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Ese lugar donde revientan las estrellas

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Ese lugar donde revientan las estrellas

Miguel Garro

El tramo final de la extensa gira presentación de “Doble vida” trajo a “Soda Stereo” a la provincia por segunda y última vez. Los puntanos vieron volar al trío que se preparaba para hacer la conquista definitiva del continente.

Antes que nada, es necesario hacer una corrección a Wikipedia. En la biblioteca global donde se sacan cualquier tipo de dudas hay un error de precisión que indica que “Soda stereo” estuvo dos veces en San Luis como parte de la gira “Doble vida”. Una, el 28 de diciembre de 1988 en el estadio de GEPU y la segunda, el 3 de febrero de 1989 –apenas 34 días después- en el antiguo estadio CEPES, de Juana Koslay. En realidad, la banda de Gustavo Cerati llegó para presentar su tercer disco hace hoy exactos 30 años. El recital en GEPU había sido dos años antes.

Un chico de 19 años estuvo en ese concierto y había estado en el de 1986, cuando tenía 17 años. Ahora convertido en uno de los músicos más respetados de la provincia, César Blanco recuerda casi todo lo que pasó en el anfiteatro puntano y le cuesta creer que hayan pasado tres décadas de aquel momento. “Fue un recital inolvidable, en donde se vio claramente la evolución que había desarrollado la banda sobre todo en cuanto a su sonido”.

César –que encabeza un grupo llamado “La fusión” que hace homenaje constante a Soda y que además le imprime su carácter rockero como cantante a los folclóricos “Los alma”- diferencia con claridad la primera llegada del trío de la segunda, que a la postre, fue la última. “En el show de GEPU estaban presentando “Nada personal” y tenían un sonido más crudo; con “Doble vida”, ya tenían un nivel internacional de luces, habían ido a Estados Unidos e iban camino a consagrarse como la gran banda de rock de Latinoamérica”, comentó.

Una de las razones por las que a Blanco, que ahora tiene 49 años, le cuesta creer el paso del tiempo es porque los recuerdos no se le han escapado de aquella apacible noche de febrero. “Gustavo salió vestido con unas calzas negras, una chaqueta blanca y un sombrero negro. Casi que no habló ante el público, pero cantó muchísimo y demostró todo lo buen guitarrista que era”.

El cantante puntano fue al recital con sus dos hermanos menores y una prima, que al día de hoy le agradece que le haya hecho escuchar a Soda por primera vez. La historia de Ana Laura Sosa, la prima de Blanco, también merece ser contada como una fan del grupo: la chica se radicó en Buenos Aires, se casó y fue parte del clip de “Zoom”, el tema incluido en “Sueño estéreo”, que se filmó en el Planetario porteño.

“Soda marcó la vida de toda una generación, fue una banda obligatoria de una época, pero que supo perdurar en el tiempo”, dijo César que se lamenta de no haber visto más veces a su banda favorita en vivo. Además de los dos conciertos que vio en San Luis, el cantante de “La fusión” estuvo en Córdoba en la gira despedida “Me verás volver”.

 


La entrada original del último recital de Soda en San Luis, en el anfiteatro El Chorrillo en 1989.

 

Día común

Por aquellos tiempos, “El Chorrillo”, la localidad donde estaba el Cepes, vivía el proceso de ser fundada como Juana Koslay. Y pasarían unos años más para que el Cepes pasara a ser el “Ave Fénix”. Dos días antes de la llegada de la banda –en un proceso previsor que pocas veces antes se había vivido en la provincia-, el escenario empezó a ser montado en el anfiteatro.

Puede sonar curioso o puede pasar como un tema olvidado, pero el segundo recital de Soda en San Luis tuvo fines solidarios; o mejor dicho colaborativos. Fue el cuartel de bomberos de la ciudad el que hizo las gestiones para la llegada del trío que rompía récords en todo el continente. Gastaron 10 mil dólares de cachet, más pasajes aéreos o terrestres, más hotel y comida para las 27 personas que conformaron la delegación.

Al recital fueron poco más cuatro mil personas – una cifra inferior a la esperada por los organizadores- que dejaron en las taquillas el dinero suficiente para cubrir los gastos del concierto, pero casi nada para comprar el camión cisterna que se había puesto como objetivo al inicio de todo el movimiento. Por el recibimiento que Cerati, Zeta Bossio y Charly Alberti tuvieron en el aeropuerto de San Luis el viernes 3 de febrero a la mañana, se podía estimar que el concierto puntano sería una parada tranquila en medio de la Sodamanía que se vivía en el continente. Unos doscientos fanáticos estuvieron allí para recibirlos y recibir, de paso, un cariñoso desplante de los músicos, que no firmaron ningún autógrafo: “Estamos muy cansados, venimos viajando hace varios días, sin dormir”, se excusó el representante de entonces, Oscar Sayavedra.

