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Un Plan Ganadero para poder seguir creciendo

Marcelo Dettoni

La agroindustria ubicada en Buena Esperanza comprometió una inversión de 260 millones de pesos en tres años para construir 12 corrales de engorde techados con todas las normas de bienestar animal. A cambio, recibirá una reducción impositiva.

Fomentar actividades productivas es una de las tareas indelegables de los gobiernos. Es el Estado con sus recursos, que provienen del aporte de los ciudadanos, el que mejores condiciones tiene para dar ese "empujoncito" que a veces hace falta para poder arrancar con un proyecto, o para poder sostenerlo en tiempos en los que la economía no ayuda, como ocurre cíclicamente en la Argentina, cada vez más seguido.

El fomento muchas veces está pensado para ayudar al pequeño productor, por una lógica cuestión de que es el que más lo necesita por su reducida escala y los volúmenes que maneja en un contexto familiar. San Luis lo entiende así y por eso desarrolla de manera permanente planes para ese universo, como “Una Familia, Una Huerta”, que favorece la construcción de espacios verdes con alimentos frescos en las casas y las escuelas; la Feria de Pequeños y Medianos Productos para que puedan comercializar sus materias primas en mejores condiciones ante el público de las grandes ciudades; el Plan Toros para criadores de menos de cien vientres que evita la propagación de enfermedades venéreas y repone los reproductores enfermos; el Plan Pasturas para aumentar el forraje en el Departamento Dupuy y en general todos los planes sanitarios para productores de ovejas, cabras y cerdos, que en su mayoría son de baja escala.


Buena genética.  Los novillos de raza Aberdeen Angus en los corrales abiertos de la firma. A partir del Plan Ganadero, el engorde comenzará a ser bajo techo.

 

Pero en realidad cualquier gobierno no debe ajustar su mira solo al sector más desfavorecido. Es posible aplicar políticas proactivas hacia diversos estratos sociales y empresariales, organizaciones que "mueven la aguja" de manera más consistente en la economía de una provincia y son grandes generadoras de trabajo calificado.

Hacia este estrato está dirigido el Plan Ganadero, que nació en 2004 gracias a una ley votada en la Legislatura y permite a empresas de mediana y gran envergadura comprometer inversiones a cambio de un descuento en los impuestos provinciales a lo largo de 15 años. A más dinero destinado por los privados, mejores serán las condiciones impositivas, con quitas que van disminuyendo a lo largo de esa década y media, mientras que las inversiones deben concretar en un plazo mucho menor, que suele rondar los tres años. Es un ganar-ganar para ambas partes.

Ese costo fiscal se ve largamente recompensado con la generación de proyectos que aumentan la capacidad productiva y generan mano de obra local para seguir desarrollando el trabajo en el campo ganando en volumen, facilitando el arraigo rural y posicionando a San Luis como una potencia ganadera en el ámbito nacional gracias a la calidad de su hacienda, que ya logró incluso llegar de manera directa a China con carne premium.

El último Plan Ganadero que otorgó la provincia fue a manos de una de las agroindustrias más importantes radicadas en San Luis, Tigonbu SA, un gigante que viene haciendo las cosas bien desde que se instaló en Buena Esperanza, hace más de dos décadas atrás, porque además de aplicar la mejor tecnología en el campo, está generando energías limpias a un ritmo sostenido, lo que la hace más amigable con el ambiente y le abrió nuevos mercados nacionales e internacionales para su carne y su producción de electricidad y energía térmica.

 

En el feedlot tienen 30 mil novillos y 1.200 vacas y vaquillonas. De allí surge la carne que exportan a China. La idea, a futuro, es brindar el servicio de hotelería.

 

Pero como se trata de un proyecto que debe estar orientado a la ganadería, lo que se comprometió a hacer Tigonbu SA en su establecimiento Huelucan fue una nueva serie de corrales con todo el confort imaginable para mejorar aun más sus índices productivos. Para ello comprometió una inversión de 260 millones de pesos, con una deducción de impuestos provinciales (Sellos e Ingresos Brutos) que se acercará al cabo de los años a un 10%.

