SAN LUIS - Sabado 25 de Junio de 2022

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Inequidad en el trabajo, las mujeres corren con desventaja

Por redacción
| 26 de febrero de 2017
Ilustración: Federico Nasute.

Dos jovencitas se conocen en una universidad de medicina, terminan juntas; hacen su residencia sin separarse y ambas eligen una especialidad. En el camino una de ellas se enamora y decide tener una familia; la otra elige no ser madre para convertirse en una prestigiosa cirujana. ¿Es necesario elegir uno u otro camino? ¿Las responsabilidades familiares son compartidas de la misma manera entre una mamá y un papá? ¿Por qué en ocasiones un hombre accede a mejores condiciones de trabajo que una mujer que también está preparada? Las respuestas a estas, y otras miles de preguntas, que giran alrededor de la inequidad de género, quizás las conteste el tiempo, el buen diálogo, la riqueza que pueda producir el debate, leyes más inclusivas, una educación que se despegue del mandato patriarcal, hombres dispuestos a comprender que no es nada contra ellos, sino que se trata de una cuestión de derechos humanos.  

 


A nivel mundial la ONU publicó en su Agenda 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre los que buscan “la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. El apartado indica que, aunque ya se produjeron avances a nivel mundial, son muchas las que todavía sufren discriminación y violencia. Además señala que aún falta “facilitar el acceso a la educación, a la atención médica, a un trabajo decente; y a la representación en los procesos de adopción; y de toma de decisiones políticas y económicas.

 


En Argentina falta aún más lograr ese equilibrio. “Hablamos de relaciones de poder, en las que las mujeres tienen un rol subordinado, que se  dan en relación o interacción con otras categorías sociales como la de clase, etnia, edad y orientación sexual”, dijo la especialista en Género Sociedad y Políticas Públicas, Sandra Cabrera, quien trabaja en la tesis de una maestría en la misma temática, y agregó que en el ámbito laboral la brecha salarial entre ambos es de un 27 por ciento, y afirmó que esa cifra asciende a un 40 por ciento, en los casos en los que las trabajadoras no están registradas.

 



El “techo de cristal”

 


A la limitación del ascenso laboral de las mujeres, que cuentan con educación y experiencia, y no crecen o acceden a puestos de toma de decisión se le denomina “techo de cristal”. Se trata de una línea que limita sus carreras profesionales, que es difícil de traspasar y que les impide avanzar, crecer y desarrollarse. Es invisible y es frustrante.

 


“Este techo objetivo y subjetivo a la vez, tiene que ver con el acceso a los cargos jerárquicos. Sólo el 31 por ciento de esos puestos en Argentina están ocupados por mujeres”, especificó Cabrera y mencionó que son notorios cuando los horarios de trabajo son sumamente extendidos o las reuniones se organizan en horarios nocturnos, en ambos casos este aspecto es incompatible con la vida familiar que asume la mujer.

 


En muchos casos a la mujer no se la educa para planificar su vida profesional o su carrera; para tener aspiraciones; para llegar a ocupar cargos importantes. Lo común es cumplir ese mandato social impuesto  que dicta que las mujeres tienen que buscar una pareja y tener hijos.

 


“Cuando una mujer fracasa o comete algún error, se lo atribuyen a que es mujer; si lo comete un hombre se dice que no estaba preparado. A ellas se les exige mucho más, por ejemplo, tener el doble de formación académica que un varón”, indicó y sumó a la lista de obstáculos el acoso sexual en el ámbito laboral.

 


Otro punto negativo para el pleno desarrollo femenino es que “el 76 por ciento no puede dejar de lado las tareas domésticas y de cuidado de la familia. Es un trabajo no remunerado, nadie sabe que esto representa un 35 por ciento del producto bruto interno de un país, sin embargo este aporte no es reconocido, ni es pago. Por eso hablamos de un patriarcado concomitante junto al capitalismo, y se refuerzan mutuamente. El mismo que establece que los hombres son superiores a las mujeres y que por ser cuestiones sutiles y naturalizadas no las percibimos como tales”.