El grupo se alojó en el hotel internacional de Potrero de los Funes y apenas pasado el almuerzo, en medio de un calor aplastante, pasó tres horas de prueba de sonido. Luego volvió al hotel y al costado de la piscina, Gustavo Cerati, el líder, mantuvo una extensa charla con El Diario de la República, que fue publicada una semana después del recital en el suplemento “Juventud” de este medio. “El rock forma parte de mi vida desde que tengo uso de razón”, “El rock es libertad de elegir el camino que queremos para nosotros y para la gente”; “En términos de popularidad uno nunca se imagina hasta dónde podemos llegar”, “Cuando era chico y escuchaba al Flaco Spinetta pensaba que él hacía las cosas como a mí me gustaría hacerlas”, “Lo más importante está en el sentimiento y en lo que ponga cada uno al momento de componer”, fueron algunas de las frases que regaló en la entrevista.

Las crónicas de la época aseguran que una suave brisa corría en el Cepes aquella noche. Cinco minutos antes de la media noche, el grupo salió en medio de la oscuridad que reinaba sobre el escenario. Al trío lo acompañaron el tecladista Daniel Sais, un reconocido músico que había sido parte de la grabación del disco y que murió el año pasado a los 55 años, en Quito; y el saxofonista Marcelo Sánchez. Como en casi toda la gira, “Juegos de seducción” –del segundo disco del grupo- fue el tema que abrió el concierto. Le siguieron “En la ciudad de la furia” y “Lo que sangra (la cúpula)”, un doblete que haría furor en el disco y en la gira de “Doble vida” y que consiguió que los puntanos se pararan para ya no sentarse en toda la noche.

El resto del listado de canciones sería muy similar al que el grupo tomó como básico en la mayoría de la gira. Hubo clásicos oscuros (“(En) El borde”, “Final caja negra”), temas del disco presentado (“Día común-Doble vida”, “Pic nic en el 4° B”), algunas joyas olvidadas (“El ritmo de tus ojos”, “Dorian Grey”, también llamada “El tiempo es dinero”), hits instantáneos (“Danza rota”, “Sobredosis de TV”, “Persiana americana”) y los bises de “Prófugos” y “Terapia de amor intensiva”.

Un dato curioso respecto a los extras indica que el listado armado por la banda incluía en ese momento “Nada personal”, que Cerati tocaba con una guitarra Jackson Soloist cuyo mango se rompió en un concierto en La Banda, Santiago del Estero, tres días antes que el show en San Luis. Consecuencia: el tema que bautizó el segundo disco de Soda, no se escuchó en San Luis.

 

 

La conquista del norte

La gira de “Doble vida” comenzó el 7 de julio de 1988 en el boliche “El túnel”, de Nueva York. Ese inicio significó el bautismo de la banda en Estados Unidos. Luego hicieron dos shows en Bolivia, nueve en México, uno en Colombia y se encaramaron en una gira nacional de casi 40 conciertos, entre el que estuvo el puntano.

El recital que despidió la extensa seguidilla de presentaciones fue el 12 de febrero de 1989, apenas nueve días después del show en El Chorrillo, en el club Huracán de Necochea. Tras su paso por San Luis, Cerati, Bossio y Alberti fueron a la costa para tocar en San Bernardo, Villa Gesell, Miramar y Mar del Plata.

Entre los hitos que tuvo la gira, el recuerdo más doloroso fue la noticia de la muerte de Federico Moura, quien había producido el disco debut de la banda. El golpe fue asimilado por “Soda” en Río Negro, donde estaban de gira cuando se enteraron del fallecimiento. En la Navidad de 1988, en un boliche de Lanús y como parte de la presentación de “Doble vida”, el trío invitó a “Virus” para hacer una versión emotiva de “Wadu wadu”.

Los números finales de la gira indican que en total unos 270 mil espectadores pasaron por la etapa argentina de la presentación, con un promedio de 15 mil personas por show, una cantidad muy superior a la que hubo en San Luis.

Si bien “Soda stereo” había conseguido con “Signos”, su disco anterior, el reconocimiento Latinoamericano, fue “Doble vida” y sobre todo su gira el trampolín hacia un mercado que iría consiguiendo paulatinamente. San Luis, hace 30 años, fue testigo presencial de esa conquista.

