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Tres monarcas de otras latitudes traen sus regalos

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Tres monarcas de otras latitudes traen sus regalos

Miguel Garro

Roscones en España, pasto excesivo en Uruguay y prohibición en Cuba. “Cooltura” invitó a tres extranjeros a contar cómo se espera en sus países a los personajes bíblicos que hoy dejaron regalos en todas las casas del mundo.

Yo vendría a ser Baltasar”, se sorprendió Alexis Lugo, el violinista cubano que hace más de 20 años que está radicado en la provincia, cuando se encontró con el español Oscar Soler y el uruguayo Gonzalo Salgueiro al pie del inmenso árbol de navidad de la rotonda de Cruz de Piedra. Resuelta la cuestión de quién llevaría la corona perteneciente al rey mago negro –que por alguna razón incomprensible siempre ocupa el último lugar en la fila en los dibujos tradicionales- quedaba por resolver quién era Melchor y quién Gaspar.
 

La sesión de fotos en la que “Cooltura” reunió a tres extranjeros que viven en la provincia para que cuenten el modo de esperar la llegada de los Reyes que tienen los chicos de sus países (con la carga social que eso implica) fue un regalo de buena onda. La predisposición de los invitados y sus historias de reyes amenizaron una charla en la que sólo faltaron el oro, el incienso y la mirra.
 

Siempre simpático, Gonzalo Salgueiro, el uruguayo que recorrió el mundo como arquero y que hace cinco años, con una interrupción de uno, integra el plantel de Juventud Unida Universitario, encontró una buena forma de entrar en la charla con Soler. “Me encantó Madrid, cuando fui me quedé maravillado, es alucinante”, dijo el deportista. “Yo la odio”, respondió, seco y de brazos cruzados, el español, oriundo de un pequeño pueblo del norte de España.
 

La charla fue tomada, obviamente, con gracia por todos. Cada uno de los elegidos tiene una historia para contar sobre los Reyes Magos, sea por experiencia propia o por decantación cultural de sus pueblos. Lugo, por caso, recordó la prohibición que los personajes bíblicos tenían en su país por decisión del régimen comunista y la forma en que la gente encontró para evadirla. Soler señaló las grandes diferencias que hay entre la vigila española y la de este lado del mundo. Y Salgueiro relató una experiencia muy similar a la de miles de chicos argentinos. La llegada de los Reyes Magos representa el final de las fiestas navideñas, una señal de llegada demarcada por el desarme del arbolito y por las esperanzas de tener un buen año. Con los precios de los juguetes por las nubes, los Reyes este año fueron más magos que nunca para completar toda la demanda de zapatitos que les dejaron al pie del árbol.
 

“Dicen que Melchor era el más alto, así que yo debo ser Gaspar”, sostuvo Soler ante los casi dos metros de aquero que tenía al frente. Recién entonces, con los papeles de cada uno bien definido, los tres Reyes Magos de “Cooltura” empezaron a regalar sus historias.

 

OSCAR SOLER, ESPAÑA

"Reyes en el país de los reyes"

Oriundo de un pequeño puebo de Cantabria, el español encuentra muchas diferencias entre los magos de su país y los de esta parte del mundo.

La llegada de los Reyes Magos en España es muy distinta a la de Argentina. Entre las diferencias más evidentes está la escenografía nevada que viste a toda la península y a Europa en general en esta época del año. “Nos encantaba salir a armar muñecos de nieve con nuestros regalos recién entregados”, recuerda Oscar Soler, un cocinero de Cabezón de la sal, un pequeño pueblo de Cantabria, en el norte de España, que hace cinco años inició una segunda etapa de vida en San Luis.
Otra de las grandes diferencias que nota el español respecto a las celebraciones es que en su país natal la llegada de los Reyes Magos es para los niños un acontecimiento de mayor trascendencia que la Navidad. “Acá
Papá Noel es más importante que los Reyes Magos, en España es exactamente al revés”.