 


Las tareas domésticas suman a las horas laborales de las mujeres tres horas de actividades y responsabilidades extra.

 


Además, a las mujeres se las considera emocionales y a ellos se los encasilla en el mundo intelectual. Según Cabrera “este es un principio erróneo absolutamente cultural, porque existen varones emocionales y mujeres racionales. Esto varía según la subjetividad de cada persona, según su crianza y su personalidad entre muchas otras cosas”.

 


Los números indican que en las Fuerzas Armadas Argentinas sólo un 15 por ciento de los integrantes son mujeres; en el ámbito tecnológico la brecha salarial entre hombres y mujeres es de un 28 por ciento y en los cargos jerárquicos de empresas tecnológicas sólo el 11 por ciento están ocupados por mujeres.

 


“En cuanto a la participación política de las mujeres, el cupo femenino, que es muy criticado, se pone para incentivar a las mujeres a que participen de la política que por cierto está dominada por varones, ellos son los que toman las decisiones y los cargos los designan ellos también. Aún no logramos en Argentina integrar ese cincuenta y cincuenta”, afirmó y añadió que en el ámbito rural sólo el 2 por ciento de la tierra está en manos de las mujeres. Más del 40 por ciento de las mujeres en la actualidad realiza trabajo precarizado.

 



¿Cómo revertir esto?

 


La especialista en Género, Sociedad y Políticas Públicas explicó que no todo es negativo, y que las mujeres han abierto caminos importantes. “Hay que hablar de tres corresponsabilidades: la familiar empresarial y estatal. La primera implica que todos los miembros se hagan cargo de las tareas domésticas y de cuidado, debemos inculcar esta idea desde la primera infancia. Las actividades no deben ser exclusividad del género, porque los hombres también pueden hacer la comida,limpiar la casa, cuidar a los niños y niñas", explicó.

 


“La estatal tiene que ver con la flexibilidad en los horarios de trabajo, que ambos puedan hacer tareas desde el hogar, crear ámbitos laborales con guarderías donde puedan dejar a sus hijos para trabajar tranquilos. También equiparar las licencias extendidas por paternidad y maternidad, de esto se trata la corresponsabilidad. Los varones tienen sólo dos días y deberían tener lo mismo que la mamá, es un derecho que tienen los hombres, y este aspecto no se toma en cuenta”, afirmó y siguió: “Se han hecho muchas cosas, pero todavía queda mucho por hacer. Son cambios lentos, pero al cuestionar y hacer visibles todos estos temas vamos mejorando. Tiene que haber guarderías; generar espacios diseñados para darle de mamar a un bebé; poner cambiadores en los baños de los varones también; y los jardines maternales deberían llamarse 'centros de desarrollo infantil, entre muchas otras cosas”, aseveró.

 



Todavía falta en San Luis

 


“No veo muy diferente el contexto social de San Luis al del país. En los puestos de toma de decisión del Gobierno Provincial hay más participación de las mujeres que en el resto de las provincias. Esto es real y sobre todo en los ministerios de áreas sociales que antes eran exclusivas de varones”, dijo Cabrera y  afirmó que la mayoría de las empresas de la provincia están manejadas por hombres.

 


“Tendría que haber guarderías en las universidades. Si las mujeres no estudian, tampoco podrán acceder a cargos importantes", especificó y agregó que “es importante trabajar en políticas integrales para erradicar las violencias y generar un cambio cultural profundo para revertir el patriarcado que pone a las mujeres en un lugar de subordinación con respecto a los varones”.

 


Uno de los puntos de partida para el cambio es tomar conciencia de las actitudes y “de las cosas que hacemos o dejamos de hacer, o las que reproducimos. La educación es fundamental y en esto hay una gran falla provincial, nacional y mundial. No incorporamos todavía la perspectiva de género en la totalidad de los contenidos en las escuelas. Son cuestiones sutiles, pero que calan profundo. En todos los ministerios de educación del país debería existir un programa dedicado a la equidad e igualdad de género”, concluyó.