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El tramo final de la extensa gira presentación de “Doble vida” trajo a “Soda Stereo” a la provincia por segunda y última vez. Los puntanos vieron volar al trío que se preparaba para hacer la conquista definitiva del continente.

Antes que nada, es necesario hacer una corrección a Wikipedia. En la biblioteca global donde se sacan cualquier tipo de dudas hay un error de precisión que indica que “Soda stereo” estuvo dos veces en San Luis como parte de la gira “Doble vida”. Una, el 28 de diciembre de 1988 en el estadio de GEPU y la segunda, el 3 de febrero de 1989 –apenas 34 días después- en el antiguo estadio CEPES, de Juana Koslay. En realidad, la banda de Gustavo Cerati llegó para presentar su tercer disco hace hoy exactos 30 años. El recital en GEPU había sido dos años antes.

Un chico de 19 años estuvo en ese concierto y había estado en el de 1986, cuando tenía 17 años. Ahora convertido en uno de los músicos más respetados de la provincia, César Blanco recuerda casi todo lo que pasó en el anfiteatro puntano y le cuesta creer que hayan pasado tres décadas de aquel momento. “Fue un recital inolvidable, en donde se vio claramente la evolución que había desarrollado la banda sobre todo en cuanto a su sonido”.

César –que encabeza un grupo llamado “La fusión” que hace homenaje constante a Soda y que además le imprime su carácter rockero como cantante a los folclóricos “Los alma”- diferencia con claridad la primera llegada del trío de la segunda, que a la postre, fue la última. “En el show de GEPU estaban presentando “Nada personal” y tenían un sonido más crudo; con “Doble vida”, ya tenían un nivel internacional de luces, habían ido a Estados Unidos e iban camino a consagrarse como la gran banda de rock de Latinoamérica”, comentó.

Una de las razones por las que a Blanco, que ahora tiene 49 años, le cuesta creer el paso del tiempo es porque los recuerdos no se le han escapado de aquella apacible noche de febrero. “Gustavo salió vestido con unas calzas negras, una chaqueta blanca y un sombrero negro. Casi que no habló ante el público, pero cantó muchísimo y demostró todo lo buen guitarrista que era”.

El cantante puntano fue al recital con sus dos hermanos menores y una prima, que al día de hoy le agradece que le haya hecho escuchar a Soda por primera vez. La historia de Ana Laura Sosa, la prima de Blanco, también merece ser contada como una fan del grupo: la chica se radicó en Buenos Aires, se casó y fue parte del clip de “Zoom”, el tema incluido en “Sueño estéreo”, que se filmó en el Planetario porteño.

“Soda marcó la vida de toda una generación, fue una banda obligatoria de una época, pero que supo perdurar en el tiempo”, dijo César que se lamenta de no haber visto más veces a su banda favorita en vivo. Además de los dos conciertos que vio en San Luis, el cantante de “La fusión” estuvo en Córdoba en la gira despedida “Me verás volver”.

 


La entrada original del último recital de Soda en San Luis, en el anfiteatro El Chorrillo en 1989.

 

Día común

Por aquellos tiempos, “El Chorrillo”, la localidad donde estaba el Cepes, vivía el proceso de ser fundada como Juana Koslay. Y pasarían unos años más para que el Cepes pasara a ser el “Ave Fénix”. Dos días antes de la llegada de la banda –en un proceso previsor que pocas veces antes se había vivido en la provincia-, el escenario empezó a ser montado en el anfiteatro.

Puede sonar curioso o puede pasar como un tema olvidado, pero el segundo recital de Soda en San Luis tuvo fines solidarios; o mejor dicho colaborativos. Fue el cuartel de bomberos de la ciudad el que hizo las gestiones para la llegada del trío que rompía récords en todo el continente. Gastaron 10 mil dólares de cachet, más pasajes aéreos o terrestres, más hotel y comida para las 27 personas que conformaron la delegación.

Al recital fueron poco más cuatro mil personas – una cifra inferior a la esperada por los organizadores- que dejaron en las taquillas el dinero suficiente para cubrir los gastos del concierto, pero casi nada para comprar el camión cisterna que se había puesto como objetivo al inicio de todo el movimiento. Por el recibimiento que Cerati, Zeta Bossio y Charly Alberti tuvieron en el aeropuerto de San Luis el viernes 3 de febrero a la mañana, se podía estimar que el concierto puntano sería una parada tranquila en medio de la Sodamanía que se vivía en el continente. Unos doscientos fanáticos estuvieron allí para recibirlos y recibir, de paso, un cariñoso desplante de los músicos, que no firmaron ningún autógrafo: “Estamos muy cansados, venimos viajando hace varios días, sin dormir”, se excusó el representante de entonces, Oscar Sayavedra.