Como decíamos líneas arriba, la ecuación cierra para ambas partes. A la empresa porque verá recompensado su esfuerzo con la quita, y a San Luis porque asegura la presencia de Tigonbu SA y podrá beneficiarse con el ingreso de divisas vía exportaciones de carne a partir de las mejoras impuestas en el eslabón del engorde y la terminación. Esto sin contar que la firma duplicará su plantel de personal en el área ganadera, donde tiene 17 operarios trabajando y sumará 15 más, todos vecinos de Buena Esperanza y parajes circundantes, que además recibirán capacitación para ejercer sus tareas.

La inversión estará dirigida a la construcción de 12 corrales techados, con pisos de hormigón y capacidad para poco más de 30 mil cabezas. Hará a razón de cuatro corrales por año, ya que los trabajos deben estar concluidos luego de 36 meses. Los techos serán tinglados a dos aguas de 172 metros de largo por 26,5 de ancho, con ventilación en cumbrera tipo sombrero, más 38 pórticos. Tendrán todas las comodidades que dictan las normas de bienestar animal en cuanto a la confección de los pisos y la distribución de las aguadas.

 

Aopyo. Hernán Mosetti, el gerente de Tigonbu S.A. muestra el decreto firmado por Sergio Freixes, el ministro de Produción.

 

Además, la empresa ya compró en Alemania los primeros 12 scrapers, que son unos aparatos de acero inoxidable que hacen un prolijo barrido de los corrales para extraer la bosta, que luego usará para alimentar los biodigestores de su flamante planta de producción de biogás, que va a estrenar el mes que viene. Los scrapers se mueven a una velocidad de seis metros por minuto, lo que les da tiempo a los animales de evitarlos, por lo que la limpieza de los corrales se puede hacer con ellos adentro, sin molestarlos ni perturbar su estadía.

Habrá 12 en cada corral, ocho de ellos de cinco metros de ancho para los corrales propiamente dichos y otros cuatro de dos metros, más angostos, que conducirán el estiércol por la canaleta central hasta sacarlo de la construcción. Como el primer espacio techado ya está casi listo, esperan arrancar 2020 con animales adentro, mientras ya arrancaron con el armado del segundo, por ahora con el aplanado del suelo y el paso de cables de media tensión para alimentar toda la maquinaria.

La recorrida por la planta fue conducida por Hernán Mosetti, el gerente general de la empresa, quien también estuvo acompañado por este cronista y por Juan Manuel Celi Preti, el jefe del Subprograma Producción Pecuaria del Ministerio de Producción, quien fue el encargado de entregarle el decreto de aprobación del Plan Ganadero, firmado por el ministro Sergio Freixes. Celi Preti es el encargado, además, del monitoreo del cumplimiento de las normas que establece el compromiso de inversión, por lo que debe hacer visitas periódicas a cada beneficiario.

“Estamos en San Luis desde los años ’90 y siempre nos sentimos escuchados por el gobierno provincial, nos abrieron las puertas de entrada y se pusieron a disposición para ayudar en lo que nos hiciera falta. Es algo que valoramos y por eso tratamos de devolver tanta generosidad con obras sociales, como el apoyo irrestricto a la escuela agrotécnica de Buena Esperanza, a la que consideramos una verdadera fábrica de talentos que en el futuro nos va a proveer de buenos empleados para seguir mejorando”, aseguró el directivo.

Los alumnos de la escuela generativa que abrió el año pasado cruzan seguido la autopista 55 y se internan en los campos de Tigonbu SA para aprender todos los trabajos que realizan los operarios. Es una verdadera clase práctica a cielo abierto que los va formando y les da herramientas para poder aspirar a un trabajo de calidad en el corto plazo. “Apuntamos a una producción sustentable, a trabajar con la comunidad y a aportar divisas a la provincia, que es muy ejecutiva, no se anda con vueltas, tanto que este Plan Ganadero salió en apenas dos meses, jamás pensamos que iba a ser tan rápido. En Córdoba, nuestra provincia de origen, un ministro tarda mucho más en atenderte, si es que alguna vez lo hace”, completó Mosetti.