De hecho, Soler recuerda las grandes procesiones que se hacen en su pueblo, con las calles adornadas, villancicos saliendo por los parlantes todo el tiempo, fuegos artificiales y la llamada Cabalgata de reyes, una celebración con pasos, antorchas y caballos que por supuesto termina con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar. Dice el gastronómico que si a los niños españoles Papá Noel no les trae nada no es algo tan grave, pero hay que portarse muy mal para que los Reyes no dejen algo.
La rosca de reyes (allá llamada roscón) es otra tradición para los días como hoy en Cabezón de la sal, una localidad de 8 mil habitantes. Oscar recuerda que iba a la panadería más grande de su pueblo (“la que hace los mejores roscones de toda la  comuna, en los 6 de enero podía hacer hasta dos mil”) y que compraba una para seis personas, pero para comérsela él solo. “En casa, todos nos comíamos una para seis, sin problemas”, señaló sin culpas.

 

“También recuerdo que tuve mi primer coche de radio control gracias a los Reyes Magos”, expresó Oscar Soler.

 

Pero si de gastronomía se habla, Soler dice extrañar las mesas navideñas en Cantabria, una provincia que está al lado del mar Cantábrico y que tiene a los productos marítimos como menú principal para las Fiestas de fin de año. Una cena de Navidad en su pueblo empieza con canapés de anchoa y jamón; sigue con el paté de anchoa, continúa con una primera pasada de mariscos –que incluye langostinos y mejillones-, va a la crema de mariscos o a la sopa de pescado, para luego incursionar en el pescado propiamente dicho, que en la mayoría de los casos es el besugo. “En mi pueblo y en Escocia están los mejores mariscos del mundo”, señaló. 

Pese al frío, la noche continúa con un helado de limón para matar el sabor de los productos de mar y recién luego “nos metemos el lechazo o el cochinillo, que es como el lechón de acá, pero más chico”. Tras eso viene el postre, que puede ser un flan o una torta helada, y después lo que llaman “el turrón”, la mesa dulce completa con inclusión de medialunas y otras variedades de panadería.

Oscar tiene 48 años y vivió los años en los que los Reyes estuvieron más presentes con la dictadura de Francisco Franco. Recuerda que la llegada de regalos extranjeros estaba restringida en aquella época en España y que por eso los obsequios que más recuerda son los muñecos Airgman, similares a los Playmobil aunque un poco más altos. “También recuerdo que tuve mi primer coche de radio control gracias a los Reyes Magos”.

 

GONZALO SALGUEIRO, URUGUAY

"A más pasto, mayor regalo"

El arquero de Juventud dejó pasto, agua y zapatillas, y ahora les llevó a sus sobrinos un regalo muy particular.

Nacido en el populoso barrio Sayago de Montevideo, Gonzalo Salgueiro pasó las noches de Reyes con la misma ansiedad que cualquier chico argentino. “Les hacíamos la cartita a los Reyes, les dejábamos las zapatillas  en la ventana, con el pasto y el agua para que comieran los camellos”, rememora el arquero de Juventud Unida Universitario que llegó a la provincia en 2012 para jugar en el club de El Bajo, donde está en la actualidad.

Un dato curioso que hace a la tradición es que en Uruguay a los chicos les decían que mientras más pasto dejaban, más grande sería el regalo. Con esa información, cuando tenía unos ocho años Gonzalo deseaba tanto una bicicleta que arrancó muchísimo césped del jardín de su abuela, quien dedicaba muchas horas a cuidar sus plantas. “Creo que ese año mis padres me contaron el verdadero origen de los Reyes porque si no, al año siguiente le rompía todo el jardín a mi pobre abuela”.

El arquero (“golero”, según el léxico charrúa) recuerda las celebraciones del 6 de enero en familia, con sus primos que vivían en la casa de su abuela y sus hermanas, una mayor y otra menor, y también deseosas de una bicicleta. “Tener una bici en esa época era la gloria. A la mía me la dejaron en la casa de mi abuela”.

