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El control de las malezas en la alfalfa es un aspecto clave

En el período crítico de competencia es posible que la pastura pueda convivir entre 50 y 100 días, siempre y cuando las aplicaciones sean efectivas. Las pérdidas en el semiárido son importantes.

Por Marcelo Dettoni
| 11 de septiembre de 2022
Control permanente. Un ingeniero de Alfazal durante una recorrida por un lote con ensayos al norte de Villa Mercedes.

La alfalfa, un cultivo en pleno crecimiento en San Luis, le otorga al productor materia seca o bien luego se traduce en kilos de carne bovina. Por eso es importante evitar las pérdidas por hectárea, sobre todo cuando se producen por un mal manejo o por la falta de control de las malezas. Lamentablemente son de elevada magnitud en la región semiárida, como bien advirtió el ingeniero agrónomo Jorge Garay, quien dirigió ensayos que le permitieron determinar con precisión el mejor momento para ejercer el control, qué tipos de herbicidas hay que usar y cuáles son las dosis adecuadas, entre otros indicadores.

 

“El control de gramón, gramilla, cebollín y de sorgo de Alepo hay que realizarlo dentro de un contexto integrado, es decir aplicando métodos culturales, mecánicos y químicos”, explicó el técnico, que tiene una extensa trayectoria en el INTA, al sitio web El Semiárido. También aclaró que si el sistema es mixto, o sea que incluye la agricultura y la ganadería, la pastura deberá alternar con verdeos invernales y estivales y cultivos de cosecha gruesa, como soja y maíz RR (Roundup ready) principalmente, también girasol.

 

En aquellos casos en los que el productor decida implementar un control basado en herbicidas, debe tener en cuenta que hay que disminuir al máximo el impacto ambiental que pueden ocasionar.

 

 

Las pérdidas por mal manejo pueden llegar a los 1.375 kilos de materia seca por hectárea y por año. En carne serían unos 55 kilos en cada una.

 

 

A través de ensayos realizados en las estaciones experimentales de INTA ubicadas en Anguil, Manfredi, Rafaela y San Luis se han medido pérdidas por enmalezamiento que van del 50% al 80% de la producción de materia seca total en pasturas de alfalfa. En alfalfas para producción de semilla, las pérdidas oscilan entre los 30 y los 60 kilos por hectárea.

 

"Entonces si tenemos una pastura que puede producir 5.000 kilos de materia seca por hectárea al año, con un aprovechamiento de pastoreo del 55% y un descenso de producción debido a las malezas del 50%, perderemos 1.375 kilos de materia seca por hectárea al año. Este valor en nuestra región semiárida es de elevada magnitud", reflexionó Garay, quien agregó que "si lo llevamos a kilos de carne por hectárea, tendríamos una pérdida aproximada de 55 kilos por cada una, teniendo en cuenta que para producir 1 kilo de carne se necesitan aproximadamente 25 de materia seca".

 

 

 

Las siembras otoñales de pasturas, que son las más comunes, tienen que competir con numerosas especies de malezas anuales que nacen durante el período de establecimiento, que va del otoño a la primavera. Es el momento en el que emergen la  mostacilla, nabo y nabón, cardos en general, rúcula, ortiga mansa, boulesia, caapiquí, alcanfor, quinoa, morenita, verdolaga, rama negra, enredadera, sanguinaria, apio cimarrón, alfilerillo, cuscuta, pata de gallina, pasto puna y pasto colorado.

 

"Son las especies 'comunes' en San Luis, pero en los últimos años, principalmente el uso reiterado de glifosato, han aparecido en la provincia otras malezas denominadas 'duras' o 'resistentes', que requieren mucho esfuerzo de control. Cuando no se realiza un monitoreo adecuado, aparecen daños irreversibles por competencia de las malezas", aseguró.

 

En cuanto al periodo crítico de competencia (PCC), en general es posible convivir entre 50 y 100 días desde el momento del nacimiento de la pastura (otoño temprano) con la presencia de malezas sin sufrir graves daños en la producción. Siempre y cuando dentro de ese periodo haya una intervención activa, limitando o eliminando el crecimiento de malezas.

 

"Los mejores rendimientos de forraje se obtienen cuando se elimina la competencia en esos primeros 50 a 100 días desde el nacimiento de la pastura, teniendo en cuenta que la alfalfa debe tener entre 4 y 5 hojas trifoliadas al momento de la aplicación, para que los herbicidas no le produzcan fitotoxicidad", dijo Garay, quien agregó que "las malezas del tipo perenne como gramón, sorgo de Alepo y cebollín merecen una consideración especial debido a que el control hay que hacerlo antes de  la siembra, en caso contrario no se logrará la implantación".

 

 

Aplicación de herbicidas

 

Las ventanas de intervención durante la vida de la pastura son las siguientes:  en la labranza o barbecho químico, en presiembra, con la aplicación de preemergentes o posemergentes, con las pasturas establecidas y en la renovación de pasturas en base a glifosato.

 

"La aplicación en presiembra o preemergencia es sumamente recomendable para arrancar con una pastura libre de competencia. Al momento de hacerlo no tiene que haber malezas vivas, ya que los productos deben llegar al suelo para ejercer su acción residual", acotó Garay.

 

En cambio en los lotes con alta infestación inicial, el efecto residual de estos tratamientos elimina el riesgo de baja humedad edáfica o heladas, condiciones que con frecuencia se deben enfrentar al momento de efectuar las aplicaciones posemergentes convencionales y que forzosamente obligan a retrasarlas en procura de mejores condiciones.

 

"Esto implica un mayor daño a la pastura y un tamaño excesivo de las malezas en el momento del demorado tratamiento, que requerirá dosis más elevadas de herbicidas. Estas situaciones de lote, en años con otoños normales en cuanto a temperatura y humedad, seguidos de inicios de inviernos secos y fríos, con tratamientos posemergentes demorados, muestran diferencias significativas en producción de materia seca a favor de los tratamientos de presiembra o preemergencia contra los tratamientos posemergentes retrasados", indicó el ingeniero.

 

"Al momento de aplicar un posemergente, la alfalfa debe tener entre 3 y 5 hojas trifoliadas, las malezas de hoja ancha de 2 a 4 hojas y las gramíneas de 3 a 5. Si no se utilizan productos de presiembra o preemergencia, hay que aplicar entre 80 y 90 días después de sembrar, ya que es cuando se produce la mayor competencia. Pasado ese período, comienza a haber pérdidas", describió Garay, quien cerró recomendando siempre un coadyuvante: "El 2,4 DB no se deberá aplicar con la alfalfa en crecimiento activo, porque provoca fitotoxicidad".

 

MAM.

 

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