compañero de limpieza)”, contó. "Hallamos la bolsa. La rompí, porque estaba hecha un nudo. Adentro había una campera azul, que envolvía al nene", rememoró.

 

Marcela Gómez, la forense que examinó a Jaime y que también hizo la autopsia del niño, declaró a continuación. Narró que fue poco y nada lo que pudo dialogar con las mujeres porque Zingman no hablaba, tenía "una cara triste", y el hermano de Jaime no dejaba que la joven hablara tampoco. "Le pregunté a la chica si estaba embarazada y me dijo que tenía dolor de estómago y que eliminó 'esa cosa', en referencia al feto", indicó. Le consultó a Jaime si el bebé había respirado y ella no le respondió.

 

Cuando revisó al niño, constató que no tenía lesiones o heridas externas. También advirtió que la placenta "estaba normal" y que no había tragado líquido al nacer. Hizo la docimasia —una prueba que consiste en colocar un trozo de pulmón en un frasco con agua, y si flota es indicativo de que hay oxígeno y, por ende, que hubo respiración— y concluyó que el bebé nació con vida, porque respiró.

 

Determinó que murió asfixiado a causa de la obstrucción de aire causada con la campera con la que fue envuelto. "No tuvo la posibilidad de respirar, porque una campera que le cubre la nariz y la boca a un bebé le provoca la muerte en cuestión de segundos o minutos", explicó.

 

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