 

Un microclima productivo

Desde el inmenso portón corredizo de ingreso, todo es prolijidad en el enorme predio del establecimiento Huelucan, donde hay 6.350 hectáreas laborables, con tareas que incluyen agricultura, ganadería y generación de energías limpias, más otras 1.650 de monte natural, un requisito que imponen las leyes de San Luis para conservar el bosque nativo.

El maíz es una de las estrellas, ya que es la materia prima con la que fabrican bioetanol y ahora también biogás. Además es la base del alimento para la hacienda bovina. La otra por supuesto que es la ganadería, con la que hacen el ciclo completo y terminan produciendo carne para el mercado local y, desde hace un par de meses, para enviar a China. Pero no como la mayoría, que exporta vacas, sobre todo garrón y brazuelo, dos cortes baratos que son de alto consumo en el gigante asiático. Tigonbu SA decidió ir más allá y enviar cortes premium: peceto, cuadril, lomo, con una integración más efectiva de la media res.

 

 

Como el negocio con los chinos ya está en marcha, crearon dos marcas propias (T-Beef y Gombu) para desembarcar en el mercado que apetecen todos. Fue fruto del trabajo del dueño de la firma, Gastón González, y del propio Mosetti, que tiene en su pasaporte varios sellos de ingreso a ese país, ya sea para reuniones de negocios o para participar en ferias internacionales como la SIAL, la más grande del mundo, un nicho ideal para cerrar grandes tratos comerciales.

Tienen dos clientes en el mercado asiático, uno que les lleva novillos de 480 kilos y otro que los prefiere más pesados, de 550. “Integramos muy bien la media res, son cortes congelados sin hueso, de animales que tuvieron una terminación de 200 días en el feedlot, donde entran con 180 kilos”, detalla Mateo Bustamante, el encargado de la exportación. La faena, luego de peregrinar por varias plantas habilitadas por China que querían el negocio para ellas y no solo hacer la matanza, por lo que rechazaron el encargo, la hacen en un frigorífico de Alejandro Korn, en la provincia de Buenos Aires. “Fue muy complicado, ojalá en algún momento podamos hacer una planta de faena propia para no depender de terceros”, asegura Bustamante.

La venta de carne a China aceleró los tiempos y facilitó el recibo del Plan Ganadero, ya que San Luis ve con buenos ojos que una firma local pueda participar de las grandes ligas en este sector, el que más creció dentro del paupérrimo gobierno de Mauricio Macri, con el que la mayoría de los indicadores económicos quedaron en rojo. Sin embargo las exportaciones de carne dieron un salto inmenso gracias a uno de los pocos aciertos, como fue quitar las trabas que había dejado la gestión kirchnerista en su afán de alimentar la "mesa de los argentinos" sin que se disparara el precio de la carne.

El Plan Ganadero, más allá de las facilidades para invertir, tiene un alto impacto social, porque busca la mejora de la calidad de vida del poblador rural en cuanto a salud, educación, vivienda y capacitaciones. Con trabajo estable y en blanco como el que otorga Tigonbu SA, son metas más que posibles de cumplir.

Y después está la multiplicación de la mano de obra en una industria, como la de la producción de carne, que requiere de muchos trabajadores. No es como la agricultura, donde la tecnificación está desplazando a los peones rurales, a los bovinos hay que atenderlos las 24 horas y los 365 días del año. Y en Buena Esperanza hay muchísimos, todos de raza Aberdeen Angus colorado con una genética de excelencia: 30.000 novillos de 550 kilos de promedio, 500 vaquillonas de descarte (400 kilos) y 700 vacas de refugo (450) solo en el feedlot, una hacienda que será la gran "beneficiada" con los nuevos corrales. Pero además, como tienen el ciclo completo, hacen la cría, donde pastan de manera permanente 960 terneros hasta lograr los 170 kilos buscados, unas 1.000 terneras apenas un poco más livianas y 325 vacas de 450 kilos, animales que ya fueron madres y están en condiciones de serlo de nuevo.

