10°SAN LUIS - Miércoles 05 de Octubre de 2022

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"Triunfé, mamá"

El famoso muralista argentino, quien recorre el mundo con sus obras, habló con Cooltura sobre la génesis de sus pinturas, por qué creó la serie "Hola mamá" y de la posibilidad de realizar un mural en San Luis. 

Por Astrid Moreno
| 08 de agosto de 2022

"Volví mamá" fue lo primero que pintó Martín Ron en un mural luego de que se flexibilizaran las restricciones por la pandemia. Si bien es un artista conocido internacionalmente, lo hizo en Argentina, en Banfield. Fue allí cuando por primera vez modificó la frase de su serie de piezas "con Edipo", como le gusta bromear, llamadas "Hola mamá". El segundo hito fue que pintó la fachada de un edificio de 65 metros, la obra más alta de su carrera. 

 

La madre de Martín tiene un estudio contable, en donde él dio sus primeras pinceladas laborales. Se trataba de 2001 y ser artista para ese entonces era una utopía. Tenía al muralismo como hobby hasta que se dio cuenta que los números, a menos que representen las dimensiones de una pared o que sean utilizados para transformar sus bocetos a gran escala, no le interesaban. Entonces, se fue por el mundo a plasmar sus pensamientos en muros y el "Hola mamá" fue su forma de decirle que estaba triunfando. 

 

En marzo, Martín visitó San Luis, dio una charla en Terrazas del Portezuelo y recorrió la provincia en la búsqueda de la que podría ser su próxima obra artística. En un principio la idea sería hacer algo natural, que florezca, como las grandes estructuras que vio por el territorio puntano. 

 

—¿Cómo ves artísticamente a la provincia?
—No vine más de dos veces a San Luis, hice una vuelta por Potrero de los Funes y me quedó pendiente Merlo. Pero, por lo que vi, tienden a lo monumental y cuando me invitaron me llamó la atención cómo va apareciendo eso, desde sus edificios y estructuras. Además, donde ven la oportunidad de dar un espacio a la escultura lo hacen: hay en varias esquinas y rotondas, eso es espectacular y no se ve en todos lados. Sabía del Programa Pinta San Luis, pero no imaginé algo así. Por donde vas hay arte. Se les da mucha difusión y oportunidad a artistas locales.

 

—¿Qué tipo de mural te gustaría hacer en San Luis?
—Dejamos entrever la posibilidad de pintar unos diques o unos hilos. Estamos apuntando a grandes espacios, con naturaleza, mucho verde y en los que, de pronto, aparecen estas cuestiones gigantes. Vamos a identificar espacios; la idea es hacer algo pronto, pero esto lleva tiempo, todo lo que es el proceso creativo más arreglarlo junto con mi agenda, porque justo este año estoy con muchos viajes. Lo ideal sería que cuando empiece el calor, por septiembre u octubre, desembarcar en San Luis, quedarme por lo menos tres semanas y pintar ya sea algo monumental o algunos murales medianos. Además, como acá hay mucho arte e interés, estaría bueno hacer una especie de workshops o actividades en conjunto en las que puedan colaborar en la propuesta que yo haga o generar una nueva y organizar un escuadrón con muchos artistas en pos de un solo proyecto, quizás despersonalizado, y que se pueda hacer casi en tiempo récord, abarcando muchos metros cuadrados.

 

—¿Tenés un método para definir qué vas a plasmar?
—Sí, principalmente es la observación. Suelo ir con la mente en blanco, veo los lugares y los analizo desde la técnica: si se puede realizar, si la grúa encaja, si están los medios de elevación y, con base en eso, ya tengo un parámetro más acotado de lo que puedo proponer. Después hago una investigación, pregunto sobre la historia de estos lugares, qué está pasando, si hay alguna situación medioambiental que esté buena para contar o una historia mínima de algún personaje querido. Todos esos son disparadores que me empiezan a dar una idea, por sobre lo que yo ya pensé que compositivamente puede funcionar. Así empiezo a esbozar alguna imagen que me gustaría representar y ya me voy con una idea embrionaria que después madura en mi estudio, cuando estoy tranquilo, metiéndome en el proceso creativo. Luego, consulto si mi propuesta está bien o si queda medio descolgada. Siento que las obras terminan siendo del lugar y yo soy un agente que opera en ese espacio, pero estoy de tránsito, porque después me voy, entonces trato de que comulgue más con el lugar que con mis caprichos. Si está validado eso y funciona, avanzamos con la última etapa, que es la puesta a punto.

 

—¿Cuánto modifica el espacio a una obra?
—La resignifica completamente, por eso digo que hago una intervención y una operación artística en el lugar. Ya no va a ser igual, cambia la fisonomía. Son dos milímetros de pintura que, con ciertas decisiones en cuanto a color y forma, pero que no dejan de ser manchas, cambian el contexto y te detienen a reflexionar sobre por qué se hizo y cuál es el mensaje. Está bueno que armonicen y convivan. A veces la intervención puede ser más violenta porque el juego está en eso, en que sea un shock de color en un lugar oscuro; pero por ahí en lugares como San Luis, donde abunda la naturaleza, veo que estas construcciones también responden a eso, entonces tengo que ir de la mano. Si bien son monumentales, florecen, son grandes y de lejos ves color, pareciera una vegetación como las pirámides. Una obra tiene que funcionar con la misma dinámica. 