El grupo se alojó en el hotel internacional de Potrero de los Funes y apenas pasado el almuerzo, en medio de un calor aplastante, pasó tres horas de prueba de sonido. Luego volvió al hotel y al costado de la piscina, Gustavo Cerati, el líder, mantuvo una extensa charla con El Diario de la República, que fue publicada una semana después del recital en el suplemento “Juventud” de este medio. “El rock forma parte de mi vida desde que tengo uso de razón”, “El rock es libertad de elegir el camino que queremos para nosotros y para la gente”; “En términos de popularidad uno nunca se imagina hasta dónde podemos llegar”, “Cuando era chico y escuchaba al Flaco Spinetta pensaba que él hacía las cosas como a mí me gustaría hacerlas”, “Lo más importante está en el sentimiento y en lo que ponga cada uno al momento de componer”, fueron algunas de las frases que regaló en la entrevista.

Las crónicas de la época aseguran que una suave brisa corría en el Cepes aquella noche. Cinco minutos antes de la media noche, el grupo salió en medio de la oscuridad que reinaba sobre el escenario. Al trío lo acompañaron el tecladista Daniel Sais, un reconocido músico que había sido parte de la grabación del disco y que murió el año pasado a los 55 años, en Quito; y el saxofonista Marcelo Sánchez. Como en casi toda la gira, “Juegos de seducción” –del segundo disco del grupo- fue el tema que abrió el concierto. Le siguieron “En la ciudad de la furia” y “Lo que sangra (la cúpula)”, un doblete que haría furor en el disco y en la gira de “Doble vida” y que consiguió que los puntanos se pararan para ya no sentarse en toda la noche.

El resto del listado de canciones sería muy similar al que el grupo tomó como básico en la mayoría de la gira. Hubo clásicos oscuros (“(En) El borde”, “Final caja negra”), temas del disco presentado (“Día común-Doble vida”, “Pic nic en el 4° B”), algunas joyas olvidadas (“El ritmo de tus ojos”, “Dorian Grey”, también llamada “El tiempo es dinero”), hits instantáneos (“Danza rota”, “Sobredosis de TV”, “Persiana americana”) y los bises de “Prófugos” y “Terapia de amor intensiva”.

Un dato curioso respecto a los extras indica que el listado armado por la banda incluía en ese momento “Nada personal”, que Cerati tocaba con una guitarra Jackson Soloist cuyo mango se rompió en un concierto en La Banda, Santiago del Estero, tres días antes que el show en San Luis. Consecuencia: el tema que bautizó el segundo disco de Soda, no se escuchó en San Luis.

 

 

La conquista del norte

La gira de “Doble vida” comenzó el 7 de julio de 1988 en el boliche “El túnel”, de Nueva York. Ese inicio significó el bautismo de la banda en Estados Unidos. Luego hicieron dos shows en Bolivia, nueve en México, uno en Colombia y se encaramaron en una gira nacional de casi 40 conciertos, entre el que estuvo el puntano.

El recital que despidió la extensa seguidilla de presentaciones fue el 12 de febrero de 1989, apenas nueve días después del show en El Chorrillo, en el club Huracán de Necochea. Tras su paso por San Luis, Cerati, Bossio y Alberti fueron a la costa para tocar en San Bernardo, Villa Gesell, Miramar y Mar del Plata.

Entre los hitos que tuvo la gira, el recuerdo más doloroso fue la noticia de la muerte de Federico Moura, quien había producido el disco debut de la banda. El golpe fue asimilado por “Soda” en Río Negro, donde estaban de gira cuando se enteraron del fallecimiento. En la Navidad de 1988, en un boliche de Lanús y como parte de la presentación de “Doble vida”, el trío invitó a “Virus” para hacer una versión emotiva de “Wadu wadu”.

Los números finales de la gira indican que en total unos 270 mil espectadores pasaron por la etapa argentina de la presentación, con un promedio de 15 mil personas por show, una cantidad muy superior a la que hubo en San Luis.

Si bien “Soda stereo” había conseguido con “Signos”, su disco anterior, el reconocimiento Latinoamericano, fue “Doble vida” y sobre todo su gira el trampolín hacia un mercado que iría consiguiendo paulatinamente. San Luis, hace 30 años, fue testigo presencial de esa conquista.

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