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Una apícola que está tan dulce como su miel

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Una apícola que está tan dulce como su miel

Juan Luna

Con 22 años de trayectoria, el establecimiento ha logrado hacer pie en una actividad que está atada a los vaivenes del mercado internacional. Tiene una producción estable de más de mil colmenas y desde hace tres temporadas envasa parte de su cosecha.

Cuando uno tiene una misión que va más allá del resultado y que ya es parte de una cultura, que uno la hace desde la pasión por la abeja y el compromiso con el insecto y el producto, te ayuda a pasar los tragos amargos”, reflexiona Guillermo Cozzarín, bajo el techo del obrador de la apícola "Flor del Sol", en una tarde de sol en Villa Mercedes. Tal vez sea esa condición de haber sabido pasar los sinsabores de los momentos más duros de la apicultura nacional la que le permite saborear mejor los tiempos de bonanza.

Con una trayectoria de 22 años en la actividad, en la actualidad la firma vive épocas más dulces, no porque el precio internacional de la miel sea tan elevado, sino por sus propios logros y crecimientos: además de tener una producción a granel bastante estabilizada, y haber envasado una porción de su cosecha por tercera temporada consecutiva, este año dos de sus variedades tuvieron un gran desempeño en la Expo de Azul, la muestra más grande del sector en el país.

Aún así, en la empresa que Cozzarín inició cuando era todavía un estudiante universitario, mantienen los pies sobre la tierra y analizan su futuro inmediato con cautela: "Pretendemos estabilizar más el sistema en cuanto a los rendimientos y tenemos la duda sobre si avanzar en el envasado porque hay un salto de escala que hay que dar, y en cierta forma lo hemos asumido de forma colectiva a través de la Cooperativa Apícola Río V”, contó.

La revista el Campo visitó el predio que la apícola tiene en las afueras de Villa Mercedes, en donde funciona la sala de extracción habilitada para preparar la miel que venden en tambores para la exportación y la que colocan en pequeños frascos para conquistar un todavía incipiente mercado interno. Sea cual sea el envase, el contenido ya ha dado muestras de su calidad.

Guillermo llegó a Villa Mercedes en 1995 desde su Pehuajó natal para cursar la carrera de Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), la misma donde hoy se desempeña como docente y dicta cursos para diseminar los conocimientos que adquirió a lo largo de más de dos décadas en el mundo de las abejas. En aquel entonces llegó tras la huella de su padre, que ya había hecho un desembarco en la provincia de San Luis cuando adquirió un campo de monte en Concarán para convertirlo en un establecimiento ganadero que aún está de pie.

“De ahí surgió un poco la inquietud, pero en realidad también había una cuestión de tradición familiar. Mi abuelo materno había sido apicultor en la provincia de Buenos Aires. Además la facultad me dio muchos amigos, de los cuales varios tenían experiencia en ésto y me enseñaron mucho. Tuve la suerte de tener colaboradores, porque estudiábamos y los chicos se enganchaban con mi proyecto”, contó el hombre, que hoy tiene 41 años y adoptó a la ciudad mercedina como su hogar.

Cuando completó sus estudios universitarios en 2001, el país vivía una de sus crisis económicas más crueles y recordadas. En ese contexto, “no había mucho trabajo y fue muy difícil para los profesionales que nos recibimos en aquella época. Entonces surgió la idea de potenciar lo que ya venía trabajando en pequeña escala, y empezamos a crecer desde ese entonces”, recordó.

La empresa empezó en 1996 como un emprendimiento de  Guillermo Cozzarín, cuando era estudiante universitario de Ingeniería Agronómica.

Con el paso de los años se fueron sumando más manos al proyecto. La primera en incorporarse fue su esposa, Rosana Herrera, quien hoy es la que se encarga de las tareas más finas del manejo de las abejas, como la multiplicación y el intercambio de reinas.