 



Estadísticas

 


El Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, dirigido por la Asociación Civil La Casa del Encuentro, con el apoyo de la Dirección de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del Ministerio de Hábitat y Desarrollo Humano y de Fundación Avon, presentó un informe que abarca el periodo del 1º de enero al 31 de diciembre de 2016 y fue realizado en Argentina.

 


El estudio indica que en ese período el mayor número de casos de femicidios es entre parejas, esposos y novios, y hubo 102; el rango de edades de esas mujeres oscila entre los 19 y los 50 años;  80  de ellas murieron apuñaladas, 72 fueron baleadas, 37 golpeadas, 28 estranguladas, 13 incineradas, 12 ahorcadas, 12 asfixiadas y 10 degolladas; en la mayoría de los casos los asesinatos son en la vivienda de las víctimas o en la que ambos comparten.

 



"Las empujan a renunciar"

 


El sitio web Yorokobu, un espacio virtual en el que se publican historias que hacen pensar. Llamó la atención una titulada “Las mujeres hemos salido a trabajar fuera, pero el hombre no ha entrado a trabajar en casa”. El artículo propone que ellas “no se alejan del mercado laboral cuando son madres para cuidar de sus hijos. Más bien las empujan a renunciar”.

 


En el mismo espacio la fundadora del sitio “Club de las Malamadres”, Laura Baena, opina que “calificar estas decisiones como una opción personal y libre es un error ya que en realidad de lo que se trata es de ‘malos arreglos’ con los que se apañan las familias para solucionar la carencia de medidas de conciliación actuales y la falta de corresponsabilidad”.

 


A nivel mundial expresan que el contexto institucional y empresarial no ayuda, que “las políticas empresariales y familiares están definidas bajo el prisma de que la mujer es la principal proveedora de los servicios domésticos familiares y el hombre, el que aporta la mayor parte de los ingresos del hogar. Esto tiene como consecuencia la perpetuación de los roles patriarcales”.

 


En el artículo señalan que si bien la participación masculina en las tareas del hogar ha crecido en los últimos años, el reparto de responsabilidades aún no se asume de forma equitativa ni igualitaria en la mayoría de los casos. “Los resultados de una encuesta online, en la que participaron 21.000 personas mayores de 21 años, revelan que la mujer sigue siendo la principal responsable en todas las actividades del hogar excepto de llevar las cuentas del hogar”.

 


También es cierto que aunque estén en una reunión laboral, continúan pendientes de las actividades escolares, de las revisiones médicas de los niños, son las que tienen que quedarse con ellos cuando están enfermos, hacer la lista de las compras, entre muchas otras cosas.

 


Las posibles soluciones que publica Yorokobu  para cambiar es la educación para terminar con la transmisión de los roles y estereotipos patriarcales entre las nuevas generaciones resulta fundamental. “Para ello se requiere no sólo de la implicación de la familia, la escuela, el estado y las empresas, sino también la visibilización de los referentes masculinos que están llevando a cabo esa ruptura de los roles tradicionales”. Así se lograría una corresponsabilidad.

 



El 90% se ocupa de la casa

 


En el sitio, www.notas.org.ar, publicaron un artículo en el que indican que “según datos del INDEC, nueve de cada diez mujeres dedica gran parte de su día a estas tareas que incluyen cocinar, limpiar, cuidar niños y adultos mayores”, dijo Mercedes D’Alessandro, una de las economistas cofundadoras y coeditoras del portal en el que divulgan los análisis de Economía con perspectiva feminista.

 


Agregó que “entre los varones, la participación es menor, solo seis de cada diez realizan estas tareas y también en menor tiempo promedio. Esto aparece como que lo hacen porque les corresponde, o algo que se hace por amor. La mujer tiende a sacrificar aspectos de su vida personal y laboral para poder cumplir con las demandas del hogar y la familia”.

 


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