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El fomento provincial a la fruticultura recobra impulso

Un equipo técnico salió a relevar cómo marcha la producción olivícola. Visitó tres establecimientos, habló con sus dueños y puso a disposición las herramientas del Estado.

Por Marcelo Dettoni
| 26 de junio de 2022
Vides. La amplitud térmica y el suelo calcáreo permiten obtener vinos de calidad. Fotos: Ángel Altavilla

El Plan de Fomento a la Actividad Frutihortícola ingresó en una segunda etapa. Pasaron 12 años desde que el Ministerio de Producción repartió árboles y permitió que los productores, que hicieron una importante inversión en infraestructura, pudieran descontar una parte en el pago de impuestos provinciales una vez que las autoridades certificaran que las plantaciones estaban logradas.

 

En materia olivícola, tres empresas de Nogolí se adhirieron al proyecto, experimentaron un crecimiento instantáneo e incluso hubo espacio para pensar en el agregado de valor y convertir esas aceitunas en aceite de buena calidad. Pero el tiempo pasó, hubo dificultades económicas en el país, que no resultaron ajenas a estos establecimientos, y el clima también jugó su partido para que hoy la situación diste de ser la ideal.

 

Por eso es momento de que el Estado vuelva a la cancha. Y lo hizo, comenzando con una serie de visitas a los campos que habían sido beneficiarios del plan de fomento para conocer la realidad de cada uno, conversar con los propietarios, escuchar sus problemas y comenzar a pensar –juntos- en las soluciones posibles para reactivar la actividad.

 

 Intercambio. Carlos Guinle (de espaldas) conversa con Hugo Pascucci. 

 

La revista El Campo acompañó al ingeniero agrónomo Carlos Guinle, asesor del Ministerio de Producción, en una recorrida por El Porvenir, de la familia Pascucci; la tradicional Finca Cortaderas y Corral de Ramas, de Graciela Bambaci. La idea del funcionario fue la de remarcar la presencia del Programa Frutihortícola, llevar cierto respaldo y comenzar a pensar en cómo mejorar las producciones que, salvo en el caso de la Finca Cortaderas, lucen bastante desmejoradas por la falta de poda y mantenimiento general.

 

 

 

 

Dos años sin producción

 

La primera parada fue en el campo de Mariel Pascucci, que tiene 22 hectáreas de las cuales 16 están plantadas con olivos. La primera impresión es que va a llevar mucho trabajo recuperar el tiempo perdido, ya que la finca lleva dos años sin manejo cultural, solo se está llevando adelante el riego. “Tuvimos que reducir el personal por cuestiones económicas, pero también tenemos problemas para conseguir podadores, por lo que los árboles no lucen bien”, reconoce Mariel, a quien le falta apenas un pasito para recibirse de ingeniera agrónoma, aunque el "máster en dificultades" que afrontó con el campo le dieron una experiencia enorme.

 

“La sanidad está controlada, tenemos algunas dificultades con la tuberculosis, pero son de siempre, estas plantas vinieron con la enfermedad. Las estamos tratando con oxicloruro cada vez que nos castiga el granizo”, dice la dueña de El Porvenir, que arrancó con la actividad en 2009. El clima tampoco la trató bien durante los últimos meses, hubo heladas tardías en octubre del año pasado y otras tempranas en marzo, y además poca lluvia durante toda la época estival.

 

“De las 40 mil plantas iniciales nos quedan unas 30 mil, todas de la variedad Arbequina, porque la Arbosana no progresó”, le cuenta Mariel al ingeniero Guinle, quien anota todo en una planilla para llevarse un panorama general del establecimiento. El campo pasó en su momento por las dos inspecciones que exigía la ley, certificando tanto el primero como el segundo año, por eso tuvieron devoluciones impositivas por 10 hectáreas logradas gracias a la Ley de Fomento Frutihortícola Provincial.

 

La tuberculosis es un problema que afecta a los olivos desde siempre. Deben tratarlos con oxicloruro cada vez que cae una granizada.