“En el Plan Ganadero nos comprometimos a aumentar la superficie productiva a unas 8.000 hectáreas, la mitad para la hacienda y la otra mitad para el maíz, con agricultura en secano como es tradicional en el sur de San Luis. Si todo va como está proyectado, para la campaña agrícola 2022/23 tendríamos que estar en un rinde de 65 quintales por hectárea con el maíz, que es nuestro insumo principal”, imagina Mosetti, amigo personal de González desde que eran adolescentes en su Río Cuarto natal. “Yo no sabía nada sobre cómo manejar una agroindustria, ni de campo, ni de vacas, todo lo aprendí de la mano de Gastón”, reconoce.

En la parte agrícola se manejan con agricultura de precisión por ambientes, usan semillas híbridas, rotan los lotes con cultivos, hacen siembra directa e implantan vicia desde hace algunos años con el objetivo de fijar el nitrógeno al suelo y mejorar los rindes, además de lograr sustentabilidad.

Números de la ganadería

La ganadería en general tiene casi 7.400 cabezas, con 2.200 vacas de cría más unas 270 Puras Controladas que son fruto de la exhaustiva selección que hacen para la cabaña. Además, hay 1.260 vaquillonas, 3.600 terneros, 280 toros y 180 novillos. Hacen un servicio estacionado de noviembre a enero con inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), con destete entre abril y mayo. Los tienen en potreros rotativos con un forraje compuesto por pasturas perennes, verdeos y alfalfas, llorones, sorgos diferidos, agropiro y rastrojos de maíz.

Tras el destete, los terneros pasan a lotes con sorgo forrajero y alfalfa hasta mayo, después a verdeos de invierno hasta octubre o noviembre, según como haya resultado el invierno, y a los 15 meses las hembras ingresan en el proceso de selección. La inseminación, que incluye unas 1.200 vaquillonas por año, la llevan adelante con toros con facilidad de parto. Esas hembras van a lotes con alfalfa hasta enero, luego a un sorgo forrajero más una suplementación con fibra y rollos de alfalfa. Unas 1.500 terminan en el rodeo general, el resto va a servicio natural de 90 días.

Tienen un promedio histórico de preñez del 90%, el de parición orilla el 88%, el de destete el 85% y la mortalidad es muy baja, apenas del 1,5%. La hacienda en los corrales de engorde tiene una ganancia de peso diario de 1,2 kilo. “Son buenos índices, pero con el Plan Ganadero creo que los podremos subir aun un poco más, porque los nuevos corrales tienen todo el bienestar que necesitan los animales como para producir sin contratiempos”, se entusiasma el gerente general de Tigonbu SA.

Justamente de la mano del Plan Ganadero prevén incorporar buenas prácticas agrícolas a corto plazo, manejarse con biofertilizantes en materia agrícola y apuntar al valor agregado con la fabricación de aceite de maíz y biodiésel para lograr un completo autoabastecimiento energético. Ya hacen agricultura de precisión por ambientes y la idea es ampliarla con las mejores tecnologías disponibles en el país. Todo esto está contemplado en el plan que presentaron al Gobierno para solicitar la exención impositiva.

También hicieron una proyección del impacto ecológico, que incluye un manejo racional del pastizal natural, la recuperación del que esté degradado, la recuperación de suelos salinos con siembra de agropiro y melilotus más un ambicioso plan de forestación y el aprovechamiento del agua subterránea, ya que la napa freática está a un metro y medio, pero es agua de mala calidad, muy salina, y además escasa. “Hay un impacto productivo que también medimos y nos dice que podemos subir de los actuales 160 kilos de producción de carne por hectárea hasta los 190; y un leve incremento del índice de preñez hasta llegar al 92%”, añadió Mosetti.

 

 

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Un Plan Ganadero para poder seguir creciendo

La agroindustria ubicada en Buena Esperanza comprometió una inversión de 260 millones de pesos en tres años para construir 12 corrales de engorde techados con todas las normas de bienestar animal. A cambio, recibirá una reducción impositiva.