 

“Me pidieron la camiseta de Juventud Unida Universitario”, contó Gonzalo.


Curiosamente no recuerda Gonzalo que en su infancia haya recibido alguna vez guantes de arquero, un regalo que es una fija para los chicos que sueñan con defender los tres palos. La explicación es que al niño le gustaba jugar en la mitad de la cancha, por eso recibió muchas pelotas en su casa. “Cuando los técnicos se dieron cuenta que no servía para jugar, me pusieron al arco”, sonríe el arquero que atajó en Peñarol, Boston River, Cerrito, Guaraní Antonio Franco y en clubes de Rumania y Grecia, antes de recalar en San Luis.

Decidido a quedarse en la provincia una vez que termine su carrera futbolística (“en esta profesión nunca se sabe”), Salgueiro estudió gastronomía y tiene un drugstore en el centro. Vuelve a Montevideo cada tanto, para visitar a su familia y, por supuesto, para las Fiestas.

Si tiene que elegir un regalo para algún chico de su familia, el arquero no duda en llevar una pelota de fútbol, sobre todo “para sacar a los pibes de tanta tecnología que los mantiene ocupados”. Por lo pronto, hace unas semanas, cuando viajó para pasar las Fiestas en su país natal, llevó para sus sobrinos de 12 y 6 años un regalo muy espacial para Reyes, a pedido de los chicos. “Me pidieron la camiseta de Juventud Unida Universitario”, contó Gonzalo.

 

ALEXIS LUGO, CUBA

"Una isla sin reyes"

¿Cómo hacen los niños de Cuba para recibir regalos si los reyes están prohibidos por el régimen comunista?

En el país de Alexis Lugo los Reyes Magos tal como se los conoce en el resto del mundo están prohibidos. El régimen que gobierna el país desterró cualquier elemento religioso de la cercanía del pueblo, aunque no pudo quitarle a los chicos la ilusión de recibir un regalo en la primera semana de enero. “Por supuesto que se celebra la llegada de los Reyes, pero de manera escondida, no hay pesebres, ni ofertas ni nada de lo que se ve por aquí”, dijo el violinista de “Xanluisxéntricos” nacido en La Habana y contrario a las ideas impuestas por la revolución cubana.
Al no haber en Cuba iglesia ni religión posible, mucho menos podría haber personajes o historias relacionadas con la Biblia en las calles. “En una situación así no existe magia posible –se quejó el músico-; la única magia que se impone es la de Marx, Engels y Lenin”. 

Sin embargo, el pueblo cubano siempre se las arregló para celebrar la llegada de los Reyes, aún sin demasiado cuidado de que se enteren las autoridades. “Los festejos son a nivel familiar, en las casas, es lindo, pero en las calles no hay ninguna referencia”.

 

“A los chicos no nos importaba nada, sólo queríamos jugar un ratito”, expresó Alexis Lugo. 

 

Ante la necesidad popular de regalar algo a los chicos en esa fecha, el gobierno cubano instituyó “El día de los juguetes”. El problema fue que por la situación comercial de la isla eran pocos los objetos para chicos que llegaban, entonces fue el Estado el que comenzó a regular la venta de juguetes para el 6 de enero. 

“El sistema de reparto era injusto porque muchas veces se sorteaba qué tipo de regalo se podía comprar. Si una familia quería una bicicleta, pero no salía sorteado para comprarla, no había forma de conseguirla, por más que los padres tuvieran el dinero”, agregó Alexis, quien dijo que las autoridades repartían los juguetes de manera aleatoria: “Si ellos te vendían un autito, tenías que irte con el autito y no se podía decir que era un regalo de los Reyes”.
 

La intención de esa disposición, explicó Lugo, era que los chicos recibieran el juguete como un regalo de la revolución. “A los chicos no nos importaba nada, sólo queríamos jugar un ratito”. Recién cuando su hija argentina –ahora de 21 añosempezó a recibir regalos, el músico supo quién era Barbie.

