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Desde adentro, el operativo que les devolverá la libertad a cuatro tigres

Veterinarios y activistas de diferentes partes del mundo trabajan en el campo para llevarlos a Sudáfrica en unos días.

Por Juan Luna
| 06 de marzo de 2022
Tras las rejas. Los felinos pasaron prácticamente toda su vida en cautiverio, en dos viejos vagones en la estancia. Fotos: Juan Andrés Galli.

 

 

El hombre se acerca a las rejas y de un balde saca un pedazo de carne cruda. Lo pincha con un palo y lo usa para dejar la comida por entre los barrotes, sin poner en riesgo sus manos. Da unos pequeños golpecitos sobre el piso, suaves, pero suficientes para entregar una señal clara: es hora de almorzar. Recién entonces, desde adentro de una pequeña jaula se asoma sigiloso el padre de la familia, con sus ojos profundos y su pelaje brilloso, teñido de rayas negras por todo el cuerpo. Camina, pero sus pasos son cansinos. Antes de comer, ruge y ruge, pero no es imponente ni atemoriza.

 

A su alrededor, en silencio, sin moverse demasiado ni inmutarse ante la presencia de extraños y de cámaras, están la hembra y las dos crías que tuvieron. Quince años encerrados en dos viejos vagones de tren, de aproximadamente 75 metros cuadrados, lejos de la selva y de su hábitat natural, les han arrebatado a cuatro tigres los instintos y las ganas, en medio de un campo de la provincia de San Luis.

 

Un cielo plomizo pinta el paisaje puntano del sábado al mediodía, cuando un equipo de El Diario de la República cruza la tranquera de la Estancia La Romana, apenas a un costado de la Autopista de las Serranías Puntanas, en el exacto kilómetro 670, que está a mitad de camino entre las ciudades de Villa Mercedes y Justo Daract.

 

Los nubarrones van y vienen, se abren y se cierran y por momentos dejan paso a un sol agobiante o a una brisa fresca. En unos pocos minutos, el clima ofrece una muestra de las temperaturas y las condiciones cambiantes a las que estuvieron expuestos los felinos durante más de una década, prácticamente a la intemperie.

 

No hace falta recorrer demasiado para llegar desde una de las rutas más transitadas de la provincia, y del país, al improvisado hogar de los animales salvajes. El trayecto, incluso, bien podría hacerse a pie.

 

Entre pastizales y cortaderas que han ganado terreno, exhiben sus figuras, un poco oxidadas, las estructuras que supieron andar por las vías del ferrocarril y que quedaron inmóviles para finalmente convertirse en algo que se parece más a una cárcel que a un hogar.

 

Sin embargo, también emergen sonrisas, saludos en inglés y la energía de profesionales que trabajan para darles la vida que merecen, una vida en libertad.

 

Un equipo multicultural

 

"Hace cinco semanas que empezó nuestro trabajo en el país, primero en Buenos Aires y luego en San Luis, hablando con autoridades. Hoy tenemos en el campo un equipo de diez personas de diferentes partes del mundo (Austria, Bulgaria, Eslovenia, Alemania y Argentina), entre ellos veterinarios que están especializados con el trabajo de grandes felinos y animales salvajes, y colegas que nos apoyan con la logística y la comunicación", detalló Luciana D'Abramo, la directora ejecutiva de Four Paws, la ONG que prepara el rescate.

 

Para la organización, que tiene oficinas en catorce países y santuarios en once, es una misión especial. Esta es la primera vez que realizan un operativo de este tipo en Sudamérica.

 

Por eso, la propia D'Abramo, que es la segunda persona en la cadena de mando de la institución, viajó desde Austria junto al equipo que se hospeda en Villa Mercedes desde hace varios días, aun estando embarazada de siete meses. También el veterinario egipcio Amir Khalil sigue de cerca el estado de los animales, junto a sus colegas.

 

Su principal objetivo desde que llegaron a la estancia es lograr que los tigres confíen en ellos e ingresen por su propia voluntad en las jaulas en las que serán transportados hasta Sudáfrica.