Durante mucho tiempo, la principal explotación del apiario fue la venta de material vivo: abejas reinas, células reales y núcleos, pero en la actualidad sólo comercializan estos últimos, que son pequeñas colmenas que funcionan como la unidad mínima de reproducción para aquellos que deciden iniciarse en la actividad o los que quieren recuperar stock. “Tenemos clientes en el sur de Córdoba y en diferentes puntos de San Luis. Estos dos últimos años viene creciendo un poco la venta, porque antes tenía una rentabilidad baja. Ahora estamos viendo que hay muchas consultas nuevamente y eso nos pone muy contentos, porque nos invita a pensar que hay más actores, y más que ser una competencia es la posibilidad de que el sector se potencie", expresó el apicultor, entusiasmado por la chance de que regresen algunos de los muchos productores que abandonaron la actividad en los últimos diez años.

Además de todos los factores que son determinantes en la producción, como el clima y la vegetación disponible, la apicultura en Argentina siempre ha estado atada a la voluntad de los grandes importadores del mundo. El 95% de la miel que se hace en el país se vende a lugares como Estados Unidos y Japón, luego de que se perdiera a Europa como una gran plaza.

El fenómeno de la agriculturización de los campos también contribuyó a arrinconar a los apiarios, al quitar grandes superficies de monte y de otras especies melíferas, siempre más amigables con la ganadería. Así, en general la apicultura ha quedado relegada a producciones de pequeña escala de empresas con una fuerte base familiar.

'Flor del Sol' no es una excepción a esa realidad. Durante muchos años, las cosas se hicieron "a pulmón" y muchas veces con márgenes negativos. Pero de tanto aguantar los vaivenes del mercado y de los precios, la empresa logró alcanzar un poco de estabilidad y un salto de escala en aquellas épocas en las que el dólar se acomodó y la venta de miel rindió un poco mejor.

En la actualidad, tienen un plantel que ronda entre las 1.000 y 1.100 colmenas, que desparraman en cuatro campos mixtos bajo un sistema de arrendamiento: uno en Concarán, otro en la Colonia Los Manantiales, uno en Juan Jorba y el restante al sur de Villa Mercedes.

Destinan el 95% de la cosecha a la exportación a granel y, desde hace tres años, la porción restante la envasan bajo su propia marca con cuatro variedades diferentes: a base de melilotus, de caldén, de alfalfa y una multifloral.

Aunque los rindes siempre son variables, han logrado mantener un promedio de 30 ó 35 de kilos de miel anuales por cada colmena. En años benignos han llegado a tener picos de 60 kilos y desde hace varias temporadas han logrado no bajar del piso de 20, ya que más allá la rentabilidad sería muy complicada.

En pleno crecimiento

Hace unos ocho años se sumó a trabajar en la empresa Héctor Sol, otro bonaerense radicado en la ciudad. “Con la apicultura comencé haciendo la tecnicatura, porque fue una curiosidad de aprender algo nuevo. Antes no tenía ni la más pálida idea de lo que era. Y ahí empecé a estudiar y ahora me dedico a ésto”, contó el hombre de 57 años.

El más nuevo y joven del plantel es Jonathan Cuello, de 25 años. “Hace un par de años venía a trabajar por temporada, en tiempos de cosecha. Pero ahora ya es un empleo fijo. Hice el curso y aprendí mucho de la práctica", relató.

En el establecimiento no hay una división estricta de los roles. Todos hacen un poco de todo y las actividades son muy variadas, desde lidiar con las alzas melarias, manejar las máquinas desoperculadoras o simplemente limpiar los residuos de cera de los cajones.

La época más álgida de trabajo arranca el 1º de setiembre y se extiende hasta el 1º de mayo. En ese lapso, se preparan para recibir la cosecha y realizan toda la extracción y purificación. Aunque la mielada propiamente dicha en el calendario de la empresa se concentra desde fines de diciembre hasta marzo.

De todos modos, "durante el año hay que hacer un montón de trabajos, como la multiplicación, el recambio de reinas, toda la parte sanitaria y el mantenimiento de las instalaciones", reconoció Sol.

