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Un Bonsmara impecable para un pequeño productor

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Un Bonsmara impecable para un pequeño productor

Marcelo Dettoni

Raúl Ramírez es un fanático de esta raza africana, que se adapta bien al calor. Lo está preparando en su campito del paraje La Unión para mejorar la genética de su rodeo.

El panorama en el paraje La Unión, escasos kilómetros más allá de la entrada a Quines por la ruta 20, no parece el ideal para criar ganado vacuno. Tierra yerma, reseca, cuarteada por el sol en la que no asoma el verde de ninguna especie cultivable. Un rolo luce impecable a un costado, sin uso, porque no hay nada que rolar en ese monte en el que apenas aporta algo de vida un lindo Buffel Grass nacido de manera salvaje, como el que se aprecia a los costados de la ruta que conduce a Villa Dolores.

El calor es por momentos insoportable, tanto que obliga a guarecerse debajo de los añosos algarrobos, y se suma una escasez palpable de agua, al punto que los pocos animales que asoman la nariz se acercan presurosos a una pequeña represa que está cerca de la casa de Raúl Ramírez, un pequeño productor que nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de las condiciones descriptas, que harían bajar los brazos a cualquiera que no esté acostumbrado a administrar escasez.

Es que el hombre es un luchador incansable, que está acostumbrado a las carencias y sabe que no queda otra que ponerle el pecho a la adversidad. Nació hace 39 años en el campo, en las duras y pedregosas alturas del Departamento San Martín, y hace unos cuantos años que se gana la vida como encargado de establecimientos grandes y además la pelea con su mínimo rodeo, que hoy no tiene más de 45 vientres.

Ese número le permitió ingresar como beneficiario al Plan Toro que despliega el Gobierno de San Luis por toda la provincia, y que les permite a los más pequeños productores (hasta 100 vientres) poder asegurar la sanidad de sus reproductores y, en caso de hallarse un animal que dé positivo a los controles de enfermedades venéreas, recibir un toro nuevo, de buena genética, para mejorar los índices de preñez e ir creciendo de a poco entre las adversidades que propone la ganadería de monte.

En el campo Doña María, que conduce con mano maestra junto a Zulma, su esposa, una misionera que ceba los mejores mates del Departamento Ayacucho, saltó el único toro positivo de los más de 200 controles que realizó el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción. Fue un caso de Campylobacteriosis en su único reproductor, un animal cruza de padre Bonsmara y madre mestiza. El episodio puso en riesgo a todo el rodeo, porque allí no hay inseminación artificial, sino que el toro monta a las vacas para conseguir los ansiados terneros. Con la enfermedad encima, el contagio iba a ser inevitable, porque además en el toro es incurable (la bacteria vive en el prepucio), en cambio las vacas la negativizan en 60 días. Por eso los raspajes siempre son en los machos.

La Campylobacteriosis Genital Bovina (CGB), conocida como Vibriosis, es una enfermedad asociada a la infertilidad, repetición de celos y ocasionales abortos. Es de transmisión venérea y afecta al ganado lechero y de carne. El agente etiológico es el Campylobacter fetus, subespecie venerealis, que produce lo que se conoce como infertilidad enzootica. Otra muy similar y que sólo se diferencia por estudios bioquímicos es el Camylobacter fetusm subespecie fetus, que puede eventualmente encontrarse en el tracto intestinal del bovino y que provoca abortos esporádicos en los animales afectados.

Una particularidad de Ramírez es que le gusta criar toros Bonsmara, una raza que no está muy difundida en San Luis pero que brinda excelentes resultados por su adaptación al calor extremo, ya que es de origen africano. “Surgen de la cruza entre la Bos Taurus africana con la sangre británica, algo Hereford y sobre todo de Shorthorn, por eso son colorados. Son animales muy dóciles gracias a esta característica y además brindan carne tierna”, los describe Jorge Manelli, el veterinario que ayuda al productor, un hombre muy conocido en la zona, con oficinas en el centro de Quines.

