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Prisión para el pastor acusado de abusos sexuales

Ricardo Ismael Lucero, de 44 años, fue trasladado al Servicio Penitenciario por orden del juez Leandro Estrada del juzgado Penal 2, de Villa Mercedes.

Ayer, el juez Leandro Estrada del juzgado Penal 2 le dictó prisión preventiva y trasladado al Servicio Penitenciario San Luis al pastor Ricardo Ismael Lucero, de 44 años, por los delitos de abusos sexuales simples reiterados y abusos sexuales gravemente ultrajantes reiterados a menores de edad, según informó el comisario mayor Roberto Molina, jefe de la Dirección General de Investigaciones de Villa Mercedes.

Lucero fue denunciado en marzo de este año por sus dos hijastras. En sus respectivas presentaciones, ellas indicaron que hace por lo menos 18 años que el sospechoso estaba en pareja con su madre, y que nunca le vieron actitudes de índole sexual que llamaran la atención, ni con ellas ni con otros integrantes de la familia.

Pero el pasado domingo 11 de marzo, B., de 10 años, le pidió a su mamá hablar, después de bañarse. Cerró la puerta de la habitación y rompió en llanto. “El Ricardo me tocó”, le dijo. “¿Cómo que te tocó?”, inquirió la mujer. Y la nena habló.

Le dijo que un día que su abuelastro estaba en su casa, él entró en su pieza. Ella tenía puesto un vestido. El hombre la abrazó, y, en ese acercamiento, intentó ponerle le mano por encima de la ropa interior. Ella se corrió, pero el hombre insistió, narró la pequeña. Justo entró otro niño de la familia, y la nena aprovechó esa circunstancia para salir del dormitorio. Se sentó en una computadora, en el comedor, y el abuelastro la siguió hasta allí. La niña contó que él se arrimó desde atrás e intentó hacer lo mismo, diciéndole “qué linda pancita”. “Esta es mi pancita”, le respondió la nena, subiéndole la mano.

Por lo que manifestó la chiquita, ése fue el único abuso que vivió. Pero fue suficientemente para pedirle a su mamá que por favor no dejara que Ricardo se le acercara, y decirle que no quería verlo más.

La mamá de B. decidió hablar con su hermana, ya que la nena le había dicho que le había contado lo ocurrido a su prima, de 14 años. Efectivamente, la adolescente sabía, pero nada dijo.

Ante la duda de que Lucero le hubiera hecho algo a esa jovencita o a su otra hija, de 7 años, les consultó cómo se comportaba el abuelastro con ellas. Por lo que expresó la mayor, no había tenido ninguna mala experiencia con el hombre. M., la más pequeña, sí. Apenas le preguntó, M. empezó a llorar desconsoladamente, y fue como si hubiera abierto una compuerta a un contenido torrente de angustia. Le dijo a su mamá que Ricardo la había tocado varias veces, que la manoseaba en todas sus partes íntimas, que le bajaba los pantalones y la bombacha. También que se sentía mal. Que le tenía miedo. Temía que su mamá se molestara con ella y la castigara cuando le contara.

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Prisión para el pastor acusado de abusos sexuales

Foto: gentileza Policía de San Luis.

Ricardo Ismael Lucero, de 44 años, fue trasladado al Servicio Penitenciario por orden del juez Leandro Estrada del juzgado Penal 2, de Villa Mercedes.

Ayer, el juez Leandro Estrada del juzgado Penal 2 le dictó prisión preventiva y trasladado al Servicio Penitenciario San Luis al pastor Ricardo Ismael Lucero, de 44 años, por los delitos de abusos sexuales simples reiterados y abusos sexuales gravemente ultrajantes reiterados a menores de edad, según informó el comisario mayor Roberto Molina, jefe de la Dirección General de Investigaciones de Villa Mercedes.

Lucero fue denunciado en marzo de este año por sus dos hijastras. En sus respectivas presentaciones, ellas indicaron que hace por lo menos 18 años que el sospechoso estaba en pareja con su madre, y que nunca le vieron actitudes de índole sexual que llamaran la atención, ni con ellas ni con otros integrantes de la familia.

Pero el pasado domingo 11 de marzo, B., de 10 años, le pidió a su mamá hablar, después de bañarse. Cerró la puerta de la habitación y rompió en llanto. “El Ricardo me tocó”, le dijo. “¿Cómo que te tocó?”, inquirió la mujer. Y la nena habló.

Le dijo que un día que su abuelastro estaba en su casa, él entró en su pieza. Ella tenía puesto un vestido. El hombre la abrazó, y, en ese acercamiento, intentó ponerle le mano por encima de la ropa interior. Ella se corrió, pero el hombre insistió, narró la pequeña. Justo entró otro niño de la familia, y la nena aprovechó esa circunstancia para salir del dormitorio. Se sentó en una computadora, en el comedor, y el abuelastro la siguió hasta allí. La niña contó que él se arrimó desde atrás e intentó hacer lo mismo, diciéndole “qué linda pancita”. “Esta es mi pancita”, le respondió la nena, subiéndole la mano.

Por lo que manifestó la chiquita, ése fue el único abuso que vivió. Pero fue suficientemente para pedirle a su mamá que por favor no dejara que Ricardo se le acercara, y decirle que no quería verlo más.

La mamá de B. decidió hablar con su hermana, ya que la nena le había dicho que le había contado lo ocurrido a su prima, de 14 años. Efectivamente, la adolescente sabía, pero nada dijo.

Ante la duda de que Lucero le hubiera hecho algo a esa jovencita o a su otra hija, de 7 años, les consultó cómo se comportaba el abuelastro con ellas. Por lo que expresó la mayor, no había tenido ninguna mala experiencia con el hombre. M., la más pequeña, sí. Apenas le preguntó, M. empezó a llorar desconsoladamente, y fue como si hubiera abierto una compuerta a un contenido torrente de angustia. Le dijo a su mamá que Ricardo la había tocado varias veces, que la manoseaba en todas sus partes íntimas, que le bajaba los pantalones y la bombacha. También que se sentía mal. Que le tenía miedo. Temía que su mamá se molestara con ella y la castigara cuando le contara.

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