Más allá de los miedos que existen sobre las abejas, los tres hombres sostuvieron que es en realidad una actividad muy tranquila, siempre y cuando se tomen los recaudos necesarios y se use la ropa adecuada. "Hay que aguantarse el calor nada más", bromeó Cuello.

Pero además, el largo trabajo genético que viene realizando la empresa, como muchos otros apiarios y criaderos del país, ha logrado cambiar el comportamiento del insecto. Así, la abeja criolla y agresiva, prácticamente ha desaparecido y ha vuelto más segura a la actividad, tanto para los que la practican como para su entorno.

Cozzarín contó que ellos incorporan genética de una raza italiana cárnica, principalmente de criaderos reconocidos como el del Programa Apícola del INTA. Aunque sostuvo que las mejoras en las líneas de los insectos se logran  todos los días, en una tarea casi artesanal que implica revisar los apiarios, identificar la vida útil de las reinas, revisar las mejores crías y conservar las que mejor condición higiénica tengan.

La sanidad es otro de los puntos importantes que tiene que atender cualquier establecimiento apícola. Y en eso, la varroa es el principal enemigo de los productores de San Luis. "Tenemos un calendario ajustado al Plan Sanitario Apícola de la provincia, porque la varroa es un parásito que está en todas las colmenas y nunca lo vamos a eliminar. Tenemos que convivir con él. Lo que nosotros hacemos son monitoreos y una aplicación a final en el verano de ácido oxálico, como base de nuestro tratamiento. Es un producto orgánico y por lo tanto no genera ningún tipo de residuo en los productos de la colmena, por lo que nos ha dado muy buen resultado", detalló el agrónomo.

 

De la colmena a la mesa

'Flor del Sol', como la mayoría de las apícolas del país, exporta casi la totalidad de su producción. Lo hace a través de su participación en la Cooperativa Apícola Río V°, que integra la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y acopia los tambores para embarcarlos hacia el exterior.

La empresa tiene su propia sala de extracción, que está habilitada por el Senasa y que este año estrenará un nuevo mecanismo de trazabilidad. "Se hace un seguimiento mucho más intensivo, desde el tambor y el apiario hasta la sala. De modo que los exportadores no pueden vender miel que no esté trazada. Eso siempre fue así, pero antes era más falseable. De hecho, la Argentina perdió credibilidad en Europa y actualmente nuestro destino en casi un 60% es Estados Unidos", explicó.

En el lugar cuentan con toda la tecnología que necesitan para centrifugar el producto recogido en las alzas y almacenarlo en una fosa con capacidad para llenar doce tambores. Ahí se separa la miel de la cera y otras impurezas que pueden haber quedado.

Desde hace tres años empezaron con el fraccionamiento y envasado propio, un desafío que siempre los sedujo pero que representa grandes dificultades para los pequeños productores. En primer lugar porque los organismos de control son rigurosos en la habilitación del proceso para poder poner un alimento en el mercado. Y en segundo término porque el consumo de miel en Argentina no es tan grande como en otros países.

De todas formas, con todas las campañas de incentivación que se vienen realizando (como la Semana de la Miel), Cozzarín sostuvo que "el incremento del consumo es notable. Y de pronto lo estamos notando varios productores, lo que significa que el crecimiento es importante. Porque el rol que cumple el productor de enseñar al cliente cómo hizo ese alimento, hace al empoderamiento del consumidor, que a partir de esa información aprende a conocer lo que come y a buscar lo que más le gusta", expresó motivado.

De todas formas, si la empresa continuará con la misión de conquistar el mercado interno es todavía una historia con final abierto. Porque más allá de los logros y buenos resultados que han obtenido como establecimiento en particular, apuestan a un proyecto colectivo. La cooperativa que integran está en las instancias finales de lograr las habilitaciones y permisos necesarios para poder comercializar miel envasada y desarrollar una marca que represente la producción y el esfuerzo de los apicultores de la región.

Aún así, los integrantes de 'Flor de Sol' saben que van por el buen camino, y que, aunque tengan que desarrollar otras actividades para complementar los ingresos económicos que permite la apicultura, la pasión por las abejas no morirá nunca.

