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Los audaces distribuidores de la racionalidad

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Los audaces distribuidores de la racionalidad

Las autoridades del gobierno nacional proponen un pacto fiscal. El resultado de ese pacto en un determinado lapso de tiempo es que las provincias argentinas comienzan a ver conculcados sus derechos. No pierden privilegios, no se le quitan beneficios. Se le resta una serie importante de partidas que les corresponden por ley, que son los fondos que posibilitan su gestión, su crecimiento, su desarrollo. Se viola sistemáticamente el régimen de coparticipación federal. No se respeta la Constitución Nacional. Todos los gobernadores, menos uno, firman ese pacto. ¿De qué lado está la racionalidad? ¿Quién fue más racional? Si el raciocinio no se usa en defensa del espacio gobernado y de sus habitantes, ¿para qué sirve? ¿Qué tiene que ver con el peronismo resignar fondos de cada provincia en beneficio de la Nación? Pese a lo ilógico del planteo, los hábiles generadores de la opinión "públicada" juzgan como “peronismo racional” al encarnado mayoritariamente por los gobernadores que fervorosamente firmaron el vergonzoso “Pacto Fiscal”. Por supuesto que ahora cuando se les conculca de un modo arbitrario e ilegal el Fondo Federal Solidario o Fondo Sojero todos ponen el grito en el cielo. Ahora lamentan haber hecho lo que ayer hicieron sin ninguna racionalidad. Cada uno deberá explicar sus decisiones y sus acciones, y alguien deberá aclarar por dónde brota la racionalidad. Nada más racional que oponerse de plano a semejante robo. Bien por San Luis, bien por su gobernador. Y siguen pendientes las explicaciones de quienes en coro con el gobierno nacional juraron que nunca iba a suceder lo que ya sucedió. Son cómplices necesarios de una estafa flagrante, de un robo calificado, de un accionar injustificable.

Los cultores de la opinión "publicada" no sólo califican las acciones, sino que pretenden con estas actitudes decidir el futuro del Partido Justicialista, y del Movimiento Nacional del que es parte. Se pretende dictaminar desde los medios cómo se debería proceder. Todo esto para ganar el mote de “racional”. A cada instante se pregona: “El peronismo debería…”. Si estos sujetos tienen tan claro qué se debería hacer, por qué razón no militan y hacen valer su clarividencia e imponen su voluntad. O por qué no fundan un partido donde se haga exactamente lo que ellos creen que debería hacerse. No se alcanza a vislumbrar qué relación guardan esta forma de actuar con el periodismo. ¿Qué tiene que ver informar, con decir exactamente lo que se debería hacer? Ellos saben qué se debe hacer, quién lo debe hacer, y cuándo deberían hacerlo. Además se permiten afirmar que una inmensa mayoría de la gente quiere exactamente eso que ellos postulan. ¿Dónde y cómo lo midieron? Tienen la velocidad del rayo para saber qué ansía y qué espera la mayoría de los ciudadanos.

Un criterio muy similar se utiliza para determinar qué debe hacer el Senado de la Nación, y cada uno de sus miembros. “Todo el país esperaba que los senadores…”¿Todo el país? ¿Cómo  lo saben? ¿Quién lo determina? Es mucho más probable que todo el país espere que baje la inflación, que se termine la noción del endeudamiento como salida factible, que surjan nuevas y mejores fuentes de trabajo, que bajen los alarmantes niveles de pobreza, que las tasas de interés alcancen niveles razonables, que lleguen las inversiones, que haya una distribución más justa y equitativa del ingreso. Que prosperen la salud, la educación, la seguridad, la justicia. Estos deseos parecen ser, quizás, más factible. El Poder Legislativo es independiente del Poder Judicial. Los senadores son avezados hombres del derecho, y ponen mucho énfasis en preservar las instituciones y en actuar como entienden que corresponde. Tienen mucha experiencia, el cuero bastante duro, y mucha habilidad para marcar los tiempos de sus decisiones. Es probable que, en algunas oportunidades, se espere de ellos otra actitud y otra premura, pero no es tan sencillo conmoverlos. Y si no hay violaciones a normas y reglamentos en sus decisiones habrá que observar con atención la razón de lo que termina sucediendo en la Cámara Alta. Vale estar atentos, observar las normas y aplicar, entonces sí, mucha racionalidad.

