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Decisiones latinoamericanas

Latinoamérica es un inmenso laboratorio social en el que no todo es lo que parece, y si bien las alternancias ideológicas ocurren con una saludable frecuencia, aún son más frecuentes los escándalos de corrupción, los líderes que terminan en prisión y los estallidos populares a raíz de la enorme desigualdad existente.

En Chile la situación es bastante más compleja de lo que trasciende y los hechos de violencia obligaron a evacuar la Embajada Argentina en Santiago, en medio de sucesivas marchas y contramarchas en las decisiones del presidente Sebastián Piñera.

En Brasil, enormes sectores de la sociedad aplaudieron el giro judicial que permitió la libertad de Lula, en un escenario de repetidas acusaciones en contra de las políticas de Jair Bolsonaro y el avasallamiento a los derechos humanos. El gigante latinoamericano también dio la nota al votar por la continuidad del embargo de EE.UU. sobre Cuba. Un hecho que rompió el “pacto de buenos amigos” y alineó a Brasil con el conservadurismo norteamericano.

En Bolivia habrá elecciones nuevamente, luego que el Tribunal Electoral considerara la victoria de Evo Morales en primera vuelta como viciada de nulidad. Ecuador vive la feroz pelea entre el actual presidente Lenín Moreno y el expresidente Rafael Correa, asimismo acusado de varios hechos de corrupción.

Y el responsable de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas, Mark Lowcock, visitó Venezuela y dio su testimonio de la situación humanitaria que vive el país: “Durante mi primera visita a Venezuela, he visto cómo las mujeres, los hombres, los niños y las niñas se enfrentan cada día a retos abrumadores para sobrevivir. Millones de personas no pueden acceder al mínimo de alimentos, agua y atención médica. La situación continúa deteriorándose”, señaló Lowcock.

La gran mayoría de los venezolanos se vieron afectados por la crisis política y económica en el que fue el país más rico de América Latina. Una enorme contracción económica exacerbada por la hiperinflación provocó una situación muy difícil para la gente en todo el país.

Entre sus principales observaciones en el terreno, destaca el hecho de que el sistema de salud está al borde del colapso y que muchos hospitales carecen de la infraestructura básica de agua y electricidad.

“Los pacientes hospitalizados, muchos de los cuales ya están gravemente enfermos, corren un alto riesgo de perder la vida a causa de las nuevas infecciones que están adquiriendo mientras están en el hospital, ya que no es posible realizar una limpieza y desinfección básica”, afirmó el responsable de la OCHA.

Todo esto se ve agravado por la falta de medicamentos y la escasez de médicos y enfermeras para administrarlos. Las enfermedades prevenibles, como el paludismo y la difteria, volvieron con mucha fuerza. Las personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas y lactantes, niños y niñas y personas en situación de discapacidad se encuentran entre los más vulnerables, dice el informe.

Pero, el coordinador humanitario también pudo constatar la solidaridad del pueblo venezolano: “A pesar de la gravedad de la situación, también me ha impresionado la solidaridad de las personas que se apoyan mutuamente. El personal y los pacientes del hospital José Gregorio Hernández, que visité, me dijeron que los medicamentos son escasos, que los apagones han causado que sólo una quinta parte del hospital tenga electricidad, que el agua llega sólo dos días a la semana y que cuando lo hace, algunas de las tuberías oxidadas y rotas desprenden un hedor desagradable que persiste en todo el hospital. Me dijeron que algunos trabajadores del hospital gastan más de su salario mensual sólo para ir a trabajar”, añadió.

Algunas estimaciones sugieren que 4,5 millones de venezolanos viven actualmente fuera del país, la mayoría de ellos en otros países de América Latina y el Caribe. Muchas de estas personas se arriesgan a realizar viajes peligrosos, enfrentándose a la explotación sexual, la trata y el abuso.

El alto funcionario de la ONU destacó que, en sus reuniones con miembros del Gobierno y de la Asamblea Nacional, encontró que, pese a las divisiones políticas, hay una voluntad común de abordar la situación humanitaria. Ambas partes, además, “apoyaron plenamente” el Plan de Respuesta Humanitaria, elaborado este año por las Naciones Unidas, y se comprometieron a seguir respaldándolo.

América Latina vive, respira, marcha por sus derechos y avanza en un mundo global donde los objetivos son claros, pero los caminos para alcanzarlos son más que arduos.