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Una apícola que está tan dulce como su miel

Con 22 años de trayectoria, el establecimiento ha logrado hacer pie en una actividad que está atada a los vaivenes del mercado internacional. Tiene una producción estable de más de mil colmenas y desde hace tres temporadas envasa parte de su cosecha.

Cuando uno tiene una misión que va más allá del resultado y que ya es parte de una cultura, que uno la hace desde la pasión por la abeja y el compromiso con el insecto y el producto, te ayuda a pasar los tragos amargos”, reflexiona Guillermo Cozzarín, bajo el techo del obrador de la apícola "Flor del Sol", en una tarde de sol en Villa Mercedes. Tal vez sea esa condición de haber sabido pasar los sinsabores de los momentos más duros de la apicultura nacional la que le permite saborear mejor los tiempos de bonanza.

Con una trayectoria de 22 años en la actividad, en la actualidad la firma vive épocas más dulces, no porque el precio internacional de la miel sea tan elevado, sino por sus propios logros y crecimientos: además de tener una producción a granel bastante estabilizada, y haber envasado una porción de su cosecha por tercera temporada consecutiva, este año dos de sus variedades tuvieron un gran desempeño en la Expo de Azul, la muestra más grande del sector en el país.

Aún así, en la empresa que Cozzarín inició cuando era todavía un estudiante universitario, mantienen los pies sobre la tierra y analizan su futuro inmediato con cautela: "Pretendemos estabilizar más el sistema en cuanto a los rendimientos y tenemos la duda sobre si avanzar en el envasado porque hay un salto de escala que hay que dar, y en cierta forma lo hemos asumido de forma colectiva a través de la Cooperativa Apícola Río V”, contó.

La revista el Campo visitó el predio que la apícola tiene en las afueras de Villa Mercedes, en donde funciona la sala de extracción habilitada para preparar la miel que venden en tambores para la exportación y la que colocan en pequeños frascos para conquistar un todavía incipiente mercado interno. Sea cual sea el envase, el contenido ya ha dado muestras de su calidad.

Guillermo llegó a Villa Mercedes en 1995 desde su Pehuajó natal para cursar la carrera de Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), la misma donde hoy se desempeña como docente y dicta cursos para diseminar los conocimientos que adquirió a lo largo de más de dos décadas en el mundo de las abejas. En aquel entonces llegó tras la huella de su padre, que ya había hecho un desembarco en la provincia de San Luis cuando adquirió un campo de monte en Concarán para convertirlo en un establecimiento ganadero que aún está de pie.

“De ahí surgió un poco la inquietud, pero en realidad también había una cuestión de tradición familiar. Mi abuelo materno había sido apicultor en la provincia de Buenos Aires. Además la facultad me dio muchos amigos, de los cuales varios tenían experiencia en ésto y me enseñaron mucho. Tuve la suerte de tener colaboradores, porque estudiábamos y los chicos se enganchaban con mi proyecto”, contó el hombre, que hoy tiene 41 años y adoptó a la ciudad mercedina como su hogar.

Cuando completó sus estudios universitarios en 2001, el país vivía una de sus crisis económicas más crueles y recordadas. En ese contexto, “no había mucho trabajo y fue muy difícil para los profesionales que nos recibimos en aquella época. Entonces surgió la idea de potenciar lo que ya venía trabajando en pequeña escala, y empezamos a crecer desde ese entonces”, recordó.

La empresa empezó en 1996 como un emprendimiento de  Guillermo Cozzarín, cuando era estudiante universitario de Ingeniería Agronómica.

Con el paso de los años se fueron sumando más manos al proyecto. La primera en incorporarse fue su esposa, Rosana Herrera, quien hoy es la que se encarga de las tareas más finas del manejo de las abejas, como la multiplicación y el intercambio de reinas.