Apoyo. Hernán Mosetti (izquierda), el gerente general de Tigonbu SA, muestra el decreto firmado por Sergio Freixes, el ministro de Producción, que habilita al Plan Ganadero. A su lado, Juan Manuel Celi Preti, el jefe del Subprograma Producción Pecuaria. 

Fomentar actividades productivas es una de las tareas indelegables de los gobiernos. Es el Estado con sus recursos, que provienen del aporte de los ciudadanos, el que mejores condiciones tiene para dar ese "empujoncito" que a veces hace falta para poder arrancar con un proyecto, o para poder sostenerlo en tiempos en los que la economía no ayuda, como ocurre cíclicamente en la Argentina, cada vez más seguido.

El fomento muchas veces está pensado para ayudar al pequeño productor, por una lógica cuestión de que es el que más lo necesita por su reducida escala y los volúmenes que maneja en un contexto familiar. San Luis lo entiende así y por eso desarrolla de manera permanente planes para ese universo, como “Una Familia, Una Huerta”, que favorece la construcción de espacios verdes con alimentos frescos en las casas y las escuelas; la Feria de Pequeños y Medianos Productos para que puedan comercializar sus materias primas en mejores condiciones ante el público de las grandes ciudades; el Plan Toros para criadores de menos de cien vientres que evita la propagación de enfermedades venéreas y repone los reproductores enfermos; el Plan Pasturas para aumentar el forraje en el Departamento Dupuy y en general todos los planes sanitarios para productores de ovejas, cabras y cerdos, que en su mayoría son de baja escala.


Buena genética.  Los novillos de raza Aberdeen Angus en los corrales abiertos de la firma. A partir del Plan Ganadero, el engorde comenzará a ser bajo techo.

 

Pero en realidad cualquier gobierno no debe ajustar su mira solo al sector más desfavorecido. Es posible aplicar políticas proactivas hacia diversos estratos sociales y empresariales, organizaciones que "mueven la aguja" de manera más consistente en la economía de una provincia y son grandes generadoras de trabajo calificado.

Hacia este estrato está dirigido el Plan Ganadero, que nació en 2004 gracias a una ley votada en la Legislatura y permite a empresas de mediana y gran envergadura comprometer inversiones a cambio de un descuento en los impuestos provinciales a lo largo de 15 años. A más dinero destinado por los privados, mejores serán las condiciones impositivas, con quitas que van disminuyendo a lo largo de esa década y media, mientras que las inversiones deben concretar en un plazo mucho menor, que suele rondar los tres años. Es un ganar-ganar para ambas partes.

Ese costo fiscal se ve largamente recompensado con la generación de proyectos que aumentan la capacidad productiva y generan mano de obra local para seguir desarrollando el trabajo en el campo ganando en volumen, facilitando el arraigo rural y posicionando a San Luis como una potencia ganadera en el ámbito nacional gracias a la calidad de su hacienda, que ya logró incluso llegar de manera directa a China con carne premium.

El último Plan Ganadero que otorgó la provincia fue a manos de una de las agroindustrias más importantes radicadas en San Luis, Tigonbu SA, un gigante que viene haciendo las cosas bien desde que se instaló en Buena Esperanza, hace más de dos décadas atrás, porque además de aplicar la mejor tecnología en el campo, está generando energías limpias a un ritmo sostenido, lo que la hace más amigable con el ambiente y le abrió nuevos mercados nacionales e internacionales para su carne y su producción de electricidad y energía térmica.

 

En el feedlot tienen 30 mil novillos y 1.200 vacas y vaquillonas. De allí surge la carne que exportan a China. La idea, a futuro, es brindar el servicio de hotelería.

 

Pero como se trata de un proyecto que debe estar orientado a la ganadería, lo que se comprometió a hacer Tigonbu SA en su establecimiento Huelucan fue una nueva serie de corrales con todo el confort imaginable para mejorar aun más sus índices productivos. Para ello comprometió una inversión de 260 millones de pesos, con una deducción de impuestos provinciales (Sellos e Ingresos Brutos) que se acercará al cabo de los años a un 10%.