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Latinoamérica es un inmenso laboratorio social en el que no todo es lo que parece, y si bien las alternancias ideológicas ocurren con una saludable frecuencia, aún son más frecuentes los escándalos de corrupción, los líderes que terminan en prisión y los estallidos populares a raíz de la enorme desigualdad existente.

En Chile la situación es bastante más compleja de lo que trasciende y los hechos de violencia obligaron a evacuar la Embajada Argentina en Santiago, en medio de sucesivas marchas y contramarchas en las decisiones del presidente Sebastián Piñera.

En Brasil, enormes sectores de la sociedad aplaudieron el giro judicial que permitió la libertad de Lula, en un escenario de repetidas acusaciones en contra de las políticas de Jair Bolsonaro y el avasallamiento a los derechos humanos. El gigante latinoamericano también dio la nota al votar por la continuidad del embargo de EE.UU. sobre Cuba. Un hecho que rompió el “pacto de buenos amigos” y alineó a Brasil con el conservadurismo norteamericano.

En Bolivia habrá elecciones nuevamente, luego que el Tribunal Electoral considerara la victoria de Evo Morales en primera vuelta como viciada de nulidad. Ecuador vive la feroz pelea entre el actual presidente Lenín Moreno y el expresidente Rafael Correa, asimismo acusado de varios hechos de corrupción.

Y el responsable de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas, Mark Lowcock, visitó Venezuela y dio su testimonio de la situación humanitaria que vive el país: “Durante mi primera visita a Venezuela, he visto cómo las mujeres, los hombres, los niños y las niñas se enfrentan cada día a retos abrumadores para sobrevivir. Millones de personas no pueden acceder al mínimo de alimentos, agua y atención médica. La situación continúa deteriorándose”, señaló Lowcock.

La gran mayoría de los venezolanos se vieron afectados por la crisis política y económica en el que fue el país más rico de América Latina. Una enorme contracción económica exacerbada por la hiperinflación provocó una situación muy difícil para la gente en todo el país.

Entre sus principales observaciones en el terreno, destaca el hecho de que el sistema de salud está al borde del colapso y que muchos hospitales carecen de la infraestructura básica de agua y electricidad.

“Los pacientes hospitalizados, muchos de los cuales ya están gravemente enfermos, corren un alto riesgo de perder la vida a causa de las nuevas infecciones que están adquiriendo mientras están en el hospital, ya que no es posible realizar una limpieza y desinfección básica”, afirmó el responsable de la OCHA.

Todo esto se ve agravado por la falta de medicamentos y la escasez de médicos y enfermeras para administrarlos. Las enfermedades prevenibles, como el paludismo y la difteria, volvieron con mucha fuerza. Las personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas y lactantes, niños y niñas y personas en situación de discapacidad se encuentran entre los más vulnerables, dice el informe.

Pero, el coordinador humanitario también pudo constatar la solidaridad del pueblo venezolano: “A pesar de la gravedad de la situación, también me ha impresionado la solidaridad de las personas que se apoyan mutuamente. El personal y los pacientes del hospital José Gregorio Hernández, que visité, me dijeron que los medicamentos son escasos, que los apagones han causado que sólo una quinta parte del hospital tenga electricidad, que el agua llega sólo dos días a la semana y que cuando lo hace, algunas de las tuberías oxidadas y rotas desprenden un hedor desagradable que persiste en todo el hospital. Me dijeron que algunos trabajadores del hospital gastan más de su salario mensual sólo para ir a trabajar”, añadió.

Algunas estimaciones sugieren que 4,5 millones de venezolanos viven actualmente fuera del país, la mayoría de ellos en otros países de América Latina y el Caribe. Muchas de estas personas se arriesgan a realizar viajes peligrosos, enfrentándose a la explotación sexual, la trata y el abuso.

El alto funcionario de la ONU destacó que, en sus reuniones con miembros del Gobierno y de la Asamblea Nacional, encontró que, pese a las divisiones políticas, hay una voluntad común de abordar la situación humanitaria. Ambas partes, además, “apoyaron plenamente” el Plan de Respuesta Humanitaria, elaborado este año por las Naciones Unidas, y se comprometieron a seguir respaldándolo.

América Latina vive, respira, marcha por sus derechos y avanza en un mundo global donde los objetivos son claros, pero los caminos para alcanzarlos son más que arduos.

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