 

 Valor agregado. Mariel Pascucci muestra el funcionamiento de la moledora de aceitunas que tiene en su campo "El Porvenir".

 

Con tantos problemas con los recursos humanos, tanto en la poda como en la cosecha, la idea a futuro, si la plantación se recupera, es mecanizar la recolección de las aceitunas. “Es un costo importante comprar una vibradora de tronco, y además peligroso, pero más caro aún es conseguir un cabalgante”, cuenta la productora, quien sigue cuestionando por qué no logra exterminar la tuberculosis: “Convive con las plantas, no sé si vinieron así del vivero o se contagiaron de algún olivo viejo que estaba en el campo”, reflexiona.

 

Hacer una buena cortina contra los fuertes vientos que azotan a Nogolí es otra gestión complicada. “Probamos con casuarinas, pero no prendieron. Y el problema con los álamos es que no tienen hojas cuando los olivos están en floración. Contamos con algunos pinos, pero tenemos que reforzar la arboleda”, se propone Mariel, quien también tiene en carpeta replantear el riego, ya que cuenta con un reservorio en desuso y recibe agua del Acueducto Productivo.

 

Cuando Guinle consulta sobre cómo ayudar desde el Ministerio, pide colaboración para sacar los registros que le permitan comercializar en todo el país, ya que necesita contar con el RNE y el Renspa y sería, según sus palabras “un alivio impositivo”. En materia técnica, el ingeniero le da la opción de ralear las plantas como una alternativa a la poda atrasada, para que de paso pueda ingresar más luz solar en las hileras como parte de la recuperación.

 

Una buena inversión fue la de haber comprado una moledora centrífuga hace unos años, con la que puede producir su propio aceite de oliva. Es una máquina que procesa 100 kilos de aceituna por hora, y además tiene un filtro que trabaja con 12 voltios. Así, además de agregar valor a su plantación, también puede producir aceite para terceros. Sol Puntano es uno de sus clientes y está en tratativas con los vecinos de Finca Cortaderas para agregarlos a su listado de clientes. “Agradezco a la provincia que se haya vuelto a acercar, ojalá que juntos podamos sacar adelante este emprendimiento en el corto plazo”, se ilusiona Pascucci, quien cree que 2022 puede ser el año del despegue.

 

 Un paraíso en las sierras. El establecimiento Finca Cortaderas está en el piedemonte del cordón central, cerca de Nogolí.

 

 

Olivos sí, almendros no

 

 Para llegar a Finca Cortaderas hay que atravesar el centro de Nogolí e internarse en un camino de tierra como quien va para Luján. En un par de kilómetros está la entrada al campo, que impresiona por su belleza, ya que se despliega en todo el piedemonte de las Sierras Centrales.

 

Allí el panorama es bien distinto al del primer destino. Las hileras de olivos que ocupan 40 hectáreas lucen prolijas y bien podadas, lo mismo que las cinco de vides, que están listas para volver a entrar en producción luego de la pandemia. Son íntegramente de la variedad malbec y la finca tiene marca propia: La Rica. La mejor cosecha les dio 30 mil kilos de uva.

 

Quizá el único punto oscuro sean los almendros, y no porque los encargados de la finca no hagan todo lo posible, es que las catas y las palomas han hecho estragos, al punto que están pensando en reemplazar esas cinco hectáreas de las variedades Felici y Marinada por más vides, ya que están cansados de soportar pérdidas casi totales en cada campaña.

 

“Evaluamos moler las aceitunas acá en San Luis, porque llevarlas a Mendoza nos sale muy caro y además la fruta llega oxidada", Romeo Pisi (Encargado de Finca Cortaderas).

Nos recibe Romeo Pisi, un mendocino con amplia experiencia en olivos, cuya familia explota 150 hectáreas en Mendoza, además de una de las procesadoras de aceite más importantes de la provincia vecina. Desde hace un tiempo se encarga de mantener a Finca Cortaderas en buenas condiciones, ya que su dueño es un hombre de negocios que vive en Buenos Aires y tiene múltiples ocupaciones.