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Tres monarcas de otras latitudes traen sus regalos

Roscones en España, pasto excesivo en Uruguay y prohibición en Cuba. “Cooltura” invitó a tres extranjeros a contar cómo se espera en sus países a los personajes bíblicos que hoy dejaron regalos en todas las casas del mundo.

La predisposición de los invitados y sus historias de reyes amenizaron una charla en la que sólo faltaron el oro, el incienso y la mirra. Fotos Nicolás Varvara.

Yo vendría a ser Baltasar”, se sorprendió Alexis Lugo, el violinista cubano que hace más de 20 años que está radicado en la provincia, cuando se encontró con el español Oscar Soler y el uruguayo Gonzalo Salgueiro al pie del inmenso árbol de navidad de la rotonda de Cruz de Piedra. Resuelta la cuestión de quién llevaría la corona perteneciente al rey mago negro –que por alguna razón incomprensible siempre ocupa el último lugar en la fila en los dibujos tradicionales- quedaba por resolver quién era Melchor y quién Gaspar.
 

La sesión de fotos en la que “Cooltura” reunió a tres extranjeros que viven en la provincia para que cuenten el modo de esperar la llegada de los Reyes que tienen los chicos de sus países (con la carga social que eso implica) fue un regalo de buena onda. La predisposición de los invitados y sus historias de reyes amenizaron una charla en la que sólo faltaron el oro, el incienso y la mirra.
 

Siempre simpático, Gonzalo Salgueiro, el uruguayo que recorrió el mundo como arquero y que hace cinco años, con una interrupción de uno, integra el plantel de Juventud Unida Universitario, encontró una buena forma de entrar en la charla con Soler. “Me encantó Madrid, cuando fui me quedé maravillado, es alucinante”, dijo el deportista. “Yo la odio”, respondió, seco y de brazos cruzados, el español, oriundo de un pequeño pueblo del norte de España.
 

La charla fue tomada, obviamente, con gracia por todos. Cada uno de los elegidos tiene una historia para contar sobre los Reyes Magos, sea por experiencia propia o por decantación cultural de sus pueblos. Lugo, por caso, recordó la prohibición que los personajes bíblicos tenían en su país por decisión del régimen comunista y la forma en que la gente encontró para evadirla. Soler señaló las grandes diferencias que hay entre la vigila española y la de este lado del mundo. Y Salgueiro relató una experiencia muy similar a la de miles de chicos argentinos. La llegada de los Reyes Magos representa el final de las fiestas navideñas, una señal de llegada demarcada por el desarme del arbolito y por las esperanzas de tener un buen año. Con los precios de los juguetes por las nubes, los Reyes este año fueron más magos que nunca para completar toda la demanda de zapatitos que les dejaron al pie del árbol.
 

“Dicen que Melchor era el más alto, así que yo debo ser Gaspar”, sostuvo Soler ante los casi dos metros de aquero que tenía al frente. Recién entonces, con los papeles de cada uno bien definido, los tres Reyes Magos de “Cooltura” empezaron a regalar sus historias.

 

OSCAR SOLER, ESPAÑA

"Reyes en el país de los reyes"

Oriundo de un pequeño puebo de Cantabria, el español encuentra muchas diferencias entre los magos de su país y los de esta parte del mundo.

La llegada de los Reyes Magos en España es muy distinta a la de Argentina. Entre las diferencias más evidentes está la escenografía nevada que viste a toda la península y a Europa en general en esta época del año. “Nos encantaba salir a armar muñecos de nieve con nuestros regalos recién entregados”, recuerda Oscar Soler, un cocinero de Cabezón de la sal, un pequeño pueblo de Cantabria, en el norte de España, que hace cinco años inició una segunda etapa de vida en San Luis.
Otra de las grandes diferencias que nota el español respecto a las celebraciones es que en su país natal la llegada de los Reyes Magos es para los niños un acontecimiento de mayor trascendencia que la Navidad. “Acá
Papá Noel es más importante que los Reyes Magos, en España es exactamente al revés”.