Como decíamos líneas arriba, la ecuación cierra para ambas partes. A la empresa porque verá recompensado su esfuerzo con la quita, y a San Luis porque asegura la presencia de Tigonbu SA y podrá beneficiarse con el ingreso de divisas vía exportaciones de carne a partir de las mejoras impuestas en el eslabón del engorde y la terminación. Esto sin contar que la firma duplicará su plantel de personal en el área ganadera, donde tiene 17 operarios trabajando y sumará 15 más, todos vecinos de Buena Esperanza y parajes circundantes, que además recibirán capacitación para ejercer sus tareas.

La inversión estará dirigida a la construcción de 12 corrales techados, con pisos de hormigón y capacidad para poco más de 30 mil cabezas. Hará a razón de cuatro corrales por año, ya que los trabajos deben estar concluidos luego de 36 meses. Los techos serán tinglados a dos aguas de 172 metros de largo por 26,5 de ancho, con ventilación en cumbrera tipo sombrero, más 38 pórticos. Tendrán todas las comodidades que dictan las normas de bienestar animal en cuanto a la confección de los pisos y la distribución de las aguadas.

 

Aopyo. Hernán Mosetti, el gerente de Tigonbu S.A. muestra el decreto firmado por Sergio Freixes, el ministro de Produción.

 

Además, la empresa ya compró en Alemania los primeros 12 scrapers, que son unos aparatos de acero inoxidable que hacen un prolijo barrido de los corrales para extraer la bosta, que luego usará para alimentar los biodigestores de su flamante planta de producción de biogás, que va a estrenar el mes que viene. Los scrapers se mueven a una velocidad de seis metros por minuto, lo que les da tiempo a los animales de evitarlos, por lo que la limpieza de los corrales se puede hacer con ellos adentro, sin molestarlos ni perturbar su estadía.

Habrá 12 en cada corral, ocho de ellos de cinco metros de ancho para los corrales propiamente dichos y otros cuatro de dos metros, más angostos, que conducirán el estiércol por la canaleta central hasta sacarlo de la construcción. Como el primer espacio techado ya está casi listo, esperan arrancar 2020 con animales adentro, mientras ya arrancaron con el armado del segundo, por ahora con el aplanado del suelo y el paso de cables de media tensión para alimentar toda la maquinaria.

La recorrida por la planta fue conducida por Hernán Mosetti, el gerente general de la empresa, quien también estuvo acompañado por este cronista y por Juan Manuel Celi Preti, el jefe del Subprograma Producción Pecuaria del Ministerio de Producción, quien fue el encargado de entregarle el decreto de aprobación del Plan Ganadero, firmado por el ministro Sergio Freixes. Celi Preti es el encargado, además, del monitoreo del cumplimiento de las normas que establece el compromiso de inversión, por lo que debe hacer visitas periódicas a cada beneficiario.

“Estamos en San Luis desde los años ’90 y siempre nos sentimos escuchados por el gobierno provincial, nos abrieron las puertas de entrada y se pusieron a disposición para ayudar en lo que nos hiciera falta. Es algo que valoramos y por eso tratamos de devolver tanta generosidad con obras sociales, como el apoyo irrestricto a la escuela agrotécnica de Buena Esperanza, a la que consideramos una verdadera fábrica de talentos que en el futuro nos va a proveer de buenos empleados para seguir mejorando”, aseguró el directivo.

Los alumnos de la escuela generativa que abrió el año pasado cruzan seguido la autopista 55 y se internan en los campos de Tigonbu SA para aprender todos los trabajos que realizan los operarios. Es una verdadera clase práctica a cielo abierto que los va formando y les da herramientas para poder aspirar a un trabajo de calidad en el corto plazo. “Apuntamos a una producción sustentable, a trabajar con la comunidad y a aportar divisas a la provincia, que es muy ejecutiva, no se anda con vueltas, tanto que este Plan Ganadero salió en apenas dos meses, jamás pensamos que iba a ser tan rápido. En Córdoba, nuestra provincia de origen, un ministro tarda mucho más en atenderte, si es que alguna vez lo hace”, completó Mosetti.