Los primeros embriones llegaron a la Argentina en 1995. Por sus características, la Bonsmara puede ser una respuesta a las limitaciones de las razas tradicionales en condiciones ambientales difíciles. La raza promete ser la más adecuada para enfrentar el desafío actual de la ganadería en Argentina en las regiones marginales. Además de su gran capacidad de adaptación, la Bonsmara se caracteriza por su alta fertilidad, facilidad de parto y buena habilidad maternal, temprana madurez, excelente crecimiento a campo o a corral y sorprendente mansedumbre. Al ser una raza taurina, su carne es muy buena para la comercialización ya que es de muy alta calidad, gran terneza y buen sabor.

Con un lenguaje llano y sencillo, Ramírez cuenta cómo fueron los primeros días del toro que le repuso el Gobierno, un Bonsmara puro proveniente de la cabaña Posta del Portezuelo, ubicada en La Punilla, porque  uno de los pilares del plan es comprar los animales dentro de los límites de la provincia, para movilizar la economía a dos puntas. El dueño de la cabaña, Manfredo Réneca, es otro hombre de trabajo, confiable para los negocios y decidido a imponer la raza en la zona. Tanto que le gusta criar a monte, sin encierre con ración, para que los toros salgan preparados para todo el trabajo que les espera. “Apenas llegó estaba un poco nervioso, huidizo, caminaba mucho, pero fue solo un día, después se estabilizó”, contó el productor, que nunca le perdió pisada.

 

Facilidad de parto

Manelli agregó que la precocidad del reproductor, su rusticidad y la facilidad de parto que tiene la raza, “permitirá hacerle el servicio a las vaquillonas de 15 meses, ya fue probado en otros campos y parieron sin problemas”. Para Ramírez es como un hijo más, lo mira todo el tiempo, está atento a sus movimientos y no ve el momento de ‘largarlo a la cancha’. “Le voy a dar una semana más para que esté completamente adaptado, pero me entusiasma mucho la posibilidad de mejorar la genética con los futuros terneros. El Plan Toro es de mucha ayuda para nosotros, que no tenemos medios para comprar un toro en un remate”, agradece.

El problema del productor es que justo se había quedado sin su único toro en la época de reproducción, porque tras la detección del caso positivo, debe ser enviado a faena. Si bien el producido de esa venta al frigorífico va a su bolsillo, necesitaba de manera urgente la reposición para atender a su rodeo mixto de vacas de cría. Por eso el Bonsmara llegó justo a tiempo y fue un hermoso regalo de fin de año.

Ramírez vende terneros con entre 100 y 120 kilos, le resulta muy difícil tenerlos mucho tiempo más por la falta de pasturas para alimentarlos. Por eso hace un destete precoz a los tres meses y los coloca en forma particular con destino a engorde. Ni siquiera vende por kilo, sino al bulto, pero no tiene más remedio. “Acá la lluvia es una bendición del cielo, desde que empezó el calor no cayeron más de 50 milímetros”, lamenta un hombre que se considera “un gitano”, porque cría gallinas, chivos y ovejas en pequeñas cantidades.

La poca agua disponible trata de guardarla en una represa, pero el problema es que su campo está lejos del río que viene de la Quebrada San Vicente, porque el pequeño hilo termina convertido en arena antes de El Talita. Igual se las arregla para que al ganado no le falte, aunque algunas vacas lucen con una condición corporal lejana al ideal para poder preñarse. Pero él le tiene fe al nuevo toro, cuyo pelaje brilla bajo el sol de Quines. Con él volvieron los planes a futuro: buenos terneros, ventas un poco más ventajosas para su economía, la motivación de seguir peleando contra todo para mejorar su rodeo. Confió en San Luis y tuvo su recompensa. Ahora es tiempo de sacarle el jugo a un plan de fomento pensado para gente como él, ésa que nunca baja los brazos ante nada.