De hecho, Soler recuerda las grandes procesiones que se hacen en su pueblo, con las calles adornadas, villancicos saliendo por los parlantes todo el tiempo, fuegos artificiales y la llamada Cabalgata de reyes, una celebración con pasos, antorchas y caballos que por supuesto termina con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar. Dice el gastronómico que si a los niños españoles Papá Noel no les trae nada no es algo tan grave, pero hay que portarse muy mal para que los Reyes no dejen algo.
La rosca de reyes (allá llamada roscón) es otra tradición para los días como hoy en Cabezón de la sal, una localidad de 8 mil habitantes. Oscar recuerda que iba a la panadería más grande de su pueblo (“la que hace los mejores roscones de toda la  comuna, en los 6 de enero podía hacer hasta dos mil”) y que compraba una para seis personas, pero para comérsela él solo. “En casa, todos nos comíamos una para seis, sin problemas”, señaló sin culpas.

 

“También recuerdo que tuve mi primer coche de radio control gracias a los Reyes Magos”, expresó Oscar Soler.

 

Pero si de gastronomía se habla, Soler dice extrañar las mesas navideñas en Cantabria, una provincia que está al lado del mar Cantábrico y que tiene a los productos marítimos como menú principal para las Fiestas de fin de año. Una cena de Navidad en su pueblo empieza con canapés de anchoa y jamón; sigue con el paté de anchoa, continúa con una primera pasada de mariscos –que incluye langostinos y mejillones-, va a la crema de mariscos o a la sopa de pescado, para luego incursionar en el pescado propiamente dicho, que en la mayoría de los casos es el besugo. “En mi pueblo y en Escocia están los mejores mariscos del mundo”, señaló. 

Pese al frío, la noche continúa con un helado de limón para matar el sabor de los productos de mar y recién luego “nos metemos el lechazo o el cochinillo, que es como el lechón de acá, pero más chico”. Tras eso viene el postre, que puede ser un flan o una torta helada, y después lo que llaman “el turrón”, la mesa dulce completa con inclusión de medialunas y otras variedades de panadería.

Oscar tiene 48 años y vivió los años en los que los Reyes estuvieron más presentes con la dictadura de Francisco Franco. Recuerda que la llegada de regalos extranjeros estaba restringida en aquella época en España y que por eso los obsequios que más recuerda son los muñecos Airgman, similares a los Playmobil aunque un poco más altos. “También recuerdo que tuve mi primer coche de radio control gracias a los Reyes Magos”.

 

GONZALO SALGUEIRO, URUGUAY

"A más pasto, mayor regalo"

El arquero de Juventud dejó pasto, agua y zapatillas, y ahora les llevó a sus sobrinos un regalo muy particular.

Nacido en el populoso barrio Sayago de Montevideo, Gonzalo Salgueiro pasó las noches de Reyes con la misma ansiedad que cualquier chico argentino. “Les hacíamos la cartita a los Reyes, les dejábamos las zapatillas  en la ventana, con el pasto y el agua para que comieran los camellos”, rememora el arquero de Juventud Unida Universitario que llegó a la provincia en 2012 para jugar en el club de El Bajo, donde está en la actualidad.

Un dato curioso que hace a la tradición es que en Uruguay a los chicos les decían que mientras más pasto dejaban, más grande sería el regalo. Con esa información, cuando tenía unos ocho años Gonzalo deseaba tanto una bicicleta que arrancó muchísimo césped del jardín de su abuela, quien dedicaba muchas horas a cuidar sus plantas. “Creo que ese año mis padres me contaron el verdadero origen de los Reyes porque si no, al año siguiente le rompía todo el jardín a mi pobre abuela”.

El arquero (“golero”, según el léxico charrúa) recuerda las celebraciones del 6 de enero en familia, con sus primos que vivían en la casa de su abuela y sus hermanas, una mayor y otra menor, y también deseosas de una bicicleta. “Tener una bici en esa época era la gloria. A la mía me la dejaron en la casa de mi abuela”.

