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La historia y el perdón

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La historia y el perdón

El 11 de noviembre de 1918, Alemania, una de las potencias beligerantes en la Primera Guerra Mundial, solicitó el armisticio. Ese hecho marca el final de un conflicto bélico que se extendió por toda Europa a lo largo de cuatro años, y en el que Estados Unidos, Rusia y Japón también intervinieron activamente.

La Gran Guerra, como también fue conocida, dejó cerca de cuarenta millones de muertos entre militares y civiles; cifra que contempla tanto a las víctimas de los frentes de batalla, como a las ocurridas por consecuencia directa.

Francia y Alemania estaban en bandos opuestos, (hecho repetido en la Segunda Guerra Mundial) y entre el 21 de febrero y el 18 de diciembre de 1916, protagonizaron la Batalla de Verdún.

Aquella batalla duró 303 días, la más larga y una de las más costosas de la historia humana. Los investigadores calcularon 377.231 bajas francesas y 337.000 alemanas: un total de 714.231, con un promedio de 70.000 muertes por mes. 

Philippe Pétain (1856-1951) fue el general francés que la historia conoce desde entonces, como “El vencedor de Verdún”. Aquella actuación le otorgó un enorme prestigio ante la sociedad de su país, hasta el punto de llegar a ocupar el cargo de jefe del Estado Mayor y luego, el de jefe de Estado.

Pétain, entre 1940 y 1944, mientras fue jefe de Estado de la Francia de Vichy (bajo la ocupación alemana), mantuvo una política colaboracionista con los nazis, lo que al término de la Segunda Guerra Mundial, le acarreó la degradación y la condena a muerte, que más tarde le fue conmutada por cadena perpetua.

El mariscal Pétain fue un actor protagonista de la historia de Francia, en uno de los períodos más críticos de la historia de la civilización occidental: el tiempo de las dos guerras mundiales.

El comienzo del mariscal en su actuación pública (Verdún), fue heroico y notable. El término de esa vida pública (Vichy), fue deshonroso y de cuestionable lealtad a su bandera.

A un siglo del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, Pétain despierta polémicas en su tierra: “No habrá ningún homenaje a Pétain”. Con estas palabras, el gobierno francés intentó apagar la polémica después que el presidente Emmanuel Macron justificara incluirlo en una conmemoración por su papel en la Primera Guerra Mundial.

“Los mariscales cuyo honor no fue manchado, ellos, y solo ellos, recibirán un homenaje por parte de la República”, señaló Benjamin Griveaux, el portavoz del gobierno francés. “Si hubo una confusión es porque no fuimos lo suficientemente claros en este punto”, agregó.

La polémica estalló después que Macron estimara que era “legítimo” incluir a Pétain en un homenaje a los militares, en vísperas de la conmemoración internacional del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

“Durante la Primera Guerra Mundial fue un gran soldado” pero tomó “decisiones funestas” en la Segunda Guerra Mundial (1939- 1945) al colaborar con los nazis, argumentó el presidente francés.

Estos comentarios desataron una ola de críticas de políticos de la oposición pero también de líderes judíos, que acusaron al presidente de olvidar que Pétain colaboró con la Alemania de Adolf Hitler y fue condenado a muerte por traición.

“Pétain es un traidor y un antisemita. Sus crímenes y su traición son imprescriptibles”. ¡Macron, esta vez es demasiado!”, tuiteó por su parte Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa.

La frase con la que el propio Macron trató de apagar la controversia, sintetiza muchas de las historias de muchos pueblos, en los que la historia y el perdón no siempre van en la misma dirección: “No perdono nada, pero no voy a borrar nada de nuestra historia”, dijo el presidente francés. Correcto.

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La historia y el perdón

El 11 de noviembre de 1918, Alemania, una de las potencias beligerantes en la Primera Guerra Mundial, solicitó el armisticio. Ese hecho marca el final de un conflicto bélico que se extendió por toda Europa a lo largo de cuatro años, y en el que Estados Unidos, Rusia y Japón también intervinieron activamente.

La Gran Guerra, como también fue conocida, dejó cerca de cuarenta millones de muertos entre militares y civiles; cifra que contempla tanto a las víctimas de los frentes de batalla, como a las ocurridas por consecuencia directa.

Francia y Alemania estaban en bandos opuestos, (hecho repetido en la Segunda Guerra Mundial) y entre el 21 de febrero y el 18 de diciembre de 1916, protagonizaron la Batalla de Verdún.

Aquella batalla duró 303 días, la más larga y una de las más costosas de la historia humana. Los investigadores calcularon 377.231 bajas francesas y 337.000 alemanas: un total de 714.231, con un promedio de 70.000 muertes por mes. 

Philippe Pétain (1856-1951) fue el general francés que la historia conoce desde entonces, como “El vencedor de Verdún”. Aquella actuación le otorgó un enorme prestigio ante la sociedad de su país, hasta el punto de llegar a ocupar el cargo de jefe del Estado Mayor y luego, el de jefe de Estado.

Pétain, entre 1940 y 1944, mientras fue jefe de Estado de la Francia de Vichy (bajo la ocupación alemana), mantuvo una política colaboracionista con los nazis, lo que al término de la Segunda Guerra Mundial, le acarreó la degradación y la condena a muerte, que más tarde le fue conmutada por cadena perpetua.

El mariscal Pétain fue un actor protagonista de la historia de Francia, en uno de los períodos más críticos de la historia de la civilización occidental: el tiempo de las dos guerras mundiales.

El comienzo del mariscal en su actuación pública (Verdún), fue heroico y notable. El término de esa vida pública (Vichy), fue deshonroso y de cuestionable lealtad a su bandera.

A un siglo del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, Pétain despierta polémicas en su tierra: “No habrá ningún homenaje a Pétain”. Con estas palabras, el gobierno francés intentó apagar la polémica después que el presidente Emmanuel Macron justificara incluirlo en una conmemoración por su papel en la Primera Guerra Mundial.

“Los mariscales cuyo honor no fue manchado, ellos, y solo ellos, recibirán un homenaje por parte de la República”, señaló Benjamin Griveaux, el portavoz del gobierno francés. “Si hubo una confusión es porque no fuimos lo suficientemente claros en este punto”, agregó.

La polémica estalló después que Macron estimara que era “legítimo” incluir a Pétain en un homenaje a los militares, en vísperas de la conmemoración internacional del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

“Durante la Primera Guerra Mundial fue un gran soldado” pero tomó “decisiones funestas” en la Segunda Guerra Mundial (1939- 1945) al colaborar con los nazis, argumentó el presidente francés.

Estos comentarios desataron una ola de críticas de políticos de la oposición pero también de líderes judíos, que acusaron al presidente de olvidar que Pétain colaboró con la Alemania de Adolf Hitler y fue condenado a muerte por traición.

“Pétain es un traidor y un antisemita. Sus crímenes y su traición son imprescriptibles”. ¡Macron, esta vez es demasiado!”, tuiteó por su parte Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa.

La frase con la que el propio Macron trató de apagar la controversia, sintetiza muchas de las historias de muchos pueblos, en los que la historia y el perdón no siempre van en la misma dirección: “No perdono nada, pero no voy a borrar nada de nuestra historia”, dijo el presidente francés. Correcto.

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