 

 

"Para mensaje imperativo tenemos la publicidad y yo compito con ellos para llamar la atención. Te dicen 'hacé esto, comprá esto' y yo te digo 'vos fijate'".

 

 

—¿Es más complejo pintar en tu ciudad o país, o en el extranjero?
—Mientras más te alejás, más complejo es. Entrás en otros contextos y como artista tenés que empaparte y nutrirte de lo que pasa ahí, hay que tener cierta información y devolver algo. Tengo que inspirarme, procesar y dejar algo que no es mío, sino que es algo que interpreté. Es más complejo a medida que te vas alejando y en lugares donde no estás familiarizado. Argentina no es tan difícil, pero cuando viajás a otras culturas a veces pasa que lo que proponés no tiene nada que ver. Por ahí haces algo que está buenísimo, pero no comulga con la cultura del lugar. Me ha pasado cuando vamos a países de Arabia, uno tiende a representar lo femenino y allá por ahí observan eso de manera distinta, las mujeres usan velo. Es otra forma de ver. Se hace más complejo, entonces se disocia lo que vos querés hacer y hasta pierde un poco el entusiasmo. Todo tiene que estar en armonía, que te interese el lugar, que te regale una información que puedas canalizar y devolver en forma de obra.

 

 

 

 

—¿Cómo es el trabajo de pintar en horizontal o vertical? ¿Te programás de alguna manera?
—Son soportes y no solamente tienen que ver con el plano, puede ser un círculo, tener varios bloques, estar desplazado, entonces el ejercicio de componer es jugar con lo que, de alguna manera, irrumpe delante tuyo y tenga potencialidad de ser pintado. La sensibilidad tiene que ver con detectar esos posibles soportes y jugar con ellos a través del criterio, la habilidad y la técnica para transformarlos en otra cosa. Puede pasar que uno pinta unas columnas que desde un punto de vista se junten cinco y virtualmente se forme un plano. Cómo te las ingeniás para pintarlas es el desafío y para eso hay que estar más permeable a ver esas situaciones; en definitiva, ver cosas que otra gente no y para eso hay que estar un poco loco.

 

—¿Cuál es la motivación para pintar a alguien famoso?
—Eso responde a momentos y a que realmente lo sienta. He pintado a algunos famosos, pero me sentí cómodo, porque hablan de un momento de búsqueda. Por ahí viene una propuesta y uno termina siendo el ejecutor de pintar a un famoso por cuestiones más oportunistas. El sentido que sí le encontré fue cuando pinté a Tevez. No es tanto el homenaje a esa figura en sí, sino el dónde lo pinté y en qué momento: fue en el Mundial, cuando lo declararon el jugador del pueblo, y lo hicimos precisamente porque era una manera de regalarle al barrio un ícono y una figura de inspiración para todos los chicos. En ese momento estaban todos los pibitos jugando y pintar a Tevez ahí significaba un milagro de identificación para querer mejorar su calidad de vida. Ahí funciona, es arte, pero por ahí pasa todo lo contrario, mañana Carlitos mete un gol y ¿por qué lo voy a seguir pintando? Es como con Maradona, si no lo hice antes fue porque no lo sentí. ¿Por qué lo voy a hacer ahora porque se murió? ¿Porque es una oportunidad para que me levanten notas? No tiene mucho sentido. 

 

—¿Cómo juega el ego en tu trabajo?
—Siempre está y todo el mundo lo tiene; quien dice que no, no le creo. Todos tenemos ego y la realidad es que el arte viene con un impulso y una necesidad de comunicarse. Hay gente que lo hace con palabras, otros a través de una expresión artística. Es parte de cómo percibo el mundo y toda su información, y cómo genero algo para mejorarlo por un lado y por otro decir esto lo hice yo, por eso va la firma. Pero qué hacés con eso es un poder también y si le ponés una cuota de responsabilidad podés generar algo nuevo. Realmente es así, si no es como que te cerrás, no sos permeable y no podés entregar nada. Yo tengo un impulso natural de pintar en todos lados, me muestro y además hago algo con eso que genera impacto positivo. A mí me gusta pintar en la calle, mi satisfacción finaliza cuando terminé y ya estoy pensando en lo siguiente, pero en ese momento, luego de que firmo la obra, deja de ser mía y se la empieza a apropiar todo el entorno.

 

—¿Qué sucede después?
—Tiene una energía en potencia que se empieza a movilizar, con la gente que le saca fotos que le evoca ciertas situaciones y lo llena de preguntas: “¿Por qué lo pintó?”. Yo siento que echo raíces porque me gusta monitorearlas. Cuando viajo hay obras que no sé si las voy a volver a ver. En cambio, pintar cerca me permite tener una excusa para regresar; me hago una recorrida, sigo en contacto con gente que me puede dar un feedback de qué pasó con las obras. A mí, que soy el protagonista y las hice, también me gusta ver cómo evolucionan. Las obras son amigas y si están cerca traen buena onda.