 

 

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Los audaces distribuidores de la racionalidad

Las autoridades del gobierno nacional proponen un pacto fiscal. El resultado de ese pacto en un determinado lapso de tiempo es que las provincias argentinas comienzan a ver conculcados sus derechos. No pierden privilegios, no se le quitan beneficios. Se le resta una serie importante de partidas que les corresponden por ley, que son los fondos que posibilitan su gestión, su crecimiento, su desarrollo. Se viola sistemáticamente el régimen de coparticipación federal. No se respeta la Constitución Nacional. Todos los gobernadores, menos uno, firman ese pacto. ¿De qué lado está la racionalidad? ¿Quién fue más racional? Si el raciocinio no se usa en defensa del espacio gobernado y de sus habitantes, ¿para qué sirve? ¿Qué tiene que ver con el peronismo resignar fondos de cada provincia en beneficio de la Nación? Pese a lo ilógico del planteo, los hábiles generadores de la opinión "públicada" juzgan como “peronismo racional” al encarnado mayoritariamente por los gobernadores que fervorosamente firmaron el vergonzoso “Pacto Fiscal”. Por supuesto que ahora cuando se les conculca de un modo arbitrario e ilegal el Fondo Federal Solidario o Fondo Sojero todos ponen el grito en el cielo. Ahora lamentan haber hecho lo que ayer hicieron sin ninguna racionalidad. Cada uno deberá explicar sus decisiones y sus acciones, y alguien deberá aclarar por dónde brota la racionalidad. Nada más racional que oponerse de plano a semejante robo. Bien por San Luis, bien por su gobernador. Y siguen pendientes las explicaciones de quienes en coro con el gobierno nacional juraron que nunca iba a suceder lo que ya sucedió. Son cómplices necesarios de una estafa flagrante, de un robo calificado, de un accionar injustificable.

Los cultores de la opinión "publicada" no sólo califican las acciones, sino que pretenden con estas actitudes decidir el futuro del Partido Justicialista, y del Movimiento Nacional del que es parte. Se pretende dictaminar desde los medios cómo se debería proceder. Todo esto para ganar el mote de “racional”. A cada instante se pregona: “El peronismo debería…”. Si estos sujetos tienen tan claro qué se debería hacer, por qué razón no militan y hacen valer su clarividencia e imponen su voluntad. O por qué no fundan un partido donde se haga exactamente lo que ellos creen que debería hacerse. No se alcanza a vislumbrar qué relación guardan esta forma de actuar con el periodismo. ¿Qué tiene que ver informar, con decir exactamente lo que se debería hacer? Ellos saben qué se debe hacer, quién lo debe hacer, y cuándo deberían hacerlo. Además se permiten afirmar que una inmensa mayoría de la gente quiere exactamente eso que ellos postulan. ¿Dónde y cómo lo midieron? Tienen la velocidad del rayo para saber qué ansía y qué espera la mayoría de los ciudadanos.

Un criterio muy similar se utiliza para determinar qué debe hacer el Senado de la Nación, y cada uno de sus miembros. “Todo el país esperaba que los senadores…”¿Todo el país? ¿Cómo  lo saben? ¿Quién lo determina? Es mucho más probable que todo el país espere que baje la inflación, que se termine la noción del endeudamiento como salida factible, que surjan nuevas y mejores fuentes de trabajo, que bajen los alarmantes niveles de pobreza, que las tasas de interés alcancen niveles razonables, que lleguen las inversiones, que haya una distribución más justa y equitativa del ingreso. Que prosperen la salud, la educación, la seguridad, la justicia. Estos deseos parecen ser, quizás, más factible. El Poder Legislativo es independiente del Poder Judicial. Los senadores son avezados hombres del derecho, y ponen mucho énfasis en preservar las instituciones y en actuar como entienden que corresponde. Tienen mucha experiencia, el cuero bastante duro, y mucha habilidad para marcar los tiempos de sus decisiones. Es probable que, en algunas oportunidades, se espere de ellos otra actitud y otra premura, pero no es tan sencillo conmoverlos. Y si no hay violaciones a normas y reglamentos en sus decisiones habrá que observar con atención la razón de lo que termina sucediendo en la Cámara Alta. Vale estar atentos, observar las normas y aplicar, entonces sí, mucha racionalidad.

 

 

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