Hace seis décadas que Colombia está sumergida en la violencia armada, tiempo suficiente para que la tragedia y la muerte arrasaran con tres generaciones y dividieran al país entre el hartazgo y la impotencia; sin embargo, la posibilidad de alcanzar la paz persiste y una tregua alimenta la esperanza.
El alto al fuego pactado entre el gobierno de Colombia y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) comenzó el jueves 3 de agosto, deberá regir durante 180 días y será verificado por las Naciones Unidas.
“A partir de hoy entró en vigor el cese bilateral, nacional y temporal entre el Estado colombiano y el Ejército de Liberación Nacional. El gobierno del presidente Gustavo Petro protege la vida de todos los colombianos”, anunció el gobierno.
El cese al fuego fue pactado el 9 de junio, durante una de las rondas de negociaciones entre las partes, realizadas en La Habana, y es considerado un factor clave en el proyecto de “paz total” impulsado por el primer presidente de izquierda en el país.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó ampliar su misión en Colombia para que pueda verificar el alto al fuego.
“Los continuos esfuerzos de Colombia por ampliar la paz mediante el diálogo avanzan”, dijo la ONU, al felicitar tanto al gobierno como al ELN, y exhortó a las partes a “mantener su compromiso para aliviar el sufrimiento de los civiles”.
Con el cese al fuego, también fue puesto en marcha el Comité Nacional de Participación (CNP), para que numerosos actores sociales e institucionales participen en los diálogos que puedan conducir a una paz sólida.
“Desde hace muchas décadas hemos dicho que esto no lo resuelve un diálogo de dos; para los problemas de Colombia eso es insuficiente. Nuestra esperanza es que esto sea muy incluyente, muy masivo. Aspiramos a que nadie quede afuera”, dijo el comandante guerrillero Pablo Beltrán, alias de Israel Ramírez, en la instalación del CNP.
Por su parte, el jefe del equipo gubernamental, Otty Patiño, dijo que “por primera vez desde que inició este conflicto armado, que dura ya casi 60 años, el Estado, la sociedad colombiana, la comunidad internacional y el ELN nos reunimos para emprender un intenso proceso de concurrencia y construir la paz”.
El CNP debe recoger, en todo el país, propuestas de las comunidades y organizaciones acerca de los cambios requeridos para apuntalar socialmente el proceso de paz y con ellas formular políticas y proyectos que discutirán las partes.
El ELN fue fundado en 1964, tiene unos 2.000 combatientes, presencia en más de 200 municipios y es la formación guerrillera más grande en la región, después que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se desmovilizaron tras firmar un acuerdo de paz en 2016.
Durante las tres últimas décadas el ELN acudió a diálogos orientados hacia la paz, con distintos gobiernos, pero resultaron infructuosos y nunca había concretado un cese del fuego, como el pactado con el gobierno de Petro.
Aunque el pacto del cese al fuego no especifica cuáles acciones sí estarán permitidas, las partes asumieron el compromiso de “no realizar acciones prohibidas en el derecho internacional humanitario”.
Los próximos seis meses pueden cambiar la historia de los últimos 60 años en Colombia; el diálogo está abierto y el cese al fuego es el primer paso hacia la paz.
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