 

“Me pidieron la camiseta de Juventud Unida Universitario”, contó Gonzalo.


Curiosamente no recuerda Gonzalo que en su infancia haya recibido alguna vez guantes de arquero, un regalo que es una fija para los chicos que sueñan con defender los tres palos. La explicación es que al niño le gustaba jugar en la mitad de la cancha, por eso recibió muchas pelotas en su casa. “Cuando los técnicos se dieron cuenta que no servía para jugar, me pusieron al arco”, sonríe el arquero que atajó en Peñarol, Boston River, Cerrito, Guaraní Antonio Franco y en clubes de Rumania y Grecia, antes de recalar en San Luis.

Decidido a quedarse en la provincia una vez que termine su carrera futbolística (“en esta profesión nunca se sabe”), Salgueiro estudió gastronomía y tiene un drugstore en el centro. Vuelve a Montevideo cada tanto, para visitar a su familia y, por supuesto, para las Fiestas.

Si tiene que elegir un regalo para algún chico de su familia, el arquero no duda en llevar una pelota de fútbol, sobre todo “para sacar a los pibes de tanta tecnología que los mantiene ocupados”. Por lo pronto, hace unas semanas, cuando viajó para pasar las Fiestas en su país natal, llevó para sus sobrinos de 12 y 6 años un regalo muy espacial para Reyes, a pedido de los chicos. “Me pidieron la camiseta de Juventud Unida Universitario”, contó Gonzalo.

 

ALEXIS LUGO, CUBA

"Una isla sin reyes"

¿Cómo hacen los niños de Cuba para recibir regalos si los reyes están prohibidos por el régimen comunista?

En el país de Alexis Lugo los Reyes Magos tal como se los conoce en el resto del mundo están prohibidos. El régimen que gobierna el país desterró cualquier elemento religioso de la cercanía del pueblo, aunque no pudo quitarle a los chicos la ilusión de recibir un regalo en la primera semana de enero. “Por supuesto que se celebra la llegada de los Reyes, pero de manera escondida, no hay pesebres, ni ofertas ni nada de lo que se ve por aquí”, dijo el violinista de “Xanluisxéntricos” nacido en La Habana y contrario a las ideas impuestas por la revolución cubana.
Al no haber en Cuba iglesia ni religión posible, mucho menos podría haber personajes o historias relacionadas con la Biblia en las calles. “En una situación así no existe magia posible –se quejó el músico-; la única magia que se impone es la de Marx, Engels y Lenin”. 

Sin embargo, el pueblo cubano siempre se las arregló para celebrar la llegada de los Reyes, aún sin demasiado cuidado de que se enteren las autoridades. “Los festejos son a nivel familiar, en las casas, es lindo, pero en las calles no hay ninguna referencia”.

 

“A los chicos no nos importaba nada, sólo queríamos jugar un ratito”, expresó Alexis Lugo. 

 

Ante la necesidad popular de regalar algo a los chicos en esa fecha, el gobierno cubano instituyó “El día de los juguetes”. El problema fue que por la situación comercial de la isla eran pocos los objetos para chicos que llegaban, entonces fue el Estado el que comenzó a regular la venta de juguetes para el 6 de enero. 

“El sistema de reparto era injusto porque muchas veces se sorteaba qué tipo de regalo se podía comprar. Si una familia quería una bicicleta, pero no salía sorteado para comprarla, no había forma de conseguirla, por más que los padres tuvieran el dinero”, agregó Alexis, quien dijo que las autoridades repartían los juguetes de manera aleatoria: “Si ellos te vendían un autito, tenías que irte con el autito y no se podía decir que era un regalo de los Reyes”.
 

La intención de esa disposición, explicó Lugo, era que los chicos recibieran el juguete como un regalo de la revolución. “A los chicos no nos importaba nada, sólo queríamos jugar un ratito”. Recién cuando su hija argentina –ahora de 21 añosempezó a recibir regalos, el músico supo quién era Barbie.

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