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Primer show de Marky Ramone en San Luis

El baterista y último bastión del legado de The Ramones, dio comienzo en la provincia a su gira nacional.

Por Ángel Altavilla
| 03 de marzo de 2018
La deuda saldada. Marky conoció San Luis y dio pie a su gira por suelo argentino. Foto: Leandro Cruciani.

Con el show en el club GEPU de Marky Ramone el jueves, se dio comienzo al “Blitzkrieg Tour” que llevará al baterista punk por el sur argentino y concluirá en Buenos Aires.

 

También fue su debut en San Luis y lo acompañaron los puntanos “Rán” -se despidieron después de 23 años de carrera y estrenaron su segundo CD, “Peligrosos punkrockers”-, los “Daltónicos”, que convocaron a sus fans mercedinos, y “Los Miedos”, que en cada presentación de los cordobeses en la ciudad suman adeptos a su propuesta grunge.

 

Una deuda saldaron los punks puntanos con uno de los forjadores del estilo musical más contestatario, Marky Ramone tocó en la provincia y distintas generaciones lo vivieron con gran fascinación.

 

Creadores de un género musical y estético que trascendió todas las épocas, "The Ramones" dominó la escena punk desde su inicio hasta su separación, y el último bastión de la dinastía Ramone no decepcionó a nadie.

 

Como un uniforme, el negro dominó el espacio. Camperas de cuero, agujas y alfileres, jeans gastados y borcegos caminados se mezclaron con camisas sport, remeras con el logo del aguilucho y zapatillas deportivas para la misma tribu que disfrutó semejante acontecimiento.

 

Afuera, la ansiedad era evidente y adentro el calor se potenciaba en el campo de juego.

 

En las paredes del club, al estilo NBA, había posters y tapas de revistas con viejas hazañas del "Lobo" universitario cuando reinaba en el básquet nacional.

 

La condensación de humedad logro su efecto lluvioso desde las chapas del tinglado en caída de agua hacia el suelo.

 

El “hey ho” es el grito de guerra y tantas almas apretujadas no esperaban más el “let’s go”.

 

Cuando el astro apareció la primera ovación no lo dejó hablar, aplacó los ánimos con las palmas hacia abajo y agradeció la presencia. Así fue que Marky se sentó en la banqueta, marcó cuatro en sus baquetas y comenzó la lección de historia musical.

 

El primer tema fue el de los dibujitos animados “Spiderman”, le siguieron “Teenage lobotomy”, “Psycho therapy” y “Do you wanna dance?” en menos de diez minutos sin pausas entre ellos.

 

Respaldado por un grupo sólido y efectivo, Marky se rodeó de músicos que saben ejecutar su papel a la perfección. El cantante, de nacionalidad española es "Pela". Con presencia arrolladora y su timbre muy parecido al de Joey, por lo que no fue raro ver a varios con los ojos cerrados mientras imaginaban en escena al mismísimo y lungo vocalista.

 

Frente a una pared de amplificadores "Marshall" estaba el guitarrista Aurelien Budynek (un sesionista neoyorquino que tocó con Lenny Kravitz y Cindy Blackman-Santana) y en la otra punta, el bajista Alejandro Viejo Lewezuk. El porteño, igual que lo hacia Dee Dee Ramone, era el encargado de gritar “!uán-chú-trí-for!”.

 

22 años después de la despedida oficial quedaron temas en el aire para disfrutar de aquellas épocas a través de grabaciones en la web.

 

Cerca de la puerta, los más calmos miraban de lejos, sin participar del torbellino que se llevaba a cabo en el medio. Los de adelante en las vallas fueron rociados con cervezas, sensación recibida como una bendición bautismal.

 

Marky, sin dejar de mascar chicle, no perdió el ritmo. Aunque "Blitzkrieg" es un proyecto solista, su participación quedó relegada a tocar la batería en un segundo plano, no canta ni hace coros porque no es Phil Collins. Toca los reconocidos compases del punk rock porque (¡Dios no lo permita!) no es un baterista de rock sinfónico. Apenas se permitió unas palabras con el público desde un micrófono cercano.

 

Les tiraban remeras y gorras. No se vieron carteles ni trapos, el género no se caracteriza por mostrar su simpatía con banderas pero si hubo varias remeras pintadas a mano.

 

Conscientes del agite y la deshidratación, los músicos, de prevención les tiraron botellas a la gente, además de púas, listas de temas y devolvían las remeras a sus dueños.

 

Marky saludó a su público y sin pausas ni prisas el grupo desenvolvió una seguidilla de hits ultra conocidos que fueron la delicia de los asistentes. En el formato tributo a la banda neoyorquina seminal del punk rock, el repertorio fue como un disco de grandes éxitos en vivo.

 

Sin pausas ni charlas con el público, desgastaron gargantas con “Havana affair”, “Commando”, “Beat on the brat”, “53rd & 3rd”, “Judy is a punk”, “I believe in miracles”, “The KKK took my baby away”, “I wanna be sedated”, “I don’t wanna walk around”, “Pinhead”; y hasta “Sheena is a punk rocker” y “Pet sematary”, los dos temas de la película "Cementerio de animales" del libro de Stephen King, fan de la banda que utilizó canciones en varios de sus filmes.

 

Hubo espacios en la lista para un tema del disco solista de Joey Ramone, “Wonderful world”, y también covers, como “My back pages” de Bob Dylan, “I don’t wanna grow up” de Tom Waits, “Needles and pins” la balada de Jackie DeShannon, y una furiosa “Have you ever seen the rain” de Credence Clearwater Revival.

 

Al tercer regreso, con “Rockaway beach” los fans no demostraron cansancio y continuaron ejercitándose en el pogo.

 

Los "Rán" estaban entre la gente como habían prometido en la previa. Los músicos querían ver el show como fans y se perdieron al mezclarse entre la multitud como unos más en esa masa informe.

 

Los jóvenes de cuerpo y espíritu bailaron y se olvidaron que al otro día había que amanecer.

 

El encuentro demostró que se vivió una pasión tal que llevó a hombres adultos con camperas de cuero a llorar como adolescentes, y a que los descendientes de aquellos rudos sensibles supieran lo que es el fanatismo que salía del alma.

 

Los punks eran los desclasados que no llegaban a los estándares de vida (social y cultural) que la sociedad imponía. Modas y años después algunos seguidores pueden pagar el precio del sueño en vivo, otros, los que no llegaron al costo y eligieron estimularse barato y fácil, prefirieron la escasa calidad sonora que llegaba a las veredas.

 

Al cuarto bis, después de 44 temas y poco más de 2 horas, sonó el himno “Blitzkrieg bop” y el grito “Hey ho let’s go” revolucionó el establecimiento y todo se transformó en una olla en ebullición.

 

Todo valía para disfrutarlo, o saltar sólo en las tribunas, o pegado a la valla cantando a los gritos o empujándose como tribu en un rito. Transpiración, pogo y sentimiento en una marea humana que hermanó a todos. Entre la gente se entremezclaron los encargados de traer a Marky a San Luis. "Inkieta producciones" se llevó las felicitaciones de una noche histórica.

 

“Yo tengo la mitad de la edad que él” dijo un calvo fan, que le envidiaba la cabellera al baterista.

 

La banda más ruidosa del planeta sigue sonando fuerte y no hay nadie que pueda sacarle el puesto.

 

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