 

"Al principio colamos estos compartimentos conectados a los vagones. Fueron varias semanas de entrenamiento, dándoles alimento por las diferentes ranuras para demostrarles que es un ambiente seguro, que pueden entrar y no se los va a lastimar, y que después pueden volver a salir. La intención de eso es prepararlos para el día de traslado, para evitar anestesiarlos, porque no reaccionan bien a las sustancias. Solamente se los sedará", explicó.

 

Tigres, camiones y aviones

 

Estiman que el viaje durará unas cincuenta horas, desde que salgan desde el campo hasta que lleguen a su destino final, en el refugio LionsRock (donde habitan unos cien leones y tigres).

 

Primero serán cargados con un samping, cada uno en una jaula diferente en un camión, y saldrán por la ruta hasta Buenos Aires. Viajarán en una especie de convoy, con autos de los especialistas que escoltarán al vehículo principal. Harán paradas regulares para controlar que los cuatro estén bien y darles agua por los orificios.

 

En Ezeiza serán ubicados en un vuelo comercial hasta Ámsterdam, Holanda, donde harán una escala breve, para luego seguir hasta Johannesburgo. Una vez que aterricen les quedarán entre tres y cuatro horas más, nuevamente por carretera, hasta Bethlehem (Belén), la ciudad donde está el santuario.

 

"Hubo algunas idas y venidas con las fechas, pero no es algo que dependa de una sola parte. Hay un montón de logística y validaciones de entidades que tienen que colaborar para que esto se concrete, porque se trata de prevenir el transporte ilegal o tráfico de animales salvajes", aclaró Luciana. Por eso no han podido definir el día y la hora exacta en la que comenzarán el operativo, pero hasta el momento tienen previsto realizarlo el miércoles por la tarde.

 

Por una mejor vida

 

Hace quince años, un circo ambulante abandonó en La Romana a un macho y una hembra, que tenían tres años y apenas unos meses de vida, respectivamente. Los dejaron con la promesa de volver a buscarlos, pero los años pasaron y nadie regresó por ellos. La pareja tuvo dos hijos machos, que ya tienen diez años. El cautiverio en el que crecieron y en el que pasaron todo este tiempo les dejó secuelas importantes, que los profesionales intentarán revertir cuando tengan un nuevo hogar en suelo africano.

 

"Durante años los dueños de la propiedad se encargaron de alimentarlos, pero los conocimientos específicos sobre la especie eran muy pocos. Les daban de comer una vez por semana hígado, pulmón y vísceras de vaca. No es una mala alimentación, pero como pasa con los humanos, si uno solo come eso el cuerpo empieza a resentirse", reveló la directora de Four Paws.

 

Desde que llegaron, los veterinarios comenzaron a incrementar la frecuencia de la comida y a sumar otros cortes de carne para generar menos estrés en el sistema digestivo y renal de los tigres. "También tendrían que comer carcasas y huesos, pero todavía no pueden recibirlos porque no están acostumbrados y hay riesgos de que se atraganten o se lastimen", describió.

 

Es que el gran desafío que tendrán cuando lleguen al santuario es lograr que los animales recuperen los instintos que perdieron, o que directamente nunca tuvieron en una vida muy triste.

 

El macho mayor es el que está más afectado. Sufre problemas en las patas que le impiden moverse con agilidad y tiene la vista muy reducida. Por eso cuando camina mueve su cabeza de un lado a otro, tratando de olfatear y orientarse. Muy pronto, cuando lleguen a Sudáfrica, él y su familia pasarán a ser parte de los 3.900 tigres que quedan vivos en el mundo. Cambiarán los 75 metros cuadrados a los que están acostumbrados por más de 1.800 hectáreas, en las que podrán experimentar por primera vez la adrenalina de correr a campo abierto y rugir fuerte, sin rejas que se interpongan entre ellos y la fascinante sensación que solo puede ofrecer la libertad.

 

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