Durante mucho tiempo, la principal explotación del apiario fue la venta de material vivo: abejas reinas, células reales y núcleos, pero en la actualidad sólo comercializan estos últimos, que son pequeñas colmenas que funcionan como la unidad mínima de reproducción para aquellos que deciden iniciarse en la actividad o los que quieren recuperar stock. “Tenemos clientes en el sur de Córdoba y en diferentes puntos de San Luis. Estos dos últimos años viene creciendo un poco la venta, porque antes tenía una rentabilidad baja. Ahora estamos viendo que hay muchas consultas nuevamente y eso nos pone muy contentos, porque nos invita a pensar que hay más actores, y más que ser una competencia es la posibilidad de que el sector se potencie", expresó el apicultor, entusiasmado por la chance de que regresen algunos de los muchos productores que abandonaron la actividad en los últimos diez años.

Además de todos los factores que son determinantes en la producción, como el clima y la vegetación disponible, la apicultura en Argentina siempre ha estado atada a la voluntad de los grandes importadores del mundo. El 95% de la miel que se hace en el país se vende a lugares como Estados Unidos y Japón, luego de que se perdiera a Europa como una gran plaza.

El fenómeno de la agriculturización de los campos también contribuyó a arrinconar a los apiarios, al quitar grandes superficies de monte y de otras especies melíferas, siempre más amigables con la ganadería. Así, en general la apicultura ha quedado relegada a producciones de pequeña escala de empresas con una fuerte base familiar.

'Flor del Sol' no es una excepción a esa realidad. Durante muchos años, las cosas se hicieron "a pulmón" y muchas veces con márgenes negativos. Pero de tanto aguantar los vaivenes del mercado y de los precios, la empresa logró alcanzar un poco de estabilidad y un salto de escala en aquellas épocas en las que el dólar se acomodó y la venta de miel rindió un poco mejor.

En la actualidad, tienen un plantel que ronda entre las 1.000 y 1.100 colmenas, que desparraman en cuatro campos mixtos bajo un sistema de arrendamiento: uno en Concarán, otro en la Colonia Los Manantiales, uno en Juan Jorba y el restante al sur de Villa Mercedes.

Destinan el 95% de la cosecha a la exportación a granel y, desde hace tres años, la porción restante la envasan bajo su propia marca con cuatro variedades diferentes: a base de melilotus, de caldén, de alfalfa y una multifloral.

Aunque los rindes siempre son variables, han logrado mantener un promedio de 30 ó 35 de kilos de miel anuales por cada colmena. En años benignos han llegado a tener picos de 60 kilos y desde hace varias temporadas han logrado no bajar del piso de 20, ya que más allá la rentabilidad sería muy complicada.

En pleno crecimiento

Hace unos ocho años se sumó a trabajar en la empresa Héctor Sol, otro bonaerense radicado en la ciudad. “Con la apicultura comencé haciendo la tecnicatura, porque fue una curiosidad de aprender algo nuevo. Antes no tenía ni la más pálida idea de lo que era. Y ahí empecé a estudiar y ahora me dedico a ésto”, contó el hombre de 57 años.

El más nuevo y joven del plantel es Jonathan Cuello, de 25 años. “Hace un par de años venía a trabajar por temporada, en tiempos de cosecha. Pero ahora ya es un empleo fijo. Hice el curso y aprendí mucho de la práctica", relató.

En el establecimiento no hay una división estricta de los roles. Todos hacen un poco de todo y las actividades son muy variadas, desde lidiar con las alzas melarias, manejar las máquinas desoperculadoras o simplemente limpiar los residuos de cera de los cajones.

La época más álgida de trabajo arranca el 1º de setiembre y se extiende hasta el 1º de mayo. En ese lapso, se preparan para recibir la cosecha y realizan toda la extracción y purificación. Aunque la mielada propiamente dicha en el calendario de la empresa se concentra desde fines de diciembre hasta marzo.

De todos modos, "durante el año hay que hacer un montón de trabajos, como la multiplicación, el recambio de reinas, toda la parte sanitaria y el mantenimiento de las instalaciones", reconoció Sol.