 

En este campo también crecen las variedades Arbosana y Arbequina, una aceituna muy pequeña que es exclusivamente de uso aceitero. “El mejor rendimiento lo expresan cuando están negras, pero el mejor momento es en el envero, o sea en el intermedio entre que dejan el verde y antes de pasar a negras, con esta tonalidad marrón”, muestra Romeo mientras se interna en una de las hileras.

 

Originalmente tenían 60 hectáreas, pero como tienen algunos problemas con el agua que provee el Acueducto Productivo, se quedaron con 40, de las cuales certificaron 34 bajo la norma de fomento provincial. “San Luis permite obtener olivos y vides de gran calidad, con excelente sanidad por los vientos. Es una provincia que, al igual que Mendoza y San Juan, tiene gran amplitud térmica, algo que no sucede en Catamarca y La Rioja, donde el calor aprieta parejo”, describe el encargado, quien agrega que “los suelos calcáreos de esta zona son escasos en el mundo e ideales para sacar el mejor vino”. Todo un elogio que deberían escuchar quienes están interesados en invertir en San Luis.

 

 Degustación. Romeo Pisi y Guinle prueban las aceitunas que están para cosechar.

 

También sufre con la tuberculosis, pero en general la sanidad es excelente. “Las heladas y el granizo lastiman las plantas, usamos sulfato de cobre y las podamos con tijeras diferenciadas cuando están enfermas”, le cuenta a Guinle, quien como siempre anota todo.

 

El día de la visita era la víspera del comienzo de la cosecha, para la que requieren de mucha mano de obra que cuesta conseguir, aunque de eso se encargan sus ayudantes, Martín Velazco y José Castillo. “Esperamos sacar unos 20 mil kilos, lejos de la mejor cosecha, que fue de 50 mil, pero aceptable para este momento”, evalúa Pisi, quien evalúa si hacer toda la molienda en Mendoza o dejar parte para hacerlo con la máquina de los Pascucci. “Ir a Mendoza nos resulta caro, porque hay que pagar una tasa de ingreso al Iscamen y la fruta no llega en las mejores condiciones. Si lo hacemos acá en Nogolí evitamos la oxidación”, dice.

 

La aridez de las piedras

 

La última visita es al campo de la familia Bambaci, donde hay 20 hectáreas de olivos que crecen entre las piedras, con 12 dedicadas a la variedad Arbequina y otras ocho son de Picual, que también es aceitera.

 

La propiedad tiene poco mantenimiento, está con muchos yuyos, se nota la falta de inversión de los últimos años. El camino para llegar tiene los últimos dos kilómetros en mal estado, lo que también complica la producción. Es un campo de 372 hectáreas al borde del cerro Monigote. Tiene riego por goteo autocompensado y una importante fuente de agua a mil metros de altura, que se transporta por acueducto.

 

Al igual que en lo de Pascucci, en los últimos dos años no se podaron los olivos, lo que hizo decaer la producción debido a la vecería, que provoca una fuerte irregularidad. Lo poco que saldrá de la cosecha lo llevará a molienda a El Porvenir.

 

Carlos Guinle: "Queremos ayudarlos en lo que necesiten"

 

Luego de la recorrida, Carlos Guinle aseguró que vienen a darles una mano a los productores para volverlos a incentivar. "Queremos saber qué están necesitando, qué les falta para empezar a producir bien. Si tienen problemas de sanidad, de ataques de aves o la comercialización. Los acompañamos desde la plantación hasta el segundo año, ahora es momento de agregar valor a la producción primaria", contó.

 

"Vimos problemas de sanidad en algunos cultivos, hay que prestarles más atención. La tuberculosis no mata la planta, pero la va perjudicando porque le baja la producción de manera gradual", agregó, para finalmente reconocer que "la ley de fomento caducó. La idea es armar una norma similar para actividad frutícola. Está avanzada la redacción, para presentarla en la Legislatura".

 

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