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Retrocedió la deforestación amazónica

Por redacción
| 14 de noviembre de 2023

La deforestación amazónica en Brasil cayó 22,3% en el período de agosto de 2022 a julio de 2023, en comparación con los 12 meses anteriores, según datos recientes, lo que demuestra que la política, con sus estímulos y frenos, es decisiva en esa neurálgica cuestión.

 

El nuevo gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, investido el 1° de enero, no tuvo tiempo de recuperar el sistema de inspección ambiental desmantelado por su antecesor, Jair Bolsonaro, quien negaba la deforestación y el cambio climático, como suelen hacer los políticos de extrema derecha.

 

Durante el gobierno de Bolsonaro (2019-2022), la Amazonia sufrió una creciente deforestación de más de 10.000 kilómetros cuadrados, que alcanzó su máximo nivel en 2021, con 13.038 kilómetros cuadrados, y bajó a 11.594 el año pasado.

 

Hubo picos en la historia de la batalla por los bosques amazónicos brasileros. En 1988 la serie sobre la destrucción de la selva amazónica comenzó alarmante, con 21.050 kilómetros cuadrados.

 

Era usual, en el período más seco del año, en general de julio a septiembre, la imagen repetida de ciudades cubiertas de humo y aeropuertos vedados por la nula visibilidad. Talar y quemar era la consigna, incluso como condición para la tenencia de las tierras antes públicas.

 

El humo volvió a nublar en las últimas semanas a Ma-naus, capital del estado de Amazonas, cercada de incendios favorecidos por la fuerte sequía que afecta a casi toda la Amazonia brasilera en los últimos meses.

 

Un programa de combate a la deforestación, impulsado por la entonces y actual ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático Marina Silva, ya bajo la anterior presidencia de Lula (2003-2010), logró bajar el área deforestada en la Amazonia Legal, constituida de ocho estados y parte de un noveno, el Maranhão, a 4.571 kilómetros cuadrados en 2012, una reducción del 83,5% en ocho años.

 

Pero desde entonces la deforestación creció gradualmente y se intensificó durante el gobierno de Bolsonaro, que estimulaba la expansión agrícola en la región amazónica, la minería incluso en territorios originarios reservados, y el desmonte de las instituciones de comando y control ambiental.

 

El ambiente político favorable a las cuestiones ambientales, generado por la nueva elección de Lula, fue suficiente para estancar e invertir la tendencia de destrucción de la Amazonia en un momento crítico.

 

Los expertos estiman que la deforestación amazónica estuvo muy cerca del “punto de no retorno”, en el que los bosques pierden la capacidad de regeneración y la extinción de es irreversible. Ese punto está ubicado entre el 20% y el 25% del área deforestada.

 

Algunos investigadores creen que cerca del 17 o 18% ya perdió su cobertura boscosa, pero hay otra gran parte de bosques degradados de inciertas consecuencias.

 

Además, la Amazonia vive actualmente una sequía excepcional que convirtió a grandes ríos, cuya anchura puede alcanzar algunos kilómetros, en extensas playas o tierra seca. Las aguas escurren en cauces que quedan hoy a centenares de metros de la orilla original.

 

El cambio político es decisivo además por generar expectativas de represión a los delitos ambientales, como las acciones concretas en el combate a la minería informal.

 

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