Más allá de los miedos que existen sobre las abejas, los tres hombres sostuvieron que es en realidad una actividad muy tranquila, siempre y cuando se tomen los recaudos necesarios y se use la ropa adecuada. "Hay que aguantarse el calor nada más", bromeó Cuello.

Pero además, el largo trabajo genético que viene realizando la empresa, como muchos otros apiarios y criaderos del país, ha logrado cambiar el comportamiento del insecto. Así, la abeja criolla y agresiva, prácticamente ha desaparecido y ha vuelto más segura a la actividad, tanto para los que la practican como para su entorno.

Cozzarín contó que ellos incorporan genética de una raza italiana cárnica, principalmente de criaderos reconocidos como el del Programa Apícola del INTA. Aunque sostuvo que las mejoras en las líneas de los insectos se logran  todos los días, en una tarea casi artesanal que implica revisar los apiarios, identificar la vida útil de las reinas, revisar las mejores crías y conservar las que mejor condición higiénica tengan.

La sanidad es otro de los puntos importantes que tiene que atender cualquier establecimiento apícola. Y en eso, la varroa es el principal enemigo de los productores de San Luis. "Tenemos un calendario ajustado al Plan Sanitario Apícola de la provincia, porque la varroa es un parásito que está en todas las colmenas y nunca lo vamos a eliminar. Tenemos que convivir con él. Lo que nosotros hacemos son monitoreos y una aplicación a final en el verano de ácido oxálico, como base de nuestro tratamiento. Es un producto orgánico y por lo tanto no genera ningún tipo de residuo en los productos de la colmena, por lo que nos ha dado muy buen resultado", detalló el agrónomo.

 

De la colmena a la mesa

'Flor del Sol', como la mayoría de las apícolas del país, exporta casi la totalidad de su producción. Lo hace a través de su participación en la Cooperativa Apícola Río V°, que integra la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y acopia los tambores para embarcarlos hacia el exterior.

La empresa tiene su propia sala de extracción, que está habilitada por el Senasa y que este año estrenará un nuevo mecanismo de trazabilidad. "Se hace un seguimiento mucho más intensivo, desde el tambor y el apiario hasta la sala. De modo que los exportadores no pueden vender miel que no esté trazada. Eso siempre fue así, pero antes era más falseable. De hecho, la Argentina perdió credibilidad en Europa y actualmente nuestro destino en casi un 60% es Estados Unidos", explicó.

En el lugar cuentan con toda la tecnología que necesitan para centrifugar el producto recogido en las alzas y almacenarlo en una fosa con capacidad para llenar doce tambores. Ahí se separa la miel de la cera y otras impurezas que pueden haber quedado.

Desde hace tres años empezaron con el fraccionamiento y envasado propio, un desafío que siempre los sedujo pero que representa grandes dificultades para los pequeños productores. En primer lugar porque los organismos de control son rigurosos en la habilitación del proceso para poder poner un alimento en el mercado. Y en segundo término porque el consumo de miel en Argentina no es tan grande como en otros países.

De todas formas, con todas las campañas de incentivación que se vienen realizando (como la Semana de la Miel), Cozzarín sostuvo que "el incremento del consumo es notable. Y de pronto lo estamos notando varios productores, lo que significa que el crecimiento es importante. Porque el rol que cumple el productor de enseñar al cliente cómo hizo ese alimento, hace al empoderamiento del consumidor, que a partir de esa información aprende a conocer lo que come y a buscar lo que más le gusta", expresó motivado.

De todas formas, si la empresa continuará con la misión de conquistar el mercado interno es todavía una historia con final abierto. Porque más allá de los logros y buenos resultados que han obtenido como establecimiento en particular, apuestan a un proyecto colectivo. La cooperativa que integran está en las instancias finales de lograr las habilitaciones y permisos necesarios para poder comercializar miel envasada y desarrollar una marca que represente la producción y el esfuerzo de los apicultores de la región.

Aún así, los integrantes de 'Flor de Sol' saben que van por el buen camino, y que, aunque tengan que desarrollar otras actividades para complementar los ingresos económicos que permite la apicultura, la pasión por las abejas no morirá nunca.

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