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Un Bonsmara impecable para un pequeño productor

Raúl Ramírez es un fanático de esta raza africana, que se adapta bien al calor. Lo está preparando en su campito del paraje La Unión para mejorar la genética de su rodeo.

Buena Sociedad I. Zulma, mate en mano, y Raúl observan al nuevo toro cerca de una aguada. En La Unión el agua nunca alcanza.

El panorama en el paraje La Unión, escasos kilómetros más allá de la entrada a Quines por la ruta 20, no parece el ideal para criar ganado vacuno. Tierra yerma, reseca, cuarteada por el sol en la que no asoma el verde de ninguna especie cultivable. Un rolo luce impecable a un costado, sin uso, porque no hay nada que rolar en ese monte en el que apenas aporta algo de vida un lindo Buffel Grass nacido de manera salvaje, como el que se aprecia a los costados de la ruta que conduce a Villa Dolores.

El calor es por momentos insoportable, tanto que obliga a guarecerse debajo de los añosos algarrobos, y se suma una escasez palpable de agua, al punto que los pocos animales que asoman la nariz se acercan presurosos a una pequeña represa que está cerca de la casa de Raúl Ramírez, un pequeño productor que nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de las condiciones descriptas, que harían bajar los brazos a cualquiera que no esté acostumbrado a administrar escasez.

Es que el hombre es un luchador incansable, que está acostumbrado a las carencias y sabe que no queda otra que ponerle el pecho a la adversidad. Nació hace 39 años en el campo, en las duras y pedregosas alturas del Departamento San Martín, y hace unos cuantos años que se gana la vida como encargado de establecimientos grandes y además la pelea con su mínimo rodeo, que hoy no tiene más de 45 vientres.

Ese número le permitió ingresar como beneficiario al Plan Toro que despliega el Gobierno de San Luis por toda la provincia, y que les permite a los más pequeños productores (hasta 100 vientres) poder asegurar la sanidad de sus reproductores y, en caso de hallarse un animal que dé positivo a los controles de enfermedades venéreas, recibir un toro nuevo, de buena genética, para mejorar los índices de preñez e ir creciendo de a poco entre las adversidades que propone la ganadería de monte.

En el campo Doña María, que conduce con mano maestra junto a Zulma, su esposa, una misionera que ceba los mejores mates del Departamento Ayacucho, saltó el único toro positivo de los más de 200 controles que realizó el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción. Fue un caso de Campylobacteriosis en su único reproductor, un animal cruza de padre Bonsmara y madre mestiza. El episodio puso en riesgo a todo el rodeo, porque allí no hay inseminación artificial, sino que el toro monta a las vacas para conseguir los ansiados terneros. Con la enfermedad encima, el contagio iba a ser inevitable, porque además en el toro es incurable (la bacteria vive en el prepucio), en cambio las vacas la negativizan en 60 días. Por eso los raspajes siempre son en los machos.

La Campylobacteriosis Genital Bovina (CGB), conocida como Vibriosis, es una enfermedad asociada a la infertilidad, repetición de celos y ocasionales abortos. Es de transmisión venérea y afecta al ganado lechero y de carne. El agente etiológico es el Campylobacter fetus, subespecie venerealis, que produce lo que se conoce como infertilidad enzootica. Otra muy similar y que sólo se diferencia por estudios bioquímicos es el Camylobacter fetusm subespecie fetus, que puede eventualmente encontrarse en el tracto intestinal del bovino y que provoca abortos esporádicos en los animales afectados.

Una particularidad de Ramírez es que le gusta criar toros Bonsmara, una raza que no está muy difundida en San Luis pero que brinda excelentes resultados por su adaptación al calor extremo, ya que es de origen africano. “Surgen de la cruza entre la Bos Taurus africana con la sangre británica, algo Hereford y sobre todo de Shorthorn, por eso son colorados. Son animales muy dóciles gracias a esta característica y además brindan carne tierna”, los describe Jorge Manelli, el veterinario que ayuda al productor, un hombre muy conocido en la zona, con oficinas en el centro de Quines.