 

Un microclima productivo

Desde el inmenso portón corredizo de ingreso, todo es prolijidad en el enorme predio del establecimiento Huelucan, donde hay 6.350 hectáreas laborables, con tareas que incluyen agricultura, ganadería y generación de energías limpias, más otras 1.650 de monte natural, un requisito que imponen las leyes de San Luis para conservar el bosque nativo.

El maíz es una de las estrellas, ya que es la materia prima con la que fabrican bioetanol y ahora también biogás. Además es la base del alimento para la hacienda bovina. La otra por supuesto que es la ganadería, con la que hacen el ciclo completo y terminan produciendo carne para el mercado local y, desde hace un par de meses, para enviar a China. Pero no como la mayoría, que exporta vacas, sobre todo garrón y brazuelo, dos cortes baratos que son de alto consumo en el gigante asiático. Tigonbu SA decidió ir más allá y enviar cortes premium: peceto, cuadril, lomo, con una integración más efectiva de la media res.

 

 

Como el negocio con los chinos ya está en marcha, crearon dos marcas propias (T-Beef y Gombu) para desembarcar en el mercado que apetecen todos. Fue fruto del trabajo del dueño de la firma, Gastón González, y del propio Mosetti, que tiene en su pasaporte varios sellos de ingreso a ese país, ya sea para reuniones de negocios o para participar en ferias internacionales como la SIAL, la más grande del mundo, un nicho ideal para cerrar grandes tratos comerciales.

Tienen dos clientes en el mercado asiático, uno que les lleva novillos de 480 kilos y otro que los prefiere más pesados, de 550. “Integramos muy bien la media res, son cortes congelados sin hueso, de animales que tuvieron una terminación de 200 días en el feedlot, donde entran con 180 kilos”, detalla Mateo Bustamante, el encargado de la exportación. La faena, luego de peregrinar por varias plantas habilitadas por China que querían el negocio para ellas y no solo hacer la matanza, por lo que rechazaron el encargo, la hacen en un frigorífico de Alejandro Korn, en la provincia de Buenos Aires. “Fue muy complicado, ojalá en algún momento podamos hacer una planta de faena propia para no depender de terceros”, asegura Bustamante.

La venta de carne a China aceleró los tiempos y facilitó el recibo del Plan Ganadero, ya que San Luis ve con buenos ojos que una firma local pueda participar de las grandes ligas en este sector, el que más creció dentro del paupérrimo gobierno de Mauricio Macri, con el que la mayoría de los indicadores económicos quedaron en rojo. Sin embargo las exportaciones de carne dieron un salto inmenso gracias a uno de los pocos aciertos, como fue quitar las trabas que había dejado la gestión kirchnerista en su afán de alimentar la "mesa de los argentinos" sin que se disparara el precio de la carne.

El Plan Ganadero, más allá de las facilidades para invertir, tiene un alto impacto social, porque busca la mejora de la calidad de vida del poblador rural en cuanto a salud, educación, vivienda y capacitaciones. Con trabajo estable y en blanco como el que otorga Tigonbu SA, son metas más que posibles de cumplir.

Y después está la multiplicación de la mano de obra en una industria, como la de la producción de carne, que requiere de muchos trabajadores. No es como la agricultura, donde la tecnificación está desplazando a los peones rurales, a los bovinos hay que atenderlos las 24 horas y los 365 días del año. Y en Buena Esperanza hay muchísimos, todos de raza Aberdeen Angus colorado con una genética de excelencia: 30.000 novillos de 550 kilos de promedio, 500 vaquillonas de descarte (400 kilos) y 700 vacas de refugo (450) solo en el feedlot, una hacienda que será la gran "beneficiada" con los nuevos corrales. Pero además, como tienen el ciclo completo, hacen la cría, donde pastan de manera permanente 960 terneros hasta lograr los 170 kilos buscados, unas 1.000 terneras apenas un poco más livianas y 325 vacas de 450 kilos, animales que ya fueron madres y están en condiciones de serlo de nuevo.

