El oficio de modista es uno de los más antiguos, aunque también persistente al cambio de las generaciones. A pesar de que San Luis tiene muchos negocios que venden prendas de vestir para todos los gustos y edades, los profesionales de la costura siguen vigentes y dispuestos a reivindicar su trabajo. Afirman que resisten las malas épocas económicas y el paso del tiempo gracias a una clientela fija que se crea a través del “boca a boca”, con una demanda mayor a fin de año con las fiestas y los egresos. Además subrayan que el tiempo y el “amor” que invierten para elaborar las prendas es lo que distingue a sus productos.
Las modistas y sastres son los indicados para que las prendas queden a la perfección. Cada uno asegura que las tiendas comerciales “no son competencia", porque ellos cuentan con su propia clientela que, pese al correr del tiempo, aún eligen su trabajo. Saben que las prendas confeccionadas suelen ser más caras, pero aclaran que lo que más vale es el tiempo invertido y la satisfacción de que el trabajo sea el indicado.
Beatriz Polito es una modista que desde hace décadas cose y elabora vestidos de fiesta. Lo hace por placer. Después de terminar la secundaria comenzó a estudiar el oficio. Abandonó la facultad y comenzó a capacitarse. Así fue que comenzó a trabajar. Se considera una detallista y explicó que su clientela es variada: mujeres jóvenes, adultas, hombres y niños. Lo que más le gusta es confeccionar vestidos de fiesta.
Contó que la clientela varía mucho y depende el modelo. “Muchos prefieren comprarse ropa antes de mandarla a confeccionar a la medida de cada uno”, asegura. Lo más preciado para ella es el tiempo que le dedica a su creación. “Las horas o los días que insume mi trabajo es imprescindible para fijar el precio de la prenda. A muchos les parecerá elevado el costo, pero tampoco tienen conocimiento de todo lo que equivale hacer un vestido”, agregó.
Muchas veces se pensó que la ayuda de una modista no era tan necesaria, pero Beatriz dice que no es así. “Yo tengo mi clientela fiel y ellos son los que traen más personas para que yo les haga algún trabajito”, contó. No es sólo modista, también es peluquera, cocinera y maestra en dos escuelas y varios talleres de costura y artes plásticas. “Mi tiempo es reducido, tengo muchas actividades, pero lo tomo como un placer. Algunos trabajos me llevan varias horas y madrugadas, pero no importa el cansancio, importa terminarlo y quedar satisfecha”, expresó.
Los vestidos que hace Beatriz tienen una cotización base de tres mil pesos. “Las telas son elegidas por las clientes. Para vestidos de fiesta eligen generalmente el raso o cualquier tipo de seda. Un vestido puede llevarme entre cuatro y cinco días depende los detalles”, contó.
Además, cuando tiene tiempo, confecciona su propia ropa. Beatriz aprendió que el valor de la prenda equivale el doble de lo que costó la tela porque su trabajo, las horas destinadas y el esfuerzo, cuestan dinero.
Eduardo Estrada es un modisto de la ciudad que trabaja hace más de 20 años. Explicó que comenzó a incursionar en el oficio por pura curiosidad, cuando era solo un niño. Al ver en su casa la ropa de su abuelo militar ya fallecido, comenzó a investigar los materiales de las prendas. Antes de un juguete, a él le llamaba la atención diseñar.
“Luego de grande me puse en contacto con las modistas que cosían para mi madre y aprendí de ellas algunas cosas, porque siempre quise hacerme prendas que no eran fáciles de comprar y ellas me ayudaban. Cuando decidí dedicarme a este oficio empecé a leer mucho sobre el diseño y me formé solo”, agregó. Se considera un autodidacta.
Explicó que se dedica a vestidos de fiestas, pero sus confecciones dependen de lo que sus clientes le piden. “Todo depende del movimiento social del año. En invierno suelo hacer trajes o tapados y en esta época fuerte de fiestas me enfoco en vestidos de noche”, contó. Eduardo afirmó que variaron la calidad de las telas y ya no hacen muchos trajes o tapados porque las telas de materia prima acorde ya no vienen a la ciudad.
Eduardo y Beatriz coinciden que no sólo son los modistos de sus clientas sino también que son sus asesores de imagen. Su vestido o prenda de vestir debe estar acorde con su cuerpo, sus zapatos, para lucir de buena manera.
“Suelo acompañarlas a buscar telas por otras provincias y las ayudo a que su vestido quede amoldado a su cuerpo”, aseguró Eduardo.
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