 

—¿Cómo nació la serie “Hola mamá”?
—Siempre estuve conectado con mi mamá, jugamos con el Edipo. Lo interesante es cómo te vas encontrando simbólicamente. En un momento me refugié en ella. En la época de crisis de 2001 tenía su estudio contable y dentro de todo había un sustento económico, aunque en decadencia, porque los clientes habían quebrado. Yo estudiaba Ciencias Económicas y para aprender el oficio, empecé a trabajar con ella. Arrugué, no me la jugué por el camino del arte porque tenía miedo, la verdad es que no veía que en esa época pudiera estudiar bellas artes, entonces me puse a trabajar, pero seguí pintando; podía hacer las dos cosas. Después me dediqué a la pintura, pero la volví a traer a ella en un momento más maduro y en forma de homenaje, con el “Hola mamá”, y para decirle: acá estoy, me fue bien”.

 

 

 

—Tu última y primera obra, pre y pospandemia, fueron con “Hola mamá”.
— Ya venía utilizándolo como un chiste y un juego, pero después me lo apropié y la única vez que lo modifiqué fue con el “volví mamá”, que fue justo cuando se abrió todo después de la pandemia. Era un edificio que se había pactado para hacer y estábamos esperando a que se abrieran las restricciones, así que irrumpimos otra vez con una obra gigante.

 

—Te llaman de distintos gobiernos para pintar. ¿Mantenés la política alejada de tus obras?
—Toda manifestación es política. Pintar en la calle es un acto político porque está de alguna manera relacionado con el entramado social y con lo que digas. Muchos de mis trabajos más grandes están relacionados y van de la mano con programas de municipios y gobernaciones, entonces ya hay una asociación, pero en la obra en sí, no me meto en temas controversiales ni políticos. 

 

—¿Por qué?
—Es por una búsqueda mía, que no significa que no los piense, sino que considero que para mensajes imperativos ya está la publicidad, la propaganda y un montón de cuestiones que son más duras. Estas son pausas, a modo de reflexión, que hacen el día a día mucho más ameno y lindo. Mi aporte va para generar un shock de buena energía. Por ahí el mensaje un poco más subyacente es eso, es una política sana que busca transformar los espacios y llevar arte a gente que no tiene la posibilidad de ir a un museo. No creo que sea mi lugar el de machacar con un tema. Si tengo que hablar de medio ambiente te la voy a dejar para que despierte la pregunta ¿qué quiso pintar y por qué? Para imperativo tenemos la publicidad y yo compito con ellos porque también queremos llamar la atención. Te dicen “hacé esto, comprá esto” y yo te digo "vos fijate".

 

—¿Cuánto en tus obras es instinto natural y cuánto es técnica?
—Pintar murales es muy técnico, va de la mano. Hay que tener una sensibilidad de saber qué hacer y cómo encararlo, pero después hay que plasmar la imagen, hacer a escala y para eso hay que recurrir a lo técnico. Es como la arquitectura. 

 

 

 

—¿Eso va de la mano con tu parte contable?
—Sí, no soy tan volado. Soy más del tipo que dice “bueno, resolvamos” y pintar murales es eso, el estar siempre resolviendo la composición y las cuestiones de color; soy bastante técnico en ese sentido. Eso no quiere decir que mientras empiece una obra mute o cambie. No deja de ser una hoja de ruta o referencia el boceto inicial y si a los dos días veo que lo puedo modificar e ir por otro lugar, como cambiar los colores, porque se me ocurre una idea mejor, lo hago. Si pensé eso en el estudio, ¿cómo no se me va a ocurrir algo mejor en el lugar? Capaz que estoy pintando y después me doy cuenta que tomando un café desde un parador de la ruta veo el lugar desde otro panorama que no estaba en mi radar, y me doy cuenta que hay que hacer otra cosa y listo, lo cambio.

 

—¿Eso no te genera pequeñas crisis artísticas?
—Todos los días son una crisis. Son estados de ánimo: puedo estar bien pintando y llega un punto, que puede pasar, en el que digo “¿qué estoy pintando?”. A veces quiero hacer algo novedoso y usar la experimentación, entonces 
me agarra la crisis cuando me siento asfixiado y no me permito jugar con las cosas. Cuando sos demandante y ya te hacés conocido te identifican con ciertas obras, y a veces te demandan que pintes determinada cosa. Por ejemplo, en un momento me reconocían por la tortuga tridimensional, entonces siempre me pedían eso. Pero no, ya está, no pinto más tortugas; ¿entonces? no hay qué mostrar. 
Ahí es donde tenés que buscar nuevamente, hasta que vas con algo que te permita no cansar el caballo. 
Hice una serie que me motiva mucho y es más abstracta, pero cuando eso se empieza a endurecer es cuando vuelvo, doy vuelta la hoja y me reinvento. Lo demás son mambos míos.

 

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