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Obesidad y desnutrición, dos caras de la misma moneda

Por redacción
| 19 de diciembre de 2019

Cerca de 2.300 millones de personas de todas las edades tienen exceso de peso, y más de 150 millones de niños padecen retraso del crecimiento, detalló un estudio dado a conocer por la revista médica The Lancet. Aunque las cifras son globales, al impacto mayor lo sufren los países más pobres.

 

La publicación también advierte que los parásitos y la desnutrición, así como la obesidad, pueden afectar a varias generaciones. Desde el Departamento de Nutrición y Desarrollo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), principal autor del informe, se alertó sobre la nueva realidad nutricional que enfrenta toda la población del planeta.

 

“Ya no podemos clasificar a los países como de bajos ingresos y mala nutrición o renta alta y con obesidad”, explica el informe. “Todas las formas de malnutrición tienen un denominador común: sistemas alimentarios que no pueden ofrecer a todas las personas una alimentación saludable, inocua, asequible y sostenible”, agregó.

 

Según la OMS, para cambiar este panorama se requieren medidas en todas las etapas de los sistemas alimentarios: desde la producción y el procesado, pasando por el comercio y la distribución, la fijación de precios, la comercialización y el etiquetado, hasta el consumo y los desechos de alimentos.“Todas las inversiones y políticas pertinentes deben reexaminarse radicalmente”, consideraron.

 

El estudio recomienda dietas de alta calidad para combatir ambos problemas sanitarios. Los componentes de una alimentación sana listados son: la lactancia materna durante los dos primeros años de vida; la diversidad y abundancia de frutas y hortalizas, cereales integrales, fibra, frutos secos y semillas; el poco consumo de carne y otros productos de origen animal; consumir cantidades mínimas de carne procesada y de alimentos y bebidas de alto contenido calórico; y evitar productos a los que se haya añadido azúcar, grasa saturada, grasas trans y sal.

 

No obstante, las pautas de una buena alimentación —los sistemas alimentarios de muchos países incrementaron la disponibilidad de productos ultraprocesados vinculados a un mayor aumento de peso— disminuyeron la cantidad de mercados con alimentos frescos y redujeron el control de la cadena de suministro de los supermercados.

 

El documento advierte que la exposición a la desnutrición en los primeros años de vida, seguida por el sobrepeso a partir de la niñez, incrementa el riesgo de padecer diferentes enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2, la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares y los padecimientos cardiovasculares.

 

Los efectos negativos pueden, además, transmitirse de una generación a otra: por ejemplo, el efecto de la obesidad materna en la probabilidad de que el niño sea obeso puede exacerbarse si la madre estuvo subalimentada en las primeras etapas de su vida.

 

El informe indica que, históricamente, las medidas para abordar las distintas formas de malnutrición en general no han tenido en cuenta factores importantes como la nutrición en la primera infancia, la calidad de la alimentación, los factores socioeconómicos y los entornos alimentarios.

 

Señala, asimismo, que existen algunas pruebas de que los programas contra la desnutrición han incrementado involuntariamente los riesgos de obesidad y de enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación en los países de ingresos bajos y medios, en los que los entornos alimentarios cambian rápidamente.

 

En este sentido, subraya que si bien es fundamental mantener los programas contra la desnutrición, deben rediseñarse para que no causen daño.
Destaca que los programas contra la desnutrición prestados a través de los servicios de salud, las redes de seguridad social, los entornos educativos y los sistemas agrícolas y alimentarios ofrecen oportunidades para combatir la obesidad y las enfermedades relacionadas con la alimentación.

 

Ante la nueva realidad nutricional no funciona aplicar las mismas medidas de siempre, sino que se deben implementar estrategias que tengan el doble objetivo de prevenir o reducir tanto la desnutrición como la obesidad debidas a deficiencias nutricionales.

 

Sin una transformación profunda de los sistemas alimentarios, los costos económicos, sociales y medioambientales de la inacción entorpecerán el crecimiento y el desarrollo de las personas y las sociedades durante décadas. Dos caras de una misma moneda.

 

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