“En el Plan Ganadero nos comprometimos a aumentar la superficie productiva a unas 8.000 hectáreas, la mitad para la hacienda y la otra mitad para el maíz, con agricultura en secano como es tradicional en el sur de San Luis. Si todo va como está proyectado, para la campaña agrícola 2022/23 tendríamos que estar en un rinde de 65 quintales por hectárea con el maíz, que es nuestro insumo principal”, imagina Mosetti, amigo personal de González desde que eran adolescentes en su Río Cuarto natal. “Yo no sabía nada sobre cómo manejar una agroindustria, ni de campo, ni de vacas, todo lo aprendí de la mano de Gastón”, reconoce.

En la parte agrícola se manejan con agricultura de precisión por ambientes, usan semillas híbridas, rotan los lotes con cultivos, hacen siembra directa e implantan vicia desde hace algunos años con el objetivo de fijar el nitrógeno al suelo y mejorar los rindes, además de lograr sustentabilidad.

Números de la ganadería

La ganadería en general tiene casi 7.400 cabezas, con 2.200 vacas de cría más unas 270 Puras Controladas que son fruto de la exhaustiva selección que hacen para la cabaña. Además, hay 1.260 vaquillonas, 3.600 terneros, 280 toros y 180 novillos. Hacen un servicio estacionado de noviembre a enero con inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), con destete entre abril y mayo. Los tienen en potreros rotativos con un forraje compuesto por pasturas perennes, verdeos y alfalfas, llorones, sorgos diferidos, agropiro y rastrojos de maíz.

Tras el destete, los terneros pasan a lotes con sorgo forrajero y alfalfa hasta mayo, después a verdeos de invierno hasta octubre o noviembre, según como haya resultado el invierno, y a los 15 meses las hembras ingresan en el proceso de selección. La inseminación, que incluye unas 1.200 vaquillonas por año, la llevan adelante con toros con facilidad de parto. Esas hembras van a lotes con alfalfa hasta enero, luego a un sorgo forrajero más una suplementación con fibra y rollos de alfalfa. Unas 1.500 terminan en el rodeo general, el resto va a servicio natural de 90 días.

Tienen un promedio histórico de preñez del 90%, el de parición orilla el 88%, el de destete el 85% y la mortalidad es muy baja, apenas del 1,5%. La hacienda en los corrales de engorde tiene una ganancia de peso diario de 1,2 kilo. “Son buenos índices, pero con el Plan Ganadero creo que los podremos subir aun un poco más, porque los nuevos corrales tienen todo el bienestar que necesitan los animales como para producir sin contratiempos”, se entusiasma el gerente general de Tigonbu SA.

Justamente de la mano del Plan Ganadero prevén incorporar buenas prácticas agrícolas a corto plazo, manejarse con biofertilizantes en materia agrícola y apuntar al valor agregado con la fabricación de aceite de maíz y biodiésel para lograr un completo autoabastecimiento energético. Ya hacen agricultura de precisión por ambientes y la idea es ampliarla con las mejores tecnologías disponibles en el país. Todo esto está contemplado en el plan que presentaron al Gobierno para solicitar la exención impositiva.

También hicieron una proyección del impacto ecológico, que incluye un manejo racional del pastizal natural, la recuperación del que esté degradado, la recuperación de suelos salinos con siembra de agropiro y melilotus más un ambicioso plan de forestación y el aprovechamiento del agua subterránea, ya que la napa freática está a un metro y medio, pero es agua de mala calidad, muy salina, y además escasa. “Hay un impacto productivo que también medimos y nos dice que podemos subir de los actuales 160 kilos de producción de carne por hectárea hasta los 190; y un leve incremento del índice de preñez hasta llegar al 92%”, añadió Mosetti.

 

 

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