Los primeros embriones llegaron a la Argentina en 1995. Por sus características, la Bonsmara puede ser una respuesta a las limitaciones de las razas tradicionales en condiciones ambientales difíciles. La raza promete ser la más adecuada para enfrentar el desafío actual de la ganadería en Argentina en las regiones marginales. Además de su gran capacidad de adaptación, la Bonsmara se caracteriza por su alta fertilidad, facilidad de parto y buena habilidad maternal, temprana madurez, excelente crecimiento a campo o a corral y sorprendente mansedumbre. Al ser una raza taurina, su carne es muy buena para la comercialización ya que es de muy alta calidad, gran terneza y buen sabor.

Con un lenguaje llano y sencillo, Ramírez cuenta cómo fueron los primeros días del toro que le repuso el Gobierno, un Bonsmara puro proveniente de la cabaña Posta del Portezuelo, ubicada en La Punilla, porque  uno de los pilares del plan es comprar los animales dentro de los límites de la provincia, para movilizar la economía a dos puntas. El dueño de la cabaña, Manfredo Réneca, es otro hombre de trabajo, confiable para los negocios y decidido a imponer la raza en la zona. Tanto que le gusta criar a monte, sin encierre con ración, para que los toros salgan preparados para todo el trabajo que les espera. “Apenas llegó estaba un poco nervioso, huidizo, caminaba mucho, pero fue solo un día, después se estabilizó”, contó el productor, que nunca le perdió pisada.

 

Facilidad de parto

Manelli agregó que la precocidad del reproductor, su rusticidad y la facilidad de parto que tiene la raza, “permitirá hacerle el servicio a las vaquillonas de 15 meses, ya fue probado en otros campos y parieron sin problemas”. Para Ramírez es como un hijo más, lo mira todo el tiempo, está atento a sus movimientos y no ve el momento de ‘largarlo a la cancha’. “Le voy a dar una semana más para que esté completamente adaptado, pero me entusiasma mucho la posibilidad de mejorar la genética con los futuros terneros. El Plan Toro es de mucha ayuda para nosotros, que no tenemos medios para comprar un toro en un remate”, agradece.

El problema del productor es que justo se había quedado sin su único toro en la época de reproducción, porque tras la detección del caso positivo, debe ser enviado a faena. Si bien el producido de esa venta al frigorífico va a su bolsillo, necesitaba de manera urgente la reposición para atender a su rodeo mixto de vacas de cría. Por eso el Bonsmara llegó justo a tiempo y fue un hermoso regalo de fin de año.

Ramírez vende terneros con entre 100 y 120 kilos, le resulta muy difícil tenerlos mucho tiempo más por la falta de pasturas para alimentarlos. Por eso hace un destete precoz a los tres meses y los coloca en forma particular con destino a engorde. Ni siquiera vende por kilo, sino al bulto, pero no tiene más remedio. “Acá la lluvia es una bendición del cielo, desde que empezó el calor no cayeron más de 50 milímetros”, lamenta un hombre que se considera “un gitano”, porque cría gallinas, chivos y ovejas en pequeñas cantidades.

La poca agua disponible trata de guardarla en una represa, pero el problema es que su campo está lejos del río que viene de la Quebrada San Vicente, porque el pequeño hilo termina convertido en arena antes de El Talita. Igual se las arregla para que al ganado no le falte, aunque algunas vacas lucen con una condición corporal lejana al ideal para poder preñarse. Pero él le tiene fe al nuevo toro, cuyo pelaje brilla bajo el sol de Quines. Con él volvieron los planes a futuro: buenos terneros, ventas un poco más ventajosas para su economía, la motivación de seguir peleando contra todo para mejorar su rodeo. Confió en San Luis y tuvo su recompensa. Ahora es tiempo de sacarle el jugo a un plan de fomento pensado para gente como él, ésa que nunca baja los brazos ante nada.

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